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Leer Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 613 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Vanna se encontró luchando por comprender la situación. Esta sensación de agobio no le era ajena. En la escuela, cada vez que asistía a las clases del Sr. Morris, se sentía así. Sin embargo, desde que llegó a la pubertad y empezó a confiar más en su fuerza física que en su capacidad intelectual, hacía muchos años que no se sentía así. Ahora, la sensación familiar había regresado. Contempló el orbe luminoso en la mano del gigante, parpadeando varias veces. Al cabo de unos instantes, captó su significado tanto racional como literal, pero emocionalmente seguía aturdida. ¿Podría ser este realmente el sol que una vez brilló sobre este mundo? ¿Te gustaría tocarlo? El gigante, al notar la expresión paralizada de Vanna, le ofreció una sonrisa amistosa y extendió el sol ligeramente hacia ella. Ya no hace calor. A Vanna esa afirmación le pareció increíblemente extraña y no supo cómo responder. Tras unos segundos de vacilación, extendió la mano con cautela, casi como impulsada por una fuerza invisible. Con una mezcla de curiosidad y emoción indescriptible, tocó suavemente el orbe brillante en la mano del gigante. Era tan grande como un puño humano. En las manos del gigante, parecía una delicada y diminuta cuenta. La superficie de este sol con forma de cuenta parecía estar llena de vida, con intrincados patrones de actividad. Pequeñas llamaradas danzaban, alternando entre zonas claras y oscuras. De vez en cuando, delgados rayos de luz ascendían, solo para volver a caer sobre su superficie. Se sentía ligeramente cálido al tacto, similar al agua pero un poco más caliente que la temperatura del cuerpo humano. Sumida en sus pensamientos, Vanna recordó la imagen del sol que la era familiar, saliendo cada día del horizonte, adornado con sus brillantes halos rúnicos gemelos, brindando al mundo luz y calor. Era un milagro magnífico, una visión ancestral y grandiosa. Simultáneamente, recordó que el capitán había mencionado que existía otra forma del sol, una aún más radiante e inmensa. Recientemente, el capitán comenzó a compartir conocimientos del subespacio, que incluían conceptos de estrellas y el cosmos. Sinceramente, a Vanna le costaba comprender las enseñanzas del capitán. Ni siquiera el Sr. Morris ni la Srta. Lucretia parecían comprenderlas del todo. Pero una cosa tenía clara para Vanna: independientemente de su forma, el sol no debería ser del tamaño de un puño. El enorme ser se sentó pesadamente al borde de un gran cráter, sosteniendo el sol en la palma de su mano, que descansaba sobre su regazo. Su mirada profunda y distante sugería que estaba perdido en un vasto mar de recuerdos y contemplación. El tiempo pareció extenderse indefinidamente antes de que finalmente hablara, su voz era un murmullo sordo. Eran seres de gran intelecto, hábiles en idear numerosas maneras de explicar el funcionamiento del mundo. A pesar de su inherente fragilidad, usaron la ciencia para enfrentarse a entidades mucho más poderosas que ellos. A menudo me he preguntado si, de haber persistido hasta el día de hoy, tal vez habrían descifrado el misterio de este sol. Pero cuando descendió, el mundo ya había sido silenciado. Los últimos de su especie se transformaron en esa imponente torre, y las mentes brillantes con su infinidad de ingeniosas ideas desaparecieron de este reino. En cuanto a mí, no logro comprender la esencia de este evento. Vanna permaneció en silencio un buen rato, pero su quietud no se debía simplemente a la falta de palabras. Estaba comunicándole mentalmente la situación al capitán. Ella le contó que tal vez había localizado el sol al que se referían los cultistas en sus reuniones. Estaba en las manos de esta autoproclamada deidad, este gigante, y parecía verdaderamente portátil, fácil de sostener con una sola mano. El gigante, sin embargo, parecía imperturbable ante el prolongado silencio de Vanna o su sutil comunión con una entidad invisible. Los recuerdos nublaron el rostro de este antiguo dios solitario mientras contemplaba atentamente el pequeño cuerpo celestial en su mano, antaño el faro que iluminaba su mundo y brillaba sobre sus súbditos mortales. Mucho después, murmuró para sí mismo: “He estado reflexionando sobre qué pudo haber devastado este lugar”. No fue un cataclismo instantáneo, Viajero. Se desarrolló durante un período prolongado. ¿Un proceso? Vanna captó el término al instante. El gigante asintió, y su voz emergió de lo más profundo de su memoria. Al principio, hubo anomalías que no podíamos explicar con nuestro conocimiento actual. Las nubes desaparecían abruptamente y luego reaparecían de repente, destellos misteriosos iluminaban la atmósfera, los patrones climáticos se volvían erráticos y las plantas dejaban de crecer con normalidad. Posteriormente, estas anomalías penetraron más profundamente, afectando ámbitos aún más inquietantes. La gravedad comenzó a fluctuar y aparecieron fisuras temporales en diferentes regiones. Durante esta fase, observamos un resplandor rojo cada vez más intenso, similar a una fisura que emanaba de más allá del firmamento. Parecía fijarse en el firmamento, proyectando un velo sobre nuestro mundo y distorsionando la luminosidad de las estrellas distantes. Una especie de distorsión comenzó a corroer la estructura del mundo, dejando a todos indefensos ante su poder. Fue en esa época que se establecieron los Archivos. El gigante hizo una pausa en su narración, su mirada se desvió hacia la imponente aguja en la distancia. Parecía que, debido a su falta de interacción regular con los demás, tenía tendencia a sumergirse en la reflexión o a perderse en sus pensamientos a mitad de una conversación. Sin embargo, pronto