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Leer Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 567 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Duncan se encontró mirando fijamente una pequeña bolsa de basura que yacía frente a él. Estaba bien envuelta en una bolsa de plástico negra, con la abertura sellada con un nudo apretado. A través de un pequeño desgarro en el plástico, Duncan pudo ver los restos de un vaso de papel aplastado dentro de la bolsa. Sus pensamientos se agitaban en un torbellino de desconcierto e interminables preguntas. Cuando el extraño fenómeno conocido como el gran vacío se manifestó por primera vez en la Mansión Alice, se preguntó si eventualmente evolucionaría o cambiaría de alguna manera. Al escuchar al mayordomo decapitado de la mansión referirse a una invasión de objetos extraños, Duncan se preparó para algo verdaderamente inexplicable que se había entrometido en este espacio ya de por sí misterioso. Sin embargo, nunca, ni en sus sueños más locos, había imaginado tal escenario. La bolsa de basura que tenía delante le resultaba extrañamente familiar: era la misma bolsa de basura que él mismo había desechado. Hacía poco, tras aceptar lo que parecía una brecha insalvable entre él y su tierra natal, había emprendido una limpieza a fondo de su apartamento de una sola habitación. Luego, había arrojado la bolsa a la extraña niebla negra que flotaba fuera de su puerta principal. Y ahora, casi inexplicablemente, esa misma bolsa se había materializado dentro del misterioso gran vacío de la Mansión Alice y estaba siendo etiquetada como un objeto extraño invasor. Mientras luchaba con un complejo tapiz de emociones, Duncan dio un paso adelante con cautela, acercándose a ese objeto que tan incongruentemente estaba identificado como un invasor. El pasillo donde se encontraba se abría a un enorme espacio vacío, un vacío que parecía haber devorado habitaciones enteras, dejando tras sí solo un abismo. Los bordes de este vacío parecían destrozados, dejando el suelo y las paredes dentados, casi como dientes rotos que sobresalían de las encías. La bolsa de basura estaba al final de este paisaje fracturado e inquietante. A decir verdad, Duncan encontraba la situación casi absurda. Sin embargo, la atmósfera entre los sirvientes de la mansión era de una tensión palpable. El mayordomo decapitado parecía particularmente alarmado, e incluso lanzó un grito de advertencia mientras Duncan seguía avanzando: “¡Invitado! ¡No se acerque! ¡Es peligroso!”. ¿Peligroso? Duncan no pudo evitar sentirse desconcertado. Volvió a mirar al mayordomo con una expresión inquisitiva. Es simplemente un montón de basura inofensiva. Sin embargo, el mayordomo y los demás sirvientes permanecieron notablemente distantes, a al menos diez metros de la bolsa. Su parloteo, bajo y zumbante, parecía estar impregnado de miedo y pánico. Aunque no tenían cabeza, Duncan percibió que sus miradas invisibles estaban llenas de una desconcertante mezcla de curiosidad y aprensión. Para ellos, parecía que esa bolsa de basura de aspecto común se había transformado en algo infinitamente más aterrador e insondable. Gu Guest, el mayordomo decapitado, finalmente logró hablar de nuevo, con voz temblorosa y apagada. No se deje engañar por las apariencias. Le insto a mantener una distancia prudencial y a acercarse a mí. Tenga cuidado para no despertar esta creciente sombra. ¿Sombra creciente? Por un instante fugaz, las cejas de Duncan se crisparon como si estuviera a punto de recibir una revelación. ¿Sería posible que estos sirvientes percibieran algo completamente distinto a lo que él veía? Duncan volvió la mirada hacia la bolsa de basura negra que yacía precariamente al borde del suelo fracturado. En ese breve instante, ocurrió algo asombroso: la bolsa de plástico negra pareció parpadear. Era como el parpadeo de una pantalla de ordenador defectuosa, o como si una tenue tela se hubiera deslizado momentáneamente por la superficie del bolso. Durante esta rápida oscilación entre luz y sombra, el bolso pareció transformarse en algo completamente diferente. Duncan entrecerró los ojos mientras observaba atentamente la bolsa, casi como si esperara que volviera a cambiar de forma. Y, efectivamente, volvió a parpadear. Esta vez, Duncan vislumbró fugazmente en qué parecía transformarse la bolsa. Lo que vio fue una sombra palpitante extendida por el suelo, no muy lejos de la bolsa. Los bordes de esta sombra estaban bordeados