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Leer Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 461 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Una presencia inquietante interrumpió abruptamente el suave fluir de la conversación que se estaba desarrollando. “Alguien viene, parece ser uno de nuestros sirvientes”, Agatha rápidamente apartó su mano de la superficie reflectante del espejo. “Lo entiendo. Prometo no asustarlo” dijo la voz desde el espejo, enviando su mensaje directo a los pensamientos de Agatha. “Permaneceré cerca, oculta. Fíjate bien y encontrarás rastros míos. Agatha asintió. Sin embargo, justo cuando la imagen del espejo estaba a punto de desvanecerse, un pensamiento cruzó por su mente y la impulsó a preguntar: "¿Sientes frío donde estás?". “…Ya no siento el frío.” La voz en su consciencia se desvaneció, y la inquietante sensación de ser observada disminuyó. El reflejo de Agatha en el espejo volvió a su estado habitual: ojos ocultos bajo una tela oscura y vestida con el atuendo de una sacerdotisa. Dudando por una fracción de segundo, Agatha extendió la mano tímidamente hacia el espejo. El frío del cristal liso le rozó los dedos, haciendo que el reciente suceso surrealista pareciera solo una ilusión fugaz. Casi de inmediato, oyó pasos acercándose a la puerta, seguidos de un suave golpe. “Arzobispo, ¿está disponible?” Los guardianes mayores todavía se referían habitualmente a ella como la “Guardiana”, mientras que los clérigos más jóvenes de la iglesia habían adoptado el título de “Arzobispo” para ella. Reuniendo sus pensamientos y manteniendo la compostura, Agatha respondió: “Estoy aquí, pasa”. La puerta se abrió lentamente con un crujido, revelando a un distinguido sirviente de la iglesia, vestido con una sombría túnica gris. Saludó a Agatha con un saludo: “Arzobispo, el Ayuntamiento ha enviado un mensaje urgente. Insisten en su pronta presencia en el puerto sur. El almirante Tyrian ya está allí, esperándolo”. ¿Ayuntamiento? ¿Me requieren en el puerto sur? Agatha frunció el ceño confundida. "¿Especificaron el motivo?" “No dieron detalles, solo alegaron urgencia y confidencialidad” respondió el sirviente con cierta inquietud. “Sin embargo, el almirante Tyrian envió un mensaje... mencionó: “El Maestro del Fuego podría encontrarlo interesante”. Un destello de preocupación cruzó el rostro de Agatha. Entendido. Preparen el vehículo, salgo enseguida. Enseguida, Agatha se dirigía al puerto sur, transportada en un coche a vapor. Dada la naturaleza misteriosa del mensaje de Tyrian, optó por viajar sola, sin su séquito habitual. Durante todo el viaje, su mente estuvo agitada y llena de especulaciones. ¿Qué pudo haber ocurrido? ¿Qué habría suscitado tanta urgencia en alguien tan sereno como el almirante Tyrian? Recordó que, durante un conflicto reciente, el puerto sur había sido invadido por monstruos de imitación. Las operaciones de limpieza seguían en marcha... ¿Habrían tropezado con algo entre los escombros? ¿Quizás una reliquia impía de los temibles Aniquiladores? ¿O quizás un peculiar "espécimen" dejado por las criaturas falsas en retirada? Sin embargo, ninguno de estos escenarios parecía lo suficientemente significativo como para justificar la convocatoria inmediata y críptica del almirante Tyrian. Con estas inquietantes ideas, Agatha se abrió paso con destreza por las calles vacías de la ciudad, controladas por la ley marcial. Superó varios puntos de seguridad antes de llegar finalmente al puerto sur, acordonado. Cada rincón estaba custodiado por guardias de la Ciudad-Estado. Los guardianes armados de la iglesia patrullaban metódicamente, identificando y marcando las zonas contaminadas para su posterior descontaminación. Grupos de sacerdotes recogían muestras de las zonas designadas. De vez en cuando, grupos de estudiantes de la academia, ataviados con gruesos trajes de protección, se desplazaban de un edificio a otro bajo la supervisión de sus instructores. Estos estudiantes, que estudiaban ingeniería civil, eran asignados a evaluar las infraestructuras portuarias clave y a elaborar planes para su posterior reparación y reconstrucción. El vehículo se detuvo en un amplio claro justo fuera del perímetro de la zona restringida. Acompañada por un par de soldados, Agatha se dirigió a través de un laberinto de puestos de trabajo con mucha actividad, cada uno repleto de trabajadores, hacia una zona menos frecuentada del territorio portuario. Su viaje concluyó ante una estructura colosal que parecía un antiguo almacén. “Hasta aquí es donde podemos acompañarte” le informaron los dos soldados a Agatha con un dejo de remordimiento. “No sabemos qué nos espera. El general te explicará las circunstancias. ¿Qué nos espera? A Agatha le pareció intrigante la elección de palabras, pero decidió no indagar. Tras un amable gesto de la cabeza a los soldados, centró su atención en la imponente estructura del almacén. Era evidente que había estado sellada durante un tiempo considerable, con vestigios de batallas pasadas que manchaban su exterior. Curiosamente, el almacén no estaba protegido por tropas de la Ciudad-Estado, sino por una falange de marineros no muertos. A través de la visión única de Agatha, los vivos irradiaban una suave calidez y luminiscencia. En marcado contraste, los no-muertos se manifestaban como apariciones vacías y cenicientas, con sus formas indistintas envueltas en una neblina gris y humeante. Al reconocer el dominio de los no-muertos sobre las defensas del almacén, supuso que algo excepcionalmente peculiar estaba ocurriendo. Se le ocurrió que el almirante Tyrian podría tener más fe en su brigada de no muertos que en los centinelas regulares de la Ciudad-Estado. “Saludos, señora”, le dijo un observador no muerto. Una