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Leer Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 460 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Shirley salió de la habitación, mirando nerviosamente a Dog, que la acompañaba. Vanna y Morris la siguieron, y al cerrarse la puerta, un silencio envolvente llenó la habitación del capitán. En la habitación quedaron Duncan, Alice y una paloma que parecía estar durmiendo plácidamente. Alice estaba absorta en sus tareas domésticas. Se movía por la habitación, limpiando superficies, desempolvando los muebles ornamentados y limpiando meticulosamente las ventanas. Duncan, mientras tanto, estaba sentado tras una mesa de madera que parecía tener un aire antiguo. Su mirada estaba fija en un punto distante, sus pensamientos profundos y meditativos. La cabeza de cabra, tallada con intrincados detalles, reposaba sobre la mesa. Al girarla lentamente para mirar a Duncan, emitió un leve crujido. "¿Sigues reflexionando sobre Lahem, el Dios de la Sabiduría?", preguntó, con una voz impregnada de un timbre místico. Duncan se reclinó en su silla, con los músculos de su rostro tensos en una expresión contemplativa. "No solo sobre Lahem, sino sobre todos los dioses", comenzó. "He estado pensando en su verdadero papel, su verdadera conexión con nuestro mundo". La cabeza de cabra pareció considerarlo. “Varias escuelas de pensamiento los presentan en sus escrituras como los arquitectos y custodios del orden de nuestro mundo. Por el contrario, algunos herejes los ven como distorsionadores de la realidad, afirmando que usurparon el crédito por la creación del mundo. Morris encontró una perspectiva intrigante en ese “Libro de la Blasfemia”. Sugería que nuestros dioses actuales podrían ser en realidad los “Reyes Olvidados” mencionados en textos antiguos. Quizás todas estas teorías sean erróneas, pero cada una podría contener algo de verdad”. Tras un momento de reflexión, la figura con cabeza de cabra añadió: “Pero personalmente, considero que los dioses son algo intrascendentes. No parecen haber aportado mejoras significativas a nuestro mundo ni haber desatado catástrofes”. Duncan escuchó, pero refutó con indiferencia: “Sin embargo, para la gran mayoría de las personas que viven en nuestro mundo, la protección divina es palpable. Esa providencia les permite sobrevivir, seguir adelante”. “Supervivencia… sí, es preservar la situación actual”, respondió lentamente la cabeza de cabra. “Es como la situación de Frost que ha persistido durante los últimos cincuenta años. Antes de que se rompiera el equilibrio, nadie era consciente de las calamidades que se avecinaban bajo la superficie. Pero al menos había gente viva”. Duncan asimiló las palabras, pero no reaccionó de inmediato. Tras reflexionar un momento, finalmente habló: “Cuando Dog reflexiona sobre algo, entra en el campo de visión de Lahem. A lo largo de la historia, ha habido casos en los que individuos se vieron repentinamente "bendecidos por los dioses" y sus vidas cambiaron drásticamente, convirtiéndose en canales para los Cuatro Dioses. ¿Podría ser que estos dioses hayan establecido algún tipo de sistema de "monitoreo" o "escaneo" sobre los humanos? A través de ciertos puntos focales o nodos, miden el estado operativo de nuestro mundo. Esto implicaría que su participación y comprensión de nuestro mundo son en realidad bastante indirectas y limitadas”. La cabeza de cabra reflexionó sobre esto antes de responder: “A las autoridades religiosas ortodoxas no les agradaría una representación tan mecanicista. Hablas como si estuvieras examinando una máquina, sin mostrar reverencia alguna hacia lo divino”. “La reverencia impide la comprensión. No deseo reverenciarlos; aspiro a comprenderlos” declaró Duncan con calma. “Sobre todo porque ya hemos tenido que limpiar sus desastres en dos ocasiones distintas. … Al acercarse el final de la conversación, se oyeron pasos en el largo pasillo de piedra de una imponente catedral. Los ecos reverberaban rítmicamente contra los antiguos muros, como si cada paso chocara contra capas de sedimento histórico, evocando secretos del pasado. Agatha, ataviada con un vaporoso vestido negro, se abría paso por los laberínticos pasillos de la gran catedral. Sus pasos resonaban suavemente en el suelo de piedra, y nadie la acompañaba; solo su propia sombra la acompañaba. A pesar de la ausencia de vida en su cuerpo, se movía con