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Leer Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 480 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
El sumergible se movía con un suave zumbido que vibraba por toda su estructura, acentuado por ocasionales ruidos sordos que emanaban del tanque de lastre mientras descendía lentamente. Arriba, el mundo que habían dejado era de decadencia y desolación, pero abajo se extendía un abismo enigmático y oscuro que parecía casi de otro mundo. A medida que se adentraban en este abismo oceánico inexplorado, Agatha sintió una abrumadora y escalofriante sensación de terror que la carcomía por dentro. El presentimiento era tan palpable que parecía como si las profundidades se tragaran no solo el sumergible, sino también su coraje y serenidad. Destellos periódicos de luz, provenientes de burbujas de gas reflectantes o del tenue resplandor del plancton submarino, rompían intermitentemente la oscuridad circundante. Para Duncan, quien estaba a los mandos, estos destellos luminiscentes eran el único recordatorio de su existencia terrenal. Actuaban como faros, asegurándole que, efectivamente, estaba pilotando un sumergible en el océano, en lugar de ir a la deriva, perdido y sin rumbo, en el vacío infinito del espacio exterior. Sin embargo, Duncan no podía quitarse de la cabeza un pensamiento inquietante. Al considerar la esencia misma del terror y lo desconocido, ¿existía realmente alguna diferencia entre el frío y el vacío del espacio y esta fosa oceánica completamente negra, llena de miles de millones de toneladas de agua de mar? El sistema de propulsión funcionaba con un núcleo de vapor que emitía un zumbido profundo y rítmico, mientras que los manómetros del panel de control emitían silbidos esporádicos. Estos manómetros indicaban el estado operativo de la nave y recordaban a Duncan que debía proceder con cautela. Para mitigar el riesgo de daños catastróficos causados por cambios repentinos de presión, redujo la velocidad de descenso. Al mirar de reojo a Agatha, notó su rostro solemne. “Agatha” se aventuró a preguntar Duncan”, ¿qué tienes en mente? Agatha dudó un momento antes de hablar. “Me sigo preguntando: ¿acaso los exploradores originales de este proyecto vieron los mismos horrores que nos encontramos ahora? Me refiero a las criaturas grotescas, los restos inidentificables, los apéndices insondables y aterradores, incluso el globo ocular desprendido que vimos hundirse aún más en el abismo. Antes de que todo saliera terriblemente mal, ¿nadie miró hacia arriba, impulsado por la curiosidad o quizás por pura imprudencia?” Duncan hizo una pausa, sus pensamientos se atropellaban mientras recordaba lo que había aprendido sobre el Proyecto Abismo en sus conversaciones con Tyrian. ¿Alguien había comprendido realmente las horribles verdades que acechaban bajo la Ciudad-Estado, o se mantenían estos secretos deliberadamente ocultos, como la oscura historia de la mina de metal? “Quizás algunos sí echaron un vistazo al abismo” respondió Duncan finalmente tras un momento de silencio”, pero lo que sea que hayan encontrado, probablemente nunca se documentó ni se compartió. Como guardián de la Ciudad-Estado, usted conoce mejor que nadie las peligrosas implicaciones de tal conocimiento. La voz de Agatha se suavizó al continuar: “Muchos perderían la cordura. El puro terror de saberlo podría causar pesadillas masivas y pánico generalizado, incluso sin la influencia de los misteriosos poderes del abismo. Esas pesadillas podrían extenderse a la “realidad” bajo la Ciudad-Estado, desencadenando sucesos más allá de nuestra comprensión. En el peor de los casos, podría despertar a lo que sea”. Duncan asintió con gravedad. “Vivimos en un mundo construido sobre los grotescos e incomprensibles restos de una entidad antigua y desconocida. Para la mayoría, un velo de ignorancia los mantiene felizmente inconscientes de una verdad tan perturbadora que podría destrozarles la mente. Generalmente, mientras estas verdades permanecen ocultas, no representan una amenaza. El verdadero problema surge cuando hay casos excepcionales: personas que descubren estas verdades”. Tras una pausa, Agatha preguntó: “¿Cuál es nuestro siguiente paso? ¿Podrías compartir lo que hemos descubierto aquí abajo?” Duncan la miró, con los ojos pesados por el peso de su misión y las terribles decisiones que les aguardaban. “Actualmente, no tengo planes de divulgar lo que hemos descubierto aquí abajo a nadie que no esté emocional o psicológicamente preparado para las consecuencias. Lo último que quiero es perturbar la paz y la estabilidad que la mayoría de la gente necesita en su vida diaria”, comenzó Duncan, con una voz teñida de gravedad que reflejaba la magnitud de su descubrimiento. “Sin embargo, hay un principio que deben conocer bien: 'El conocimiento de la existencia la vincula al destino del