Leer Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 614 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
En el extremo de la amplia mesa de navegación, Duncan observó una cabeza de cabra silenciosa y exquisitamente detallada, tallada en una madera profunda y rica. Sus ojos, llenos de atención, estaban fijos en él. El inquietante silencio de esta cabeza contrastaba marcadamente con el ruidoso parloteo de otra cabeza de cabra que conocía.
Sintiendo su mirada inquebrantable, Duncan ya no pudo ignorarla. Levantó la vista, se encontró con los ojos de la estatua y preguntó: “¿Por qué te fijas tanto en mí?”.
Esperaba que volvieras a tomar el control, como antes, respondió la cabeza de cabra con tono cauteloso y meditado. La experiencia fue notablemente distinta.
Duncan levantó las cejas sorprendido mientras respondía: ¿Deseas que asuma el control nuevamente?
La cabeza de cabra parecía contemplativa, con un dejo de incertidumbre en su voz mientras reflexionaba: “Tengo una conexión, la capacidad de sentir la embarcación y comprender cada elemento de ella. Sin embargo, me cuesta comunicarme eficazmente con ella. La sensación es similar a la de un amigo perdido hace mucho tiempo cuyos recuerdos se han desvanecido, y por eso parece ignorarme. Pero la última vez, cuando te aventuraste a la cubierta de popa y tomaste el timón, fue como si el barco me hablara”.
La curiosidad despertó a Duncan, y él insistió: “¿Distinguiste su voz? ¿Puedes describirla?”. Recordó su rápida partida la última vez, dándose cuenta de que no había tenido la oportunidad de hablar de esta fascinante revelación con la cabeza de cabra. Al mencionarla, Duncan se preguntó sobre el encuentro anterior. Si la cabeza de cabra del mundo real había reaccionado cuando tomó el control de la nave, ¿cómo habría respondido su contraparte en esta dimensión onírica?
La cabeza de cabra se detuvo, aparentemente absorta en sus recuerdos. Se tomó su tiempo antes de responder. No era exactamente una voz, sino más bien impresiones e información inmediatas que inundaban mi mente. Sentí como si me llamara, instándome a no descuidar el compromiso que asumí con el capitán y a mantenerme firme en mis responsabilidades. También se me presentaron varias imágenes. Presencié...
Detuvo su narración abruptamente. Parecía haber cierta confusión que nublaba sus pensamientos, dificultando la transmisión precisa de sus recuerdos. La cabeza de cabra pareció momentáneamente perdida, su hilo de pensamiento descarrilado.
Deseoso de comprender más, Duncan indagó: ¿Qué presenciaron? ¿Fue este mismo barco?
Sí, ese mismo barco. Sin embargo, yo no estaba a bordo.
¿Estuviste ausente del barco?
Me encontré envuelto en un abismo de oscuridad, un vacío lleno de caos. Una sombra fugaz pasó junto a la silueta de esta nave. Parecía efímera, a punto de disiparse. Entonces, una voz indistinta se dirigió a mí. Aunque no recuerdo sus palabras exactas, su portador me arrebató algo. Después, la sombra tomó forma tangible.
El discurso de la cabeza de cabra tenía un aire onírico y errático, mientras serpenteaba a través de su relato a un ritmo pausado y pausado. Su narrativa era impredecible, desviándose con frecuencia hacia tangentes aparentemente inconexas, carente de una razón clara, y deteniéndose abruptamente. Parecía como si la cabeza de cabra navegara por un sueño particularmente tumultuoso, sin restricciones, revelando sus extraños y siempre cambiantes cuadros.
Tras un silencio reflexivo que duró unos quince segundos, la cabeza de cabra reapareció, y así, me entrelacé con esa sombra. Parece un episodio de una época inmensamente lejana, pero este barco persiste en sus recuerdos. ¿Será el barco el que conserva estos recuerdos, o soy yo?
La cabeza de cabra pareció sumirse de nuevo en un estado de desconcierto. Sus murmullos se hicieron más débiles, casi un susurro, desafiando a Duncan a discernir sus palabras. Mientras Duncan procesaba la información, cómodamente sentado tras la mesa de navegación, una mayor gravedad se apoderó de su rostro.
Aunque la historia compartida por la cabeza de cabra era laberíntica y llena de ambigüedades, no carecía de valiosas perspectivas. Duncan, con su agudo sentido de la intuición, comenzó a reconstruir un mosaico de pistas a partir de la narrativa inconexa.
