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Leer Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 580 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Cuando Agatha empezó a compartir sus observaciones, la primera reacción de Duncan fue una fugaz pero deliberada mirada de reojo hacia la puerta del dormitorio, a poca distancia de él. Era como si casi esperara ver alguna manifestación de lo que hablaban o tal vez buscara una señal. Entonces, dirigió su atención al espejo ornamentado que colgaba en la pared frente a él. En el espejo, vio el reflejo de Agatha, la antigua guardiana que ahora servía como consejera de confianza. Su rostro se endureció con una expresión solemne mientras preguntaba: “¿Entonces me estás diciendo que el reflejo del barco no se limita a aparecer en la superficie del océano?”. Agatha respondió con intensa sinceridad: “Exactamente, no es solo un simple reflejo físico que brilla en el mar. El barco también proyecta una sombra metafísica que se extiende al reino espiritual. Estas dos manifestaciones suelen estar profundamente entrelazadas y se influyen mutuamente”. Anoche, como parte de mis tareas habituales de vigilancia del bienestar del barco y su tripulación, estaba explorando una red de espejos repartidos por toda la nave. Durante esta vigilancia, me topé con una situación inesperada. Al principio, pensé que podría ser algún atributo único del Desaparecido, dado que no tengo una comprensión completa de sus capacidades o características. Negando con la cabeza con desdén, Duncan intervino: “No, no puede ser eso. Por lo que sé, el Desaparecido no exhibe tales características. Una sombra metafísica de la nave no se disiparía sin causa aparente. ¿Cuándo notaste esta anomalía por primera vez? ¿Y cuánto duró?” Agatha asintió rápidamente en señal de acuerdo. Basándome en mi sentido interno del tiempo, parece haber ocurrido durante el mismo período del que hablabas, el Sueño del Sin Nombre. La desaparición de la sombra persistió hasta que los primeros rayos del amanecer irrumpieron en el horizonte. Duncan se quedó en silencio, como perdido en un mar de contemplación. Entrecerró los ojos y frunció el ceño mientras procesaba las revelaciones de Agatha. Su rostro pareció ensombrecerse al hundirse en sus pensamientos. Rompiendo el silencio, Agatha profundizó: “Cuando la sombra del Desaparecido desapareció, yo estaba navegando activamente por los espejos del mundo material. Normalmente, estos espejos sirven como conductos, permitiéndome pasar sin esfuerzo al reino espiritual o ver el reflejo oceánico de la nave. Sin embargo, estos caminos dejaron de existir abruptamente anoche, y la sombra de la nave desapareció. Curiosamente, no sentí que el reino más allá del espejo hubiera desaparecido. Más bien, sentí como si una barrera inexplicable e impenetrable se hubiera manifestado repentinamente, bloqueando mi acceso. Esta barrera me impedía visualizar cualquier camino dentro del espejo y también obstruía mi percepción de lo que había más allá”. Los ojos de Duncan se iluminaron como si un complejo rompecabezas se le hubiera aclarado de repente. ¿Entonces estás postulando que la sombra del Desaparecido no desapareció en realidad, sino que se transformó en un estado que escapaba a tu comprensión u observación? ¿Como si se hubiera erigido una especie de barrera perceptiva que te excluía y te limitaba al mundo corpóreo? Agatha pareció exhalar un suspiro de alivio. Exactamente, lo has captado a la perfección. Me preocupaba que mi descripción fuera demasiado abstracta y que requiriera mucho esfuerzo para que la entendieras. Duncan le restó importancia. “He tenido bastantes experiencias con diferentes tipos de velos metafísicos, tanto en las tierras de Pland como en las de Frost”. Luego, tras reflexionar sobre sus siguientes palabras, lanzó otra mirada pensativa hacia la puerta del dormitorio cercano. “Lo que me intriga es que solo empezaste a sospechar que algo andaba mal después de escuchar mi conversación con Cabeza de Cabra. Parece que mi primer oficial no me informó de ningún suceso inusual de anoche”. Agatha habló con cautela, con un dejo de incertidumbre y vacilación en la voz. No puedo explicar con exactitud por qué las cosas se están desarrollando de esta manera, pero en teoría, Cabeza de Cabra debería ser capaz de detectar cambios o transformaciones en el reino espiritual. Aunque sus capacidades perceptivas no sean tan precisas como las mías, debería tener cierto nivel de conciencia de las fluctuaciones espirituales. Es especialmente importante considerar esto dada la nueva información que me has compartido: la existencia de otra entidad también conocida como Cabeza de Cabra y sus actividades desconcertantes y sospechosas. Duncan suspiró suavemente, como si se liberara de un peso, antes de responder: "Entonces, lo que estás sugiriendo es que Cabeza de Cabra podría ya no ser una fuente confiable de información porque podría estar ocultándome información deliberadamente". Seleccionando sus palabras