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Leer Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 581 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Sara Mel, antaño una renombrada aventurera, famosa por explorar los misterios inexplorados de los Mares Infinitos, ahora estaba sentada incómodamente en la silla de su comedor, con el plato del desayuno intacto y olvidado. Este era un hombre que se había enfrentado a peligros inimaginables, luchado contra las fuerzas de la decadencia y la muerte, e incluso había fundado una Ciudad-Estado al borde de las tormentas más tempestuosas del mundo. Sin embargo, hoy, lucía una expresión de aprensión rara vez vista en su rostro. En lo más profundo de él, una oscura sensación de inquietud comenzó a crecer. Era una forma de intuición en la que había llegado a confiar, una alarma silenciosa que sonaba en su interior cada vez que amenazas colosales e incomprensibles se cernían en el horizonte, fuerzas tan poderosas que desafiaban la comprensión humana. Sara Mel se sintió profundamente preocupado por el informe de Lucrecia. Ya se había topado con la Bruja del Mar. Mientras muchos capitanes y pioneros la veían como un enigma amenazante, una sombra acechante en el vasto océano, Sara Mel estaba convencida de que, a pesar de su naturaleza volátil y sus peligrosos poderes, era, en definitiva, una aliada de la humanidad. La sala quedó sumida en un profundo silencio antes de que Sara Mel se deshiciera de sus cavilaciones. Levantando la vista, comenzó a hablar: “Hasta este momento, no ha habido informes de incidentes inusuales de anoche, ni de la población élfica local ni de ningún extranjero visitante. No han mencionado haber tenido el sueño que describiste”. Lucrecia respondió: “Según el relato de mi padre, las anomalías se manifestaron de forma muy visible y generalizada. Si alguna zona de la ciudad no se viera afectada, sería imposible que sus habitantes ignoraran los extraños sucesos que ocurrían a su alrededor. La única explicación razonable es que anoche, todo Wind Harbor quedó envuelto en este misterioso sueño”. Sus palabras provocaron un inexplicable escalofrío en la espalda de Sara Mels. Pero su mente analítica se activó, impulsándolo a buscar inconsistencias. ¿Dijiste que en el mundo real, los edificios estaban invadidos, o incluso infestados, por entidades extrañas provenientes del mundo onírico: plantas gigantescas e invasoras que se metían en los edificios y cruzaban las calles? ¿Y, sin embargo, no había rastro de esto al amanecer? Exactamente, dijo Lucrecia, por la mañana, el mundo había vuelto a su estado original. El rostro de Sara Mels se tensó mientras él volvía a sumirse en una profunda contemplación. ¿Qué tienes en mente?, preguntó Lucrecia. Sara Mel compartió sus ideas en voz alta: “Quizás sería prudente enviar a alguien a revisar los contadores de gas y electricidad de la ciudad, así como el estado operativo de las fábricas que funcionan durante la noche. Nuestra ciudad está lejos de estar inactiva al atardecer. Depende de una compleja red de servicios públicos como el gas, la electricidad y el vapor, los tres pilares vitales que la mantienen en funcionamiento. Estos sistemas son monitoreados por patrullas nocturnas y personal dedicado”. Esto plantea varias preguntas: ¿Qué les ocurrió a estos trabajadores cuando el sueño envolvió la ciudad? ¿En qué condiciones se encontraban las máquinas que estaban a su cargo? También hay académicos del turno de noche de diversos institutos de investigación, muchos de los cuales deben llevar registros periódicos de su trabajo. Sara Mel hizo una pausa, aparentemente absorta en sus pensamientos sobre el posible impacto del misterioso sueño en la infraestructura de la ciudad. La inquietud persistía en su interior, pero sabía que debía encontrar explicaciones lógicas a los ilógicos sucesos ocurridos. Sara Mel interrumpió brevemente su discurso, sumido en una profunda reflexión. Luego, despertando su ensoñación, continuó: “También debemos determinar la extensión geográfica de este peculiar estado onírico. ¿Se limitó solo a la masa continental principal de Wind Harbor, o afectó también a nuestras patrullas navales en los mares circundantes? ¿Podría haber llegado hasta el objeto caído e incluso más lejos?” El gobernador, inquieto en su introspección, se levantó de detrás de su imponente escritorio. Empezó a pasearse junto a la mesa del comedor, deteniéndose de vez en cuando para contemplar profundamente los complejos enigmas que se le presentaban. Parecía