La saga contada por la cabeza de cabra parecía remontarse a un acontecimiento ocurrido un siglo antes, cuando los Desaparecidos, bajo el mando del auténtico Capitán Duncan Abnomar, habían emergido del subespacio.
En el ámbito tangible, Duncan había buscado previamente aclaraciones sobre este suceso con la otra cabeza de cabra, pero sus respuestas seguían siendo confusas, sugiriendo un lapsus de memoria sobre los sucesos centenarios. Sin embargo, parecía que los recuerdos de este incidente se conservaban en la psique de la cabeza de cabra presente en esta dimensión onírica. ¿O, como insinuó la cabeza de cabra, eran estos recuerdos atesorados por el propio Desaparecido?
Duncan dirigió una mirada contemplativa hacia la cabeza de cabra momentáneamente silenciosa y examinó los aposentos del capitán.
Este espacio etéreo simbolizaba el dominio onírico de la cabeza de cabra, que en términos generales podía percibirse como la emanación de su conciencia más profunda.
Sin embargo, una epifanía había surgido dentro de Duncan.
¡Esta nave no era solo un producto del sueño de las cabezas de cabra, los Desaparecidos podrían posiblemente ser conscientes!
A lo largo de cien años, una profunda relación simbiótica había entrelazado los destinos de la cabeza de cabra y el Desaparecido. Su vínculo trascendía el ámbito físico, adentrándose en el espiritual. El Desaparecido no era simplemente una nave; era una entidad viviente. Si bien los componentes individuales a bordo podían exudar vida rudimentaria, al percibirse colectivamente como la esencia del Desaparecido, su sensibilidad podía ser mucho más compleja y cohesiva de lo que Duncan había comprendido inicialmente.
Esta sensibilidad era tan amplia que podía participar activamente en este sueño de una manera que desafiaba la comprensión.
Con deliberado cuidado, Duncan posó suavemente la mano sobre la mesa de navegación que se extendía ante él. Su mirada la penetraba con tal intensidad que parecía intentar ver más allá de sus límites para obtener una vista aérea de la totalidad de los Desaparecidos. Absorto en la contemplación de las misteriosas revelaciones de la cabeza de cabra, los dedos de Duncan, casi por iniciativa propia, comenzaron a trazar los contornos irregulares y rugosos de la superficie de la mesa.
¿Hay algún mensaje que intentas transmitir en este momento?, se preguntó en silencio en lo más profundo de su corazón.
Sin embargo, no obtuvo respuesta alguna.
Era concebible que la conciencia de los Desaparecidos operara en un plano ajeno a la comprensión de Duncan. Podría haberle ofrecido una respuesta, pero en un dialecto o método que escapaba a su percepción.
Reflexionó sobre el relato de las cabezas de cabra.
La criatura había descrito una sensación de flotar en medio de una oscuridad abrumadora, envuelta en un vacío y un tumulto que lo consumían todo. Los atributos que describía reflejaban los típicos del subespacio. También relataba la aparición del Desaparecido que se cernía ante ella, su forma tan insustancial como una sombra fugaz al borde de la evaporación. ¿Podría haber sido ese el estado de la nave cuando hizo contacto por primera vez con la cabeza de cabra?
Tambaleándose al borde del olvido. Esto insinuaba que, cuando el Desaparecido descendió por primera vez al subespacio, se enfrentó a un grave peligro, posiblemente hasta el punto de comprometer su propia fisicalidad. Quizás la nave fue casi destruida en las profundidades del subespacio, dejando solo un susurro a su paso, que resonaba con la voz de Duncan Abnomar.
Posteriormente, el dueño de esa voz extrajo algo de la cabeza de cabra, lo que permitió que el Desaparecido, con aspecto de espectro, recuperara su esencia. ¡Este misterioso algo fue innegablemente crucial!
Un destello de claridad cruzó los ojos de Duncan. Recordó las afirmaciones iniciales de la cabeza de cabra, el Desaparecido, suplicándole que honrara su vínculo con el capitán.
¡Existía un pacto! ¡Un acuerdo sagrado entre la cabeza de cabra y Duncan Abnomar!
Pero ¿qué comprendía este pacto? ¿Qué entendimiento mutuo se había forjado entre ellos un siglo antes en la enigmática extensión del subespacio?
Se infirió que Duncan Abnomar se apropió de algo de la cabeza de cabra para restaurar la corporeidad de los Desaparecidos, y en reciprocidad, la nave liberó la cabeza de cabra del reino volátil del subespacio, anclándola a una existencia más estable.
Estas especulaciones probablemente constituyeron fragmentos de su compromiso mutuo.
¿Pero qué fue lo que sucedió después?
