Leer Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 593 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Duncan se detuvo varios minutos, observando una habitación que parecía como si un pintor hubiera proyectado diferentes colores y formas al azar sobre un lienzo. Este espacio era una mezcolanza de líneas erráticas, bloques de colores desconcertantes y un aparente desorden. Al contemplar esta escena desconcertante, la mirada de Duncan se desvió hacia un lado, posándose en un objeto inesperado: la cabeza de cabra sin vida posada sobre una mesa.
Si la escultura tenía alguna capacidad para percibir su entorno, Duncan se preguntó qué pensaría de esta desconcertante habitación. Sin embargo, los ojos de obsidiana sin vida de la cabra no delataban emoción alguna, ni mostraban señal alguna de comprensión. En su quietud, la cabeza de cabra parecía un artefacto de madera meticulosamente tallado más que algo vivo.
Armándose de valor, Duncan dudó solo un instante más antes de dar el primer paso hacia la cámara laberíntica. Mientras avanzaba, se preparó mentalmente para señalar a Atlantis con una llamarada, preparándose para una retirada apresurada de este paisaje onírico si la situación empeoraba.
Sin embargo, los peligros que temía no se manifestaron.
En cuanto Duncan cruzó el umbral, la habitación respondió. Suaves ondas, como olas, que recordaban al agua en movimiento, se extendieron por el caótico suelo. Sin embargo, esta fue la única reacción de la habitación. El entorno conservó su estructura, y Duncan no sintió ningún efecto negativo de la extraña atmósfera de la habitación.
Con más confianza, Duncan se adentró más. Al cerrar la puerta tras él, sintió alivio; la mirada inquietante e impasible de la cabeza de cabra se había desvanecido. Duncan bajó la vista y vio una mezcla de líneas entrelazadas bajo sus pies. Las formas a su alrededor sugerían muebles, aunque distorsionadas por las peculiares líneas de la habitación. Finalmente, la exploración de Duncan le llevó a un rincón en particular.
En esa zona, observó un juego de líneas semitransparentes que se entrelazaban formando una configuración geométrica. El centro de este patrón presentaba una superficie serena, similar al agua en calma, que reflejaba vagamente los diseños abstractos de la habitación.
La curiosidad despertó a Duncan y se acercó a esta maravilla geométrica. Tocó suavemente la plácida fuente, provocando que zarcillos de fuego verde se deslizaran por ella. En cuestión de segundos, la superficie se aclaró, transformándose en un espejo perfecto.
De repente, una silueta comenzó a emerger del interior del espejo, cristalizándose en el rostro familiar de Agatha.
Al principio, Agatha parecía aturdida dentro del espejo, con sus ojos moviéndose de un lado a otro, tratando de darle sentido al extraño entorno fuera de su reino reflejado.
¿Es esta la realidad tras esa puerta?, preguntó Agatha con voz deslumbrante.
Duncan asintió levemente, confirmando: “En efecto. Esta es la esencia de lo que la puerta oculta, su esencia misma”.
Agatha frunció el ceño, confundida. Es tan desconcertante. ¿Por qué está diseñado así?
Atando cabos, Duncan respondió con voz firme: “Es un reflejo del mundo exterior”. A bordo del Desaparecidos, la cabeza de cabra nunca se atreve a echar un vistazo al camarote del capitán, lo que la deja inconsciente de la apariencia real de la habitación.
Duncan no expresó todos sus pensamientos en voz alta. Omitió un detalle esencial: la cabeza de cabra podría haber visto la habitación antes de que el capitán se instalara, pero cualquier cambio posterior seguía siendo un misterio para ella.
Agatha, rápida en reconstruir la información, comprendió las implicaciones de la declaración de Duncan. Le preguntó, acelerando la voz: “¿Insinúas que este Desaparecido en el que viajamos fue creado por la cabeza de cabra del mundo real? ¿Que moldeó el recuerdo o la sombra del Desaparecido en este enigma flotante envuelto en oscuridad y niebla? ¿Y la razón por la que algunas partes de la nave son indistinguibles es porque la cabeza de cabra no las conocía?”.
Al comprender el peso de su revelación, Agatha se mostró perpleja. Continuó: “Sin embargo, en nuestro mundo, Cabeza de Cabra siempre parecía ajeno a estas complejidades. No puedo comprender cómo pudo orquestar una transformación tan vasta”.
Duncan miró a su alrededor con aire contemplativo y luego respondió con calma mesurada: “Es posible que, en su estado consciente, la cabeza de cabra sea genuinamente ignorante. He aquí una teoría atrevida: ¿Y si toda esta nave es una manifestación de sus sueños subconscientes?”.
