Leer Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 568 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Duncan se frotó la frente, sintiendo un dolor sordo al dejar la llave sobre la mesa. Su mente estaba inundada de recuerdos de su reciente estancia en el misterioso lugar conocido como la Mansión Alice. Estaba particularmente obsesionado con su encuentro en el jardín con una entidad que decía ser una deidad antigua. Ese ser divino le había transmitido mensajes crípticos que lo habían dejado reflexionando. Además, no podía quitarse de la cabeza la imagen inquietante de un objeto misterioso que parecía materializarse junto a lo que parecía ser un vacío dentro de los muros de la mansión.
Mientras él permanecía allí, sumido en sus pensamientos, Alice notó su regreso. Levantándose ligeramente el dobladillo de la camisa, giró la cabeza hacia él con curiosidad y preguntó alegremente: “¡Capitán, ha vuelto! ¿Ha encontrado las respuestas que buscaba?”.
Duncan dejó escapar un suave suspiro. Reuní más información, pero me llevó a aún más preguntas que necesitan respuesta. Al ver la expresión siempre optimista de Alice, dejó a un lado brevemente la vorágine de pensamientos que lo abrumaban y logró sonreír. Sin embargo, he logrado un progreso significativo. Tengo un nuevo objetivo inmediato en mente.
¿Un nuevo objetivo? Alice ladeó la cabeza, un poco confundida por la afirmación.
Tomándose un momento para ordenar sus pensamientos, Duncan finalmente declaró: Nuestro próximo paso es capturar algunos miembros del Culto de la Aniquilación.
Muchas preguntas aún pesaban en la mente de Duncan. ¿Por qué los objetos que había desechado de su apartamento de soltero habían acabado en la Mansión de Alice? ¿Por qué se habían transformado misteriosamente en sombras, visibles solo para los sirvientes de la mansión? ¿Qué había sido del jardinero desaparecido de la mansión? ¿Y quiénes, o qué, eran las misteriosas entidades conocidas como los Limpiadores? Aunque estas preguntas parecían imposibles de resolver en ese momento, Duncan sintió que valía la pena intentar seguir otra pista ofrecida por la entidad a la que se refería como el Señor del Inframundo.
En cuanto a otros temas misteriosos, como el estado de la Visión 001, los sonidos crípticos que había escuchado, los antiguos reyes, la Gran Aniquilación y las verdades de las noches oscuras e interminables, era evidente que la antigua deidad sabía mucho. Esta deidad parecía dispuesta a compartir este conocimiento privilegiado con Duncan, a quien llamaba Usurpador del Fuego.
Por lo tanto, Duncan concluyó que, por ahora, su principal objetivo debía ser establecer una conexión con el abismo, tal como lo había sugerido el Señor del Inframundo. ¿El primer paso hacia este objetivo? Capturar a algunos seguidores del Culto de la Aniquilación.
Sin embargo, cada vez que Duncan reflexionaba sobre esta nueva directiva, no podía evitar sentir una extraña sensación de inquietud carcomiendo los límites de sus pensamientos.
Alice, sin embargo, no se detuvo en las complejidades. Estaba simplemente extasiada de que Duncan hubiera formulado un nuevo plan. Su rostro irradiaba anticipación, aunque no entendía del todo el motivo de la misión. ¡Qué maravilla! ¿Cuándo empezamos esta captura y adónde deberíamos ir para lograrla?
“Los cultistas no son como medusas que se sacan del mar” dijo Duncan, frotándose la frente dolorida una vez más. “Descansaremos hoy, y mañana hablaré a fondo sobre los detalles con Vanna y Morris.
Alicia asintió, pero inmediatamente le vino a la mente otra pregunta: ¿Qué es una medusa?
“Es una criatura marina” respondió Duncan, con una mueca incómoda en el rostro mientras buscaba las palabras adecuadas. “Se encuentran principalmente en el océano y son semitransparentes. Algunas especies son venenosas, mientras que otras se pueden comer.
¿Comestible? Duncan había mencionado que las medusas eran comestibles como un comentario casual, pero los ojos de Alice brillaron de inmediato. ¿Está deliciosa?
Duncan puso cara de desconcierto, claramente sorprendido por su entusiasmo. ¿Por qué te interesa tanto? Ni siquiera tienes un sistema digestivo para digerir la comida.
¡Podría preparártelo para que lo comas!” exclamó Alicia, con el rostro radiante de emoción. “¡Capitán, cuando tengamos tiempo libre, vamos a pescar medusas!
La conversación había tomado un giro surrealista, y Duncan se esforzaba por mantener la compostura. Rápidamente agitó la mano como para ahuyentar la rareza del tema. “Vale, vale, lo prometo. Cuando tengamos oportunidad, pescaremos algo para comer”, le aseguró.
Contenta y alegre, Alicia se despidió.
Duncan dejó escapar un leve suspiro y negó con la cabeza con cierta resignación. Luego se acercó a la ventana para contemplar la vista.
Ya había anochecido. La Visión 001, un misterioso objeto celeste, se había hundido en el horizonte oceánico hacía horas, desapareciendo su influencia del mundo. La grieta de la Creación del Mundo se manifestaba ahora en el cielo, proyectando una mirada gélida, casi consciente, sobre todo el paisaje urbano.
