arrow_back

Leer Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 505 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Había habido innumerables ocasiones en las que la propia Nina ignoraba la extraordinaria potencia que albergaba en su interior. Poseía un poder increíble que podía infundir miedo y asombro incluso en los seres sobrenaturales más formidables. Sin embargo, a menudo ignoraba el alcance de sus propias habilidades. A pesar de las desventajas subyacentes, esta ignorancia sirvió como una bendición disfrazada, permitiéndole preservar su identidad y mentalidad humanas. Porque, después de todo, una explosión que alcance una temperatura asombrosa de 6.000 grados Celsius podría causar una destrucción cataclísmica, independientemente de dónde ocurra. Afortunadamente para Nina, Duncan siempre había estado al tanto de esta situación. Constantemente asumió la responsabilidad de guiarla e instruirla, asegurándose de recordarle con frecuencia los posibles riesgos de sus poderes. Le ayudó a comprender la verdadera gravedad de sus habilidades y descubrió métodos para ayudarla a aprender, lenta pero constantemente, a controlar su poder solar. Gracias a los esfuerzos de Duncan, Nina fue asimilando gradualmente su realidad y aceptándola. A sus ojos, el mundo tal como existía en ese momento se asemejaba a una casa de papel, delicadamente elaborada pero extremadamente frágil. El más mínimo error o contratiempo podía provocar un incendio mortal, como respirar descuidadamente o mirar fijamente un punto demasiado tiempo, carbonizando el área hasta convertirla en un páramo. Ahora, parecía que la comprensión y el dominio de Nina sobre sus poderes habían mejorado significativamente. Aparte de los raros y menores casos de "pérdida de control", no había incinerado nada más. Siempre mantuvo la perspectiva y la comprensión de una persona común, asegurándose de no sucumbir a la arrogancia ni a un peligroso exceso de confianza, consciente de su formidable fuerza. En opinión de Duncan, este fue un avance positivo. La superficie negra del océano ondulaba sutilmente ante sus ojos. El cielo tumultuoso y el mar parecían fundirse en uno solo sin límites perceptibles. El fuego inquietante que rodeaba su embarcación, la Desaparecidos, iluminaba la superficie del agua cercana. En la intersección de la luz y la oscuridad, se podían observar ocasionalmente sombras peculiares y desconcertantes. Estas apariciones fugaces surcaban el aire o el agua. Eran los habitantes indígenas del reino espiritual. Estas criaturas caóticas e ingenuas se sentían atraídas por el intruso, el Desaparecido. Pero en cuanto se reunían, eran abrasadas por las llamas espectrales y posteriormente se dispersaban, retrocediendo despavoridas. Atraída por la novedad de la escena, Nina corrió al borde de la cubierta trasera. Se sentó justo en la cubierta, con las piernas colgando sobre la barandilla, con los ojos abiertos de par en par, intrigada, mientras examinaba el "mar" que le resultaba a la vez extraño y fascinante. Duncan le advirtió a Nina que no perdiera el equilibrio y se cayera por la borda antes de concentrarse en dominar la navegación. Tras un breve instante, una repentina pregunta le asaltó la mente. “Vanna” dijo, y se giró para dirigirse a la mujer inquisidora que se encontraba en el borde de la cubierta, contemplando el mar. “Tengo una pregunta que surgió de repente sobre la Diosa de la Tormenta”. Vanna se dio la vuelta rápidamente y una expresión seria reemplazó su rostro anterior: "No dudes en preguntar". “La diosa de la tormenta Gomona es considerada la protectora del mar, ¿no es así?” preguntó Duncan. Duncan continuó con su interrogatorio: “Todo el Mar Infinito está bajo la jurisdicción de la protección de la Diosa de la Tormenta. Entonces, ¿qué pasa con el mar que existe en el reino espiritual?” La expresión solemne en el rostro de Vanna se transformó rápidamente en una de sorpresa, seguida de una mezcla de vergüenza y contemplación que persistió durante unos diez segundos. Tras este breve interludio, negó con la cabeza a regañadientes, disculpándose: “Lo siento, debo confesar que nunca antes había pensado en este asunto”. Luego se sumió en un silencio pensativo. Reflexionó sobre su comprensión: “Parece que mi comprensión de los principios de la fe es bastante superficial. Paso horas orando todos los días, pero nunca he considerado a fondo los intrincados matices que subyacen a estas escrituras...”