Leer Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 490 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Mientras Duncan observaba a Alice en silencio, no pudo evitar sentirse cautivado por la inquebrantable seguridad que irradiaba su rostro. Cuando sus miradas se cruzaron, su confianza lo impactó de una manera tan poderosa que creó en él una sensación inquietante, casi discordante.
Esta disonancia emocional le tiraba de los rincones de la mente, negándose a ser ignorada. Se encontró lidiando con una pregunta desafiante: ¿Cómo podía un rostro albergar tal gama de atributos contrastantes, incluso contradictorios?
Alice notó la mirada pensativa de Duncan y rompió el silencio. “Capitán”, empezó, con curiosidad ahora despertada por el aparente desconcierto de Duncan. Inclinándose hacia adelante en un gesto de preocupación discreta, continuó: “Lleva un rato callado. ¿Le preocupa algo? ¿He dicho algo malo?”
Duncan negó rápidamente con la cabeza, como si intentara despejar un pensamiento persistente. "No, no eres tú", dijo, y sus ojos se clavaron repentinamente en Alice con una intensidad renovada. "Alice, ¿alguna vez has pensado en tu relación con la Reina de Hielo?"
La pregunta pareció pillar a Alice desprevenida. Hizo una pausa, rascándose la cabeza mientras ordenaba sus pensamientos. “Bueno, sí que lo pensé una vez”, dijo finalmente, con la voz teñida de una notable incertidumbre. “Pero decidí que no era importante, así que lo dejé pasar”.
Los ojos de Duncan se abrieron de sorpresa. "¿No es importante?"
Alicia respondió con sinceridad. “La Reina de Hielo y yo somos seres distintos. Sus logros son suyos, y no tengo derecho a ellos. Tengo mis propias fortalezas y mi propia vida, y estoy contenta con eso. Además”, añadió, “el Sr. Morris me dijo una vez que podría haber alguien más en el mundo que se parezca a mí. Así que he llegado a aceptar que la Reina de Hielo es solo una doble, aunque en realidad soy una muñeca”.
Al escuchar a Alice expresar estos pensamientos, Duncan observó la expresión tranquila y satisfecha que adornaba su rostro. Mientras ella hablaba de su propia satisfacción con la vida tal como era, sintió una emoción desconocida despertar en su interior.
Reflexionó sobre el enigma que representaba Alice. ¿Podría ser una obra maestra defectuosa creada por alguna antigua deidad marina que acechaba en las profundidades insondables? ¿O el resultado imprevisto de combinar el legado del caído Ray Nora con el artefacto histórico de una guillotina? Quizás guardaba secretos tan profundamente enterrados que ni siquiera Ray Nora podría haberlos predicho. Pero según Alice, tales especulaciones eran irrelevantes.
A pesar de su aparente falta de sabiduría mundana, Alice irradiaba una felicidad genuina. Se desenvolvía en un mundo complejo, repleto de fenómenos inexplicables, con una sensación de asombro más que de miedo o ansiedad. Para ella, este mundo extraño y misterioso era su propia versión personal de la "normalidad". Como una niña que se aventura al mundo bajo la suave calidez de la luz del sol por primera vez, disfrutaba de la perspectiva de descubrir lo desconocido y lo nuevo.
En un mundo repleto de seres diversos” guerreros de increíble valentía, eruditos rebosantes de conocimiento inagotable y seguidores devotos” nadie podía experimentar la vida a través de la perspectiva única de Alice. Duncan se dio cuenta, en este mundo distorsionado donde el miedo a menudo reinaba, de que Alice, a pesar de ser clasificada como una simple "muñeca", exhibía más cualidades inherentemente humanas que cualquier otra persona que hubiera conocido.
Le recordaba a la gente que había conocido en un mundo más sencillo, un lugar donde no había anomalías ni peculiaridades, donde no había deidades ni sucesos inexplicables. En ese mundo, la gente vivía tranquila y pacíficamente bajo el sol.
Sus reflexiones fueron interrumpidas por la voz de Alice. "¿Capitán? Parece perdido en sus pensamientos otra vez."
Duncan negó levemente con la cabeza y respondió: “No es nada, la verdad. Solo estaba pensando en tu singular sabiduría”.