El Duncan Abnomar original ya no estaba entre los vivos. Su presencia se había evaporado, y en el recipiente que una vez albergó su poderosa esencia ahora habitaba un espíritu llamado Zhou Ming.
La cabeza de cabra terrestre parecía profundamente consciente de esta metamorfosis dentro del capitán.
Sin embargo, perseveró en cumplir su papel como primer oficial de confianza.
¿Esta lealtad inquebrantable también estaba inscrita en su pacto?
La cabeza de cabra, dentro del mundo tangible, había declarado no recordar su incursión en el subespacio. Entonces, ¿aún conservaba recuerdos del pacto? ¿O había olvidado sus detalles, pero persistía algún tipo de vínculo místico que la obligaba a cumplir su parte del acuerdo?
Los pensamientos de Duncan se arremolinaron, creando un torbellino de contemplación y reflexión. Sin apenas detenerse a procesar, se levantó rápidamente de la silla, con una determinación evidente en su postura.
La intrincada cabeza de cabra que adornaba la mesa parecía haberse sumido en un profundo aturdimiento. Sus ojos, antes observadores, que solían seguir cada movimiento de Duncan, ahora parecían vidriosos, perdidos en un trance distante.
El artefacto parecía estar profundamente hundido en un estado confuso, semiconsciente, que recordaba a alguien abrumado por un diluvio de recuerdos y emociones, casi como si hubiera superado cierta capacidad mental.
Aunque intrigado, Duncan decidió no centrarse en la cabeza de cabra, confiado en que pronto recuperaría sus facultades. Sus preocupaciones inmediatas residían en otra parte.
Saliendo con paso decidido del camarote del capitán, Duncan bajó las escaleras que lo conducían a la cubierta de popa. Se dirigió directamente al timón, el corazón del barco, donde se alzaba con orgullo el monumental timón.
Recordando las sensaciones y los sucesos de su encuentro anterior, junto con su actual estado de alerta, Duncan no mostró reservas. Extendió la mano, aferrándose con confianza al frío y robusto volante.
Cuando sus manos hicieron contacto, fue como si todo el barco resonara con su toque, despertando de un sueño profundo.
El entorno se transformó dramáticamente. La etérea nave se puso en movimiento, una cacofonía de actividad marítima resonando en su estructura. Las cuerdas se tensaron, las velas se inflaron al viento, y los sonidos mecánicos de poleas y cabrestantes resonaron. En el horizonte, un enorme túnel de raíces, con un diámetro lo suficientemente grande como para tragarse al gigantesco Desaparecido, se materializó; su entrada abierta semejaba un formidable vórtice.
Ramas vibrantes, zarcillos y nieblas brillantes llenaron la vista de Duncan, delineando la trayectoria que el Desaparecido estaba destinado a seguir. Rayos de luz radiante, como la última vez, abordaron la nave, girando juguetonamente alrededor del timón.
Saslokah, ¿eres realmente tú?
Una voz, con un matiz de inocencia infantil, resonó cerca de Duncan. Los zarcillos luminosos danzaron a su alrededor; sus movimientos eran una mezcla de exploración curiosa y vagabundeo onírico.
Saslokah no regresará.
Duncan respondió con una voz cargada de sinceridad, aunque era consciente de que esta manifestación de la Atlántida podría no percibir sus palabras. Apartando su atención de las apariciones brillantes, se concentró en las acciones de la nave.
El Desaparecido avanzó con fuerza, deslizándose sin esfuerzo por la vasta extensión del túnel de raíces. Aquí y allá se presentaban caminos divergentes. Sin embargo, la nave parecía guiada por una brújula innata, determinando instintivamente su ruta sin ninguna orden de Duncan.
Su papel, al parecer, era simplemente el de mantener el control del volante.
Esta relativa facilidad le permitió a Duncan canalizar sus energías hacia una observación más minuciosa.
Si sus suposiciones eran correctas, si esta nave representaba los sueños entrelazados de la cabeza de cabra y los Desaparecidos, entonces ocultos dentro de esta nave habría matices distintos de la manifestación del mundo real de la nave.

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Estás leyendo el capítulo 614 de Ascuas de aguas profundas (Novela), un novela. Ese día, la niebla lo bloqueaba todo. Aquel día se convirtió en el capitán de un barco fantasma. Aquel día, atravesó la espesa niebla y se enfrentó a un mundo completamente subvertido y fragmentado: el viejo orden se… Este capítulo tiene publicado el 2 de junio de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Ascuas de aguas profundas (Novela) tiene 850 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.