Leer Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 611 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Aunque ambos grupos, el Culto del Sol y la Secta de la Aniquilación, se clasifican como sectas, sus principios, creencias y estructura son radicalmente diferentes. Cuando Duncan se encuentra con miembros de estas sectas, debe tener presentes sus atributos individualistas.
La Secta de la Aniquilación está compuesta por miembros que deciden voluntariamente alterar su propia naturaleza. Forjan pactos oscuros con demonios, transformándose en seres poderosos que aún conservan la forma humana. Estos seguidores tienen una profunda creencia en el Señor del Inframundo, una figura envuelta en misterio. Sin embargo, lo sorprendente es que su devoción no es recíproca. El Señor del Inframundo no los considera con el mismo fervor, lo que hace que su vínculo con las deidades antiguas sea meramente superficial. Por muy vehemente que expresen su lealtad al Señor del Inframundo, sus vínculos con los dioses antiguos son tenues.
Imaginen la Secta de la Aniquilación como una torre jerárquica. En su base se encuentran creyentes comunes, sin ningún poder significativo. Al ascender a la torre, se encuentra una clase sacerdotal, individuos con la capacidad de invocar demonios. Y la cima está ocupada por los llamados santos, individuos tan transformados que ya casi no parecen humanos. Dentro de esta estructura vertical, cada miembro se esfuerza continuamente por ascender, con la esperanza de comprender mejor la verdad que perciben. Sin embargo, el distante Señor del Inframundo, situado en la cima, permanece indiferente.
En contraste, el Culto del Sol tiene un método completamente diferente, donde el poder y la información fluyen desde la cima. Dominando la jerarquía se encuentra el Sol Negro, un antiguo dios en decadencia. Mientras este dios se tambalea al borde de la muerte, produce poderosos descendientes llamados Vástagos. Estos Vástagos supervisan y protegen a las criaturas humanoides conocidas como los Remanentes, que son esencialmente remanentes del poder del sol. Bajo esta capa se encuentra una multitud de seguidores humanos, no devotos innatamente del Sol Negro. Su lealtad es consecuencia de que el poder del Sol Negro se ha infiltrado en nuestro reino, alterando el estado mental de ciertos humanos y convirtiéndolos en seguidores.
Visto desde cierto ángulo, el Culto al Sol es como un crecimiento parásito de una antigua deidad, una manifestación del poder y la sustancia menguantes del Sol Negro.
Cuando Duncan se enfrenta a la Secta de la Aniquilación, debería recordar que son esencialmente humanos, aunque transformados. Pero cuando se enfrenta al Culto del Sol, en esencia, se enfrenta a los restos de un dios antiguo y caótico. Cada Vástago, cada Remanente, es como un reflejo de los tentáculos latentes del dios antiguo.
Estos tentáculos poseen una habilidad peculiar. Pueden infiltrarse en los sueños de los seres conocidos como los Sin Nombre. Impulsados por un impulso cósmico inescrutable, estos tentáculos tienen un propósito: extraer el sol de los sueños de los Sin Nombre. Comparadas con la Secta de la Aniquilación, las tácticas empleadas por estos seres podrían parecer más directas, más agresivas e innegablemente más peligrosas.
Tras una breve pausa, Duncan intenta procesar la gran cantidad de información y decide dejar de lado por un momento estas intensas reflexiones.
Necesitamos que el rabino localice la ubicación de ese barco en cuanto termine el sueño. Es fundamental que lo hagamos rápidamente, pero debemos hacerlo sin avisarle a ese Santo. Duncan anuncia a través de la conexión compartida.
Se produjo una breve pausa antes de que la voz de Lucrecia, teñida de incertidumbre, respondiera: ¿Estás preocupado por los elfos que fueron capturados con fines de sacrificio?
“Basándonos en el ritual que observamos en el sueño, no parecen estar en peligro inmediato” comentó Duncan con tono sombrío. “Sin embargo, los cultistas podrían tener otros rituales en mente. Además, es posible que haya más elfos en esa nave que los dos que conocemos. Esa es una preocupación. Mi otra preocupación, más apremiante, es el artefacto de cabeza de cabra que tienen. Creo que en realidad podría ser un fragmento o pieza de un dios antiguo. Si eso es cierto, no podemos, bajo ninguna circunstancia, dejar que una reliquia de tal poder permanezca con estos cultistas. Es impredecible lo que podrían hacer con ella.
