Leer Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 528 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
La mente de Lucrecia se quedó en blanco por un momento. Se encontró en un breve lapso de reflexión, un vacío mental que duró apenas dos o tres segundos. Poco a poco, recuperó el sentido y se percató plenamente del surrealista y aterrador escenario que se desarrollaba ante sus ojos.
Lo que vio fue nada menos que una pesadilla inquietante, un sueño distorsionado por la malévola criatura del Sol Negro. Pero lo que realmente la aterrorizó fue ver a su padre emergiendo del subespacio, atrapado en medio de ese paisaje de pesadilla. Aún más aterrador fue la inmediata comprensión de que la guadaña que sostenía en la mano se arqueaba peligrosamente hacia la garganta de su padre.
La guadaña ya no estaba bajo su control. Emanaba una inquietante llama verde que se extendía por su oscura hoja y mango, dando la impresión de que había trascendido reinos y ya no estaba bajo su control. Con el cuerpo rígido por el miedo, Lucrecia intentó mantener el arma en su mano. En su estado de angustia, las únicas palabras que escaparon de sus labios fueron: “Tu... tu guadaña parece bastante distinta...”.
Enarcando una ceja, Duncan respondió mientras las llamas verdes se apagaban: "¿Así es como siempre reaccionas bajo presión? ¿Qué está pasando?"
Al apagarse las etéreas llamas, Lucrecia sintió el tirón de la guadaña, nacida de sueños y maldiciones, que volvía a su control. Retrocediendo con cautela, aferró el arma con más fuerza, preparándose para explicarle la situación a su padre. Sin embargo, su intento fue interrumpido por una amenaza inminente.
Los abominables vástagos del Sol, apodados los "seres inferiores", entraron en acción. No iban a quedarse de brazos cruzados y permitir que sus adversarios entablaran una conversación informal. Aprovechando el poder de la luz solar, múltiples figuras oscuras saltaron hacia Lucrecia.
Con un instinto veloz, giró y, en el proceso, su guadaña se transformó en un látigo cargado de espinas. Mientras se preparaba para atacar, las sombras que avanzaban se detuvieron en pleno vuelo, revelando sus formas. Luego se desplomaron al suelo, convulsionando violentamente como si hubieran sido arrancadas de su fuente de energía.
Mientras tanto, Heidi, que estaba haciendo malabarismos con múltiples personalidades y apenas mantenía el equilibrio, de repente sintió una caída significativa en la presión circundante.
Cambió rápidamente su personalidad, de debilitada a resiliente, y miró a su alrededor. Sus ojos se abrieron de par en par, horrorizados, al ver cómo las siniestras figuras se desplomaban una tras otra. Se retorcían en el suelo, como peces chisporroteando bajo el sol abrasador.
Las misteriosas capas negras que vestían comenzaron a hincharse y retorcerse desde dentro. Las monstruosas extremidades que sobresalían de debajo comenzaron a descomponerse rápidamente. Junto con la espantosa desintegración, un olor repugnante y pus viscoso comenzaron a supurar.
Incluso para alguien tan experimentada como Heidi, psiquiatra de profesión, la grotesca escena fue insoportable. Retrocedió instintivamente unos pasos. Un impulso interior la impulsaba a alzar la mirada al cielo, pero justo cuando estaba a punto de hacerlo, reprimió el impulso con considerable fuerza.
Heidi estaba atormentada por los recuerdos de su encuentro anterior con ese abominable "vástago del sol". El terror absoluto de aquella experiencia quedó tan vívidamente grabado en su mente que se encontró resistiendo cualquier impulso de confrontar o validar sus sospechas.
Sin embargo, su hilo de pensamiento se interrumpió cuando escuchó a un extraño, que recientemente había aparecido junto a Lucrecia, consolándola: “No temas, los cielos ahora son benignos”.
Estas palabras parecían resonar con una autoridad inexplicable. Aunque carecían de fundamento concreto, una profunda convicción se arraigó en la psique de Heidi: los cielos eran, sin duda, seguros.
Con una mezcla de inquietud y curiosidad, Heidi dirigió tentativamente su mirada hacia arriba, fijando sus ojos en el “sol” que brillaba ferozmente arriba.
