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Leer Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 437 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Suaves y esponjosos copos de nieve descendían del cielo en elegantes espirales, como si participaran en una danza lenta y elegante. Su descenso no era sofocante ni abrumador; más bien, parecía un suave preludio a un espectáculo invernal que probablemente se prolongaría por un buen tiempo. Desde una ventana que daba a la calle principal, se veían pasar a los peatones, cada uno cargando con el peso de las dificultades recientes. Cicatrices, tanto emocionales como físicas, marcaban sus rostros, mientras que sus ojos reflejaban un miedo profundo e interiorizado, un inquietante recordatorio de las crisis que habían vivido. Estos residentes de la ciudad, emocionalmente destrozados, emergieron con cautela de la seguridad de sus hogares, buscando rostros familiares entre la multitud. Intercambiaron conversaciones apresuradas, preguntando por los desaparecidos y buscando noticias de los barrios más adinerados de la ciudad. Lamentablemente, algunos parecían atrapados en el horror de los acontecimientos recientes, en particular la misteriosa invasión de los espejos. Estos individuos salían corriendo de sus casas para luego retirarse rápidamente, cerrando las puertas con llave, paralizados por el temor de que cada sombra que pasaba pudiera ser una nueva amenaza. Por las intersecciones de la ciudad transitaban numerosos caminantes de vapor, acompañados de cansados y fatigados protectores de la ciudad, ayudantes del sheriff y unidades especiales de guardianes. Estas patrullas eran reconfortantes para muchos; servían como símbolos de orden y seguridad en medio del caos. Desde los altavoces de los caminantes de vapor se oían anuncios que buscaban tranquilizar a la población: la invasión de los espejos había sido contenida, la ciudad estaría bajo mayor seguridad durante las próximas 48 horas y se estaban desarrollando planes para neutralizar cualquier peligro persistente. También se declaró que se priorizarían los servicios esenciales como el suministro de suministros, la restauración de la electricidad, la energía de vapor y el agua potable, y se solicitó a cada distrito que informara sobre cualquier baja. A medida que los caminantes de vapor se alejaban, con sus anuncios distorsionados por la mala calidad del audio, la sensación de desolación se acentuó, profundizando la tristeza que ya había asolado el día nevado. Sin embargo, cuando el rugido mecánico de los caminantes se desvaneció en la distancia, la densa tensión que se había apoderado de los residentes comenzó a disminuir, aunque lentamente. Shirley se recostó contra la ventana de la sala, murmurando pensativa mientras observaba la actividad en las calles. "Me pregunto cuánto durará este caos... El precio de productos básicos como el pan se disparará". Sentada cómodamente en un sofá cercano, Nina exhaló una nube de aire cálido. El calor distorsionaba visiblemente el aire frente a ella al moverse. Al oír la preocupación de Shirley, giró la cabeza hacia ella y comentó: “Es inevitable que las cosas se desorganicen por un tiempo. Recuerdo que Pland tardó tres días en recuperar la estabilidad en sus tiempos difíciles. Pero deberíamos estar bien, sobre todo con las fuerzas del sheriff aún intactas”. ¡Oye, oye! ¡Cuidado por dónde echas ese aire caliente!” exclamó Shirley, alejándose de la ventana como si el aliento cálido de Nina la hubiera empujado. “¡Exhalas como una locomotora a vapor averiada! ¡¿Por qué hace tanto calor?! Nina se tapó rápidamente la boca con la mano e intentó contener la risa mientras se disculpaba, aunque aún le salían pequeñas volutas de vapor por las comisuras. "Lo siento, lo siento... Creo que mantuve ese acalorado estado demasiado tiempo". Fue entonces cuando la voz de Duncan llenó la sala, con un toque de precaución: “Te lo advertí; Nina solo puede mantenerse en el aire por un tiempo limitado. Su condición no es estable”. Al oír la voz familiar resonando por la habitación, Shirley se giró de inmediato, adoptando una postura alerta. Nina, que irradiaba una calidez inusual, corrió hacia Duncan con alegre entusiasmo. Su rostro se iluminó con una sonrisa radiante mientras exclamaba: "¡Tío Duncan!". Sonriendo a Nina, Duncan la abrazó con ternura, aparentemente imperturbable ante el calor que emanaba. Luego centró su atención en Morris y Vanna, quienes se habían levantado de sus cómodos sillones y ahora le hacían una reverencia respetuosa. “Parece que todos lo están aguantando bastante bien”, comentó. “Nos las arreglamos sorprendentemente bien dadas las circunstancias” respondió Morris, ajustándose