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Leer Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 612 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Vanna seguía a la colosal figura, con el corazón oprimido por la maravilla y la incertidumbre. Cada paso que daba hacía que sus botas se hundieran en la profunda arena dorada que parecía extenderse hasta el infinito. Tormentas de arena giraban y danzaban en la lejanía, fundiendo la línea entre el vasto suelo desértico y el vasto cielo. Las ruinas de la ciudad, antaño prominentes, construidas con afiladas piedras similares a la obsidiana, ahora se habían oscurecido, ocultas tras la cortina de arena movediza. Para cuando pensó en mirar por encima del hombro, el desierto las había engullido, convirtiéndose en un mero recuerdo. La luz, antes tenue, se fue haciendo cada vez más brillante, marcando el paso del día, aunque el sol permanecía visiblemente ausente. El desierto, en respuesta, comenzó a irradiar un calor cada vez mayor. Ante el calor sofocante, Vanna, con un gesto deliberado de la mano, hizo surgir una enorme espada, elaborada con hielo reluciente. Esta majestuosa arma, regalo de la Diosa de la Tormenta a la que veneraba, era su escudo contra la crudeza del desierto. No pudo evitar que su mirada se posara en la vasta extensión que se extendía sobre ella. Dominando los cielos se alzaba una vasta grieta carmesí. Su presencia era inquietante, y Vanna no podía quitarse de la cabeza la sensación de que los misteriosos zarcillos rojo sangre que la rodeaban se habían acentuado desde la última vez que los vio. Aunque ningún sol iluminaba este reino, el cielo seguía iluminándose con un extraño y rítmico patrón. Parecía como si la esencia misma de la luz solar se hubiera grabado en un ciclo divino entre lo celestial y lo terrenal. Parecía que, incluso si el sol hubiera desaparecido, su legado de luz y calor se manifestaría puntualmente en este mundo. La mirada del gigante, que había estado observando el horizonte, ahora se dirigió a la espada congelada en la mano de Vanna. La había visto blandiendo la espada anteriormente, pero presenciar su materialización mágica despertó aún más su interés. Esa espada tuya” comentó con voz profunda y resonante”, proviene de una energía ajena a esta tierra. Verdaderamente extraordinaria. Hacía siglos que mis ojos no veían hielo en estas tierras áridas. Vanna respondió con un dejo de orgullo: “Este poder es un don de la deidad a la que sirvo. Ella domina tanto las tormentas como los océanos. Este hielo simboliza el poder puro de las tormentas”. El gigante reflexionó: “¿Una deidad de las vastas aguas, dices? Tormentas y océanos infinitos. Es extraño pensar en ellos en este páramo yermo. Pero recuerdo, hace eones, una espléndida ciudad junto al mar, resplandeciente con inmaculados muros blancos y una miríada de tejados azules. Esa ciudad, bautizada en honor a una gema preciosa, fue donde se construyó el barco inaugural que se atrevió a atravesar el océano infinito”. Mientras Vanna asimilaba las leyendas perdidas de los gigantes, comunicó sus palabras a los demás buscadores de sueños de su séquito. El calor opresivo del desierto seguía intensificándose, lo que la llevó a romper un fragmento de su espada helada. Mordisqueando el fragmento, con la voz teñida de entusiasmo, preguntó: “¿Y entonces qué pasó?”. Las palabras del imponente gigante tenían un tono melancólico mientras relataba: “La ciudad, una vez vibrante y viva, se desvaneció como si estuviera encerrada en una burbuja etérea. Con el paso del tiempo y la transformación de la tierra, tantos elementos cambiaron de maneras que permanecen fuera de mi alcance”, reflexionó. Su mirada, llena de eones de recuerdos, se posó de nuevo en Vanna, observando especialmente la espada helada que había mordido. ¿Así es como sueles utilizarla? Ligeramente avergonzada, Vanna se encogió de hombros y soltó una risita. “Hace bastante calor aquí”, confesó, mientras se colocaba un mechón de pelo detrás de la oreja, “y siempre he sido un poco vulnerable al calor extremo”. La risa profunda del gigante resonó en el vasto desierto. La sensibilidad a tu entorno, especialmente a los elementos, significa que aún estás vibrantemente vivo. Cada sensación, cada incomodidad, reafirma la vida, comentó. Sus enormes pasos cesaron al proclamar: “Hemos llegado a nuestro destino, caminante”. Los pasos de Vanna vacilaron al seguir la mirada del gigante. Sus ojos se abrieron de par en par, maravillados. Ante ellos se extendía un abismo imponente, que parecía