mundo'. Cuanto más sabemos sobre algo, más se entrelaza con la esencia de nuestra realidad”. Agatha abrió mucho los ojos al reconocer la referencia. “La Segunda Ley de Anomalías y Visiones”, confirmó. “Una vez que sabes algo, no puedes dejar de saberlo. Nuestra exposición a la verdad que se esconde tras la Ciudad-Estado nos ha tejido en un complejo tapiz de destino y circunstancias. En algún momento, tendremos que afrontar lo que eso significa”. Duncan asintió con voz contenida, dejando que sus palabras flotaran en el aire. Ambos comprendieron la magnitud de la situación, pero antes de que pudieran profundizar en las implicaciones filosóficas, un repentino y espeluznante golpe sordo resonó por todo el cuerpo del sumergible. El sonido era sorprendentemente orgánico, como si algo (o alguien) estuviera golpeando contra la carcasa exterior de su nave. Agatha levantó la cabeza de golpe, con los ojos abiertos como platos. "¿Oíste eso? Sonaba como si algo golpeara fuera del sumergible". Duncan se sintió momentáneamente nervioso, pero recuperó la compostura rápidamente. Examinando el panel de control, evaluó los manómetros y los indicadores de integridad estructural. “Probablemente sea solo la presión del agua. Con miles de millones de toneladas de agua de mar presionándonos, es de esperar que se produzcan pequeños desplazamientos y deformaciones en el casco del sumergible. Está dentro del rango de operación aceptable, así que no hay motivo de preocupación inmediato”. Aunque Agatha parecía parcialmente tranquilizada por la explicación de Duncan, una persistente sensación de inquietud permaneció grabada en su rostro. A pesar de su formidable entrenamiento y su rol como guardiana, sentía una vulnerabilidad desconocida. Lejos de las salvaguardias y los constructos de la civilización humana, lejos del alcance de las bendiciones divinas o los poderes sobrenaturales, ambos se veían eclipsados por las implacables fuerzas de la naturaleza. Su propia supervivencia dependía de un frágil equilibrio, sostenido por las paredes de acero de su sumergible: una diminuta partícula de ingeniería atrapada en una inmensa extensión oceánica. Agatha no era ajena a los enfrentamientos con entidades de otro mundo ni a las visiones de pesadilla, pero esto era diferente. El miedo que sentía ahora era más primario, arraigado en las implacables e implacables leyes de la física. Era un humilde recordatorio de que su sumergible, a pesar de su avanzada ingeniería, aún era susceptible a las extraordinarias presiones ejercidas por miles de millones de toneladas de agua de mar. Un error de cálculo o un fallo estructural significarían la muerte instantánea. Intentando disipar la creciente tensión, o quizás simplemente buscando llenar el silencio sofocante que contrastaba tan marcadamente con los inquietantes sonidos del exterior, Agatha miró a Duncan, quien manejaba hábilmente los controles. “Pareces tener un don para la maquinaria. Pensé que el gobernador Tyrian habría enviado a un ingeniero especializado para una misión tan crítica, pero pareces estar manejándote de maravilla”. Duncan le dedicó una media sonrisa, con la mirada fija en el panel de control. "¿Hábil? No lo diría. De hecho, nunca he conducido nada más complicado que un coche, e incluso eso, lo aprendí hoy". Agatha lo miró con incredulidad, intentando conciliar esta confesión con el hombre que pilotaba un sumergible de alta tecnología en uno de los entornos más hostiles del mundo, o debajo de él. "¿Qué...?" “Pero aquí está el truco” continuó Duncan, con una expresión notablemente imperturbable. “Ni siquiera los ingenieros más cualificados de Tyrian, expertos en el estudio de planos y esquemas, podrían operar esta máquina. Nadie la ha conducido jamás. Es un producto del gobierno de Frost, y su tecnología dista mucho de la de los sumergibles construidos hace cincuenta años. Quienes tenían la experiencia necesaria para comprender su singular funcionamiento desaparecieron hace mucho tiempo. Así que navegamos por aguas desconocidas en todos los sentidos. Agatha quedó atónita por un momento, con la boca ligeramente abierta mientras procesaba su revelación. Duncan se rió entre dientes ante su reacción y añadió: “Sin embargo, tengo dos ases bajo la manga. Primero, no me preocupa especialmente la idea tradicional de seguridad. En el peor de los casos, tengo maneras de salir ileso. Y segundo...”