Leer Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 421 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Agatha retiró rápidamente la mano, con la mirada fija en las yemas de sus dedos. Su rostro, normalmente tranquilo y sereno, ahora se tiñeba de inquietud.
Desafortunadamente, la monja más cercana del grupo ya había presenciado este inusual suceso. Sus ojos se abrieron de par en par, incrédulos, mientras exclamaba: “Guardián, ¿qué acaba de pasar con tu mano...?”.
Una oleada de preocupación arrugó el ceño de Agatha mientras lidiaba con este desconcertante suceso. En medio de la confusión, un guardián, uno de su grupo, avanzó con cautela. En sus manos sostenía un bastón de batalla, que golpeó rápidamente contra un muro de piedra aparentemente común.
El bastón golpeó la pared con un sonido metálico que reverberó por todo el túnel. A pesar de la fuerza del golpe, la pared se mantuvo firme, ilesa e inmóvil.
El guardián se dio la vuelta y lanzó una mirada de afirmación hacia Agatha antes de reunir todo su coraje para extender la mano y tocar la pared de piedra.
No pasó nada. La pared permaneció tan sólida y rígida como antes.
“Es solo una pared”, murmuró el guardián frunciendo el ceño, “Pero hace unos momentos…”
Sin decir palabra, Agatha avanzó con paso firme y seguro. De nuevo, extendió la mano y la apoyó en la pared. Esta vez, desapareció sin esfuerzo en la superficie.
No hubo resistencia ni obstrucción. Sentía como si su mano rozara una delicada ilusión.
“Parece que solo tú puedes atravesarlo”, tartamudeó el sacerdote que los acompañaba, conmocionado, al observar el extraño suceso. “Pero… ¿por qué? ¿Por qué estaría un muro así escondido en las profundidades de esta mina de minerales metálicos? No hay constancia de que algo así haya sucedido antes…”
Mientras el sacerdote expresaba su desconcierto, Agatha permaneció en silencio, con la atención fija en la mano que parecía atravesar la pared de piedra. Empezó a notar los sutiles cambios que se producían solo cuando sus dedos rozaban la roca.
Por un instante, pareció como si su dedo y la pared se fundieran, como mantequilla caliente derritiéndose en una tostada. El color y la textura… reflejaban los del barro negro. Así fue como logró penetrar una pared que, de otro modo, parecía invencible.
Después de lo que pareció una eternidad, finalmente rompió el silencio, su voz tranquila pero firme: "No puedo entender por qué está pasando esto, pero es evidente... el camino a seguir lo debo recorrer yo sola".
"¿Guardián?" El sacerdote que lo acompañaba reaccionó de inmediato, hablando con rapidez. "¿Planeas avanzar solo? Espera, esto es extremadamente peligroso. Hay algo profundamente inusual en este muro, y es muy posible..."
“Nuestra Ciudad-Estado está siendo consumida por la niebla que avanza, y las grotescas criaturas que la acechan no muestran piedad. La siniestra fuerza que las controla no esperará a que averigüemos qué hacer”, replicó Agatha con calma, con voz firme y serena. “El escuadrón del gobernador Winston murió aquí, pero su cuerpo no está entre los fallecidos. Parece que estos guardias dieron su vida en la mina, ganando tiempo… Supongo que estaban ganando tiempo para que el gobernador Winston atravesara este muro”.
El sacerdote se quedó momentáneamente sin palabras. Tras una breve pausa, protestó instintivamente: “Pero aventurarse solo en lo desconocido es increíblemente arriesgado. Al menos deberíamos informar de esto a la catedral...”.
“El tiempo no está de nuestra parte, no podemos permitirnos perder ni un segundo más”, respondió Agatha, negando con la cabeza. Al pronunciar estas palabras, volvió a sentir una sensación fría y espeluznante que la envolvía, helándola hasta los huesos. Era como si su fuerza vital se desvaneciera, como si la energía vibrante que la habitaba se desvaneciera gradualmente. Aunque esta sensación inquietante duró poco, fortaleció su determinación. “Me comprometo a desentrañar los misterios que se esconden en esta mina. Podría ser nuestra única esperanza en el tiempo que se nos acorta…”
Se detuvo bruscamente, atrapada en el torbellino de sus pensamientos. Hizo un esfuerzo consciente por recuperar la compostura y estabilizarse, antes de fijar su mirada intensa en sus compañeros.
Atravesaré este muro. Todos conocen bien el poder de un guardián; no se preocupen por mí. Cada uno tiene un papel que desempeñar. Una vez que haya cruzado, regresen a la intersección anterior. Los escuadrones primero y segundo deben dirigirse a la zona minera según lo planeado, para evaluar el estado de la mina de metal. Los escuadrones tercero y cuarto deben regresar a la superficie, informar a la catedral sobre lo sucedido y luego...
Hizo una pausa, aparentemente absorta en sus pensamientos, y luego hizo un gesto con la mano con desdén: “Eso es todo. Lo que siga lo decidirá el obispo Iván”.
Los guardianes, sacerdotes y monjas intercambiaron miradas, con expresiones de incredulidad. Nunca habían visto al portero bajo esa luz. Quedaron desconcertados, pero ante la severa mirada de Agatha, y con años de riguroso entrenamiento y disciplina a sus espaldas, su instinto les impulsó a obedecer.
“Entendemos sus instrucciones” asintió solemnemente el sacerdote principal, trazando un emblema triangular en su pecho, símbolo de Bartók. Pero no pudo resistirse a preguntar”: ¿Cuándo debemos reunirnos para brindar asistencia?
No necesito ayuda, pero ten por seguro que volveré. Pase lo que pase, sin duda volveré.