su adornado monóculo, una costumbre que recaía siempre que se sumía en sus pensamientos. “Debo admitir que no esperábamos verte tan pronto. Vanna añadió sus propios pensamientos, con la voz teñida de aprensión y asombro. “Tras sobrevivir a la devastadora catástrofe de Pland, creía tener nervios de acero. Sin embargo, aquí estamos. Es extrañamente reconfortante tener una conversación tan normal contigo”. Duncan hizo un gesto de desdén con la mano, restando importancia a la gravedad del momento. “No puedo decir que me gusten especialmente estas reuniones irregulares. Sin embargo, debo admitir que la perspectiva que se obtiene desde el cielo es impresionante”. Mientras hablaba, sus ojos se fijaron en un objeto intrigante colocado sobre una mesa cercana. Era un tomo voluminoso, envuelto en una cubierta oscura e imponente, sin ninguna inscripción ni emblema. El libro parecía exudar un aura extraña y malévola. “¿Es este el llamado “Libro de la Blasfemia” que le confiscaste al teniente de la Secta de la Aniquilación?” La mirada de Duncan permaneció fija en el ominoso tomo. “No parece una lectura agradable. Morris tomó el libro con delicadeza, como si temiera su energía oscura. “En efecto. Tras obtenerlo, realicé una evaluación básica, centrándome principalmente en cuestiones de seguridad. Mi conclusión es que se trata de una réplica, probablemente propiedad de un miembro de alto rango de la Secta. Si fuera el original auténtico, su aura sería abrumadoramente potente, y sería improbable que un simple seguidor introdujera un artefacto así en la Ciudad-Estado sin cuidado.” Morris hizo una pausa; su tono reflejaba cierta incertidumbre. “En cuanto al propósito del libro, podría servir como medio para difundir sus creencias fanáticas o posiblemente como un componente clave en diversos hechizos o rituales. Contiene pasajes específicos sobre el Señor del Inframundo, que podría actuar como una fuente de poder para los seguidores de la Secta. Estas son, por supuesto, solo especulaciones”. Al terminar su análisis, le ofreció el libro a Duncan. "¿Te gustaría examinarlo con más detalle ahora?" Duncan negó cortésmente con la cabeza. “Lo revisaré más de cerca cuando regrese a mi nave. La ciudad sigue sumida en el caos, y prefiero no arriesgarme a provocar más caos abriendo el libro aquí. Sobre todo porque pronto esperamos a un invitado”. “¿Un invitado?” intervino Vanna, con la curiosidad despertada. “¿Quién nos visitaría en un momento tan inquietante? Con un brillo travieso en los ojos, Duncan sostuvo la mirada de Vanna. “Una amiga tuya viene de camino”. Ignorando la expresión visiblemente perpleja de Vanna, Duncan se acercó a un sofá que daba a la calle. Se reclinó cómodamente, adoptando una postura relajada mientras esperaba la llegada de su misterioso e inminente invitado. El sutil sonido de pasos llenó el aire, acercándose cada vez más a medida que Alice se acercaba a Duncan. Su rostro, que recordaba a una muñeca de porcelana, mostraba una serenidad inquebrantable, irradiando un aura de esperanza duradera. "Capitán, ¿cuándo planeamos zarpar de regreso a casa? ¿Justo después de que se vaya nuestro esperado invitado?" Duncan levantó un párpado perezosamente, observando brevemente los rasgos ingenuos y títeres de Alice. "¿Crees que ya hemos resuelto todos nuestros asuntos?" Alice parecía genuinamente desconcertada. "¿Qué más queda por hacer? Hemos derrotado a los villanos y evitado la crisis. ¿No les toca ahora a los lugareños retomar el asunto donde lo dejamos, tal como se cuenta en los cuentos infantiles?" Una sutil sonrisa se dibujó en las comisuras de los labios de Duncan mientras seguía observando a Alice. "¿Y qué más dicen esos libros de cuentos tuyos?" Alicia respondió animadamente: “Bueno, normalmente terminan con el príncipe y el caballero viviendo felices para siempre”. Sorprendido, Duncan dudó un momento antes de poder hablar. "En los cuentos tradicionales, ¿no suele haber también una princesa involucrada?" Alicia mencionó casualmente: “La princesa se escapó con el mayordomo”. Duncan hizo una pausa, tomándose unos instantes para procesarlo antes de exhalar un suave suspiro. "¿Dónde demonios encontraste estos peculiares libros ilustrados?" Alice señaló a Shirley: "Tiene un montón de ellos escondidos en su habitación". Antes de que Duncan pudiera comentar más, Shirley se puso de pie de un salto y salió disparada hacia la salida. “Encontré una librería vieja que estaba de liquidación, así que compré un montón. Tú fuiste quien me aconsejó empezar con libros ilustrados, ¿recuerdas? No sabía que serían tan… poco convencionales. No me pueden culpar por su contenido extraño, ¡sobre todo cuando la librería estaba a punto de cerrar!”