. Morris, quien observaba este intercambio desde un lado, intervino: “Es perfectamente normal que estos detalles minuciosos no se expliquen en las escrituras. Desde la fundación de la Iglesia de la Tormenta, ningún mortal se ha aventurado libremente en el reino espiritual”. Añadió: “La doctrina sirve como instrumento para explicar las verdades divinas a los mortales. Solo representa las partes de la verdad que conocemos, no la imagen completa...”. “¿De dónde surgió entonces la 'doctrina' inicial?” Duncan indagó más: “En la época en que la Ciudad-Estado se acababa de establecer y la fe en los Cuatro Dioses apenas estaba arraigando, ¿quién redactó la doctrina inicial para aclarar los mecanismos que rigen el funcionamiento del mundo? ¿Fueron los mortales originales quienes evangelizaron o los propios cuatro dioses?” Esta pregunta llevó a Morris a sumirse en la contemplación. Duncan continuó con su pregunta anterior: “Basándonos en la interpretación actual de las escrituras por parte de las Cuatro Iglesias, la doctrina solo pudo haberse originado a partir de los dioses, ¿correcto?” “Sí.” Morris asintió. Parecía haber ordenado rápidamente sus pensamientos antes de responder a la pregunta de Duncan: “La 'Doctrina' es una fracción de la verdad; refleja su origen divino. Según la creencia generalmente aceptada, los primeros profetas de Creta recibieron la iluminación divina. La sabiduría de los dioses infundió sus mentes, y ellos, instintivamente, plasmaron los principios iniciales en su estado iluminado. A esto le siguieron la 'Era de la Manifestación de la Verdad' y la 'Era de la Revelación', que abarcaron varios siglos. En estas eras, los profetas recibieron la iluminación en generaciones sucesivas, documentando este conocimiento que finalmente culminó en la doctrina y las escrituras actuales de los Cuatro Dioses…” Duncan permaneció en silencio durante un buen rato, sumido en sus pensamientos. Tras lo que pareció una eternidad, planteó otra pregunta, rompiendo el silencio que se había apoderado de ellos: "¿Hay todavía profetas hoy que reciban tal iluminación y sean capaces de redactar nuevas doctrinas y verdades?". Al oír esto, Morris y Vanna intercambiaron miradas antes de que el primero respondiera: “Que yo sepa, no hay ninguno”. Morris negó con la cabeza: “Los santos pueden percibir las voces de los dioses, pero suelen ser solo sugerencias o indicaciones confusas, y los "profetas" capaces de dialogar directamente con los dioses, como los registrados en la historia, no han surgido desde el final de la Edad Oscura. Sin embargo, los herejes que juran lealtad al Sol Oscuro o al Señor del Inframundo suelen afirmar que han surgido profetas entre ellos. Pero, como bien sabes, los "profetas" a los que se refieren no suelen ser más que individuos trastornados, atormentados por la corrupción mental...”. “Entonces, esto implica que desde la época del Reino de Creta hasta la Edad Oscura, los dioses interactuaron frecuentemente con el reino mortal”, dijo Duncan con aire pensativo. “Incluso pudieron entablar cierto diálogo con mortales merecedores con el tiempo. Pero a partir de la era de las ciudades-estado, su interacción con el reino mortal se redujo a meras 'sugerencias' vagas”. Mientras Duncan pronunciaba estas palabras aparentemente profundas, una expresión de perplejidad se dibujó en el rostro de Vanna. Impulsada por la curiosidad, tuvo que preguntar: “Yo... nunca antes había abordado este asunto desde esta perspectiva. ¿Qué motivó estas repentinas preguntas?”. "¿Por qué de repente haces estas preguntas...?" Duncan se quedó en silencio por un momento. Durante este breve respiro, su mente revivió involuntariamente la imagen que había encontrado recientemente en la oficina de Tyrian: la luna. Según su comprensión, el mundo donde existía la luna carecía de los Cuatro Dioses. No existía un mar inmenso bajo la protección de la Diosa de la Tormenta, la Creación del Mundo no flotaba en el cielo, y las profundidades marinas estaban desprovistas de estrellas y demonios ocultos. La imagen de la luna se había grabado en su mente desde la primera vez que la vio. Su tranquilidad se vio interrumpida, y un sinfín de especulaciones sobre este mundo comenzaron a consumir sus pensamientos. De repente he desarrollado un gran interés por los misterios más antiguos de este mundo. Expresó sus pensamientos lentamente. Luego respiró hondo, asintió con la cabeza a Vanna y Morris y dio su aprobación: “He revisado el mensaje de advertencia que han preparado para transmitir a la Iglesia de la Tormenta y a la Academia de la Verdad. No hay problema, pueden proceder a establecer contacto con sus respectivos cuarteles generales