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Leer Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 527 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
A medida que el número de invasores aumentaba más de lo previsto, una creciente inquietud se apoderó de su corazón. Anteriormente se había cruzado con un cultista que, aunque bajo la influencia de un oscuro pacto demoníaco, seguía siendo muy humano. A pesar del poder que le otorgaba su siniestra afiliación con un demonio de las sombras, seguía estando fundamentalmente atado a las vulnerabilidades de la humanidad. Gracias a sus conocimientos y habilidades especializadas, Heidi había descubierto que era relativamente fácil contrarrestarlo. Sin embargo, esta nueva embestida trajo consigo adversarios de una naturaleza completamente distinta. Vestidas de negro, estas entidades se parecían poco a la humanidad. Estos seres eran descendientes directos del Sol, emisarios nacidos de esa temible y enigmática fuerza que flotaba en el cielo. En esencia, eran las encarnaciones corruptas del Sol Negro, que representaban el inmenso alcance y poder de la antigua deidad. No pensaban ni razonaban como los humanos. Sus mentes y motivaciones, ajenas e inescrutables, hicieron ineficaz gran parte de la experiencia de Heidi como "terapeuta mental". Ante semejante adversario, la familiaridad con sus herramientas y técnicas se sintió repentinamente insuficiente. Sin embargo, Heidi, a quien a menudo llamaban Señorita Terapeuta, respiró hondo para tranquilizarse, reflexionó y apretó con más fuerza la reluciente púa dorada que sostenía. Las interacciones con la progenie del Sol eran notoriamente traicioneras. Conocidos por su profundo desprecio por la vida consciente, su malicia era inquebrantable y omnipresente. La diplomacia no era una opción. Y por si fuera poco, la presencia de una formidable "bruja", la Sra. Lucrecia, complicaba las cosas. Esta misteriosa bruja tenía alguna conexión con la entidad del Sol. Aunque Lucrecia proyectaba un aura amenazante, Heidi secretamente esperaba que pudiera intervenir si la situación se complicaba. Pero antes de que Heidi pudiera reflexionar más, su atención se fijó en una silueta que se movía a toda velocidad. Una figura vestida de negro, apenas distinguible, se abalanzó sobre ella a una velocidad cegadora. En ese fugaz instante de distracción, sintió un dolor insoportable en el abdomen. Al bajar la mirada, un oscuro tentáculo se clavó en su interior, infligiéndole una herida mortal. El sombrío asaltante apenas se distinguía en el extremo del tentáculo. Mientras la forma de Heidi comenzaba a descender, su consciencia primaria cambió sin problemas a una personalidad alternativa cercana. Esta nueva manifestación no dudó y se abalanzó sobre otro enemigo sombrío que se acercaba con la púa dorada. Simultáneamente, se colocó rápidamente un revólver en la sien, apretando el gatillo sin pensarlo dos veces. Una nueva personalidad se materializó, reemplazando a la que ella había abandonado momentáneamente. Simultáneamente, múltiples figuras vestidas de negro convergieron hacia Lucrecia. Su presencia en este bosque onírico era profunda; estas entidades parecían deslizarse en lugar de caminar, como si fueran espíritus que bordeaban reinos de luz y sombra. Su sola aproximación parecía corroer el entorno, desgarrando el aire y fragmentando el suelo bajo su aura siniestra. Cada paso era un testimonio de su fuerza destructiva, y cada huella en el suelo simbolizaba la erosión de la realidad misma. Pero Lucrecia, con una delicadeza casi etérea, parecía esquivar cada asalto. Con la gracia de un depredador, acortó distancias sobre uno de sus asaltantes por detrás. Antes de que esta figura oscura pudiera siquiera percibir su proximidad, le dio un ligero golpecito en el hombro con un dedo. Un grito estridente surgió de la criatura, atravesando el ambiente onírico. En medio de este arrebato cacofónico, una voz distorsionada pareció resonar en las mentes de ambas mujeres: “Lo han presenciado; ¡su fin es inevitable aquí!”