. Aquí hizo una pausa y miró el joystick que estaba maniobrando y el panel de control cubierto de diales, botones y palancas. Llamas etéreas de color esmeralda titilaban sutilmente entre la maquinaria, iluminando la mezcla sagrada de vapor y aceite que lubricaba los complejos mecanismos internos. Este diminuto fuego danzaba al ritmo de las órdenes de Duncan, brillando intermitentemente, actuando casi como el propio latido de la máquina. "No responde tanto como mi propia nave, la Desaparecidos", continuó Duncan, "y la retroalimentación sensorial de esta bestia mecánica sin alma es limitada, pero suficiente. Las máquinas tienden a escucharme". En ese instante, Agatha percibió las etéreas llamas como lo que eran: una forma de fuego espiritual, una fuerza conectiva que recorría el acero y el aceite, el vapor y los engranajes. Era como si la máquina se hubiera convertido en una extensión de Duncan, latiendo en armonía con su voluntad. Esta diminuta corriente de fuego espiritual le infundió una extraña sensación de seguridad, incluso en las opresivas profundidades del oscuro y gélido océano. Asintió sutilmente, como si saludara en silencio al dominio de Duncan sobre la nave. Ignorando su silencioso reconocimiento, Duncan volvió a concentrarse en el panel de control. A pesar de la conectividad mejorada que le proporcionaba su llama espiritual, aún tenía que guiar la máquina manualmente. Era una forma de vida con la que estaba familiarizado: operar según el principio de: “No sé cómo funciona esto, pero lo averiguaré”. Al fin y al cabo, así fue como empezó a pilotar el Desaparecidos. Antes de que pudieran seguir reflexionando, otro golpe sordo los interrumpió. Este era diferente: un sonido más agudo y definido que sugería que algo había hecho contacto intencional con el exterior del sumergible, a diferencia de los ruidos anteriores, más difusos, que podrían atribuirse a la deformación del casco. Agatha se animó de inmediato, entrecerrando los ojos. “Ahí está otra vez. ¿Se estará deformando el casco por la presión? ¿O es algo más?” Duncan tensó los ojos y frunció el ceño mientras cambiaba rápidamente la palanca de control. El momento exigía una observación minuciosa y una rápida toma de decisiones. A pesar de su conversación previa, a pesar de sus entendimientos y percepciones, la realidad inmediata era clara: algo estaba ahí fuera. “No, es algo diferente” respondió Duncan, con una palpable urgencia en la voz. Había sentido un impacto claro contra el casco del sumergible, proveniente del profundo abismo que se extendía bajo ellos. La maquinaria del sumergible cobró vida con mayor vigor, llenando el pequeño espacio con un coro de zumbidos y clics mecánicos. Duncan manipuló los controles con destreza, haciendo girar los reflectores externos, explorando las aguas impenetrables y negras como la tinta. Las hélices del sumergible se ajustaron, alterando sutilmente la orientación de la nave. Y entonces, bañada momentáneamente por el haz de luz de los reflectores del sumergible, una figura emergió fuera de la ventana del ojo de buey. Una figura parecida a la humana. Agatha fue la primera en registrar esta sorprendente aparición. Una silueta parecida a una figura humana apareció ante su vista. Emitía un brillo espectral, similar a la fuerza vital que había observado en los humanos en la superficie. Solo que este brillo era inquietantemente tenue, su luminiscencia más pálida, casi fantasmal. Ella no pudo evitar dejar escapar un suave e involuntario jadeo: “¡Ah!” Duncan abrió mucho los ojos y entreabrió los labios como si fuera a maldecir, pero se contuvo. Ya era una experiencia inquietante encontrarse con un bosque de tentáculos en las profundidades de la base sumergida de la Ciudad-Estado y ver un enorme globo ocular pálido que parecía atravesar las oscuras profundidades. La repentina materialización de una figura a esa profundidad, a casi un kilómetro bajo la superficie de Frost, fue, cuanto menos, impactante. Pero lo que siguió fue aún más desconcertante. A medida que el sumergible ajustaba su orientación y los reflectores continuaban su arco de exploración, más figuras emergieron de la oscuridad obsidiana del océano. No solo una, sino una multitud de etéreas "personas", cada una con un tenue resplandor, suspendidas en el agua como espectros de otro mundo. Flotaban sin rumbo, pero con un aire de propósito, creando un cuadro a la vez surrealista, profundamente escalofriante y profundamente inquietante. Duncan y Agatha se miraron fijamente por un instante, comprendiendo ambos la gravedad de este inquietante descubrimiento. No solo navegaban por las profundidades físicas del océano; se habían adentrado en un reino que desafiaba la razón y ponía a prueba los límites de su comprensión de la realidad misma.
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Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 480

Estás leyendo el capítulo 480 de Ascuas de aguas profundas (Novela), un novela. Ese día, la niebla lo bloqueaba todo. Aquel día se convirtió en el capitán de un barco fantasma. Aquel día, atravesó la espesa niebla y se enfrentó a un mundo completamente subvertido y fragmentado: el viejo orden se… Este capítulo tiene publicado el 2 de junio de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Ascuas de aguas profundas (Novela) tiene 850 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.