El sacerdote dio un paso atrás y el ligero énfasis en su último “yo” pasó desapercibido.
Agatha respiró profundamente y se acercó a la enigmática pared.
Justo cuando estaba a punto de tocarlo, susurró con una voz apenas audible, como si hablara con alguna entidad invisible, o tal vez consigo misma.
“Para ser honesto… me he encariñado bastante con este mundo…”
Sin ningún signo de vacilación, dio un paso adelante, su forma fusionándose sin esfuerzo con el “muro de piedra”, como un espíritu que se funde en un espejismo.
Una onda transitoria surgió en la superficie de la piedra cuando Agatha pasó a través de ella, pero desapareció tan rápidamente que escapó a la vista de todos.
Agatha se vio inmediatamente envuelta por una sensación desconcertante de oscuridad, frío, aislamiento y una confusión en su orientación, seguida de un repentino entumecimiento de todos sus sentidos. Este apagón sensorial fue reemplazado por un lento y extraño despertar. Esta fue la experiencia que experimentó al cruzar el umbral del muro.
Después de lo que pareció una eternidad, finalmente “abrió los ojos” en medio de un mar de oscuridad abrumadora, solo para encontrarse con un paisaje desolado y sin rasgos distintivos.
La escena ante ella era un caos infinito: masas de oscuridad amorfas, apenas perceptibles, que se retorcían lentamente contra un fondo aún más oscuro. Parecían un fluido nauseabundo y viscoso, o criaturas grotescamente reptantes e indefinibles.
¿Por qué está tan oscuro? ¿No traje una linterna?
Una pregunta así surgió en la mente de Agatha y, casi como si fuera una señal, una pequeña y centelleante chispa de luz apareció ante sus ojos.
La suave iluminación iluminó delicadamente el entorno, revelando un abismo de niebla oscura con innumerables formas sombrías retorciéndose y ondulando a su alrededor en un silencio inquietante.
Agatha observó este espectáculo inquietante en serena contemplación antes de bajar la mirada.
Vio su propio cuerpo: primero su torso, luego sus extremidades, seguido por el bastón de batalla que había sido su compañero constante durante incontables años.
“Ah… tú también has llegado hasta aquí…” murmuró Agatha suavemente, levantando lentamente el bastón en su mano, su mirada se detuvo en los símbolos familiares grabados en su superficie y en su propio nombre, meticulosamente tallado por su propia mano cuando fue investida por primera vez como guardiana.
“¿También existes como una sombra, como yo?”, le susurró al personal.
El personal, naturalmente, no respondió a su pregunta. Sin embargo, en la sofocante oscuridad, un ruido repentino rompió el silencio.
"¡Bang!"
El sonido era el eco profundo de un disparo.
Las cejas de Agatha se fruncieron al instante, pero antes de que pudiera girar la mirada para identificar el origen del sonido, una voz, cargada de un dejo de ansiedad, se le adelantó: "¿Quién es?".
En el infinito y oscuro vacío, Agatha giró la cabeza y, casi instantáneamente, un destello de luz parpadeó en dirección a la voz.
Un solitario trozo de tierra firme emergía bajo la cálida luz de una antigua linterna de latón. Sobre este terreno aislado, se distinguía la silueta de un tocón de árbol, junto al cual estaba sentado un hombre de mediana edad, vestido con un abrigo azul oscuro, inmóvil como una estatua tallada en piedra.
Cuando la mirada de Agatha se posó en él, la "escultura" cobró vida de repente. Levantó la cabeza bruscamente, sus ojos se encontraron con los de Agatha; una mezcla de sorpresa y aprensión cruzó su rostro curtido. "¿Quién anda ahí?"
Agatha percibió una leve discordancia en su mente, pero la descartó rápidamente. Avanzó hacia el terreno iluminado y, bajo la suave luz de la linterna, pudo distinguir con claridad los rasgos del hombre.
Tal como lo había anticipado, era el Sr. Winston, el estimado gobernador de Frost.
“Parece que ha estado ocupando este espacio durante bastante tiempo, Gobernador”, comentó Agatha en su tono típico, “Ahora parece que somos los únicos que quedamos aquí”.
“Guardián... ¿Señorita Agatha?” Winston levantó lentamente la cabeza; sus movimientos recordaban a los de un autómata dañado al borde de la disfunción, y su habla era apática. Sin embargo, con el paso de los segundos, sus expresiones y palabras recuperaron gradualmente su ritmo natural. “Usted también está aquí... ¿pero cómo llegó hasta aquí?
“Atravesé una pared, una pared oculta en las profundidades de la mina de metal”, explicó Agatha con su habitual calma, consciente de que ya no hacía falta lenguaje indirecto ni rodeos. “El escuadrón de guardia que lo escoltaba fue aniquilado en la mina. Gobernador, ¿aún resuenan sus recuerdos en su memoria?”
“El escuadrón de guardia… Ah, sí, el escuadrón de guardia que me acompañaba”, Winston frunció el ceño como si apenas comenzara a recordar, y luego su voz adoptó un tono melancólico. “Todos eran hombres extraordinarios. Lo dieron todo para permitirme activar la llave final de la Reina, y yo…”
Un cambio sutil se produjo en la expresión facial de Agatha: "¿La llave final de la Reina?"

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Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 421
Estás leyendo el capítulo 421 de Ascuas de aguas profundas (Novela), un novela. Ese día, la niebla lo bloqueaba todo. Aquel día se convirtió en el capitán de un barco fantasma. Aquel día, atravesó la espesa niebla y se enfrentó a un mundo completamente subvertido y fragmentado: el viejo orden se… Este capítulo tiene publicado el 2 de junio de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Ascuas de aguas profundas (Novela) tiene 850 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.