reanudó: “El prolongado proceso tuvo un final rápido. Cuando los Archivos fueron destruidos, presentí brevemente que algo había hecho contacto con nuestro mundo. Esa entidad tardó muchísimo en acercarse, y durante su aproximación anunció el prolongado apocalipsis. Su toque final significó tanto el clímax como el fin de la devastación. Sin embargo, después de tanto tiempo, sigo sin comprender la naturaleza de esa entidad”. ¿Sentiste que algo tocaba este mundo? Vanna abrió los ojos de par en par, asombrada, y se dio cuenta de que, por reverencia, había adoptado, sin darse cuenta, un tono formal al dirigirse al gigante. ¿De verdad no viste ningún aspecto de esa entidad? Tras un momento de reflexión, el gigante respondió con un dejo de arrepentimiento en la mirada: “Me disculpo, Viajero. Veo tu profunda preocupación, pero lo que he compartido es todo lo que sé”. Vanna frunció los labios, reprimiendo su decepción, y su atención volvió al mini-sol acunado en la mano del gigante. Esto no debe caer en manos de los discípulos y remanentes del Sol Negro. Después de mucho debate interno, decidió ser franca: Hay individuos con malas intenciones que han puesto sus miras en el sol que está en su posesión. No estoy segura de si localizarán este lugar y no sé cómo explicar sus antecedentes, pero Antes de que pudiera terminar, el gigante volvió a levantar la mano, ofreciéndole el orbe luminoso que tenía delante. ¿Te gustaría tomarlo? Su tono era suave y su rostro estaba adornado con una suave sonrisa. Sorprendida, Vanna respondió apresuradamente: “No, no me refería a eso. Puede que lo hayas malinterpretado”. “Está bien, viajero” interrumpió el gigante con el mismo tono sereno y amable. “Percibo tu benevolencia. Además, creo que podría resultarte difícil quitármelo de las manos. Vanna dudó un momento. Al darse cuenta de que no bromeaba, extendió la mano con cautela hacia la esfera brillante esta vez, no solo para tocarla, sino para intentar levantarla. La cálida sensación envolvió su mano, creando la ilusión de haber agarrado con éxito un objeto tangible. Sin embargo, justo cuando estaba a punto de hacer fuerza para levantarlo, la sensación desapareció inexplicablemente y se desvaneció en su palma. Vanna se quedó perpleja y no entendió lo que acababa de pasar y se quedó sin palabras. En algún momento, se convirtió en parte de mí, la voz del gigante resonó a su lado, tal vez fue el día que lo recogí, una ilusión aferrándose a otra, volviéndose inseparables desde entonces. Viajero, si tú no puedes tomarlo, entonces parece probable que aquellos con malas intenciones de los que hablas tampoco puedan hacerlo. El gigante se levantó de su asiento, sacudiéndose el polvo del desierto de la túnica. Se acomodó cuidadosamente el sol contra el pecho y se agachó para recoger su enorme bastón. “Es hora de seguir adelante, Viajero”. Instintivamente, Vanna preguntó: ¿Hacia dónde nos dirigimos? Deambularemos por el mundo. Aunque su apariencia se ha desvanecido, hay mucho aquí que quiero compartir contigo: las historias y los rostros de lo que una vez fueron” respondió el gigante, contemplando el vasto desierto. “También puedes compartir historias de esos individuos malintencionados que vivís por el camino. Ha pasado una eternidad desde la última vez que conversé con alguien. Esta es la primera vez que escucho noticias de un forastero. Hizo una pausa y miró a Vanna. Casi había olvidado lo que se siente ser curioso. Gracias por recordármelo. ¿No deberíamos explorar abajo? Vanna señaló hacia la torre en el centro del cráter. Pensé. “No queda nada que ver ahí abajo. Lo que presenciaron aquí es todo lo que queda” respondió el gigante, sacudiendo la cabeza y comenzando a alejarse. “Vámonos. La noche se acerca rápidamente en este lugar, pero quizás podamos llegar a otra ruina al anochecer, una que una vez ofreció una vista del vasto océano. Atendiendo las palabras del gigante, Vanna echó una última mirada a la torre, despidiéndose en silencio. Luego se giró y se apresuró a alcanzar al gigante, quien ya había recorrido una distancia considerable. Duncan permaneció inmóvil tras la mesa cubierta de cartas náuticas. El tiempo pareció extenderse indefinidamente en el peso de su contemplación antes de que finalmente exhalara profundamente. Vanna había localizado el sol de una manera que sólo podría describirse como absolutamente desconcertante. Sin embargo, por razones que Duncan no pudo precisar, tras escuchar el relato de Vanna, su sorpresa y escepticismo iniciales se desvanecieron rápidamente. Incluso esa sorpresa inicial se desvaneció rápidamente, dejando tras de sí una aceptación que se resume mejor en el sentimiento: “Así es como es”. Quizás fue porque ya había presenciado con sus propios ojos la luna de diez metros de diámetro. O quizás porque ya se había topado con un lucero diurno que danzaba caprichosamente sobre la cubierta del barco. Tras haber sobrevivido en este mundo enigmático y distorsionado durante tanto tiempo, la capacidad de Duncan para aceptar lo inverosímil se había perfeccionado excepcionalmente. Pero quedaba un problema importante: Vanna no podía llevarse el sol con ella. Este hecho dejó a Duncan sintiéndose bastante incómodo.
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Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 613

Estás leyendo el capítulo 613 de Ascuas de aguas profundas (Novela), un novela. Ese día, la niebla lo bloqueaba todo. Aquel día se convirtió en el capitán de un barco fantasma. Aquel día, atravesó la espesa niebla y se enfrentó a un mundo completamente subvertido y fragmentado: el viejo orden se… Este capítulo tiene publicado el 2 de junio de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Ascuas de aguas profundas (Novela) tiene 850 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.