La monstruosa entidad, que flotaba inquietantemente sobre el bosque, estaba adornada con innumerables tentáculos retorcidos y ojos fantasmales que parecían grotescos crecimientos orgánicos. Su luminosidad evocaba llamas intensas, envolviendo y consumiendo todo el aterrador cuerpo de carne. Pero en medio de este infierno abrasador, un peculiar tono verde intenso comenzó a emerger, cubriendo rápidamente su superficie.
La sola visión de esos apéndices serpentinos y ojos pálidos normalmente le provocaría a Heidi oleadas de terror paralizante. Sin embargo, esta vez, incluso con el corazón latiendo a toda velocidad por el miedo, notó que su claridad mental permanecía intacta.
La malévola influencia que una vez ejerció la "descendencia del sol" parecía anulada, si no erosionada activamente, por las inquietantes llamas verdes. La posibilidad comenzó a formarse en su mente: las llamas estaban corrompiendo la esencia misma de esta aberración celestial, volviendo inerte su maldad.
Mientras tanto, los gritos agonizantes de los "seres inferiores" perforaban el aire, asaltando los sentidos de Lucrecia. Las figuras, envueltas en capas oscuras, se desintegraban bajo los rayos transformadores, como si estuvieran expuestas a un potente disolvente. Ante este extraño espectáculo, se volvió hacia Duncan en busca de claridad y preguntó: "¿Qué está pasando?".
Duncan, con expresión de serena confianza, explicó: “He contaminado su pseudosol. La luz solar que emite ahora actúa como veneno para ellos. Una lección que aprendí del “Incidente del Sol Negro” en Pland: estas reliquias solo prosperan bajo un tipo particular de radiación solar”.
Sus palabras fluyeron suavemente y lanzó una mirada contemplativa hacia la entidad malformada que continuaba flotando en silencio sobre el dosel.
Los recuerdos del "Sol Negro" que una vez vislumbró a través de una "máscara dorada" resurgieron. Recordó a la antigua deidad cenicienta que murió bajo su resplandor. Sin embargo, comparado con el "Sol Negro" de sus recuerdos, la entidad que ahora preside este reino fantasmagórico parecía significativamente disminuida tanto en estatura como en potencia.
A Duncan se le ocurrió que éste podría ser el tan rumoreado “heredero del sol”, reverenciado por los celosos cultistas.
Esta cría sucumbía rápidamente a las llamas corrosivas, y su luminiscencia se transformaba en una fuerza lo suficientemente potente como para consumirla. Sin embargo, ante su inminente destino, este ser espantoso permanecía inquietantemente imperturbable, flotando sin ninguna angustia ni temor evidentes.
Brillaba con una calidez radiante y una iluminación similar a la de un auténtico cuerpo celeste. Sin embargo, al observar sus pálidos e inquietantes ojos, Duncan sintió una profunda consciencia que emanaba del ser. Esta entidad no era solo una fuente de luz y energía; poseía sensibilidad. Observaba, razonaba y parecía reflexionar sobre su existencia y propósito. Era radicalmente diferente del autodestructivo Sol Negro o de los frenéticos sectarios que albergaban ambiciones apocalípticas.
¿Qué pensamientos ocupaban la mente de este misterioso vástago solar?
Una pregunta surgió inesperadamente dentro de Duncan: "¿Qué pasa por tu mente?"
De las profundidades de las llamas etéreas, surgió una voz suave y serena: "¿Es hora de partir? No encuentro ningún propósito aquí".
La respuesta inesperada sorprendió momentáneamente a Duncan.
Pero mientras se preparaba para profundizar en una conversación con el "vástago del sol", un trueno espectral retumbó en lo alto. Las llamas que rodeaban a la entidad se contrajeron bruscamente, consolidándose en un punto minúsculo. Las llamas, que ya no tenían ancla, detonaron en una fracción de segundo, dispersándose en todas direcciones.
El pseudo-sol que una vez dominaba el horizonte del bosque desapareció, reemplazado por un cielo pintado en tonos carmesí tenue, sumergiendo todo el bosque en un aura que recordaba al crepúsculo.
Al observar el cambio repentino, Lucrecia preguntó: "¿Lo borraste?"
Duncan respondió con un suave movimiento de cabeza, compartiendo la revelación que acababa de experimentar: “Decidió partir. Lo que presenciamos no fue más que una sombra, una proyección de la descendencia del Sol Negro manifestándose en el reino de los sueños, similar a un apéndice indagador. Parece haber decidido retraer esa extensión”.
