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Leer Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 481 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Las potentes luces del sumergible penetraron la penumbra del vasto océano, desenmascarando figuras sombrías que antes se ocultaban en la oscuridad abisal. Mientras estos seres esquivos entraban en el campo de visión de Duncan, este observó sus siluetas humanas, casi infinitas, suspendidas y meciéndose suavemente en el vasto reino acuático. Pero al observar con más atención, se hizo evidente una característica extraña en estas entidades. Carecían de rasgos faciales específicos y extremidades distinguibles. No llevaban ropa. En cambio, estos seres eran simplemente siluetas vagas, de aspecto humanoide, de texturas toscas y un tono negro intenso y absorbente. Su apariencia recordaba a figuras moldeadas apresuradamente en arcilla de obsidiana, representaciones rudimentarias carentes de detalles intrincados. Al compartir su descubrimiento con Agatha, Duncan comentó: “Parecen meras siluetas, ¿verdad?”. La respuesta de Agatha transmitió asombro: “Desde donde estoy sentada, exudan una especie de luminosidad espiritual, casi como si fueran entidades conscientes que habitaran una ciudad submarina…”. Silencioso ante esta revelación, la frente de Duncan se arrugó pensativa mientras dirigía hábilmente el sumergible más cerca de una de estas "formas humanas" que flotaban cerca. Los sutiles movimientos provocados por la propulsión del sumergible perturbaron la serenidad del entorno acuático, provocando que una de las figuras, con su cabeza esférica y lisa, se acercara a la ventana de observación. Sus extremidades, atrofiadas y toscas, parecían inacabadas, flotando en el agua. Con deliberada lentitud, un brazo mecánico se extendió y su extremo en forma de garra golpeó suavemente la sección media de la figura. Sin embargo, no hubo reacción. Ninguna señal de que fuera un ser vivo. Al levantar la vista, Duncan observó atentamente las otras formas en la distancia mientras se deslizaban momentáneamente dentro del límite de la iluminación del sumergible, solo para desvanecerse nuevamente en la oscuridad circundante. Se preguntó: ¿cuán vasta era esta asamblea de entidades? ¿Eran miles? ¿Quizás decenas de miles? ¿O podrían llegar a millones? Un recuerdo lejano resurgió en la mente de Duncan. Recordó un detalle de la reunión informativa del Proyecto Abismo con Tyrian. El tercer sumergible había regresado presa del pánico tras su última inmersión. Una vez extraído, su explorador repitió una declaración desgarradora: "¡Todos morimos allí abajo!". Con el ceño fruncido, Duncan observaba fijamente la infinidad de formas sombrías que flotaban en el exterior. ¿Podría ser esta la escena inquietante que llevó al explorador anterior al borde de la locura? Rompiendo el silencio, Agatha habló con voz seria: “Este escenario… Me hace pensar en las 'imitaciones' que una vez invadieron nuestra Ciudad-Estado”. “Tuve una idea similar”, respondió Duncan, “pero estas son diferentes. A pesar de sus extrañas cualidades, las imitaciones conservaban rasgos humanos: rostros, extremidades y ropa normal. Por otro lado, estas figuras son aún más básicas, y solo capturan la esencia de una forma humana. Es como si fueran bocetos preliminares, incluso más primitivos que las imitaciones”. “¿Y si están en una etapa temprana?”, propuso Agatha. “¿Podría ser que las imitaciones se desarrollen a partir de estas versiones iniciales y rudimentarias?” Duncan habló con cautela, con la voz teñida de vacilación. “Determinar el origen de estas formas es un desafío. Es posible que hayan estado flotando sin rumbo en las profundidades del océano durante mucho tiempo, quizá incluso antes de que se iniciara el Proyecto Abismo. Las entidades que atacaron nuestra Ciudad-Estado llegaron a nuestra dimensión a través del “espejo”, pero estas formas oceánicas existen físicamente en este reino. Podría haber un vínculo entre ambas, pero probablemente no sea tan simple como decir que una evolucionó de la otra”. Agatha reflexionó sobre sus palabras, encontrándolas sugerentes. De repente, recordó algo que un cultista había dicho durante un enfrentamiento anterior: “Para empezar, nunca hubo falsificaciones; en otras palabras, todos somos impostores...”