completamente ajeno a que la Bruja del Mar también estuviera presente. A Lucrecia, sin embargo, no le inquietó su aparente desliz. Comprendía que, antes de convertirse en gobernadora, Sara Mel había sido una aventurera extraordinaria, aunque, a su juicio, no tan extraordinaria como su padre. Tales individuos tenían experiencia en lidiar con diversos sucesos sobrenaturales. Después de todo, Sara Mel había sido fundamental para el crecimiento y la prosperidad de Wind Harbor, una Ciudad-Estado enclavada al borde de peligrosas aguas fronterizas. Por lo tanto, sus habilidades eran incuestionables. Convencida de haber transmitido adecuadamente el mensaje de su padre, Lucrecia se levantó para marcharse, con cuidado de no perturbar la profunda reflexión del gobernador. Recorrió la mesa con la mirada y, en un instante, cogió una botella sin abrir de vino especiado. De repente, su cuerpo se desintegró en un torbellino de confeti vibrante y ondeante que se elevó en espiral hacia el techo y desapareció. Un momento después, Sara Mel recuperó la consciencia. Dándose la vuelta, balbuceó: “Ah, le pido disculpas por mi distracción, señorita Lucrecia. ¿Le importaría quedarse un rato?” Sus palabras se fueron apagando mientras se encontraba mirando una silla vacía y un lugar igualmente vacío donde había estado su preciada botella de vino especiado. ¡¿De nuevo?! ¿Ha cambiado el número de barriles? En su camarote, Duncan parecía asombrado al revisar el informe que Alice le había traído apresuradamente. ¡Sí, por supuesto! Alice asintió vigorosamente. ¡Lo comprobé dos y tres veces! Y no me equivoco, porque fui yo quien movió esos barriles. Conociendo a Alice, Duncan estaba seguro de que no mentiría. Y la posibilidad de que se equivocara en el conteo era prácticamente inexistente. Tras reflexionar un momento, Duncan se levantó de detrás de su mesa de navegación. “Muéstrame”, ordenó. ¡Enseguida!, respondió Alicia sin vacilar. El adorno de cabeza de cabra colocado en el borde de la mesa de navegación cobró vida. Sus ojos se clavaron en Duncan, su voz teñida con un toque de incertidumbre: Capitán, ¿debería...? “Sigue al timón” interrumpió Duncan. Tras una breve pausa, añadió”: No te preocupes por nada más. Como dije antes, déjamelo a mí. -Ay, capitán -reconoció la cabeza de cabra. Guiado por Alice, Duncan se dirigió rápidamente al área de almacenamiento designada para el pescado en escabeche, preparado para adentrarse en otra capa de sucesos misteriosos que ahora parecían estar desarrollándose a un ritmo alarmante. De hecho, a primera vista, todo parecía haber vuelto a su estado normal dentro del almacén. Un total de doce barriles de madera estaban alineados metódicamente contra la pared, ni uno más ni menos de lo esperado. Sin embargo, el rostro de Duncan permaneció severo mientras escrutaba la cabaña. Con cada movimiento de sus ojos, efímeras llamas verdes aparecían y desaparecían como entidades espectrales danzando en el aire. Estas llamas, como jirones, flotaban y se cernían en los estrechos huecos entre las tablas del suelo y las paredes. Era como si la habitación estuviera envuelta en una niebla sobrenatural de fuego fantasmal que parpadeaba en la frontera entre el mundo material y algún reino espiritual. Duncan era plenamente consciente de que buscaba rastros residuales de que algo extraño hubiera entrado en esa parte del barco. Aunque el informe de Alice sobre un barril extra pudiera parecer trivial, sobre todo en un barco fantasma repleto de rarezas y enigmas, Duncan no quería correr riesgos. En las traicioneras aguas del Mar Sin Límites, incluso las anomalías más pequeñas justifican un escrutinio cauteloso, especialmente a bordo del Desaparecidos, y especialmente dados los peculiares eventos que se han desarrollado recientemente. Los incidentes recientes, junto con las conversaciones con el jefe de cabra y los informes que había recibido de Agatha, solo intensificaron su estado de alerta. Algo en la nave no cuadraba. Aunque mantenía el control operativo del Desaparecido, Duncan se sentía cada vez más incómodo con ciertos detalles que no reconocía ni podía comprender del todo. O bien algunos secretos ocultos de la nave se revelaban poco a poco, o bien partes de la nave comenzaban a eludir su autoridad como capitán. Envuelto en las llamas fantasmales que le servían de red sensora etérea, Duncan intensificó su afinidad con los Desaparecidos. Minúsculos elementos del barco comenzaron a desplegarse en su mente: las cubiertas, los mástiles, las velas, los