determinación. Las lámparas de gas parpadeaban esporádicamente en las paredes, y candelabros reposaban en pequeños nichos, cuyas llamas temblorosas proyectaban una danza ondulante de sombras en el suelo. Solo cuando llegó a su habitación y cerró la puerta con seguridad, Agatha finalmente perdió la compostura. Se apoyó contra la superficie de madera de la puerta, exhalando un largo y expresivo suspiro. Técnicamente, no necesitaba respirar, pero el acto de suspirar era una reliquia de su antigua naturaleza humana. Se aferró a este gesto como una forma simbólica de mostrar que bajaba la guardia, un pequeño esfuerzo para distanciarse de convertirse en un cadáver. Los acontecimientos recientes habían contribuido a aliviar sus cargas. Se había restablecido el orden en la catedral y las iglesias más pequeñas, repartidas por la Ciudad-Estado, reanudaban lentamente sus operaciones normales. Tras la intervención de la Flota de la Niebla, el orden público se estabilizaba a buen ritmo. Si bien persistía la caótica distribución de recursos y las consecuencias de las víctimas, la situación estaba mejorando. La Flota de la Niebla había logrado incorporar un gran número de profesionales expertos en gestión administrativa y gobierno local. Asignados a puestos estratégicos dentro del Ayuntamiento, estos individuos se adaptaban rápidamente y comenzaban a aliviar la grave escasez de personal que aquejaba a varios departamentos. Además, se estaban realizando esfuerzos para presentar al almirante Tyrian Abnomar, el hombre designado para ser el nuevo gobernador. Los planes para la fusión de la fuerza naval restante de la Ciudad-Estado y la Flota de la Niebla también estaban en sus etapas iniciales. Aunque el nuevo gobernador no había asumido oficialmente sus funciones, su influencia se extendía rápidamente por toda la ciudad. En una vida pasada, transformaciones tan rápidas habrían sido la peor pesadilla de Frost, pero en su estado actual, eran avances positivos. Agatha sintió que por fin podía permitirse un breve respiro. Un cadáver podía no sufrir de fatiga física, pero su espíritu aún ansiaba un respiro. Permaneciendo apoyada contra la puerta unos minutos más, finalmente negó con la cabeza como para disipar sus pensamientos. Luego se dirigió a su tocador y se acomodó en la silla. Al mirarse en el espejo, su reflejo la devolvió. De repente, una sensación inquietante la invadió: la inconfundible sensación de ser observada. Recorrió con la mirada la habitación, pero no había ninguna otra presencia allí, ni percibió energías desconocidas. Pero esa sensación inquietante no era imaginable. La sacerdotisa ciega alzó la cabeza, con los ojos velados tras una manta, atenta a cada leve sonido y cambio en el aire que llenaba la habitación. Su mirada parecía recorrer cada rincón, hasta posarse finalmente en el espejo que tenía delante. Sabía que algo andaba mal, pero lo que era seguía siendo tentadoramente elusivo. Los muebles inanimados de la habitación se alzaban como figuras sombrías en su visión limitada, cada una exudando una atmósfera de frialdad, como si lápidas la rodearan en un cementerio. Entonces, en un instante, la incómoda sensación de ser observado se evaporó. En el espejo, la mirada de la figura parecía haber desviado la mirada. Agatha, sentada frente al tocador, dudó. Sintiendo algo inusual, extendió el brazo con cautela hacia el espejo. Al tocarlo, sus dedos se encontraron con la fría e inflexible superficie del cristal. La figura en el espejo imitó sus acciones después de un momento que pareció una eternidad, levantando con cautela su brazo y extendiendo sus dedos hacia los de Agatha. Cuando sus dedos parecieron tocarse, una inesperada calidez atravesó la fría sensación. En ese breve instante, la visión desordenada y oscura de Agatha se vio penetrada por nuevos patrones de luz y sombra: una delicada silueta brillante se materializó repentinamente dentro del espejo, por lo demás inerte. Ambas versiones de Agatha permanecieron en silencio, mirándose a través del espejo. Una quietud palpable envolvió la habitación. Finalmente, Agatha rompió el silencio. "¿Estás ahí?". Su voz estaba teñida de una cautelosa curiosidad. “Sí” dijo una voz que parecía trascender el aire, transmitiéndose directamente a sus pensamientos. “Estoy aquí. “¿Cuándo… cuándo apareciste?” “Desde el momento en que recibiste esa llave”, respondió con calma la voz en su cabeza, “estuve allí”. Agatha