Agatha se quedó desconcertada. ¿Sueños? Recordó una observación anterior, frunciendo el ceño, pensativa. Pero Cabeza de Cabra afirmaba constantemente que nunca soñaba, incluso enfatizando su falta de necesidad de descanso. Lo he visto de primera mano: el Primer Oficial, como lo llamamos, siempre alerta, incluso durante el Sueño del Sin Nombre. Permanecía vigilante, dirigiendo el barco como siempre.
Duncan reflexionó sobre sus palabras y luego planteó: “Quizás no sea consciente de su propia capacidad de soñar, ajeno al hecho de que está soñando ahora mismo”. Y, solo tal vez... Dudó un momento, dejando que una idea más profunda tomara forma en su mente antes de compartirla en un tono susurrante, casi introspectivo: “Nuestro Primer Oficial ha estado en un estado de letargo perpetuo, sin haber despertado del todo”.
Al comprender la gravedad de lo que Duncan proponía, los ojos de Agatha se abrieron de par en par con asombro.
Duncan reanudó el habla después de un breve silencio: “Todavía hay una pregunta persistente que debemos abordar”.
Perdida en sus pensamientos, Agatha murmuró en respuesta: ¿La pregunta final?
Duncan dirigió lentamente la mirada hacia la puerta de la habitación, aparentemente mirando más allá, al estoico Cabeza de Cabra sentado afuera. Tras una larga y pensativa pausa, susurró: “Saslokha, se ha ido, ha dejado este mundo hace siglos”.
De repente, la noche cayó sobre el vasto desierto. El cielo, antes brillante y radiante, se oscureció abruptamente como si su luz se hubiera evaporado. Esta rápida transición dejó las inmensas extensiones de dunas de arena y las vastas ruinas antiguas que albergaba envueltas en una serena noche iluminada por la luna.
Un rasgo dominante interrumpía la serenidad del cielo: una inquietante y extensa fisura carmesí. Esta hendidura en el cielo parecía sangrar, con sus bordes envueltos en una niebla inquietante. La presencia de la fisura era abrumadora, con su aura amenazante y abrumadora.
Incluso alguien tan decidido y de voluntad fuerte como Vanna, la inquisidora, se encontró evitando instintivamente la mirada directa a esa aterradora cicatriz en el cielo.
El gigantesco gigante que acompañaba a Vanna, a pesar del paisaje inquietante y la amenazante grieta en el cielo, parecía imperturbable. Llevaba un aire familiar, lo que sugería que hacía tiempo que se había acostumbrado a tales escenas.
Al borde de las ruinas de la ciudad, el dúo descubrió un rincón apartado, protegido de las fuertes ráfagas del desierto. Este nicho formó parte de un magnífico edificio, pero el paso del tiempo lo había reducido a un simple fragmento. Lo que quedaba eran los restos de muros oscuros, derretidos y retorcidos por el paso del tiempo. De los escombros cercanos, el gigante recogió numerosas rocas de color gris claro y las colocó meticulosamente en un rincón resguardado del viento. Sin detenerse, tomó dos piedras y comenzó a golpearlas con determinación.
La imponente inmensidad del desierto y la inquietante cicatriz carmesí que se cernía sobre él le parecían insignificantes. La única realidad, en ese momento, era el tintineo rítmico de las piedras, un sonido que resonaba en la desolación que los rodeaba.
Vanna, buscando sombra bajo un fragmento de pared que quedaba, observaba al gigante con creciente intriga. Tras un largo silencio, finalmente expresó su curiosidad: “¿Qué intentas lograr?”.
“Estoy intentando encender un fuego” respondió en voz baja. “Las noches del desierto pueden ser gélidas.
Vanna, con el ceño fruncido por la confusión, señaló el montón de rocas grises. “Pero esas parecen piedras comunes. ¿Cómo pueden producir fuego?”.
El gigante, todavía absorto en su tarea, respondió: Esto es todo lo que tenemos en esta tierra árida: sólo estas piedras y arena interminable.
Antes de que Vanna pudiera contraatacar, una sorprendente explosión de chispas emanó de los repetidos golpes de los gigantes. Estas chispas se asentaron entre las piedras y rápidamente se convirtieron en un fuego incipiente. En cuestión de segundos, la pila quedó iluminada por el creciente resplandor de las llamas.
Vanna se quedó mirando, completamente asombrada.
Con expresión contemplativa, el gigante habló, dirigiendo sus palabras a Vanna o tal vez simplemente reflexionando en voz alta: “El fuego y la piedra son elementos primarios. Una llama recién encendida representa una visión en la oscuridad. Las piedras trituradas a veces pueden superar el poder de colmillos o garras afiladas. Cuando nuestros antepasados descubrieron la magia del fuego y aprendieron a moldear piedras, el curso de sus vidas cambió”.