con cuidado y llena de genuina preocupación, Agatha respondió: “Entiendo que quizá no me corresponda cuestionar la sabiduría ni las observaciones de alguien tan veterano como el primer oficial. Sin embargo, en mi anterior rol como guardiana del reino espiritual, he perfeccionado una habilidad específica, volviéndome muy sensible o alerta ante irregularidades en situaciones como esta. A menudo, los desastres han comenzado con sutiles señales de que algo no iba bien, algo no marchaba como debería”. Duncan escuchó atentamente, sin aceptar precipitadamente ni descartar de inmediato sus puntos de vista. Tras una profunda reflexión, Duncan finalmente habló: “Veo dos posibles explicaciones para lo que está sucediendo. La primera es que Cabeza de Cabra está al tanto de los misteriosos sucesos ocurridos anoche a bordo del Desaparecidos, pero ha decidido no compartir esa información conmigo. Por alguna razón, eso sería un engaño intencionado. La segunda posibilidad es que ni siquiera Cabeza de Cabra esté al tanto de estos cambios recientes”. Agatha comprendió rápidamente las implicaciones y estaba a punto de hablar cuando Duncan la interrumpió con la voz cargada de preocupación. Si esto último es cierto, significa que una fuerza desconocida está afectando a esta nave, una fuerza que también ha influido en Cabeza de Cabra. Tú, en cambio, no te afectó, por eso pudiste percibir los extraños sucesos en la nave anoche. .. Alice se movía afanosamente en la cocina del barco, tarareando una melodía cuyo nombre no recordaba. A pesar de la turbulencia y el caos que a menudo caracterizaban la vida en el mar, estos días a bordo eran de los más felices para ella. Todo lo que le era familiar estaba allí: la reconfortante sensación de la terraza de madera bajo sus pies, la rústica cocina llena de ollas, sartenes, utensilios y otros utensilios cotidianos como cubos, cuchillos y espátulas. Encontraba consuelo en estos objetos inanimados, y a menudo disfrutaba más de su compañía que desenvolverse en las complejidades de las interacciones humanas de diversas ciudades-estado. Para Alice, comprender las normas y expectativas sociales entre los humanos era mentalmente agotador. Requería aprender multitud de señales sutiles, recordar una gran cantidad de información y adherirse a una serie de reglas tácitas que convertían la socialización en una tarea agotadora. A menudo sentía que los seres humanos eran como delicadas esculturas de cristal unidas por frágiles hilos que se extendían desde el cuerpo físico. Un solo paso en falso podía tener consecuencias devastadoras. Sin embargo, el capitán del barco se tomaba muy en serio las complejidades de la interacción humana. Le preocupaba que Alice, con su carácter directo y sencillo, pudiera causar graves daños involuntariamente al manejar mal estos delicados hilos. Para Alice, equilibrar sus tendencias innatas con las expectativas del capitán resultó ser un desafío menor, pero real. En el barco, Alice solía sortear sus desafíos diarios con soltura y gracia. Sabía moverse con cuidado entre sus amigos a bordo, con los diversos utensilios y objetos, evitando interactuar con ellos de forma que perturbara sus peculiaridades y complejidades individuales. Esto era una fuente de consuelo para ella. Disfrutaba del entorno tangible y predecible que le ofrecía el barco. La constancia y la rutina eran reconfortantes y familiares, como una manta cálida en una noche fría. Alice destapó un barril lleno de pescado en escabeche y se inclinó para olerlo profundamente. Una sonrisa de satisfacción se dibujó en su rostro al percibir el familiar aroma a salmuera. Nadie a bordo del Desaparecidos, ni siquiera el capitán, podía comprender por qué una marioneta como ella poseía la capacidad de oler. La propia Alice no comprendía del todo este don sensorial, pero no veía la necesidad de reflexionar sobre el misterio. Encantada con lo que consideraba otra victoria culinaria, Alice tomó una palangana de madera para empezar a sacar un poco del pescado en conserva. Sin embargo, justo cuando su mano se acercaba al contenido, una cuchara de mango largo que había estado en un mostrador cercano cobró vida de repente y le golpeó el brazo con un rápido movimiento. Con un pequeño grito de sorpresa, Alice retiró la mano rápidamente. ¡Me lavé las manos! ¡Me las acabo de lavar!, se defendió con un tono de incredulidad. La cuchara parecía moverse en el aire en el borde del barril como si expresara su escepticismo o desaprobación. Exasperada, Alice puso los ojos en blanco y replicó: Eres increíblemente terca, ¿lo sabías? La cuchara se detuvo en el aire como invitándola a continuar con su queja. Suspirando resignada, Alice dijo: “Está bien, está bien”, mientras agarraba el mango de la cuchara. Murmuró para sí misma: “Todo este alboroto por aquella vez que accidentalmente dejé caer la cabeza en el barril al inclinarme. En serio”. Con la cuchara ahora obedientemente en la mano, echó un poco de pescado encurtido en su palangana, charlando tranquilamente