por innumerables zarcillos temblorosos, afilados como cuchillas. Del centro de esta sombra emergía una masa oscura y ondulante que parecía ocultar una multitud de ojos, así como apéndices que parecían una combinación de pesadilla de lenguas y tentáculos. Pero en el momento en que se concentró en esta visión surrealista, esta se transformó en lo que parecía un montón de basura común y corriente. Las imágenes perturbadoras que creyó haber visto parecían ilusiones, apenas rozando la superficie de su conciencia. Contemplando en silencio lo que acababa de presenciar, Duncan descubrió que sus pensamientos se consolidaban poco a poco en teorías coherentes. Tras lo que pareció un tiempo indeterminado, finalmente se volvió hacia el mayordomo y preguntó con una voz inesperadamente ronca: “¿Ha habido alguna invasión de objetos extraños aquí antes?”. El mayordomo respondió apresuradamente: “De vez en cuando. La mansión está sellada, pero por alguna razón inexplicable, objetos externos entran y suelen causar considerables perturbaciones”. ¿Una perturbación considerable? Duncan frunció el ceño. Sí, explicó el mayordomo, estos objetos extraños actúan como patógenos para la mansión, provocando a menudo el deterioro o la deformación de sus diversas partes. La recuperación suele tardar bastante tiempo. Escuchando atentamente, Duncan reflexionó sobre esta información antes de formular su siguiente pregunta: ¿Cómo se manejan estos objetos extraños? La mansión los digerirá, explicó el mayordomo. Quizás prefiera hacerse a un lado. El personal de limpieza llegará pronto para encargarse del objeto extraño. “¿El limpiador?” repitió Duncan, con un tono cargado de escepticismo. Sí, el Limpiador es parte integral de la mansión; de hecho, su componente más antiguo. Su tarea es eliminar cualquier entidad destructiva que se haya inmiscuido. Una vez que complete su trabajo, la mansión volverá gradualmente a su estado original antes de la invasión. Ah, ahí está. El mayordomo levantó repentinamente el brazo, señalando un punto cercano a donde se encontraban. Una sustancia parecida al barro había empezado a materializarse allí. Era oscura, pero relucía con un brillo metálico. Su superficie estaba salpicada de innumerables partículas diminutas y cristalinas, que refractaban destellos de luz estelar al ondularse. Este barro parecía poseer una especie de sensibilidad mientras se arrastraba y expandía lentamente, acercándose al extraño objeto ofensivo como si supiera exactamente qué hacer. La capa exterior de la misteriosa entidad conocida como el Limpiador comenzó a experimentar una fascinante transformación. Partes de su borde se alargaron formando zarcillos que funcionaban como tentáculos. Con deliberación calculada, estas extensiones se extendieron para explorar el área inmediata antes de envolverse alrededor de la sombra pulsante. Cautivado, Duncan observó el proceso con una concentración inquebrantable. Para él, la bolsa de basura era intrascendente; lo que importaba eran los misterios subyacentes. ¿Por qué había aparecido en la mansión? ¿Cuál era el significado de los fenómenos surrealistas que había presenciado? El verdadero significado se manifestó en el momento en que aquella discreta bolsa de basura negra se materializó dentro de los confines de la Mansión Alice. El acto de consumo se produjo en un profundo silencio. El Limpiador, esta entidad blanda y abultada, teñida con un brillo metálico y salpicada de diminutas partículas de luz refractante, envolvió la bolsa por completo. Duncan percibió un cambio sutil y tácito en su cuerpo, como si algo en su interior hubiera sido neutralizado o digerido. A su alrededor, los sirvientes de la mansión parecieron respirar aliviados. Sus cuerpos tensos se relajaron, pero solo por un instante. Porque en un instante, Duncan notó que el Limpiador, tras completar su tarea, giraba... sí, giraba en su dirección. Su capa exterior oscilaba, y casi parecía como si una protuberancia similar a una cabeza se hubiera alineado para mirarlo. Un silencio palpable invadió el pasillo, aumentando la tensión a niveles casi insoportables. Todos los asistentes se quedaron paralizados, como si se prepararan para algo monumental. El Limpiador avanzó. Se dirigió hacia Duncan, pero sus intenciones eran inescrutables: ni maliciosas ni benignas. Los nervios de Duncan se tensaron por reflejo. Entre sus dedos, comenzaron a manifestarse jirones de llamas verde pálido. Observó al Limpiador con recelo, pensando