Leer Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 467 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
De pie en la cubierta del Desaparecidos, Duncan miró fijamente a Vanna. El peso de sus conversaciones previas sobre el Roble Blanco y sus actuales dificultades se sentía en el aire. En la mano de Vanna, un amuleto delicadamente tallado, hecho de madera de aliento marino, brillaba, reflejando la luz ambiental del barco.
Vanna necesitó un momento para comprender por completo lo que Duncan le había transmitido: los desafíos inminentes que enfrentaba el Roble Blanco y las posibles estrategias que imaginaba su capitán. Dejando caer el amuleto tallado en un barril cercano, Vanna finalmente levantó la vista para encontrarse con la de Duncan. Preguntó: "¿Me estás pidiendo que apoye al Roble Blanco y los deje pasar, básicamente purificando su estatus? ¿Quieres que use mi autoridad como inquisidora y santa?"
Al ver la confusión en sus ojos, Duncan respondió con convicción: “Es una decisión lógica. Eres la santa de la Diosa de la Tormenta y una reconocida inquisidora de Pland. ¿Quién mejor para ayudar?”
Vanna replicó, ligeramente a la defensiva: “Pero ya no soy inquisidora. Me quitaron ese título”.
Duncan respondió, intentando calmar sus preocupaciones: “Esa fue una decisión privada de su Papa, ¿no? Ante la opinión pública, su papel no ha cambiado”.
Sus palabras sorprendieron a Vanna. Siempre se había desenvuelto dentro de los límites de su puesto, y la idea de explotar tales matices le era ajena. La propuesta de Duncan parecía estar al borde de lo ético. Buscando las palabras adecuadas, Vanna comenzó: “Este método… no estoy segura de si es moralmente justificable…”.
Duncan, sin dejar que se detuviera, intervino con urgencia: “El Roble Blanco necesita desesperadamente ser reconocido legalmente de nuevo. La Flota Desaparecida lleva mucho tiempo alejada del mundo moderno. Seguramente no querrás que sigamos siendo un espectro enigmático por todo el mundo. Transformar la percepción de la otrora temida Flota Desaparecida puede ser un logro monumental. Como venerada santa de la Diosa de la Tormenta, ¿no es tu deber defender estas causas?”.
Sus palabras dejaron a Vanna reflexionando, con el peso de la decisión sobre ella. Sin embargo, antes de que pudiera responder, la interrumpió una campana inquietante y resonante que solo resonó en sus oídos.
Los ojos de Vanna se abrieron de par en par al comprenderlo y susurró, casi para sí misma: “La campana de invocación... es de la Gran Catedral de la Tormenta. Están invocando a los santos. Pero ¿por qué sigo oyendo su invocación, sobre todo en lo que respecta a la Tumba del Rey Sin Nombre?”.
Desde la distancia, la voz de Duncan parecía amortiguada por la resonancia de la campana: "¿Qué está pasando?"
Con un dejo de asombro, respondió: “Me están llamando. Pero no entiendo por qué todavía puedo oírlo...”.
Duncan arqueó una ceja sorprendido. "¿No era de esperar? Aún conservas el estimado título de santo en la Iglesia de la Tormenta".
La expresión de Vanna se nubló de duda, su ceño se frunció profundamente, "Tenía la impresión de que una vez que pusiera un pie en los Desaparecidos, la Iglesia cortaría lazos conmigo".
Duncan detectó un ligero indicio en la voz de Vanna que sugería que, al abordar el Desaparecidos, podría haber sido considerada parte de una tripulación de rebeldes o incluso piratas. Carraspeando, respondió con serenidad: “No saques conclusiones precipitadas. Si la Gran Catedral de la Tormenta te llama, quizás deberías ir a la sala de oración. Y si por casualidad te encuentras en presencia de la Papa Helena, quizás podrías mencionar la posibilidad de obtener un pase para el Roble Blanco”.
Aunque Vanna parecía tener un montón de preguntas que hacer, logró contenerse. El incesante repique de la campana en su mente la hizo asentir apresuradamente a Duncan antes de dirigirse a la zona de camarotes.
Muchas de las habitaciones a bordo del Desaparecidos estaban desocupadas. Gracias a la generosidad del capitán, Vanna había reconvertido uno de los camarotes en un espacio sagrado de culto. Idealmente, esta habitación le serviría de conducto para conectar espiritualmente y participar en la "Asamblea" de la iglesia.