se tomó un momento para procesar esto. La sensación era inquietante. Si bien sabía que la voz en su mente era inconfundiblemente la suya, cargada de las sutiles emociones que esperaría de su propio discurso, también sentía que estaba dialogando con una entidad separada. Esto no era producto de su imaginación ni una manifestación de trastorno de identidad disociativo; era algo completamente distinto. “Increíble”, el reflejo en el espejo hizo eco de sus pensamientos, “Uno podría pensar que esto se asemeja a los síntomas del trastorno de identidad disociativo, pero ambos sabemos que ese no es el caso”. “Incluso los psiquiatras más hábiles de la Ciudad-Estado quedarían desconcertados por esta situación”, reflexionó Agatha. No contribuyamos a los problemas de los psiquiatras de la Ciudad-Estado. Ya tienen suficientes desafíos. Agatha levantó una mano para masajearse las sienes. La experiencia de hablar con lo que parecía ser un “otro yo” la desorientaba. Durante su conversación, luchó contra una ilusión inquietante: una creciente incapacidad para distinguir qué versión de sí misma era la “real”. Aunque no experimentaba una disonancia cognitiva real, se sintió obligada a hacer una pausa y ordenar sus pensamientos. Tras un instante, levantó la cabeza para encontrarse con su reflejo en el espejo. "Esa llave... ¿te sirvió de vehículo para el alma? Y luego usar esa conexión para transferirte a mi..." Dudó, buscando las palabras adecuadas para expresar su estado actual. La entidad que la reflejaba tan de cerca, ¿era un producto de su imaginación, una proyección de sus propios pensamientos o tal vez algo aún más tangible? Ambos quedaron reflexionando sobre este enigma, cada uno igualmente inseguro de los límites de su misteriosa e interconectada existencia. "No estoy segura", admitió la voz dentro de la cabeza de Agatha. "No tengo ni idea de si tengo alma ni de cómo funciona este proceso. Tampoco tengo claro cómo esa llave fue clave para que todo esto sucediera. Durante mucho tiempo, mi conciencia estuvo sumida en la confusión; solo en los últimos días he recuperado algo de claridad". La voz hizo una breve pausa, como si estuviera analizando fragmentos incompletos de comprensión, antes de añadir: “Por lo que sé, la llave parece tener la capacidad única de almacenar y transferir recuerdos. Pero en cuanto a las complejidades y el alcance completo de sus habilidades, solo la propia Reina de Hielo podría estar al tanto de tal conocimiento”. “La Reina de Hielo” repitió Agatha en voz baja, casi como si le hablara al aire. “Creo que debo informarle de esto al capitán. "Pero ¿no debería nuestro primer paso informar esto a la Catedral Suprema de la Muerte?", le recordó suavemente Agatha reflejada. La Agatha sentada al tocador pareció momentáneamente sorprendida, y su expresión facial cambió sutilmente. Dudó un instante antes de responder: “Tienes razón. Sin embargo, la Catedral de la Muerte se encuentra actualmente en los confines de la civilización, navegando por aguas desconocidas. Quizás no estén en condiciones de ocuparse de lo que podrían considerar “asuntos personales”“. Tras una pausa para ordenar sus pensamientos, levantó la cabeza y se miró fijamente en el espejo. "¿Qué opinas de esto?" La Agatha reflejada se tomó un momento para pensar, ambos lados aparentemente conectados por una corriente de pensamiento compartido, sus estados mentales y emocionales resonando en la superficie reflectante que los separaba. Un destello de luz verde, similar a una pequeña llama, se encendió en los ojos de Agatha dentro del espejo. “Estoy de acuerdo con tu opinión; deberíamos informar al capitán. Por lo que veo, tiene amplia experiencia en el manejo de espejos y podría aportar información valiosa sobre este enigma”, dijo finalmente, dando por concluida su deliberación.
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Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 460

Estás leyendo el capítulo 460 de Ascuas de aguas profundas (Novela), un novela. Ese día, la niebla lo bloqueaba todo. Aquel día se convirtió en el capitán de un barco fantasma. Aquel día, atravesó la espesa niebla y se enfrentó a un mundo completamente subvertido y fragmentado: el viejo orden se… Este capítulo tiene publicado el 2 de junio de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Ascuas de aguas profundas (Novela) tiene 850 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.