Leer Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 595 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
En medio de la densa atmósfera, figuras oscuras comenzaron a manifestarse una tras otra. Estas figuras, altas y esbeltas, parecían sombras siniestras que emergían lentamente del entorno. Un ruido inquietante, el sonido de sus extremidades retorciéndose al hundirse en el blando lodo, reverberaba, provocando un escalofrío gélido. Apodados como los hijos del sol, estos seres siniestros avanzaban lentamente, emergiendo gradualmente de las sombras y revelando sus rostros espantosos y de pesadilla. Su aparente objetivo era deteriorar lentamente el bosque dentro de este sueño surrealista.
En medio del caos, las cadenas resonaron, cortando el aire y dejando tras de sí un potente sonido que recordaba al aire comprimido y desgarrado. Shirley, ágil y decidida, se abrió paso entre los claros del bosque. Se enfrentó rápidamente a cada vástago solar que se materializaba en este mundo onírico, especialmente a aquellos que aún intentaban orientarse. Al moverse, usaba su arma con una fuerza feroz. Esta increíble fuerza que exhibía no solo era suya, sino que también provenía del vínculo que había formado con su demonio de las sombras. Al blandir su arma, en realidad estaba ejerciendo tanto su poder como al propio demonio. Una y otra vez, derrotó con éxito a estas monstruosas entidades humanoides, con el objetivo de expulsarlas de este mundo onírico.
Pero el desafío persistió. La cantidad de estos vástagos solares invasores continuó multiplicándose. Incluso cuando Shirley logró vencerlos, tenían la misteriosa capacidad de resurgir, emergiendo de las sombras omnipresentes.
El bosque, un lienzo donde la luz y la oscuridad se entrelazaban a la perfección, proporcionaba un entorno impecable para estos hijos del sol. Les permitía moverse con facilidad y rejuvenecerse rápidamente. Cada vez que Shirley diezmaba a uno de ellos, su carne mutilada se desintegraba en las sombras circundantes, solo para rematerializarse. Estas siniestras siluetas resucitaban una y otra vez, y cada vez que Shirley mostraba el más mínimo signo de cansancio, aprovechaban la oportunidad para atacar con crueldad.
De repente, se oyó un silbido penetrante, seguido de la aparición de una extremidad puntiaguda que surgió del éter, dirigida directamente al cuello de Shirley. Un escalofrío le recorrió la espalda, y justo cuando se preparaba para evadir el ataque, pareció que había llegado demasiado tarde.
Sin embargo, en lugar de experimentar la agonía anticipada de ser atravesada, recibió un golpe sordo. Preparándose, Shirley giró, solo para encontrarse con un hacha de guerra brillante que había interceptado el ataque. Esta hacha irradiaba una suave luminiscencia azul y cortó sin esfuerzo un par de apéndices más. Un aura invisible y llameante rodeaba la hoja, provocando que la atmósfera cercana se ondulara y distorsionara. Sosteniendo esta arma única y extendida estaba Shireen, una doncella con aspecto de elfo. Se mantuvo firme, repeliendo a los adversarios y protegiendo a Shirley. Mirando fijamente a las oscuras figuras que se acercaban, finalmente se preguntó: "¿Qué son estas criaturas?"
¡Sin duda no son de este bosque!” respondió Shirley, blandiendo enérgicamente su cadena para repeler una sombra amenazante. “¡Uf, estas plagas son exasperantes!
Shireen blandió su hacha, desviando hábilmente otro ataque inminente. Pero al oír la exclamación de Shirley, se detuvo y expresó su desaprobación: “Esas palabras son bastante toscas”.
“Si reprimo esas palabrotas, me hervirán por dentro y acabarán envenenándome el ánimo” comentó Shirley con una sonrisa rebelde. Dio un paso decidido, aplastando un trozo de carne temblorosa bajo su bota, deteniendo su intento de recomponerse. Sus cadenas, que ahora emanaban un siniestro humo negro, danzaban en su agarre, y la travesura en sus ojos era innegable. Siempre mantengo la conciencia tranquila. Así que nunca dejo que un día termine con maldiciones cociéndose en mi interior.
Shireen, visiblemente desconcertada por este razonamiento poco convencional, recorrió diversas expresiones de confusión e incredulidad. Se esforzó por comprender la lógica retorcida tras las palabras de Shirley, pero finalmente negó con la cabeza en señal de rendición desconcertada. Sin embargo, permaneció alerta, mirando a su alrededor para no perder de vista las amenazas inminentes. “Estás diciendo tonterías”, murmuró, con la voz impregnada de exasperación.