. Como si una luz se le hubiera encendido en ese mismo instante, la mirada de Duncan recorrió las formas flotantes, parecidas a la arcilla, antes de dirigirse a las oscuras y misteriosas aguas que se extendían bajo ellas. Su mano agarró la palanca que controlaba el descenso del sumergible. En el interior del sumergible, el crujido y el chirrido de la maquinaria resonaban como si un equipo antiguo y decrépito estuviera jadeando. El casco de la nave crujió bajo la inmensa presión del agua. Mientras Duncan maniobraba los controles, el sumergible inició su descenso hacia el abismo. En medio de la sinfonía de ruidos inquietantes que los envolvía, Agatha miró a Duncan con preocupación. “Capitán, ¿es esta embarcación lo suficientemente robusta para esto?” La mirada de Duncan estaba fija en el panel de control, interpretando las débiles señales de las luces indicadoras. Su agarre en la palanca se mantuvo firme e inquebrantable. "Aguantará", dijo con tranquila seguridad. "Nos estamos acercando". "¿Cerca de qué?", preguntó Agatha, con una mezcla de sorpresa y anticipación en sus palabras. "¿Sabes qué hay ahí abajo?" Duncan no respondió. Se concentró en pilotar el sumergible con meticulosa precisión, ajustando el ángulo de las hélices ligeramente. El propio casco, ya sometido a mucha tensión, empezó a emitir ruidos cada vez más inquietantes. Incluso la unión entre la ventana y el resto del casco emitía crujidos y crujidos inquietantes. El vehículo parecía estar siempre al borde del colapso, la inmensa presión del agua amenazaba con aplastarlo y convertirlo en una bola de metal retorcida. Sin embargo, continuaron su descenso, tambaleándose precariamente al borde de la catástrofe, hundiéndose cada vez más en las profundidades completamente negras. Pero no fue solo la estructura del barco lo que hizo sonar las alarmas. Había otros sonidos provenientes del exterior, mucho más desconcertantes: ruidos de impacto persistentes y estremecedores: “Bang, Bang, Bang…”. Estas formas humanoides, parecidas a la arcilla, chocaban periódicamente con el exterior del sumergible, y sus impactos producían sonidos similares al golpe sordo de piedras contra un cráneo humano. Era una resonancia sorda y escalofriante, y Agatha sintió que se aferraba con más fuerza al pasamanos frente a ella sin querer. Sintió que el sumergible se inclinaba hacia adelante, el ángulo se volvió tan pronunciado que era difícil permanecer de pie sin agarrarse a algo. Entonces, de repente, algo apareció en su campo de visión fuera del ojo de buey. Lo que parecía una extensión interminable y cambiante se materializó en los márgenes del haz del reflector, llenando el borde inferior de la ventana. Parecía… tierra. "¿Es ese el fondo marino?", exclamó Agatha, incrédula y asombrada. "¿De verdad estamos viendo el fondo del océano?" Duncan miró fijamente por la portilla, entrecerrando los ojos al fijarse en el sorprendente y tumultuoso terreno que había aparecido repentinamente en medio del abismo negro. Los bordes irregulares de lo que parecía una costa se extendían ante ellos, y más allá se extendían los contornos borrosos de estructuras inidentificables. Tras un prolongado momento de contemplación, negó suavemente con la cabeza. “No, esto no es el fondo marino. No estamos ni cerca de lo que tradicionalmente llamaríamos el 'fondo marino'. Lo que vemos es un trozo de tierra que, en realidad, flota en el océano”. “¿Un pedazo de tierra flotante?”, preguntó Agatha, frunciendo el ceño con incredulidad. “Otra versión de Frost” respondió Duncan en voz baja. “Aunque solo podemos ver una pequeña parte de la costa, reconozco el paisaje característico. Esto es Frost, pero en su estado original, salvaje, sin puertos, edificios ni ninguna otra estructura artificial. Ante sus palabras, un escalofrío visible recorrió el cuerpo de Agatha. La mirada de Duncan se dirigió entonces hacia la superficie del océano, sobre esta “isla flotante” que habían llamado “Escarcha”. En ese cielo acuoso, innumerables figuras humanoides flotaban, rodeando la masa terrestre como abejas alrededor de su colmena. Era un cuadro inquietante, como si estuvieran presenciando un momento del amanecer de los tiempos, perfectamente preservado en las profundidades del océano: una instantánea congelada de una era pasada aparentemente suspendida en el tiempo. “¿Qué es este lugar?” preguntó Agatha, rompiendo con su voz el sofocante silencio. "Es el plano original", respondió Duncan en un tono tranquilo, casi reverencial. Recordó los acontecimientos de la Tercera Larga Noche, cuando el llamado “Rey de la Oscuridad” reveló el plan de creación al colectivo y puso en marcha la génesis de su mundo. Para evitar los trágicos destinos que azotaron al Rey del Sueño y al Rey Gigante Pálido, fragmentó el plan, reemplazando un mundo unificado con mil doscientas ciudades-estado independientes. La civilización persistió tras esa época oscura, dando origen