intrincados sistemas de cabrestantes y cabos, los camarotes bajo cubierta, e incluso las turbias y caóticas partes sumergidas en el Mar Infinito. Aunque no era la primera vez que realizaba un reconocimiento espiritual de ese tipo, se tomó un momento para aclimatar sus sentidos. Luego, permitió que su consciencia se fusionara con la nave y se adentró en las misteriosas profundidades de los Desaparecidos. Al explorar, Duncan descubrió que la cocina de la nave, los compartimentos adyacentes y los recovecos más profundos no presentaban anomalías. Los brillos etéreos se extendieron por el Desaparecido como impulsos neuronales, recorriendo su laberíntica estructura. Finalmente, convergieron en los aposentos del capitán, concentrándose en un punto focal definido. Esta era la ubicación donde estaba sentado Cabeza de Cabra, que actualmente actuaba como centro neurálgico para controlar la nave. La mirada etérea de Duncan se quedó allí, sondeando intensamente, y aun así todo parecía estar en orden. Poco a poco, Duncan retiró su visión psíquica, pero dejó tras de sí un atisbo de la llama fantasmal, escondida en los rincones más oscuros de la nave, como centinela. Al recuperar su consciencia, también depositó estratégicamente brasas que marcaban su presencia espiritual en diversos puntos estratégicos de Los Desaparecidos. Esta era su medida de seguridad: una red de monitores etéreos, siempre atentos a futuras anomalías. Alice observó al capitán atentamente, con una mezcla de preocupación y curiosidad en los ojos. Los segundos se alargaron, sintiéndose eternos, mientras esperaba que terminara su inspección sobrenatural. Finalmente, notó un sutil cambio en la expresión de Duncan, señal de que había concluido su investigación. Ansiosa, corrió hacia él. Capitán, capitán, ¿qué descubrió? ¿Está todo como debería? Duncan dejó que una pequeña sonrisa tranquilizadora se dibujara en las comisuras de sus labios mientras acariciaba suavemente la cabeza de Alice. La nave parece estar libre de anomalías; no hay de qué preocuparse. Podrían ser simplemente pequeñas distorsiones espaciales o quizás algunas irregularidades ópticas. No se preocupe, yo me encargaré. Alice parecía desconcertada, pero decidió confiar en el criterio del capitán. Asintió, aunque algo confundida. Ah, está bien, si tú lo dices. Tras ofrecerle unas breves palabras de consuelo a Alice, la atención de Duncan pareció desviarse hacia un punto cercano. Colgando de una columna a unos dos metros de distancia, había una lámpara de aceite con una pantalla de cristal. Sombras misteriosas y niebla parecían arremolinarse en la superficie de cristal de la pantalla, fusionándose para revelar la figura de Agatha. “Mantente atenta a los reflejos en el reino espiritual” le instruyó Duncan, mirando fijamente a la figura en el espejo. “Si algo cruza la frontera entre los mundos, no intentes controlarlo sola. Avísame de inmediato y regresaré enseguida. Agatha asintió en señal de reconocimiento, su forma etérea onduló en el cristal mientras decía: Entiendo, Capitán. La mirada de Alice oscilaba entre Duncan y la imagen espectral de Agatha; su expresión reflejaba desconcierto. Tras unos segundos de silencio, finalmente habló: “Entonces, ¿seguimos planeando ir a la ciudad?”. Duncan miró a Alice pensativo antes de responder: “El Sueño del Sin Nombre parece extenderse por Wind Harbor. Para llegar al fondo de esto, quizá tengamos que buscar pistas dentro de la propia Ciudad-Estado”. Hizo una pausa, mirándola fijamente. “Además, tengo varias preguntas que quiero investigar mientras estamos allí. ¿Prefieres quedarte a bordo o acompañarme?”. Alice dudó un momento, su mirada se desvió hacia la cocina, donde la esperaban sus conocidos. Entonces, con una renovada determinación, se giró para encarar a Duncan. Su expresión se transformó en una sonrisa radiante. ¡Vamos a explorar la Ciudad-Estado juntos!, declaró con entusiasmo.
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Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 581

Estás leyendo el capítulo 581 de Ascuas de aguas profundas (Novela), un novela. Ese día, la niebla lo bloqueaba todo. Aquel día se convirtió en el capitán de un barco fantasma. Aquel día, atravesó la espesa niebla y se enfrentó a un mundo completamente subvertido y fragmentado: el viejo orden se… Este capítulo tiene publicado el 2 de junio de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Ascuas de aguas profundas (Novela) tiene 850 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.