Al absorber la revelación, Lucrecia pronto se encontró preocupada por otra preocupación urgente: "¿Dónde ha desaparecido el Aniquilador?"
"Escapó", declaró Duncan con indiferencia. "A medida que los 'seres inferiores' perdían, su presencia disminuyó gradualmente. Cuando el pseudosol implosionó, aprovechó la confusión resultante y se escabulló".
Al oír esto, el rostro de Lucrecia se contrajo en una mueca. Su mirada recorrió el bosque envuelto en la penumbra: “Debería haber estado alerta... Podría haberle lanzado un hechizo...”.
Duncan, en un intento de tranquilizarla, comentó: "Déjalo tranquilo por ahora".
Lucrecia, sorprendida, pidió una aclaración: “¿Lo dejaste escapar a propósito?”
En lugar de ofrecer una respuesta directa, Duncan pareció captar algo. Soltó una risita al declarar: “De todas formas, ya me ha visto”.
Cambiando de tema, Duncan centró su atención en Heidi, que parecía cada vez más incómoda y trataba de pasar a un segundo plano.
Acercándose al joven psiquiatra” o más acertadamente, a las múltiples iteraciones de Heidi presentes” comenzó a evaluar su bienestar.
Mientras Duncan evaluaba la situación, notó que, de las numerosas Heidis, siete u ocho estaban visiblemente heridas. Tres parecían gravemente heridas, tendidas en el suelo del bosque, convulsionando con la debilidad de un pez que exhala sus últimos alientos. Sus personalidades parecían haberse replegado hacia adentro, dejando solo espasmos reflejos que parecían inquietantemente inertes. Otras dos Heidis estaban relativamente mejor: una miraba a lo lejos con la mirada vacía, mientras que la otra parecía eludir deliberadamente la atención de Duncan, con la mirada fija y ansiosa.
Duncan observó con frialdad a este desconcertante colectivo de Heidis, maravillándose en silencio ante las complejidades de la psiquiatría en esta dimensión. La manifestación de la doble personalidad parecía mucho más tangible y aguda que las típicas manifestaciones del trastorno de identidad disociativo que conocía. Optando por interactuar con la Heidi que parecía más lúcida, se acercó directamente a la que miraba fijamente, ignorando con tacto a la otra, cuya ansiedad era palpable.
"¿Estás aguantando bien?"
La fachada impasible de la Heidi a la que se dirigía se hizo añicos al instante; su rostro se iluminó con una mezcla de sorpresa y reconocimiento. “Tú... ¿cómo pudiste saber...?”
Era evidente que había descifrado la identidad de la formidable y ligeramente opresiva figura que se alzaba ante ella. Una punzada de ansiedad la recorrió el corazón. Ingenuamente, había creído que, al desplegar su yo personificado, podría eludir la confrontación directa con esta temible entidad del “subespacio”. Sin embargo, su subterfugio se había descubierto casi al instante.
“Con frecuencia utilizan sus yoes divididos como mecanismo de defensa cuando se sienten amenazados”, observó Duncan con voz cálida y amigable. “Debo admitir que no esperaba que las manifestaciones físicas de sus 'yos personificados' fueran tan… tangibles y resistentes. Es realmente intrigante”.
Sorprendida, Heidi instintivamente comenzó a justificarse: “Algunos… algunos pacientes diagnosticados con trastorno de identidad disociativo pueden ser extremadamente agresivos. Si no tengo suficiente 'yo' para contrarrestarlos, no puedo defenderme”. Pero a mitad de la explicación, se detuvo, con una mirada de comprensión. “Pero, ¿cómo determinó…?”.
Con una sonrisa maliciosa, Duncan señaló el brillante colgante de cristal púrpura que descansaba sobre el pecho de Heidi.
“En cierto modo, ese colgante, querida Heidi, es una muestra de mi generosidad”.

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Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 528
Estás leyendo el capítulo 528 de Ascuas de aguas profundas (Novela), un novela. Ese día, la niebla lo bloqueaba todo. Aquel día se convirtió en el capitán de un barco fantasma. Aquel día, atravesó la espesa niebla y se enfrentó a un mundo completamente subvertido y fragmentado: el viejo orden se… Este capítulo tiene publicado el 2 de junio de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Ascuas de aguas profundas (Novela) tiene 850 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.