Confundida pero encantada por el repentino elogio de Duncan, el rostro de Alice se iluminó con una expresión de alegría. "Jeje..."
Ella no entendía por qué Duncan la consideraba “sabia”, pero si el capitán le estaba haciendo un cumplido, pensó que era algo por lo que valía la pena estar contenta.
La mano de Duncan se dirigió entonces hacia la llave de latón que yacía a su lado. Su sumergible ascendía desde las profundidades del océano, aún lejos de su destino de recuperación. La información de la Reina de Hielo y Ray Nora le había dado mucho que considerar, pero muchas preguntas seguían sin respuesta, llenas de lagunas y ambigüedades.
Esta llave de latón le había sido entregada inicialmente a Ray Nora por una entidad perspicaz conocida como Ender. A pesar de su agudo intelecto, Ray Nora no había comprendido su verdadera naturaleza ni su propósito. Curiosamente, una cerradura a juego se había manifestado en Alice, una figura con forma de muñeca, aparentemente fruto del azar y el error. ¿Podría todo esto seguir siendo una mera coincidencia?
¿Había Ender previsto estos acontecimientos? ¿O una antigua deidad marina se adentró en el abismo de los recuerdos de Ray Nora, extrayéndolos para crear una "cerradura" similar en Alice?
Duncan sintió que tal vez había llegado el momento de hacer una prueba experimental.
“Alice”, dijo solemnemente, con los ojos fijos en ella, “por favor, acompáñame”.
Desconcertada por un momento, Alice se levantó rápidamente. "¡Ah, vale!", respondió, siguiéndolo.
“Cabeza de Cabra, cuida el barco” ordenó Duncan al bajar de la mesa de navegación. Inhalando profundamente, se dirigió al camarote del capitán.
Confundida pero obediente, Alice siguió a Duncan al dormitorio. A instancias suyas, cerró la puerta tras ellos, con el rostro perplejo. “Capitán, ¿qué vamos a hacer?”
Sosteniendo la llave de latón, Duncan miró fijamente a Alice. “Quiero probar esta llave”.
Los ojos de Alicia se abrieron de par en par, sorprendida. "Espera, ¿no dijiste que esta llave podría ser peligrosa? ¿Que podría contener el alma de la Reina de Hielo o algo por el estilo?"
"El peligro se ha mitigado", dijo Duncan, con una voz tranquilizadora que mezclaba seguridad y determinación. "Me he encargado personalmente de ello".
Alice se animó al oír esto y, sin dudarlo un instante, empezó a alcanzar la cremallera de la espalda de su vestido. "En ese caso, empezaré a desvestirme..."
“No hace falta. Bastará con que veas la cerradura” intervino Duncan, sorprendido y un poco avergonzado por su franqueza. “¿No tienes miedo?
Alice lo miró con ojos llenos de confianza. “Dijiste que no había peligro, Capitán. Además, si algo sale mal, serás tú quien me dará cuerda. Me protegerás, ¿verdad?”
Hubo una pausa antes de que Duncan asintiera lentamente. "Sí, te protegeré". Señalando un taburete redondo junto a la cama, añadió: "Siéntate ahí, por favor. No sé qué pasará cuando giren la llave, y es más seguro si no estás de pie".
¡De acuerdo! Siguiendo las instrucciones de Duncan, Alice se sentó en el taburete, dándole la espalda. Se desabrochó la parte superior del vestido, dejando al descubierto la cerradura: un delicado círculo pulido, parecido a la porcelana, incrustado en su espalda, rodeado por un intrincado diseño dorado.
Duncan miró fijamente la llave de latón en su mano, ajustándola visualmente a la cerradura. Todo parecía encajar a la perfección. Una sensación de anticipación con un toque de nerviosismo lo invadió. Respiró hondo para calmar sus emociones y alineó cuidadosamente la llave con la cerradura.
"Alicia."
"¿Sí?"
“No tengas miedo.”
"Bueno."
Cuando Duncan insertó la llave en la cerradura, escuchó un claro “clic”, un sonido que pareció resonar no solo en la habitación, sino también en los rincones de su mente.
