Leer Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 412 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Un silencio denso invadió la sala durante casi diez segundos, como si el tiempo se hubiera detenido. El silencio fue interrumpido bruscamente por la voz apagada y áspera del obispo Iván, oscurecida por las vendas que ocultaban sus rasgos. La única palabra que pronunció fue un susurrante "hmmm".
La breve respuesta dejó el aire en suspenso. “Me has pillado desprevenido con tu respuesta”, comentó con un dejo de sorpresa en la voz.
“Sus revelaciones son sumamente desconcertantes” respondió el obispo Iván, quien pareció recomponerse tras la conmoción inicial. Enderezándose con determinación, su voz adquirió una gravedad inusual. “¿Insinúa que el valioso yacimiento de mineral de Frost se agotó hace décadas? ¿Es esa la impactante verdad que descubrió en las profundidades?
“Exactamente”, asintió. “En el fondo del Segundo Canal, hay una puerta sellada. Supongo que esta puerta fue construida por la primera generación de funcionarios del ayuntamiento. Tras ella se esconde una mina que parece haber sido bastante agotada. Dada su ubicación, probablemente fue la sección más rica de la mina y, en teoría, la última en explotarse…”
Agatha reveló todos los secretos que había descubierto en las profundidades subterráneas. Mientras relataba sus hallazgos, el rostro del obispo Iván se ensombrecía con cada revelación.
Tras un periodo considerable divulgando sus descubrimientos subterráneos, Agatha concluyó su exposición con un tono de incertidumbre: “Tengan en cuenta que este es solo un túnel minero. La mina comprende innumerables túneles similares, e incluso si este en particular estuviera ubicado en la zona más rica y en su nivel más profundo, no significa necesariamente que toda la mina esté agotada. Por lo tanto, gran parte de mi conclusión es conjetural... Reconozco que esta suposición parece algo improbable”.
“Es improbable” repitió el obispo Iván con lentitud pensativa. “Porque, si sus acusaciones son ciertas, y la veta de metal ha estado estéril durante todos estos años, ¿qué hemos estado desenterrando durante las últimas cinco décadas? ¿Cuál es el catalizador metálico que Frost ha suministrado constantemente a las demás ciudades durante estos años?
Ante las preguntas del obispo Iván, Águeda guardó silencio. Sabía que no podía dar una respuesta satisfactoria ni desviar sus preguntas directas.
Frost siempre ha sido reconocido como el principal productor de mineral metálico de calidad superior y barras de catalizador procesadas. Durante los últimos cincuenta años, la producción de mineral metálico de Frost casi ha igualado la producción acumulada de todas las demás ciudades-estado situadas alrededor del Mar Frío. El suministro de metal de la mina nunca flaqueó, la maquinaria de excavación extraía riquezas incansablemente las 24 horas del día, y los catalizadores de la fundición se distribuían globalmente. Los barcos propulsados por estos catalizadores eran comunes en la vasta extensión del Mar Infinito.
A lo largo de este medio siglo, no se registró un solo incidente de incumplimiento o error en la entrega de pedidos de mineral de metal.
Si era cierto que la veta se había agotado hacía años, las implicaciones iban mucho más allá del problema de la mina Frost. Entonces surgió la pregunta: ¿qué usaban como combustible en sus núcleos de vapor todos esos barcos que navegaban por el Mar Infinito? ¿Fantasmas?
Tras un largo silencio, el único sonido en la sala fue un suspiro del portero: “Si la contaminación también es la culpable de esto, entonces nuestro mundo ha caído en un estado de absurdo escandaloso”.
“Nuestro mundo siempre ha estado plagado de absurdos, pero quizás… esta vez sí que has descubierto algo crucial”, entonó el obispo Iván, sacudiendo ligeramente la cabeza. “No debemos perder el tiempo preguntándonos si tu teoría es arriesgada o no. Desde un punto de vista lógico, la contradicción entre la supuesta mina agotada hace tiempo y su persistente producción podría estar entrelazada con las anomalías actuales que plagan nuestra Ciudad-Estado”.
“Sin embargo, según la evidencia que teníamos previamente a nuestra disposición, las anomalías actuales fueron instigadas por los seguidores del Culto de la Aniquilación” señaló Agatha, frunciendo el ceño pensativa. “¿Cuál podría ser su posible conexión con la mina?