Sus ojos ahora tenían una mirada distante y reflexiva. Joven viajero, el nacimiento de las civilizaciones tiene sus raíces en el fuego y la piedra.
Vanna, procesando sus palabras, asintió con la cabeza, comprendiendo parcialmente. Las clases de historia de la escuela no habían sido su punto fuerte, pero no ignoraba el significado del fuego y la piedra. Lo que la desconcertó fue el repentino desvío filosófico en su conversación.
¿Fue el fenómeno de las piedras produciendo fuego el catalizador de este discurso?
Sin embargo, el gigante no profundizó en sus pensamientos. Volvió a su tarea, hundiendo la mano en el montón de fuego sin la menor incomodidad. Extrajo una piedra quemada y cinceló hábilmente un borde afilado. Tomó un bastón enorme que yacía cerca y comenzó a tallar símbolos en él con la piedra afilada; cada trazo revelaba un fragmento de una historia aún no contada.
El bastón que el gigante trabajaba era duro e inflexible, mostrando una resiliencia que contrastaba marcadamente con las piedras que usaba como herramientas de tallado. Estas piedras, afiladas hasta alcanzar puntas afiladas, eran delicadas y se fracturaban con facilidad. Por consiguiente, el esfuerzo de los gigantes por tallar era laborioso. A menudo, se necesitaban múltiples intentos para lograr un leve rasguño en la robusta superficie del bastón. Y dada la frecuencia con la que se rompían las piedras, el gigante a menudo tenía que detener su trabajo para crear un nuevo filo.
La vasta superficie del bastón atestiguaba sus incansables esfuerzos en forma de numerosas marcas. Vanna no pudo evitar preguntarse: ¿Se crearon todos estos intrincados patrones y símbolos mediante este método lento y meticuloso?
Incluso con su breve observación, la joven reconoció la inmensa dedicación y la inquebrantable paciencia del gigante. Una tarea tan ardua y repetitiva parecía casi abrumadora por su enormidad. La gran cantidad de grabados en el bastón indicaba incontables horas, quizás años, de paciente labor. La idea de emprender una tarea tan monumental le parecía inimaginable a Vanna. Era como si ni siquiera una eternidad le bastara para replicar el esfuerzo del gigante.
Sin embargo, el gigante continuó su proceso metódico, empleando las únicas herramientas disponibles en este entorno árido: piedras forjadas y moldeadas al tacto con el fuego.
Finalmente, la curiosidad de Vanna la dominó, obligándola a romper el silencio circundante. ¿Cuál es el propósito de esto?
El gigante respondió pensativamente: Estoy preservando recuerdos, capturando mis recuerdos, haciendo una crónica de los eventos significativos que se desarrollaron en este mundo.
Hizo una pausa momentánea, colocando el bastón para mostrar un conjunto de símbolos detallados cerca de su base. Esto, dijo con suavidad, con un rastro de nostalgia evidente en su voz, representa el momento en que dominaron el poder del fuego.
La mirada de Vanna se fijó en la sección que el gigante le indicó. Distinguió los contornos detallados, que representaban dos figuras humanoides de pie frente a una representación estilizada de una llama. Tenían las manos levantadas, una expresión que parecía deleitarse con el descubrimiento o mostrar reverencia ante las llamas que las iluminaban.
Una profunda emoción invadió a Vanna mientras continuaba examinando el bastón. Observó cómo los símbolos evolucionaban, desde bocetos elementales hasta escrituras sofisticadas y desconocidas. Algunas de estas escrituras parecían transformarse en alfabetos conocidos, mientras que otras conservaban un diseño más ilustrativo.
Finalmente, su atención se centró en un espacio intacto en la cima del bastón, junto al cual parpadeaba la fogata, proyectando sombras y reflejos divertidos sobre la madera.
La mirada de Vanna recorrió el camino desde la herramienta de piedra a lo largo del brazo que la manejaba, culminando en el rostro del gigante.
Su rostro, marcado por las líneas de la edad, contemplaba el fuego con una concentración tranquila pero intensa, como si él también fuera tan eterno y duradero como la piedra que sostenía.

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Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 593
Estás leyendo el capítulo 593 de Ascuas de aguas profundas (Novela), un novela. Ese día, la niebla lo bloqueaba todo. Aquel día se convirtió en el capitán de un barco fantasma. Aquel día, atravesó la espesa niebla y se enfrentó a un mundo completamente subvertido y fragmentado: el viejo orden se… Este capítulo tiene publicado el 2 de junio de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Ascuas de aguas profundas (Novela) tiene 850 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.