herida grave separaba la parte superior de su torso, con casi una cuarta parte faltante. Permanecía intacto, casi por arte de magia, con restos de tela andrajosos revoloteando a su alrededor. Lucía un abrigo nuevo que lo identificaba como soldado de la Escarcha, pero lo adornaba con una insignia de la Guardia Real en la manga. A pesar de su rostro macabro, el marinero no muerto realizó un saludo impecable a Agatha: “Al entrar, un guía la acompañará al ascensor. El general espera su presencia en la cámara subterránea”. Al reconocerlo, Agatha ahora estaba segura de que la verdadera naturaleza de la situación permanecería envuelta en misterio hasta que estuviera en lo profundo de las instalaciones. Dentro del almacén, otro destacamento de marineros no muertos la dirigió a un ascensor oculto, hábilmente camuflado detrás de paneles de pared falsos. Se embarcó en el ascensor. Descendió durante lo que pareció una eternidad antes de abrir finalmente sus puertas a una instalación clandestina, de la que no se tenía constancia. Al salir del ascensor, una enorme cámara subterránea, tenuemente iluminada, la recibió. Los restos del lodo de la falsa invasión cubrían el suelo. Marineros no muertos limpiaban con esmero los escombros, y en las profundidades de la cámara se alzaba un individuo imponente que custodiaba una enorme entrada. No era otro que el almirante Tyrian, el recién nombrado gobernante de Frost. Sin dudarlo, Agatha avanzó hacia él. “Ah, señorita Agatha, su presencia es muy esperada” saludó Tyrian. “Casi esperaba que hiciera honor a los cuentos, haciendo una entrada triunfal desde el corazón de la ciudad, elevándose hasta aquí en las corrientes del viento... Las comisuras de los labios de Agatha se curvaron ligeramente, revelando un atisbo de diversión. “Quizás domine el Viento Gris, pero ni siquiera yo me aventuraría a recorrer distancias tan grandes”, comentó con frialdad. Sin embargo, su actitud despreocupada se vio brevemente interrumpida cuando su atención se fijó en la enorme puerta que se alzaba tras Tyrian. “¿Cuál es el propósito de este escondite subterráneo? ¿Por qué establecer un lugar así en el Puerto Sur?” Tyrian arqueó una ceja, con una sonrisa irónica en los labios. “Parece que este lugar era tan misterioso para ti como para nosotros. Esta instalación escapa a toda documentación oficial. Si no fuera por nuestros recientes esfuerzos por excavar los restos, este lugar habría permanecido como un enigma oculto”. Hizo una pausa dramática antes de acercarse: “¿Te importa apostar sobre lo que encontramos en esta cámara clandestina?”. Exhalando con evidente exasperación, Agatha replicó: “Ya basta de suspenso, Gobernador”. Un misterioso resplandor verde emanó momentáneamente de debajo de la tela que le cubría los ojos. “Estamos entre los nuestros”. Tyrian soltó una carcajada, pero pronto se apagó, dando paso a una expresión solemne. Dio un paso a un lado, invitándola a mirar por sí misma. “Mira. La verdad se encuentra justo al otro lado de este umbral”. Tras la invitación tácita, la mirada de Agatha se dirigió a la puerta. La antigua barrera era un testimonio silencioso de una lucha pasada: manchas de sangre descoloridas y agujeros de bala insinuaban una escaramuza no revelada que había ocurrido en las profundidades de estas mismas instalaciones durante las batallas defensivas de la Escarcha. Pero ahora, no quedaban restos de aquella feroz batalla, ni del invasor ni del defensor. Sin dudarlo más, Agatha extendió la mano y sus dedos tocaron la puerta. La cerradura, antes robusta, hacía tiempo que había sido forzada, permitiendo que la pesada puerta de aleación se abriera con un crujido. Una vasta extensión, bañada por el cálido resplandor de las lámparas de gas y las bombillas eléctricas, se extendía ante ella mientras el olor salado del mar atormentaba sus sentidos. Paralizada en el umbral, "observó" una colosal estructura elíptica, con forma de huevo, firmemente anclada por robustas vigas. Justo debajo de esta intrincada máquina, se extendía un conducto que transportaba el inconfundible aroma del océano. Parecía formar un canal directo que conectaba esta cámara con el mar lejano. Tras lo que pareció una eternidad, Agatha por fin logró expresar su asombro. "¿Es esto...?" “Una nave de exploración marina, o más específicamente, un sumergible” intervino Tyrian, con una mezcla de emociones evidente en su voz. “Parece tener un diseño contemporáneo, con avances que superan con creces cualquier tecnología que hayamos aprovechado hasta la fecha. Al comprender la revelación, Agatha se giró para mirarlo con voz apremiante. "¿Quién es el cerebro detrás de esta maravilla?" “El gobernador Winston es un probable sospechoso. Pero dada la profundidad de este secreto, es plausible que varios gobernadores hayan intervenido en su creación”, ofreció Tyrian con cautela. “Aún no hemos localizado registros completos que detallen su origen, por lo que la identidad del instigador original sigue rodeada de incertidumbre. Lo que sí sabemos es que, por las escasas pistas que hemos recopilado, esta instalación ha estado funcionando en secreto hasta hace apenas dos meses”.
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Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 461

Estás leyendo el capítulo 461 de Ascuas de aguas profundas (Novela), un novela. Ese día, la niebla lo bloqueaba todo. Aquel día se convirtió en el capitán de un barco fantasma. Aquel día, atravesó la espesa niebla y se enfrentó a un mundo completamente subvertido y fragmentado: el viejo orden se… Este capítulo tiene publicado el 2 de junio de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Ascuas de aguas profundas (Novela) tiene 850 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.