Duncan no estaba seguro, pero sintió un cambio casi palpable en el aura o marca de Lucrecia. Era como si estuviera de mejor humor, posiblemente tranquilizada por su determinación.
Me coordinaré con el rabino y elaboraré una estrategia” prometió Lucrecia con suavidad. “Denos unos días y le daremos la ubicación de ese barco.
“Muy bien”, respondió Duncan mentalmente, respirando hondo para liberar la tensión. Luego, centró su atención en la mesa de navegación donde descansaba la siniestra estatua de cabeza de cabra.
Aunque parecía inmóvil, Duncan podría jurar que vio la escultura de la cabeza de cabra cambiar de posición hace un momento. Parecía consciente, pero había optado por permanecer en silencio.
Al examinar la mesa con atención, Duncan notó que las rutas marítimas y los marcadores que se habían mostrado anteriormente habían sido reemplazados por una vívida representación de un denso y enigmático bosque. Sobre este bosque flotaba una imagen fantasmal de los Desaparecidos.
La estatua de cabeza de cabra, desde su posición privilegiada, parecía estar observando de cerca cada movimiento de Duncan.
Después de lo que pareció una pausa interminable, la cabeza de cabra y Duncan encontraron extrañamente peculiar etiquetar el objeto como silencioso y finalmente hablaron: Has vuelto, amigo. Pareces cambiado.
¿Cambiado? ¿En qué sentido?, preguntó Duncan con expresión inquisitiva.
La cabeza de cabra reflexionó un momento antes de responder: “Es difícil de articular, pero ahora me pareces menos amenazante”. Antes, tu presencia me incomodaba y me desconcertaba. No podía comprender tu esencia. Sin embargo, esa perplejidad e incomodidad se han disipado, aunque sigo ignorando tu identidad.
Al observar profundamente a los ojos de la estatua con cabeza de cabra, Duncan se dio cuenta. El enfoque que había adoptado esta vez había sido realmente efectivo.
Antes de las 9 p. m., Duncan usó un espejo como puerta de entrada, imitando la técnica que Agatha había empleado previamente para penetrar en el reflejo de los Desaparecidos. Cuando la manecilla de la hora llegó a las nueve y se produjo el cambio entre reinos, no se limitó a observar, sino que se fusionó a la perfección con el reflejo. Esto le permitió convertirse en una parte fundamental de esta enigmática Nave de los Sueños.
Para decirlo claramente, evolucionó desde un extraño que simplemente observaba ese estado onírico a un participante activo y totalmente inmerso en él.
Tras varias pruebas y errores, Duncan finalmente distinguió la manera correcta de unirse plenamente con este lugar. Con este nuevo conocimiento, ya no estaba limitado. Podía explorar la nave a lo largo y ancho, tomar el timón o dirigirla hacia la densa y amenazante niebla que se extendía frente a él. Y, lo más importante, podía hacerlo sin el temor constante de despertar inadvertidamente a las entidades conocidas como Atlántida o la Cabeza de Cabra.
Parece que por fin nos conocemos, pensó Duncan, permitiéndose esbozar una sonrisa. Sabía que no debía reconocer abiertamente la naturaleza onírica de este reino a ninguna entidad que lo habitara, así que eligió sus palabras con más cuidado. Esto sí que es beneficioso.
¿Conocido? La cabeza de cabra reaccionó, inclinándola ligeramente mientras procesaba las palabras de Duncan. Comparado con sus encuentros anteriores, su letargo parecía algo menor, pero aún exhibía cierto comportamiento lento y pesado. Sí, parece que nos hemos vuelto más cercanos, quizás mejores aliados.
Aplazando su intención inicial de dirigir la nave, Duncan se acomodó en una silla de respaldo alto cerca de la mesa de navegación. Contempló la cabeza de cabra inmóvil, eligiendo cuidadosamente sus siguientes palabras. ¿Dónde estaría Atlantis en ese momento?
La cabeza de cabra giró levemente, casi sorprendida por la pregunta de Duncan. Tras un instante, que pareció inquietantemente humano en su contemplación, finalmente respondió: “La Atlántida impregna este lugar; es omnipresente”.
La frente de Duncan se arrugó con confusión. ¿A todas partes? ¿Podría ser más específico? Vengo con intenciones pacíficas; solo deseo conversar con ella. No sé si esto le resuena, pero está amenazada. Un grupo malicioso busca causar daño a Atlantis, y mi objetivo es localizarla antes de que lo hagan.