“Puede que no tengan una conexión directa con la mina. Quizás simplemente se aprovecharon de la situación e instigaron esta crisis”, propuso el obispo Iván, repasando mentalmente posibles escenarios. Su amplia experiencia vital, en particular sus interacciones pasadas con cultistas, le ayudaba a desentrañar este complejo enigma. “Es muy improbable que los herejes pudieran infiltrarse en la Ciudad-Estado sin ser detectados durante tanto tiempo, sobre todo considerando que el agotamiento del mineral pudo haber ocurrido durante el reinado de la Reina. La caza y eliminación de herejes era mucho más exhaustiva en aquella época, y ningún cultista podría haber eludido la atenta mirada de la Reina de la Escarcha…”
En medio de su hipótesis, el anciano obispo hizo una pausa y preguntó abruptamente: “¿Mencionó usted antes que el gobernador Winston afirmó ignorar la existencia de esa puerta profundamente oculta en el Segundo Canal?”
Agatha confirmó su pregunta con un gesto de la cabeza y dijo: “Eso es lo que él profesó”.
“Su afirmación me parece sospechosa” respondió el obispo Iván, meneando la cabeza con un dejo de duda. “Sin duda, la creación del primer ayuntamiento fue algo caótica, pero un descuido tan considerable durante la transición entre los gobernadores iniciales y sus equipos administrativos parece inverosímil, sobre todo tratándose de un secreto de tanta importancia y sensibilidad…
“¿Insinúas que el gobernador Winston podría estar ocultándome algo?” Agatha frunció el ceño, visiblemente confundida. “¿Pero cuál podría ser su posible motivo?
“No puedo asegurarlo. Podría estar intentando mantener la autoridad del Ayuntamiento, podría haber implicaciones mayores tras este secreto, o incluso podría estar siendo manipulado por alguien más. Todo es bastante incierto” declaró el obispo Iván, con la mirada fija en Agatha. “Lo que me resulta aún más desconcertante es su falta de sospecha. Es bastante inusual en usted descartar tales posibles anomalías.
Esta observación tomó a Agatha por sorpresa.
Atrapada en su breve momento de desorientación, recordó la escena que había observado a su regreso del Segundo Canal: la imagen reflejada en la piscina, el “otro yo” moviéndose en la dirección opuesta en el reflejo.
“Agatha, ¿estás bien?” La voz del obispo Iván interrumpió su ensoñación.
Agatha parpadeó, ligeramente sorprendida, y sacudió suavemente la cabeza.
“¿Seguro que estás bien?” insistió el obispo Iván, con la preocupación reflejada en su voz. “Has parecido distante y preocupado en varias ocasiones durante los últimos días, y...
“Estoy bien, siempre he estado bien” interrumpió Agatha la preocupación del anciano obispo. Por alguna razón, tras ese breve momento de confusión, su voz se había suavizado. Respiró hondo, con más energía, y se levantó de su asiento. “Acabo de darme cuenta de algo crucial. Debo irme inmediatamente.
El obispo Iván también se levantó y preguntó: “…¿Planeáis ir a la mina?”
La armada está enfrentándose al enemigo; los sheriffs y guardianes están al mando. Me han dado algo de tiempo, y aún tengo una oportunidad de descubrir el origen de todo este caos. Es hora de actuar. Agatha hizo una pausa momentánea y luego, como para recalcar su punto, enfatizó: “El tiempo es la esencia última. No puedo permitirme perder el tiempo aquí demasiado tiempo”.
“Muy bien, vete entonces” contestó el obispo Iván con un suave asentimiento. “Espero que logres descifrar la verdad y regreses ileso.
“Desenterraré la verdad”.
…
Dentro de la densa niebla, ocasionalmente se escuchaban disparos intermitentes, interrumpidos por las advertencias transmitidas automáticamente por el equipo del sheriff o del guardián y las campanas de alarma esporádicas que sonaban en ciertas instalaciones.
“Francamente, preferiría enfrentarme a cientos de cultistas fuertemente armados o incluso atravesar una ciudad envuelta en llamas varias veces más”.