. Lucrecia respondió con gélido desdén: “Tu grotesca 'pariente' no le interesa a nadie. Es hora de que florezcas”. En respuesta a sus palabras, la criatura conjuró rápidamente sombras bajo su capa que comenzaron a tomar la forma de un arma amenazante. Pero Lucrecia ya se había alejado con elegancia. Donde su dedo había hecho contacto, un color inusual comenzó a teñir el hombro de la entidad. Este vibrante pigmento comenzó a extenderse rápidamente, transformándose en una serie de flores luminiscentes y enredaderas agresivas. Con una escalofriante sinfonía de carne desgarrada y los gritos agonizantes de la criatura, estas plantas consumieron al ser por completo, sin dejar rastro del otrora temido sirviente del Sol Negro. Sin embargo, la caída de uno de ellos no logró disuadir a la horda que avanzaba. Los sonidos ambientales del bosque quedaron enmascarados por el susurro de numerosas entidades encapuchadas que se acercaban. Emergiendo de las zonas iluminadas del bosque, sus altas y sombrías figuras comenzaron a rodear a Lucrecia y Heidi, con su energía malévola palpable. Una arruga se formó en la frente de Lucrecia mientras intentaba comprender la magnitud de los atacantes y su repentina aparición en el sueño. Pero su reflexión se vio interrumpida cuando varias figuras encapuchadas aparecieron junto a ella. Lista para ellos, Lucrecia blandió lo que parecía una batuta de director, apuntándola al enemigo más cercano. Sin embargo, justo cuando estaba a punto de lanzar algún hechizo o maldición, un repentino mareo la invadió, interrumpiendo momentáneamente su acción. Una ráfaga de viento, presagiando un ataque inminente, rozó a la bruja. Lucrecia, luchando contra su momentánea debilidad, transformó su forma en una ráfaga de fragmentos de papel de vibrantes colores, dispersándose hacia un lugar seguro. Reconstruyéndose con esta mezcla de colores, su mirada se dirigió bruscamente hacia una dirección específica, percibiendo el origen de su momentánea vulnerabilidad. Usando su poder único de enfoque, una masa nebulosa y arremolinada de humo y polvo se manifestó en el aire. El humo palpitó, adoptando la apariencia de una medusa de aspecto misterioso y grotesco. Desde esta forma amorfa, una cadena oscura se extendió hacia abajo, solidificándose en un vínculo con un joven que se materializó desde el aire a su alrededor. Mientras esto ocurría, uno de los avatares humanoides de Heidi experimentó un tremendo impacto. Esta fuerza invisible la impulsó hacia atrás, infligiéndole tal daño que pareció partirla en dos. Con la energía que le quedaba, esta manifestación le infundió la fuerza de voluntad para alzar la mano y disparar tres tiros rápidos contra la misteriosa medusa de humo. ¡Señorita Lucrecia! ¡Ese es el intruso del que le advertí! Con su habitual frialdad, Lucrecia respondió: “Podrías elegir una forma menos macabra de transmitir la información”. Observó la forma desvanecida de la proyección de Heidi, con sus ojos sin vida clavados en el vacío, antes de alzar su batuta justo a tiempo para detener un zarcillo afilado que se acercaba. Sostuvo la mirada de la figura recién emergida, el Aniquilador, y preguntó: “¿Son ahora aliados los trastornados seguidores del Señor del Inframundo y el Sol Negro?”. El Aniquilador, ataviado con el uniforme azul típico del personal médico, tenía un rostro inquietantemente distinto. Con una sonrisa petulante, dijo: “No pretendía revelarme, pero parece que nuestros 'aliados temporales' necesitan apoyo”. Su mirada se dirigió al inútil ataque de la proyección de Heidi contra la entidad de humo, ilesa de las balas. Observó la escena: Lucrecia y Heidi, ambas con aspecto agotado por el implacable ataque de los “remanentes”. Luego, alzó la vista, señalando sutilmente a la temible entidad celestial que se alzaba sobre él. “Confío en que cumplirás con tu parte del trato; continuaremos excavando más”. El “sol” en lo alto permaneció estoicamente en silencio, pero el resplandor que iluminaba el bosque de abajo se hizo más intenso, aparentemente en reconocimiento. ¿Cumplir la promesa? ¿Excavar más? Estas frases del Aniquilador llamaron la atención de Lucrecia, pero antes de que pudiera