Sin previo aviso, un tentáculo nervudo, adornado con ojos saltones y dientes amenazantes, se enroscó rápidamente alrededor del antebrazo de Shirley. Una sensación gélida la recorrió, erizándole los pelos de punta. Con su extraordinaria fuerza, se liberó del agarre del tentáculo, repeliendo con fiereza su origen sombrío. Mientras se tambaleaba por el repentino ataque, sus ojos buscaron instintivamente a Shireen.
Una oleada de perplejidad la invadió. ¿Era su imaginación, o de verdad había notado un cambio en el comportamiento de Shireen? ¿Esta elfa distante mostraba ahora emociones más profundas, más humanas?
¿Se debió este cambio a la emboscada inesperada? ¿O quizás a la camaradería que surgió al luchar contra un enemigo común?
La mente de Shirley se desvió hacia sus primeros encuentros. En aquel entonces, las emociones de Shireen habían sido muy diferentes. Mostraba la gama habitual de emociones, como felicidad, ira, tristeza y alegría, pero siempre parecían algo mecánicas, casi ensayadas. La principal preocupación de las elfas era su objetivo común de llegar al Muro Silencioso, y rara vez respondían a la charla de Shirley con más de un asentimiento o un encogimiento de hombros. Pero ahora, Shireen mostraba reacciones genuinas, como sorpresa, desconcierto e incluso réplica.
Aunque Shirley no estaba instruida en las complejidades del comportamiento humano ni en la psicología, sus variadas experiencias vitales la habían dotado de una aguda intuición para percibir los cambios emocionales. Podía percibir con claridad la metamorfosis en Shireen, pero no lograba explicar su causa.
Pero entonces sus meditaciones fueron interrumpidas abruptamente.
Los vástagos del sol, que al principio parecían desarticulados y dispersos, ahora se habían reagrupado y su amenaza se había amplificado.
Desde su vista periférica, una sombra veloz se lanzó amenazante. Shirley, instintivamente, tiró de su cadena hacia atrás, esquivando por poco su embestida. Pero en la fracción de segundo siguiente, otra punta afilada emergió de las sombras que la invadían, clavándosela en el brazo humano.
Un jadeo agudo escapó de sus labios, seguido de una maldición involuntaria. Fiel a su lado, Dog entró en acción, rechinando los dientes y cercenando el intruso apéndice. Shirley se retiró apresuradamente a una distancia más segura, pero antes de que pudiera recomponerse, el inconfundible crujido de otro adversario sonó a sus espaldas.
Con un rápido giro sobre sus talones, Shirley se enfrentó a una amenaza inminente: una sombra imponente y delgada que parecía surgir del mismo suelo bajo ella. Antes de que pudiera reaccionar, una multitud de tentáculos, que parecían inquietantemente extensiones del abrigo que ondeaba sobre la sombra, salieron disparados, enroscándose firmemente alrededor de sus muñecas y garganta. Los tentáculos ejercieron una fuerza tremenda, arrastrándola agresivamente hacia el centro de la figura sombría. Apenas logró respirar, su rostro se acercó peligrosamente al siniestro rostro que acechaba en las profundidades de su manto.
Lentamente, la figura amenazante inclinó la cabeza, revelando lo que yacía bajo su oscuro collar. Una masa grotesca de carne palpitante comenzó a emerger, hinchándose y expandiéndose de una forma inquietantemente orgánica. Se desplegó ante los ojos horrorizados de Shirley, transformándose en la retorcida apariencia de un capullo floreciente. Este capullo consistía en una miríada de ojos que la miraban con malevolencia, innumerables dientes afilados que rechinaban con anticipación y apéndices retorcidos que reflejaban inquietantemente lenguas serpentinas.
Por un breve e intenso instante, Shirley sintió como si la abrumara un aluvión de voces. Fue como un asalto a sus sentidos, una sinfonía de rugidos, susurros y murmullos que inundaba su conciencia. Las voces parecían desesperadas por transmitir algo, pero mientras se esforzaba por comprender, su esencia la eludía, evaporándose como la niebla matutina.
De ese encuentro inquietante, una sola frase fragmentada logró permanecer en sus pensamientos:
Busca su sol
Sintió como si cayera en picado hacia un abismo infinito, rodeada de una oscuridad opresiva y bombardeada por una avalancha de ruido. Sin embargo, a medida que se hundía más, su mirada se volvió a centrar en la masa ondulante de carne y ojos que tenía ante sí. Una sensación de resignación comenzó a apoderarse de su corazón, y los gruñidos, antes audibles, de Dog se convirtieron en un débil eco.