A pesar de la noche, una luz solar aún iluminaba el cielo. Esta luz provenía de cuerpos geométricos luminosos que flotaban en la superficie del océano cerca de la Ciudad-Estado. El resplandor de estos cuerpos era parcialmente bloqueado por los edificios de la ciudad, fragmentándose en rayos de luz dispersos que barrían el cielo sobre el centro urbano. Estos rayos de luz creaban un paisaje surrealista, casi alienígena, que se asemejaba al cielo crepuscular seccionado por las persianas.
En esta iluminación fragmentada, la grieta de la Creación de los Mundos aparecía intermitentemente, como cortada en segmentos por los rayos. Ya no era un arco cohesivo que abarcaba el cielo de un extremo a otro. Cada vez que estos rayos de luz se cruzaban en su camino, la grieta se volvía invisible por un instante, solo para revelarse en secciones intactas por la luz, como grietas pálidas e irregulares en la oscuridad.
De repente, un pensamiento cruzó la mente de Duncan, frunciendo el ceño. Había pasado por alto un detalle importante y ahora comenzaba a escudriñar el inusual fenómeno celeste con renovada curiosidad.
Los cuerpos geométricos luminosos que flotaban en la superficie del océano tenían un alcance de iluminación limitado. Los eruditos de las academias de Harbor ya habían determinado su alcance, que se extendía únicamente sobre la Ciudad-Estado y una parte de las aguas cercanas. Era imposible que su luz alcanzara el cielo para impactar la grieta de la Creación de Mundos.
Lo que observó fue desconcertante: en las zonas donde estos rayos de sol fragmentados atravesaban el cielo, la grieta desaparecía.
¿Podría ser que la luz no estuviera afectando directamente a la grieta sino que estuviera alterando la percepción de quienes la observaban desde el suelo?
Esto lo llevó a reflexionar sobre el verdadero papel de la Visión 001, conocida comúnmente como el Sol. ¿Su función no era suprimir o contener la grieta de la Creación de los Mundos, sino más bien volverla inobservable para los seres sensibles, tal vez superponiéndola o filtrándola a través de algún mecanismo desconocido?
Fue una revelación que añadió otra capa de complejidad a la lista cada vez mayor de enigmas que buscaba desentrañar.
Por un instante fugaz, Duncan sintió como si hubiera tropezado con una pista vital sobre la Visión 001 del Sol, como se la conocía comúnmente. Fue como si hubiera tirado de un hilo en la tela de un tapiz complejo, desvelando un mecanismo crucial tras sus misteriosas funciones.
Pero justo cuando estaba a punto de sumergirse más en esta intrigante revelación, un destello extraño en el rabillo del ojo lo sacó de su contemplación. Inmediatamente sintió que algo andaba terriblemente mal.
Obligado a investigar, Duncan se dirigió con paso rápido a la ventana y la abrió para enfocar una dirección específica. Miró hacia una calle que se cruzaba con Cuervon Street. Su recuerdo de este lugar era vívido; recordaba la variedad de tejados, la altura de los diversos edificios y una aguja particularmente distintiva que se alzaba visiblemente en medio de la jungla de cemento.
Sin embargo, lo que vio ahora era completamente descabellado. El paisaje urbano había sido invadido por un bosque impenetrable bañado por la penumbra. Árboles imponentes habían brotado inexplicablemente del asfalto y los cimientos de hormigón, transformando edificios familiares y su característica torre en arboledas de aspecto antiguo. La metamorfosis fue aún más impactante debido a las extensas estructuras similares a enredaderas que se habían desplegado de este nuevo bosque, con algunos zarcillos que se extendían hasta la propia Cuervon Street.
Atrapadas entre la inquietante iluminación de la luz solar fragmentada y la grieta de la Creación del Mundo, estas oscuras enredaderas de rápido crecimiento parecían brotar por las calles, enroscándose alrededor de edificios y escalando muros y farolas como poseídas. Parecían tentáculos de pesadilla que traspasaban los límites de la realidad, extendiendo su influencia gradualmente.
Parpadeando para confirmar que no estaba alucinando, Duncan descubrió que la anomalía visual persistía. De hecho, bajo la extraña dualidad de la luz solar y la grieta, las vides parecían aún más palpables que antes.
A pesar de las extraordinarias transformaciones que se estaban produciendo, la ciudad estaba envuelta en un silencio inquietante. Ya fuera en las zonas más alejadas o en los edificios ya enredados por las malévolas enredaderas, no se oía ni un solo pío. Era como si la ciudad estuviera hechizada, en trance, en una especie de hibernación colectiva y misteriosa.
Al mirar a su alrededor, Duncan notó que las luces seguían encendidas en varias casas cercanas, lo que sugería que hacía unos momentos alguien había estado despierto y activo. Era desconcertante que nadie pareciera percatarse de la grotesca transformación que se estaba produciendo fuera de sus ventanas.