Esta no era una interacción mecánica común y corriente. Duncan sintió una fuerza misteriosa que pulsaba a través de la llave, que empezó a girar sola. Giró hasta alcanzar la posición horizontal y luego volvió a hacer clic.
En ese instante, la realidad misma pareció cambiar. La iluminación de la habitación se transformó mientras las sombras se contorsionaban y recomponían. Duncan sintió una desorientación familiar, similar a la de atravesar el reino espiritual: un mareo transitorio que hizo que su entorno pareciera disolverse y reconfigurarse.
Antes siquiera de poder pronunciar un sorprendido “otra vez no”, Duncan se encontró en una mansión imponente, aunque inquietantemente sombría. El amplio salón estaba flanqueado por imponentes pilares que se elevaban para sostener un techo oscuro y melancólico. Las paredes estaban adornadas con intrincados patrones y relieves, y esbeltas y altas ventanas punteaban el espacio. Lo que más le llamó la atención fue la inquietante vista tras esas ventanas: enredaderas negras y espinosas trepaban como si quisieran engullir la estructura mientras caóticos destellos de luz y sombra danzaban a su alrededor.
Este era un mundo completamente diferente, un lugar que se sentía a la vez majestuoso y amenazador. Era como si los hubieran transportado a la confluencia de múltiples realidades, o quizás a una dimensión donde las leyes del tiempo y el espacio se habían fracturado. Y todo esto se había desbloqueado con solo girar una llave.
Dentro de los inquietantes confines de la mansión, Duncan podía oír una sinfonía de sonidos inquietantes. Susurros intermitentes llenaban el aire, interrumpidos por risas esporádicas y el eco de pasos que reverberaban a través del suelo de madera. Lo más intrigante fue que oyó tenues notas musicales, una melodía etérea que sugería un baile de salón en algún rincón remoto y oculto de la casa.
Duncan frunció el ceño y sus sentidos se agudizaron mientras intentaba darle sentido al misterioso entorno.
En ese momento, un fugaz movimiento captó su visión periférica. Giró la cabeza para enfocarlo, pero lo que encontró fue un rincón vacío, sin ninguna presencia tangible. Sin embargo, estaba absolutamente seguro de haber visto algo, o mejor dicho, a alguien. La figura parecía una criada vestida con el atuendo tradicional blanco y negro. Lo más inquietante era que donde debería haber estado la cabeza, no había nada; el cuello del vestido revelaba un espacio inquietantemente vacío, un cuello desnudo sin cabeza por encima.
Duncan se detuvo, inmóvil en el amplio y vacío salón. Absorbió la peculiar atmósfera, profundamente consciente de un aura que parecía vibrar con una energía inquietante. Decidido, comenzó a caminar hacia una gran escalera en espiral al fondo del pasillo.
Al poner el pie en el primer escalón, las tablas de madera crujieron lastimeramente bajo su peso. Al subir más alto, una repentina oleada de familiaridad lo invadió, deteniéndolo a medio paso. Abrió los ojos de par en par al contemplar el ornamentado mobiliario y el estilo arcaico del interior de la mansión.
Una sensación de reconocimiento lo invadió; era un eco emocional de una habitación que ya había visitado. La sensación era inconfundible. Era el mismo entorno donde se había encontrado con la Reina de Hielo, Ray Nora, en su estado latente.
La confusión se mezclaba con una curiosidad insaciable mientras Duncan reflexionaba sobre las implicaciones de su entorno. ¿Por qué había sido transportado a este lugar tan familiar tras dar cuerda a la llave de Alice? ¿Cuál era la conexión entre esta misteriosa mansión y la Reina de Hielo latente? Y, lo más importante, ¿qué les deparaba este lugar a él y a Alice, quienes habían estado tan inexplicablemente vinculados a este misterio en desarrollo?

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Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 490
Estás leyendo el capítulo 490 de Ascuas de aguas profundas (Novela), un novela. Ese día, la niebla lo bloqueaba todo. Aquel día se convirtió en el capitán de un barco fantasma. Aquel día, atravesó la espesa niebla y se enfrentó a un mundo completamente subvertido y fragmentado: el viejo orden se… Este capítulo tiene publicado el 2 de junio de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Ascuas de aguas profundas (Novela) tiene 850 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.