Pero en un instante, todo cambió. Una explosión sonora resonante reverberó en su interior. Atravesando la oscuridad omnipresente, vislumbró el destello de una llama verde pálido. Esta llama luminosa pareció tocar su alma, provocando una punzada de dolor que la devolvió a la realidad.
Ante la alta y sombría criatura que tenía ante sí, su monstruosa flor de carne se estremeció incontrolablemente. El vástago del sol, desconcertado, emitió un coro de chillidos y gruñidos agonizantes. Parecía estupefacto, como si no pudiera comprender el fracaso de su insidioso intento de penetrar y corromper la mente de Shirley. Pero su confusión duró poco.
De repente, espectrales llamas verdes se manifestaron sobre la miríada de ojos incrustados en el monstruoso capullo. En instantes, lo que comenzó como reflejos etéreos se transformó en furiosos fuegos. Estas llamas espirituales surgieron de la grotesca corona de la criatura, devorando e incinerando al intruso desde su núcleo, dejándolo a merced de su propia maldad.
Con un bramido feroz, la monstruosa criatura se retorció de dolor. Mientras las llamas etéreas consumían su esencia, su forma se contorsionó, encogiéndose hasta convertirse en una figura horrible y ennegrecida. Lo que comenzó como un infierno localizado dentro de la bestia pronto se expandió, buscando a sus congéneres con un hambre depredadora.
Estas llamas espirituales, impulsadas por una ráfaga sobrenatural, saltaron de un vástago solar a otro. En cuestión de segundos, el paisaje se transformó: los vástagos solares se convirtieron en columnas de fuego, convirtiendo el reino de los sueños en un infierno surrealista.
Por un instante, Shirley se quedó paralizada, con los ojos abiertos de par en par, asombrada por el hipnótico y a la vez aterrador espectáculo que tenía ante sí. La inquietante sensación de que su mente estaba al borde de la corrupción se había desvanecido, reemplazada por una estremecedora sensación de alivio y gratitud. Sin embargo, a medida que las llamas se expandían, consumiendo a las criaturas, su sensación de vulnerabilidad fue rápidamente reemplazada por el triunfo. Una carcajada brotó de sus labios, resonando por el bosque onírico. Blandiendo su pesada cadena con entusiasmo, se burló de las criaturas en llamas: “¿De verdad creyeron, seres miserables, que podían infiltrarse en mi psique? ¿No lo saben? ¡Estoy protegida por el poder del Capitán!”.
Como era de esperar, los retoños del sol permanecieron en silencio, sus gritos ahogados por las rugientes llamas. Uno a uno, sucumbieron, desmoronándose en montones de cenizas que fueron arrastrados suavemente por los vientos del bosque onírico. Mientras la risa y las burlas de Shirley resonaban por el bosque, una profunda sensación de alivio solo se apoderó de su pecho cuando la última figura ardiente se extinguió. Entonces centró su atención en Shireen, ansiosa por garantizar la seguridad de sus camaradas.
Pero fue la voz débil de Shireen la que llegó primero. Shirley, algo me pasa.
Una oleada de alarma recorrió a Shirley, haciéndole dar un vuelco el corazón. Sin dudarlo, corrió hacia Shireen, con el miedo en aumento al observar la alarmante transformación que se desarrollaba ante ella.
Sin que Shirley lo supiera durante la escaramuza, los pies de Shireen habían comenzado a fundirse con el suelo como si la tierra misma los hubiera tragado. Zarcillos oscuros, con una inquietante semejanza a antiguas raíces de árboles, se extendían en espiral desde sus piernas, clavándose profundamente y anclándola firmemente al suelo. Shireen, con evidente esfuerzo, intentó alzar la mirada hacia Shirley. Sus extremidades fueron envueltas lenta pero firmemente en una sustancia similar a la madera, que las despojó de su flexibilidad y las inmovilizó.

Continúa leyendo
Ascuas de aguas profundas (Novela)
Capítulo 596
Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 595
Estás leyendo el capítulo 595 de Ascuas de aguas profundas (Novela), un novela. Ese día, la niebla lo bloqueaba todo. Aquel día se convirtió en el capitán de un barco fantasma. Aquel día, atravesó la espesa niebla y se enfrentó a un mundo completamente subvertido y fragmentado: el viejo orden se… Este capítulo tiene publicado el 2 de junio de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Ascuas de aguas profundas (Novela) tiene 850 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.