a lo que llamaron la Era del Mar Profundo. En esta era, todo se construyó según el plan de las “mil doscientas ciudades-estado” que el Rey de las Tinieblas había regalado. Ciertos aspectos de esta narración, mencionados en un texto al que denominaron el “Libro de la Blasfemia”, habían sido corroborados. ¿Pero existían interpretaciones o explicaciones alternativas? Duncan se sumió en un silencio contemplativo, mientras sus pensamientos se arremolinaban como una tempestad. Agatha, mientras tanto, había empezado a comprender las implicaciones de lo que Duncan llamaba el “plano original”. Luchando ante la magnitud de la revelación, balbuceó: “¿Estás sugiriendo que Frost, sus habitantes actuales, y de hecho, todas las ciudades-estado y seres mortales de nuestro mundo, podrían haberse originado a partir de estas... entidades de las profundidades marinas?”. “Es una posibilidad” respondió Duncan. Negó con la cabeza suavemente y habló con una voz profunda. “Los escritos heréticos del Culto de la Aniquilación proporcionan detalles sobre el proceso de creación atribuido al Señor del Inframundo. Aunque estas teorías se consideran blasfemas, no podemos permitirnos descartar las posibles verdades que estos textos antiguos puedan contener. Agatha intentó hablar pero se quedó momentáneamente sin palabras. Desde que se aventuraron en estos territorios inexplorados, su comprensión del mundo se había trastocado por completo. Su mente estaba inundada por un mar de preguntas, e incluso su firme determinación como portera experimentada se tambaleó. Si las afirmaciones del Culto de la Aniquilación sobre el “Señor del Inframundo que creó el mundo” contenían incluso una pizca de verdad, ¿no significaba eso que todos los seres en su reino mortal eran, en esencia, creaciones de este Señor del Inframundo? Incluso después de sobrevivir a la crisis existencial planteada por el incidente de Mirror Frost y haber fortalecido sus convicciones a través de pruebas extremas, Agatha todavía encontró extremadamente difícil asimilar esta "posibilidad" de alterar el mundo en su comprensión de la realidad. Sin embargo, a pesar de las profundas contradicciones y dudas que se arremolinaban en su mente, no descartó por completo lo que veía. Sabía que al tomar la decisión de aventurarse en las profundidades marinas, se adentraba en un reino donde las reglas habituales podían desafiarse y lo imposible podía hacerse realidad. "¿Vamos más profundo?" le preguntó a Duncan, esforzándose por mantener la voz firme y tratando de mostrar cierta compostura. Duncan, sin embargo, no volvió a tocar los controles del sumergible. En cambio, sus ojos recorrieron el conjunto de indicadores y diales del panel de control mientras se concentraba en la información sensorial de la embarcación. “Hemos llegado al límite operativo del submarino”, declaró finalmente. “El casco no soporta más presión; está al borde de la ruptura”. “Estábamos tan cerca” respondió Agatha, con la voz teñida de un profundo arrepentimiento y añoranza. “Casi llegamos a esa isla flotante. “No pasa nada; solo el submarino tiene sus limitaciones” la tranquilizó Duncan, negando con la cabeza suavemente. Su mirada volvió a la portilla, absorta en la escena que se desarrollaba afuera. “Hay algo más aquí que es mucho más resistente. Agatha lo miró con los ojos nublados por la confusión. Duncan, sin embargo, seguía concentrado en la escena que se extendía más allá del ojo de buey. Continuó observando las entidades humanoides flotantes que parecían flotar sin rumbo en la tenue luz que se filtraba por el agua. “Dijiste antes que en tu percepción, estas formas humanas 'en blanco' emitían un aura, casi como si estuvieran vivas”, comentó Duncan como si hablara con Agatha y consigo mismo. En ese momento, una de las indistintas entidades humanoides que flotaban fuera del submarino giró lentamente su nebulosa cabeza hacia la portilla, como si respondiera a las palabras de Duncan. Su mirada, si así se le podía llamar, pareció clavarse en Agatha.
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Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 481

Estás leyendo el capítulo 481 de Ascuas de aguas profundas (Novela), un novela. Ese día, la niebla lo bloqueaba todo. Aquel día se convirtió en el capitán de un barco fantasma. Aquel día, atravesó la espesa niebla y se enfrentó a un mundo completamente subvertido y fragmentado: el viejo orden se… Este capítulo tiene publicado el 2 de junio de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Ascuas de aguas profundas (Novela) tiene 850 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.