una herida abierta en la mismísima estructura del suelo. Sin saberlo, su viaje los había llevado al mismísimo precipicio de este vasto abismo, una caída abrupta que los esperaba a solo unos pasos de distancia. Tras superar su sorpresa inicial, Vanna se acercó un poco más, buscando una visión más clara del interior del sumidero. Las paredes del abismo tenían un asombroso parecido al vidrio fundido, reflejando la misma apariencia líquida pero sólida que habían observado antes en las ruinas de la ciudad. La arena circundante parecía alejarse del sumidero, revelando un suelo fracturado con innumerables grietas profundas. La cavernosa extensión era tan inmensa que parecía capaz de albergar una metrópolis en expansión, quizás incluso una tan grandiosa como la ciudad de Pland. A lo lejos, en el corazón mismo del abismo, se alzaba una imponente reliquia. Lo que antaño pudo haber sido una gran torre ahora exhibía una fachada deformada por el paso del tiempo. Rodeando este vestigio esquelético, apenas se distinguían rastros de caminos derretidos y algunas estructuras de piedra a diferentes alturas. Paralizada, Vanna señaló los restos y preguntó: ¿Qué es esa torre? El gigante, en lugar de ofrecer una respuesta inmediata, se acercó al borde del socavón y se sentó, con su imponente bastón a su lado. Parecía absorto en sus pensamientos, con el peso de incontables milenios reflejado en su expresión contemplativa. Después de lo que pareció una eternidad, expresó sus recuerdos. Algunos detalles podrían haberse desdibujado con el tiempo, pero este lugar lo recuerdo vívidamente. Reconociendo que su mundo estaba al borde de una decadencia inevitable, más allá de cualquier intervención mortal, erigieron un archivo monumental aquí mismo. El vasto abismo que presencian es lo que queda de ese archivo. Su objetivo fue encapsular su esencia misma, su huella en este mundo, en una estructura monumental singular. Hizo una pausa, dejando que la gravedad de sus palabras se asimilara, y luego continuó: “Todo testimonio concebible de su civilización” su cultura, artes, registros históricos, innumerables pergaminos, artefactos invaluables, depósitos de semillas, incluso grandes estatuas” se albergaban dentro de los confines protectores de bóvedas meticulosamente diseñadas. Crearon enormes tablillas de piedra, utilizando los materiales más duraderos, sobre las que grabaron una breve narrativa de su mundo y la esencia de su sociedad”. La voz profunda del gigante resonaba con un aire melancólico. Los libros, susceptibles a los estragos del tiempo, se deterioran rápidamente. Las sofisticadas herramientas de grabación, a pesar de su destreza tecnológica, son propensas a fallos, mientras que los complejos sistemas de almacenamiento requieren métodos específicos de interpretación. Sin embargo, las inscripciones hechas en piedra perduran. Su resistencia al deterioro puede durar milenios, incluso millones de años. Por lo tanto, esas tablillas de piedra se convirtieron en la base de sus archivos, representando la esencia misma de este gran depósito. Hizo una pausa, reflexionando sobre la sabiduría de su decisión. Creían que la piedra era el medio ideal para inmortalizar sus historias, su legado. Los ojos de Vanna brillaron con una mezcla de tristeza y curiosidad. Pero entonces, ¿qué los llevó a la ruina?, preguntó, aunque un presentimiento le decía que quizá ya comprendiera el trágico final. Con una expresión sombría, el gigante miró profundamente a los ojos de Vanna. Las piedras firmes, que se creía que durarían eternamente, se transformaron en burbujas fugaces, desapareciendo en un simple parpadeo. El corazón de Vanna latía dolorosamente en su pecho, resonando con el peso de sus palabras. Reliquias artísticas se licuaron, desvaneciéndose, filtrándose por cada rincón. Antiguos pergaminos se transformaron en siluetas etéreas, su contenido proyectado inquietantemente sobre las paredes. Estatuas antaño grandiosas se evaporaron, convirtiéndose en meros jirones de su antigua gloria. Poco después, los cimientos del gran depósito se tambalearon, provocando su derrumbe, fracturando el paisaje circundante. El gigante señaló hacia el vasto abismo. Almas desesperadas se congregaron en ese mismo lugar, restos de una sociedad antaño próspera, lamentando la pérdida de su herencia, preparándose para su fin inminente. Sin embargo, incluso ese fugaz momento para lamentarse y prepararse para el olvido les fue negado. Todo lo que habían documentado minuciosamente se transformó en un espectáculo insondable. Suspiró profundamente, el