Apartando la mirada de la escena antinatural, Duncan giró bruscamente y se dirigió rápidamente hacia la puerta. Pero antes de que su mano pudiera alcanzar el pomo, se oyeron pasos apresurados por el pasillo y la puerta se abrió de golpe.
Alice, que se había ido hacía poco, irrumpió en la habitación. Tenía el rostro enrojecido y los ojos abiertos, visiblemente asustados. ¡Capitán, capitán! ¿Ha visto lo que pasa afuera?
“Lo he visto” interrumpió Duncan, tranquilizando al agitado autómata con sus palabras. “Podría ser una ilusión a gran escala o incluso un cambio a una realidad alternativa. Pero aún no ha afectado a nuestra residencia. Tranquilízate, Alice. Reúne a todos en la casa. Necesitamos encontrarle sentido a esta situación.
Al escuchar las instrucciones de Duncan, Alice pareció recobrar la calma. Asintió vigorosamente y exclamó: “¡Ah, sí, capitán! ¡Iré a buscar a los demás enseguida!”.
Dicho esto, Alice se dio la vuelta y echó a correr por el pasillo, con los pies resonando contra el suelo al desaparecer de la vista. Duncan echó un último vistazo al desconcertante paisaje que se extendía por las calles, preparándose para el enigma que ahora exigía ser desentrañado.
El inquietante bosque que se había materializado inexplicablemente en el corazón del barrio permanecía intacto; su exuberante y verde follaje proyectaba oscuras siluetas contra el cielo nocturno. Era como si las sombras se hubieran fusionado, tomando forma corpórea para crear esta densa espesura. Curiosamente, las enredaderas” esos insidiosos zarcillos que se habían ramificado en todas direcciones” parecían haber detenido su amenazante avance. Una multitud de estas extensiones, que iban desde finos mechones hasta robustas cuerdas, se habían detenido en los límites de Cuervon Street, casi como si respetaran una frontera invisible.
Pero esta observación solo se refería a lo que Duncan podía ver desde su limitada posición estratégica. Lo inquietante era que desconocía la magnitud de esta anomalía o si otras partes de la ciudad se habían transformado de forma similar en paisajes grotescos.
Justo cuando empezaba a comprender las implicaciones más amplias, el familiar sonido de pasos apresurados resonó en el pasillo frente a su habitación. La voz de Alice, con un inconfundible tono de preocupación urgente, le llegó: ¡Capitán, Capitán, Capitán! ¡Los demás han desaparecido!
Por primera vez, Duncan sintió una sorpresa genuina que lo sacó de su modo analítico. ¿Faltan los demás?
¡Sí, desapareció sin dejar rastro! Alice entró corriendo en la habitación, asintiendo con tanta fuerza que parecía que iba a desprenderse la cabeza. Se cubrió la cara con las manos en un gesto dramático de preocupación. “Acabo de ir a ver cómo estaban las habitaciones de Nina y Shirley; ambas están vacías. La señorita Lucrecia tampoco está por ningún lado. Llamé a varias habitaciones más y no hubo respuesta. Los sirvientes mecánicos están en la sala, completamente inmóviles, como estatuas. ¡Es realmente espeluznante!”
Un presentimiento se apoderó de Duncan. Entrecerró los ojos y su rostro adoptó una expresión seria. Sin embargo, antes de entrar en acción, se tomó un momento para tranquilizar a Alice, cuyos nervios mecánicos parecían agotados por la creciente rareza. Luego cerró los ojos un instante, agudizando sus sentidos para buscar las marcas únicas que había colocado en individuos de su círculo, como Vanna y Morris. Estas marcas servían como una especie de radar psíquico, permitiéndole evaluar su estado y su ubicación aproximada.
Los marcadores aún existían, pero algo estaba mal: sus lecturas de estado eran confusas e incognoscibles, como si estuvieran distorsionadas por alguna fuerza externa.
Tenemos que bajar y hacer una búsqueda exhaustiva” Duncan finalmente abrió los ojos y señaló un pequeño armario junto a él. Desde lo alto, la pequeña criatura llamada Ai, que había estado durmiendo una siesta, batió sus alas y aterrizó suavemente en el hombro de Duncan. “Alice, quédate cerca de mí; pase lo que pase, no te alejes.
Alice, con su cuerpo de muñeca casi temblando de ansiedad, asintió con énfasis. ¡Muy bien, muy bien, Capitán!
Y así, armado con una determinación tan densa como el inexplicable bosque exterior, Duncan condujo a Alice por la escalera hacia las profundidades de la casa, que ahora parecía más bien un barco navegando en aguas inexploradas. A cada paso, el aire parecía densificarse con el peso de la incertidumbre y las revelaciones inminentes.

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Ascuas de aguas profundas (Novela)
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Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 568
Estás leyendo el capítulo 568 de Ascuas de aguas profundas (Novela), un novela. Ese día, la niebla lo bloqueaba todo. Aquel día se convirtió en el capitán de un barco fantasma. Aquel día, atravesó la espesa niebla y se enfrentó a un mundo completamente subvertido y fragmentado: el viejo orden se… Este capítulo tiene publicado el 2 de junio de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Ascuas de aguas profundas (Novela) tiene 850 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.