Duncan observó la figura de Vanna que se alejaba, esperando a que desapareciera por completo antes de desviar la mirada. Se fijó en Alice, que había subido a bordo del Desaparecidos con él. Estaba ocupada llenando un gran barril de agua, probablemente para limpiar la cubierta. Dejó escapar un suave suspiro y murmuró: “Desde luego, no es fácil engañarla”.
Mientras sus pensamientos divagaban, metió la mano en el barril y sacó el amuleto tallado por Vanna en la singular madera de aliento marino.
Aunque el amuleto no era especialmente ornamentado, la artesanía era evidente. Mientras Duncan jugueteaba con él, de pie en el borde del barco, esperaba que Vanna regresara pronto.
En la silenciosa calma, la mente de Duncan corría, clasificando la vasta información que había acumulado, especialmente los nuevos conocimientos que había obtenido del Roble Blanco.
La sombra que se extendía bajo la superficie del océano, la entidad conocida como Martha y la naturaleza evolutiva del híbrido pesaban mucho en su mente.
La imaginación de Duncan pintó imágenes vívidas: la enorme sombra transformándose y solidificándose en la figura de Martha, y una visión surrealista de un peculiar “pez” que alguna vez imaginó.
Su mirada se posó en la vasta extensión del mar. Era un reino misterioso, con olas que parecían cortinas ondeantes, ocultando innumerables secretos. Mientras reflexionaba, consideró la imprevisibilidad de la pesca: la incertidumbre de lo que uno podría capturar.
Y Duncan ciertamente había atrapado un “pez” inesperado.
Un estado de ánimo sombrío se apoderó de Duncan. Guardó con cuidado el amuleto tallado en el barril y, en su lugar, tomó un trozo crudo y sin forma de madera de aliento marino.
Lo levantó, examinándolo detenidamente. Luego, con una solemnidad que casi parecía fuera de lugar, comentó: “Esto... parece una hamburguesa con queso de McDonald's...”.
El trozo de madera permaneció inerte, sin revelar ningún secreto ni poder.
Duncan examinó la madera un rato, con las esperanzas defraudadas. Esbozó una sonrisa de autodesprecio, mirando disimuladamente a su alrededor para asegurarse de que nadie lo hubiera visto en su absurdo momento de esperanza. Con un encogimiento de hombros resignado, arrojó la madera de vuelta a su sitio.
“La magia no es un juego de niños… ¿Cuál es el verdadero secreto detrás de ella…” reflexionó en voz alta.
…
Simultáneamente, en lo profundo de las entrañas de los Desaparecidos, Vanna preparaba apresuradamente el escenario ritualístico en una cabaña apartada.
Cerró con cuidado la puerta de la cabaña, asegurándose de que nadie la interrumpiera. Luego se tomó un momento para repasar su apresurada pero bien pensada disposición ceremonial.
Normalmente, una respuesta de invocación requería las "Cámaras de Marea" especializadas en las iglesias, diseñadas para establecer un potente vínculo psíquico. Sin embargo, a bordo del Desaparecidos, con sus recursos limitados, la improvisación era esencial. Vanna había colocado cerca su libro de oraciones de uso frecuente, considerándolo un ancla espiritual que la ataba a los terrenos sagrados. En el centro de la habitación, encendió un gran candelabro, usándolo como sustituto de una palangana ceremonial. Cerca, colocó botellas de aceite consagrado e incienso que había comprado previamente en varias ciudades-estado. Estas actuaban como ofrendas simbólicas, destinadas a amplificar la potencia del ritual, incluso si solo alcanzaban para establecer la conexión psíquica requerida.
Honestamente, su configuración distaba mucho de los estrictos estándares de las ceremonias religiosas adecuadas y rozaba la irreverencia. Pero dadas sus circunstancias, no tenía muchas opciones.
Las insistentes campanadas en su conciencia persistían, resonando sin cesar, como exigiendo su respuesta. Parecían implacables, casi como si no fueran a detenerse hasta que ella respondiera a su llamado.
“…Que la diosa se apiade de mi alma… De haberlo sabido, habría conseguido un aceite santificado más fino”, susurró Vanna para sí misma. Armándose de valor, vertió delicadamente el aceite sagrado y la esencia en el candelabro.
Mientras las llamas se elevaban, ella cerró los ojos y respiró profundamente para tranquilizarse...
Una vasta y antigua extensión, que evocaba un cielo nocturno estrellado, parecía extenderse ante ella. Rayos de luz luminiscentes danzaban alrededor de innumerables pilares majestuosos. En medio de la vasta extensión de ruinas y estructuras antiguas, figuras sombrías comenzaron a materializarse una tras otra.