dolor era evidente en su voz. La dura verdad permanece: cuando el mundo se tambalea al borde del olvido, nada escrito en su lienzo puede ser verdaderamente salvaguardado. Absorbiendo su narrativa, Vanna dudó brevemente antes de señalar tentativamente: Esa torre solitaria El susurro de los gigantes resonó con una emoción descarnada. A medida que todo a su alrededor se desmoronaba, ese lugar se convirtió en su santuario final. Al igual que en la antigüedad, cuando un gran incendio asolaba las aldeas boscosas, los habitantes buscaron refugio en las extensas praderas. Pero esta catástrofe amenazaba más que solo la madera y el follaje. Al final, solo un alma solitaria logró acercarse a ese refugio. Su rostro se me escapa. Su edad, género e identidad se pierden en los anales del tiempo. Se mantuvieron firmes, afrontando su destino. En sus últimos momentos, se produjo una transformación inexplicable. Su estatura se magnificó, casi tocando el cielo, una escena tan surrealista que desafiaba la comprensión. Su conocimiento siempre les había dictado que el físico mortal no podía soportar una escala tan imponente. Los gigantes miran fijamente la torre remanente en el corazón del abismo, aparentemente embrujada por ese antiguo enigma. Vanna se dio cuenta. Esa torre representaba el último centinela de este mundo pasado. Mientras Vanna observaba el sumidero, sus ojos azules se expandieron lentamente y una mirada de incredulidad y asombro se apoderó de sus rasgos. A pesar de la considerable distancia que la separaba de la misteriosa torre, su gigantesca escala era palpable. Era incluso más alta que las magníficas torres de Pland, eclipsando incluso la grandeza de la famosa catedral de la Ciudad-Estado. La sola idea de que pudiera representar a un ser mortal la dejaba atónita. Sin embargo, a medida que su escrutinio se intensificaba, facetas inquietantes comenzaron a cristalizar. En el laberíntico diseño de la torre, creyó discernir rasgos que reflejaban la anatomía mortal: la apariencia de extremidades extendidas, un torso que se curvaba en contorsiones torturantes, y por un instante, imaginó ver un rostro, una visión tan inquietante que le provocó un escalofrío en el alma. Sin embargo, Vanna reconoció que esto podría ser un simple truco de su percepción. Desde su perspectiva, los detalles auténticos de la torre, si existieran, probablemente eludirían una observación precisa. Además, la forma severamente distorsionada de las torres hizo que fuera difícil determinar su diseño inicial. Un abrumador cóctel de emociones se arremolinaba en Vanna. Mientras sus ojos permanecían fijos en este imponente y oscuro monumento, testimonio del último centinela de una era pasada, un sinfín de preguntas la atormentaban. Finalmente, su mirada se desvió hacia el cielo, ahora envuelto en una grieta carmesí, desprovisto de la reconfortante presencia del sol. Después de un silencio opresivo, tal vez con la esperanza de escapar de la melancolía de sus pensamientos, preguntó: ¿El sol se desvaneció durante ese evento cataclísmico? ¿El sol? Señaló al cielo. Esta no siempre fue la imagen celestial. ¿Qué le ocurrió al sol radiante que una vez iluminó este reino? Ah, el sol, respondió el gigante, con la voz teñida de una nostalgia inefable. Hurgó en las profundidades de su gastada túnica, hurgando con delicadeza con sus enormes dedos. Un instante después, le reveló a Vanna un objeto que la dejó sin aliento. La esencia del sol reside aquí, declaró suavemente. En la enorme palma del gigante se sostenía un orbe brillante aproximadamente del tamaño de la propia mano de Vanna. Brillaba con una luminiscencia tenue y emanaba una calidez suave y reconfortante. El orbe parecía flotar, suspendido en el tiempo y el espacio, como si fuera un fragmento de otro mundo. Es tan diminuto y, sin embargo, emana una tranquilidad tan profunda. Cayó, afirmó el gigante con solemne calma, mirando a Vanna a los ojos, y lo recogí.
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Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 612

Estás leyendo el capítulo 612 de Ascuas de aguas profundas (Novela), un novela. Ese día, la niebla lo bloqueaba todo. Aquel día se convirtió en el capitán de un barco fantasma. Aquel día, atravesó la espesa niebla y se enfrentó a un mundo completamente subvertido y fragmentado: el viejo orden se… Este capítulo tiene publicado el 2 de junio de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Ascuas de aguas profundas (Novela) tiene 850 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.