reflexionar sobre sus implicaciones, otro asaltante vestido de negro se materializó a su lado. Desde las sombras, el brazo de la criatura se transformó, revelando numerosas extremidades afiladas que apuntaban directamente hacia Lucrecia. En una reacción instintiva, Lucrecia se desvaneció en un espectro de colores, reapareciendo a metros de distancia. Al hacerlo, extendió su batuta, apuntándola amenazadoramente al enemigo que se acercaba. Pero en un fugaz momento de ilusión, el enemigo percibido se transformó en una figura familiar. Allí estaba Tyrian, con una mezcla de asombro y preocupación en su rostro. "Lucy, has causado un buen lío..." La batuta que Lucrecia sostenía se transformó no en un arma común, sino en una guadaña mortal de diseño dramático y aspecto perverso, con una hoja que brillaba amenazadoramente. Sin demora, la blandió con férrea determinación directamente hacia la cabeza de la figura que se parecía a un "tirio". Una sonrisa burlona se dibujó en su rostro cuando el enemigo se partió limpiamente en dos, salpicando su rostro con sangre. Miró desafiante al Aniquilador, que observaba desde la distancia, con la voz cargada de sarcasmo. "¿Es esto lo mejor que puedes hacer? ¿Tanto te has acostumbrado a aprovecharte de las mentes vulnerables de la gente común?" El Aniquilador permaneció en silencio, pero la medusa de humo a su lado pulsó en respuesta. Casi de inmediato, un sonido veloz pasó zumbando junto al oído de Lucrecia. Al girarse al oírlo, el corazón le dio un vuelco: allí estaba su querida marioneta de cuerda, “Luni”, con su rostro, normalmente inexpresivo, ahora contorsionado por la conmoción y el miedo. Sin perder el ritmo, su guadaña ascendió y descendió en un arco veloz, convirtiendo a Luni en una cascada de engranajes metálicos y fragmentos de cerámica. Sin embargo, antes de que estos fragmentos cayeran al suelo, se transformaron de forma espantosa en carne y sangre ensangrentada. Mientras una figura ilusoria tras otra se materializaba, aparentemente para atormentarla, Lucrecia se mantuvo firme. Taran El emergió como un reemplazo sombrío de uno de los "remanentes vestidos de negro". Con determinación, Lucrecia lo abatió. Entonces apareció la caprichosa figura del conejo Rabbi, solo para correr la misma suerte. Incluso cuando Sara Mel, la estimada gobernadora de Wind Harbor, la confrontó, ella respondió sin dudarlo. Cada paso la acercaba al Aniquilador, cuyo semblante empezaba a revelar un atisbo de desesperación. Sin embargo, su impulso se detuvo momentáneamente cuando una figura familiar y profundamente personal se materializó ante ella: su propio padre. Recuerdos y emociones se arremolinaron en el interior de la bruja, haciéndola dudar por primera vez. Pero en un acto de pura fuerza de voluntad, acalló la avalancha de sentimientos, alzando su guadaña para atacar de nuevo, declarando: “¡Tu guerra psicológica ha avanzado, pero aún te queda mucho camino por recorrer!”. Pero al descender la espada, ocurrió algo inesperado. Lucrecia no se percató de la fugaz expresión de confusión en el rostro del Aniquilador, seguida de cerca por la repentina erupción de llamas verdes de la guadaña que empuñaba. En lugar de enfrentarse a la espada con miedo o resistencia, la figura ilusoria de su padre extendió la mano y la agarró, con una mirada de asombro en los ojos. “Lucy, ¿estás tan desorientada que ni siquiera puedes distinguir la realidad del sueño?” Lucrecia se quedó congelada en el lugar y se dio cuenta. “Éste… es real…”
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Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 527

Estás leyendo el capítulo 527 de Ascuas de aguas profundas (Novela), un novela. Ese día, la niebla lo bloqueaba todo. Aquel día se convirtió en el capitán de un barco fantasma. Aquel día, atravesó la espesa niebla y se enfrentó a un mundo completamente subvertido y fragmentado: el viejo orden se… Este capítulo tiene publicado el 2 de junio de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Ascuas de aguas profundas (Novela) tiene 850 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.