Sólo cuando parecía que todos habían llegado, la proyección espiritual de Vanna empezó a tardar notablemente.
Un mareo fugaz y una desorientación momentánea la obligaron a detenerse, orientándose. Una vez en tierra, evaluó su propia forma y la de los demás seres.
“Esto fue más fluido de lo que esperaba…” susurró, genuinamente sorprendida.
Tenía expectativas modestas sobre el éxito del ritual, sobre todo considerando que estaba a bordo del Desaparecidos y había usado un altar improvisado y un candelabro en lugar de una Cámara de Mareas. Sin embargo, todo salió a la perfección.
Sus reflexiones fueron interrumpidas por una figura que se acercaba.
Cuando levantó la vista, identificó la silueta y su energía distintiva: era el obispo Valentine, una figura de su pasado que no había visto en mucho tiempo.
“¡Vanna, por fin has llegado!” La voz del obispo, envejecida pero familiar, tenía un matiz de alivio y felicidad. “No estaba segura de si lo lograrías...
“La verdad es que no pensé que lo lograría”, confesó Vanna, con un dejo de timidez en la voz. “¿Tuvo que esperar la asamblea por mi culpa? Tuve que improvisar un ritual sobre la marcha. Me llevó mucho tiempo…”
“No se preocupe, usted no fue la única razón de nuestro retraso” respondió el obispo Valentine para tranquilizarlo. “Curiosamente, ni siquiera Su Santidad el Papa ha llegado todavía.” Se inclinó hacia mí, bajando la voz hasta convertirse en un susurro, con un curioso matiz. “Dígame, ¿sigue a bordo de ese barco?
“Sí, estoy 'en el barco'“ susurró Vanna, imitando su tono apagado y mirando a su alrededor con cautela. “De hecho, hace unos momentos, estaba absorta en una conversación con el 'Capitán' del barco.
El obispo Valentine frunció el ceño, con una expresión de incredulidad evidente en su rostro. "¿De verdad te permitió el capitán establecer una sala de oración a bordo?", preguntó. "Además, ¿me estás diciendo que lograste establecer un vínculo psíquico desde la nave? ¿Te topaste con algún artefacto potente?"
Las mejillas de Vanna se sonrojaron al responder: “Es solo un espacio sagrado rudimentario. Para ser honesta, tenía mis dudas sobre su efectividad...”.
“¿Un mero espacio sagrado básico?” Valentine comenzó a indagar más, pero sus palabras fueron repentinamente ahogadas por un estruendo resonante que emanaba del corazón de la plaza.
Mientras el suelo vibraba, la antigua y venerada Tumba del Rey Sin Nombre comenzó a ascender desde el centro de la plaza. Un silencio reverente se apoderó de la asamblea de santos, cuya atención estaba fija en el enorme edificio gris, con forma de pirámide.
Atraída por el momento, la mirada de Vanna se posó firmemente en las formidables puertas ubicadas en la base de la pirámide.
Poco a poco, con un aire de anticipación, las puertas se abrieron con un crujido para revelar una momia guardiana. Este inquietante centinela, suspendido entre los reinos de la vida y el más allá, emergió. Una tensión palpable se apoderó del corazón de Vanna, solo para intensificarse cuando la imponente figura se dirigió directamente hacia ella, provocando susurros que se extendieron como la pólvora entre la asamblea.
Esta fue la tercera ocasión en que el Guardián de la Tumba había seleccionado al mismo “Oyente” para comunicarse.
Sin embargo, en medio de este reconocimiento, Vanna experimentó una extraña sensación de familiaridad, incluso... de consuelo. Se encogió de hombros como si se disculpara con Valentine, un gesto que transmitía resignación. Respiró hondo y dio un paso adelante, preparándose para el inminente encuentro.
El imponente y esquelético guardián se acercó, sus profundos y turbios ojos amarillos se posaron en la figura de Vanna.
“Buenas tardes”, entonó con una voz tan vieja como el tiempo, “Por favor, acompáñeme”.

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Estás leyendo el capítulo 467 de Ascuas de aguas profundas (Novela), un novela. Ese día, la niebla lo bloqueaba todo. Aquel día se convirtió en el capitán de un barco fantasma. Aquel día, atravesó la espesa niebla y se enfrentó a un mundo completamente subvertido y fragmentado: el viejo orden se… Este capítulo tiene publicado el 2 de junio de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Ascuas de aguas profundas (Novela) tiene 850 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.