con sus compañeros de cocina mientras realizaba sus tareas. A veces, contaba los últimos chismes o detalles de las diversas ciudades-estado que visitaban; otras veces, contaba anécdotas o preocupaciones sobre el capitán. Alice se movió entonces para revisar los contenedores de comida restantes. Gracias a Ai, el Desaparecidos contaba con provisiones frescas regularmente, muchas de las cuales se preparaban y conservaban para largas travesías. El pescado en escabeche era uno de los favoritos de la tripulación, y normalmente se almacenaba en doce barriles separados. Comenzando su conteo en la puerta, Alice empezó a numerar los barriles mientras caminaba por la fila uno, dos, tres, cuatro, doce, trece. Hizo una pausa y sus ojos se abrieron mientras la confusión se apoderaba de ella. Recuperando la compostura, Alicia contó lo sucedido, pero el total seguía siendo el mismo: trece barriles. De pie frente a la hilera de barriles, se sintió desconcertada, preguntándose si habría cometido algún error al contar. Las matemáticas nunca habían sido su fuerte; de hecho, a veces obtenía peores calificaciones que Shirley, una compañera de tripulación en esa área. Pero rápidamente dejó de lado esa duda. Contar hasta doce debería ser fácil, incluso para ella. Algo andaba mal, sin duda. Este misterioso barril extra era una anomalía que despertaba sus instintos, impulsándola a investigar más a fondo el asunto. Segura de sus conocimientos básicos de aritmética, Alice estaba segura de no haber cometido ningún error de conteo. Negó con la cabeza como si intentara aclarar su visión y volvió a contar los barriles, prestando especial atención a cada uno. Doce. El extraño barril extra que había aparecido hacía unos momentos ya no estaba. Aunque el recuento de barriles ya coincidía con lo que debía, una inexplicable sensación de incomodidad aún la atormentaba. Contó los barriles varias veces, llegando siempre al mismo número: doce. Si bien este resultado constante la tranquilizó un poco, no disipó por completo su inquietud. Se volvió hacia su colección de utensilios de cocina, que parecían poseer una forma rudimentaria de vida debido a las energías únicas que impregnaban la nave. "¿Alguien más vio eso?", les preguntó. Parecía que había un barril extra aquí hace apenas un segundo. Alicia era plenamente consciente de que sus compañeros de cocina no eran capaces de comunicarse verbalmente: eran objetos animados, no criaturas con funciones cognitivas avanzadas. Aun así, no podía evitar la necesidad de consultarlos. Como previó, no hubo respuesta. Frustrada y cada vez más inquieta, volvió a la hilera de barriles, palmeándolos uno a uno como si esperara alguna reacción. "¿Alguno de ustedes se quedó de más un momento?", preguntó, con una mezcla de curiosidad y absurdo mientras hablaba con objetos inanimados. Como antes, los barriles permanecieron en silencio, dejando a Alicia reflexionando sobre el enigmático suceso, desconcertada y más perpleja que nunca. .. Sara Mel estaba sentada a la mesa del comedor, completamente atónita, mientras él escuchaba a Lucrecia, conocida en todo el mundo como la Bruja del Mar, contar su historia. Tan absorto estaba con su relato que ni siquiera notó que un trozo de comida se le resbalaba de las manos y caía sobre la mesa. En ese momento, estaba mucho menos preocupado por la inoportuna invasión de la bruja en su esfera doméstica durante la hora del desayuno que por los perturbadores acontecimientos que ella describía. ¿Entonces todos estos sucesos inexplicables ocurrieron anoche? Sara Mel finalmente recuperó la voz, rompiendo el silencio. El gobernador elfo luchaba por asimilar la avalancha de información. Su primera reacción fue preguntar: “¿Bromeas?”. Sin embargo, dada la reputación de Lucrecia de ser severo e inflexible, lo reconsideró y decidió guardarse la pregunta. Lucrecia dejó escapar un suspiro, llenando la habitación de una atmósfera cargada de preocupación y significado. Antes de que su conversación ahondara en los asuntos de mayor importancia, los sirvientes, visiblemente ansiosos, se habían marchado. Ahora, solo Sara Mel y Lucrecia permanecían en la habitación. “Tu reacción no hace más que confirmar mis más profundas preocupaciones” dijo Lucretia con gravedad, mirando a Sara Mels. “Parece que las consecuencias de ese misterioso sueño son más profundas y conmovedoras de lo que había previsto inicialmente.
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Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 580

Estás leyendo el capítulo 580 de Ascuas de aguas profundas (Novela), un novela. Ese día, la niebla lo bloqueaba todo. Aquel día se convirtió en el capitán de un barco fantasma. Aquel día, atravesó la espesa niebla y se enfrentó a un mundo completamente subvertido y fragmentado: el viejo orden se… Este capítulo tiene publicado el 2 de junio de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Ascuas de aguas profundas (Novela) tiene 850 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.