Aunque Duncan no podía estar seguro de si su explicación detallada resonó en la entidad, después de una breve pausa, la cabeza de cabra respondió con claridad.
Ya estás en Atlántida” proclamó, manteniendo contacto visual firme con Duncan. “Estás atrincherado en sus pensamientos, sus recuerdos. Este reino representa tanto sus límites como su esencia misma. Sin embargo, posar la vista en ella es algo que no puedes hacer.
Al escuchar la revelación inicial de la cabeza de cabra, Duncan se sintió invadido por una oleada de claridad. Sin embargo, su pronunciamiento final lo dejó con preguntas sin respuesta. "¿Por qué no puedo verla?", insistió Duncan, con una mezcla de curiosidad y frustración en la voz.
Atlantis permanece en un estado de olvido, explicó la cabeza de cabra. Hasta que recupere la memoria completa, existe como una presencia esquiva e indefinida. Actualmente, no está lista ni desea despertar por completo.
Duncan recompuso las pistas y preguntó: “Entonces, Atlantis existe actualmente en esta densa y nebulosa niebla, ¿no? Su incapacidad para alcanzar la plena conciencia de sí misma la hace fragmentada, esquiva e intangible, ¿verdad?”. Su mente corría, buscando soluciones. “¿Hay alguna manera de que realmente la perciba? ¿O al menos, de establecer algún tipo de conexión?”.
Recordó encuentros pasados a bordo de la Nave de los Sueños, los rastros radiantes en la oscuridad envolvente y las voces etéreas que emanaban de ellos. Duncan estaba convencido de que esas voces representaban fragmentos de la conciencia de la Atlántida. Sin embargo, parecían distantes, existiendo en otro plano, indiferentes a sus intentos de comunicación.
La cabeza de cabra, esta vez, pareció reflexionar durante más tiempo antes de responder.
Cuando finalmente rompió el silencio, su voz estaba impregnada de melancolía. Necesita más descanso. Solo un poco más, no indefinidamente. Que resuelva sus propios problemas.
De repente, un viento tempestuoso aulló, rozando con ferocidad los oídos de Vanna. Antes de que pudiera darse cuenta, se formó rápidamente una tormenta de polvo, reduciendo la visibilidad a casi nada.
Pero justo cuando estaba a punto de protegerse de la embestida inminente, la tempestad cesó misteriosamente justo delante de ella. De entre las ráfagas restantes surgió una voz que reconoció: “Viajero, nuestros caminos se cruzan una vez más”.
Vanna instintivamente se giró hacia el origen de las voces.
A medida que los restos de la tormenta se disipaban, el imponente contorno del gigante se hacía cada vez más nítido.
Estaba sentado entre un montón de rocas negras caídas. A su lado yacía su enorme bastón. La hoguera, que parecía eterna, se había extinguido hacía tiempo, dejando solo brasas que brillaban débilmente y desprendían chispas esporádicas.
Vanna examinó su entorno y se encontró de vuelta donde se había despedido del gigante: el mismo enclave protegido del viento con la misma hoguera ahora extinguida. Había regresado a ese mismo lugar, y parecía que el gigante esperaba su regreso.
Como lo había predicho, nuestro reencuentro era inminente, comentó el gigante con cariño, con el rostro marcado por la edad. Mira, las brasas aún brillan.
¿Te quedaste aquí esperando mi regreso?” preguntó Vanna, ligeramente asombrada. Tenía la impresión de...
Con calma, el gigante respondió: “Mi espera fue breve. Este lugar se ha vuelto árido, y mis diversiones aquí son pocas. A su manera, la espera posee un encanto único”.
Después de una breve pausa, levantó la mirada hacia el horizonte, una mirada distante en sus ojos.
Ahora que has regresado, Viajero, si no estás atado a ningún rumbo en particular, permíteme guiarte a un lugar de interés.

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Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 611
Estás leyendo el capítulo 611 de Ascuas de aguas profundas (Novela), un novela. Ese día, la niebla lo bloqueaba todo. Aquel día se convirtió en el capitán de un barco fantasma. Aquel día, atravesó la espesa niebla y se enfrentó a un mundo completamente subvertido y fragmentado: el viejo orden se… Este capítulo tiene publicado el 2 de junio de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Ascuas de aguas profundas (Novela) tiene 850 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.