. Mientras recitaba sus excusas y corría por la sala, Duncan no tuvo oportunidad de reprenderla. Ya había abierto la puerta de golpe y parecía lista para salir corriendo al pasillo. Un golpe inesperado resonó en el pasillo, seguido de la exclamación atónita de Shirley: "¿Qué diablos me acaba de pasar?" La habitación se sumió en un silencio desconcertante: Alice parecía completamente confundida mientras trataba de darle sentido a lo que acababa de ocurrir, el arrebato de Shirley tomó a Nina por sorpresa, Vanna estaba impactada por la imprudencia de Shirley y Morris, el venerable anciano, todavía estaba lidiando mentalmente con la narrativa de una princesa que se fugó con un mayordomo. En marcado contraste con el caos, Duncan permaneció sentado tranquilamente en el sofá, sin ganas de perseguir a Shirley ni particularmente preocupado por el alboroto en la entrada. Él simplemente giró la cabeza y centró su mirada hacia la puerta. Un momento después, el sonido de pasos llenó la habitación una vez más cuando una mujer joven cruzó cautelosamente el umbral, entrando finalmente en medio de ellos. La mujer que entró en la habitación era una figura imponente, vestida con una túnica clerical negra adornada con el emblema de la iglesia. Una gruesa venda negra ocultaba sus ojos, otorgando un aire de enigmática profundidad a su rostro. Su larga y ondulante cabellera caía en cascada por su espalda como una cascada de oscuridad. Sin embargo, lo que captó la atención de inmediato fueron las llamativas cicatrices que desfiguraban la piel visible de su cuello y brazos. Parecían casi profundas fisuras excavadas en la tierra, y sin embargo, paradójicamente, irradiaban un aura sobrenatural, similar a la de los estigmas sagrados. En su firme agarre, sostenía a una Shirley que se retorcía y parecía al mismo tiempo confundida y escarmentada. Con una ligera inclinación de cabeza, la mujer, Agatha, se dirigió vacilante a la habitación. “Disculpen. Quería llamar a la puerta, pero parece que alguien tenía más prisa por irse”. Su mirada ciega parecía recorrer la habitación, trascendiendo las dimensiones físicas y alcanzando los límites espirituales. En su singular percepción del mundo, donde la vista no era necesaria, los ocupantes de la habitación se manifestaban como figuras luminosas, cada una con un aura propia. Para Agatha, parecían constelaciones radiantes en un cosmos monocromático. Primero, percibió a un hombre mayor, rodeado de brillantes rayos de luz iridiscente. Diminutos orbes brillantes danzaban en la luz, centelleando como estrellas lejanas observadas a través del telescopio cósmico del divino Lahem. Junto a él se alzaba una figura imponente, envuelta en una oscuridad envolvente que evocaba el subespacio. Dentro de este abismo caótico, una solitaria llama verde parpadeaba y danzaba, simbolizando un equilibrio precario pero mantenido. Cerca de la ventana, Agatha percibió un arco radiante de llama pura, carente de poder místico, pero que irradiaba una luz y un calor tan intensos que parecía encender el aire a su alrededor. Con solo mirarlo, sintió como si su alma se viera envuelta en una llama incandescente. En el centro de la habitación se encontraba lo que a Agatha le pareció un recipiente vacío. Estaba rodeado de innumerables y finos zarcillos de energía, todos emanando una sensación de curiosidad mientras se dirigían hacia ella. Un escalofrío le recorrió la espalda, la inquietante sensación de que su propia esencia pudiera estar atrapada, entretejida en ese intrincado tapiz de hilos espectrales. Pero entre estas poderosas presencias, una destacaba como abrumadoramente dominante: una figura celestial que parecía moverse hacia ella, bañada por el resplandor iridiscente de los cuerpos celestes. “Bienvenido” dijo la entidad estelar, cada palabra brillando como un sol lejano. “Llevo tiempo esperando tu llegada. Este ser era inconfundiblemente Duncan, aunque a sus sentidos agudizados les parecía una encarnación radiante de las energías cósmicas. El aura celestial que lo envolvía era poderosa e imponente, pero transmitía una cálida bienvenida que inmediatamente tranquilizó a Agatha.
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Estás leyendo el capítulo 437 de Ascuas de aguas profundas (Novela), un novela. Ese día, la niebla lo bloqueaba todo. Aquel día se convirtió en el capitán de un barco fantasma. Aquel día, atravesó la espesa niebla y se enfrentó a un mundo completamente subvertido y fragmentado: el viejo orden se… Este capítulo tiene publicado el 2 de junio de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Ascuas de aguas profundas (Novela) tiene 850 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.