en el mar”. Aunque Morris y Vanna albergaban dudas persistentes y estaban ligeramente preocupados por el reciente estado de ánimo sombrío del capitán, decidieron no presionarlo más. Simultáneamente, inclinaron la cabeza en señal de reconocimiento y respondieron al unísono: “Sí, capitán”. …. Lucrecia se despertó lentamente de un sueño inquieto plagado de una serie de pesadillas caóticas, peculiares, estimulantes y extravagantes. Se giró para mirar por la ventana. Las pesadas cortinas impedían el paso de la luz exterior, salvo un tenue resplandor dorado que se filtraba por la estrecha abertura, proyectando largas sombras en la habitación. Los objetos cotidianos, relegados a los rincones oscuros, parecían desprender una atmósfera extraterrestre, como si el poder residual de sus pesadillas se hubiera infiltrado en el mundo real y ahora acechara en las sombras. "¿Señora?" Un extraño y desconcertante conejito cobró vida a su lado, ladeando la cabeza, con sus ojos fijos en Lucrecia. La voz de una niña emanaba de su cuerpo relleno de algodón. Con un movimiento casual, Lucrecia atrajo al conejito hacia su abrazo, lo apretó con fuerza y luego levantó la mirada hacia la ventana. "¿Qué hora es ahora?" “Aún falta una hora para que despiertes” respondió la conejita, con sus ojitos escrutando la tez pálida de Lucrecia mientras soportaba sus abrazos. “Pareces bastante indispuesta, y dabas vueltas en la cama mientras dormías... ¿Tuviste otro sueño inquietante? “Soñé con cosas raras...” respondió Lucrecia, frotándose las sienes y soltando el conejito. “Tráeme algo de beber. “Entendido” respondió la muñeca obedientemente. Saltó de la cama, cogió una taza de un armario cercano, la llenó hasta la mitad con su bebida favorita y preguntó con evidente curiosidad:” ¿Con qué soñaste? ¿Tu ansiedad se debe a... la inminente visita del viejo amo? La inocente voz del muñeco albergaba un dejo de inquietud. Era evidente que la sola mención de la frase “viejo amo” le infundía un profundo temor. Lucrecia aceptó la copa que le ofrecía la muñeca, la vació de un solo trago y dejó escapar un largo suspiro. “Soñé con el momento en que la Estrella Brillante estuvo a punto de caer debido a su roce con la niebla fronteriza. Sin embargo, en mi sueño, nuestro barco no cayó de la niebla; en cambio, se elevó, estrellándose directamente contra la Creación del Mundo. Además, vi innumerables barcos contorsionados en diversas formas, cayendo en cascada desde el mundo hacia el cielo... Todo era tan absurdo y misterioso”. Mientras narraba su sueño, le arrojó la taza vacía al conejito que estaba a su lado: “Sí, su inminente llegada induce cierto nivel de ansiedad, pero no lo suficiente como para provocar pesadillas, rabino, después de todo es mi padre”. “Sí, señora” la conejita asintió enseguida, pero no pudo evitar advertirle. “Pero tenga cuidado. Tener pesadillas a bordo de la nave podría ser un mal presagio. El viejo amo… sí tiene vínculos con el subespacio, y ahora mismo se está acercando a usted. "Entiendo", respondió Lucrecia con indiferencia. Se levantó de la cama, cruzó la habitación descalza hasta la ventana y abrió las pesadas cortinas. La cálida y radiante luz del sol inundó al instante toda la habitación. El sol aún no había salido completamente, pero la colosal y brillante estructura geométrica que flotaba justo encima de la superficie del agua ya había estado proyectando “luz eterna” sobre la vasta extensión del mar durante un tiempo considerable. Lucrecia entrecerró los ojos mientras disfrutaba de la aparentemente infinita "luz del sol". La voz del conejito resonó detrás de ella: "Señora, ¿planea visitar la esfera de piedra hoy?" “No” respondió Lucrecia, negando con la cabeza. Se dio la vuelta y se dirigió tranquilamente a su tocador. Hoy tenía la intención de ir al pueblo para reunirse con sus viejos conocidos de la Asociación de Exploradores.
Ascuas de aguas profundas (Novela)

Continúa leyendo

Ascuas de aguas profundas (Novela)

Capítulo 506

Siguiente Capítulo ›

Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 505

Estás leyendo el capítulo 505 de Ascuas de aguas profundas (Novela), un novela. Ese día, la niebla lo bloqueaba todo. Aquel día se convirtió en el capitán de un barco fantasma. Aquel día, atravesó la espesa niebla y se enfrentó a un mundo completamente subvertido y fragmentado: el viejo orden se… Este capítulo tiene publicado el 2 de junio de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Ascuas de aguas profundas (Novela) tiene 850 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.