a toda velocidad cuál sería la mejor manera de neutralizar a esta enigmática entidad, si resultaba ser una amenaza, sin causar daños indebidos a la Mansión de Alice. Entonces, inesperadamente, el Limpiador se detuvo a unos dos metros frente a él. La masa de sustancia lodosa parecía estar retrayendo su expansión anterior, como si reconsiderara su postura. En un instante surrealista, Duncan podría jurar que el Limpiador mostró cierta vacilación, incluso confusión. Era consciente, intentando comprender al humano que tenía frente a él, pero evidentemente desconcertado, como si la sola presencia de Duncan rompiera alguna lógica interna que gobernaba la mansión. Momentos después, como si saliera de un círculo vicioso de confusión, el Limpiador cambió su enfoque. Se alejó de Duncan como si decidiera que no importaba y comenzó a deslizarse hacia un rincón oscuro de la habitación. Parpadeando con total desconcierto, Duncan observó la extraña marcha del limpiador. Tras una larga pausa, desvió la mirada hacia el mayordomo y finalmente rompió el silencio: “¿Qué significa esto? ¿El limpiador no se muestra receptivo a mi presencia?”. “Esto tampoco tiene precedentes para mí” respondió el mayordomo, con una perplejidad perceptible en la voz. “Normalmente, una vez que el Limpiador ha cumplido su función, se relega a un segundo plano, integrándose de nuevo en la estructura de la mansión. Nunca ha estado merodeando ni ha mostrado actividades adicionales como ahora. Duncan frunció el ceño, pensativo, pero decidió no indagar más. En cambio, giró y caminó hacia el borde del pasillo en ruinas, acercándose al lugar exacto donde el Limpiador había llevado a cabo su misteriosa operación de limpieza. La bolsa de basura que había tirado había desaparecido por completo. Tras una desconcertante serie de transformaciones, una fuerza igualmente desconcertante dentro del Limpiador la había asimilado y digerido, sin dejar rastro alguno. Sin embargo, la pregunta central seguía siendo: ¿cómo había acabado allí su propia basura? Posicionándose sobre una baldosa agrietada del piso, Duncan se inclinó con cautela, mirando hacia el infinito abismo negro que se extendía más allá del corredor fracturado. Por un fugaz instante, albergó la idea de que podría encontrar su propio apartamento suspendido dentro de ese vacío de obsidiana y tal vez velado por un sudario de niebla similar a los innumerables fragmentos de otros mundos que podrían estar suspendidos en abismos similares en otros lugares. Pero solo había una oscuridad inquebrantable; el corredor no conducía a nada más que a un vacío impenetrable, como si el enorme abismo dentro de la Mansión Alice fuera un portal a un reino de absoluta nada. Un impulso casi irresistible lo invadió, impulsándolo a adentrarse en esa misteriosa oscuridad, para quizás descubrir las esquivas respuestas que buscaba. Sin embargo, en el momento crucial, la cautela lo invadió. Algo en lo profundo de sus instintos innatos le advirtió de los peligros inherentes a ese abismo infinito. Sabía que no era el momento oportuno; aún no estaba preparado para navegar por esa oscuridad y regresar sano y salvo. ¿Invitado? La voz del mayordomo sin cabeza rompió su trance introspectivo, emanando suavemente desde detrás de él. Tomando una respiración profunda como para expulsar sus pensamientos y dudas, Duncan retrocedió un paso, reposicionándose dentro de los límites del corredor en decadencia. “Debería irme ya” murmuró, casi para sí mismo. “Llévame de vuelta al jardín, por favor. En el mundo exterior de la mansión, Duncan parpadeó como si despertara de un trance. Sus sentidos se reorientaron bruscamente, devolviéndolo a la consciencia en cuestión de segundos. Frente a él estaba sentada Alicia, todavía atentamente presente. Sorprendentemente, en el mundo tangible sólo había transcurrido una minúscula fracción de segundo.
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Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 567

Estás leyendo el capítulo 567 de Ascuas de aguas profundas (Novela), un novela. Ese día, la niebla lo bloqueaba todo. Aquel día se convirtió en el capitán de un barco fantasma. Aquel día, atravesó la espesa niebla y se enfrentó a un mundo completamente subvertido y fragmentado: el viejo orden se… Este capítulo tiene publicado el 2 de junio de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Ascuas de aguas profundas (Novela) tiene 850 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.