Vanna disipó casualmente su espada forjada en hielo, su ceño fruncido se centró en el suelo perturbado bajo sus pies.
Dentro de su limitado campo de visión, la tierra estaba plagada de preocupantes grietas entrecruzadas, de las que se filtraban lentamente copiosas cantidades de lodo negro y mugriento que se retorcía al endurecerse rápidamente. Algunos lodos incluso conservaban vagamente formas humanoides, pero presentaban deformidades grotescas en sus extremidades primarias.
“Es repugnante” se quejó Vanna.
“¿En serio? ¿Preferirías otro enfrentamiento en una ciudad en llamas?” La voz de Morris llegó desde cerca. El anciano erudito, apoyado en su bastón, observaba el devastado “campo de batalla” frente a él y conversaba con Vanna con naturalidad.
“Está bien, no lo haría” admitió Vanna encogiéndose de hombros. “Ni una ciudad fantasma envuelta en una espesa niebla ni una ciudad en llamas bajo el sol negro son deseables.
Mientras hablaba, la densa niebla se desplazó y una imponente figura emergió abruptamente de la niebla tras Vanna. Su cabeza estaba grotescamente agrandada y deformada, y su colosal y singular ojo temblaba incontrolablemente en la niebla. Al instante siguiente, el monstruo se abalanzó sobre Vanna.
Sin embargo, la inquisidora no se dio la vuelta; en cambio, golpeó el suelo con tal fuerza que una onda expansiva invisible se expandió. La criatura distorsionada solo logró dar un paso adelante antes de que su mitad inferior quedara destruida. Cayó al suelo, transformándose rápidamente en lodo.
Bajo su control deliberado, la onda expansiva no afectó a Morris, quien se encontraba cerca. El anciano erudito simplemente se ajustó el monóculo, observando con calma las calles envueltas en niebla que los rodeaban.
Al momento siguiente, su mirada se fijó abruptamente en un punto específico, sus ojos se iluminaron con un destello plateado: “La conjetura y prueba de McAfinny”.
Lo que siguió fue una serie de sonidos profundos y resonantes que recordaban a sandías al ser aplastadas. Se vislumbraban vagamente varias siluetas materializándose entre la niebla, cuyas cabezas detonaban en un espectáculo que recordaba a fuegos artificiales.
“Lo bueno es que estos duplicados inferiores han logrado replicar cierto grado de capacidad cognitiva, obligando a sus manipuladores a pensar más”, Morris retiró su atención, el brillo plateado de sus ojos se atenuó gradualmente, “Al principio temí que todos fueran caparazones caóticos, contra los cuales el poder del conocimiento no habría sido particularmente efectivo”.
Vanna lanzó una mirada un tanto extrañada a las monstruosidades cuyas cabezas habían estallado en lodo a lo lejos. Luego volvió la mirada hacia Morris: “Cuando me enseñaste, nunca insinuaste que el poder del conocimiento fuera tan potente”.
“Pensé entonces que este camino no era apto para ti” respondió Morris con indiferencia.
Vanna: “…”
La señorita Inquisidora se sintió brevemente objeto de burla, pero después de recordar los resultados de sus exámenes de aquellos años, decidió mantener su digno silencio.
“¿Hay más por aquí?” preguntó en voz baja, con una vigilancia inquebrantable.
“No por ahora” dijo Morris sacudiendo la cabeza.
Estaba siempre atento a su entorno. Cuando esos monstruos emergían de la niebla, sus pensamientos tumultuosos se manifestaban primero en su percepción, pues eran tan visibles como un rayo de luz en la oscuridad para sus agudos sentidos.
Pocas personas poseen la capacidad de controlar deliberadamente sus pensamientos, por lo que en el dominio de la “detección de seres sintientes”, nadie podría superar a los santos del Dios de la Sabiduría.
“Es un alivio que no haya ninguno en los alrededores por ahora, aunque espero que aparezcan nuevos pronto”, suspiró Vanna, estirando sutilmente sus extremidades, “¿Observaste… que hay una mayor concentración de estas criaturas falsas en esta dirección, y su agresividad parece notablemente mayor que en otros lugares?”
“¿También lo has observado?” Morris levantó una ceja. “Parece que mi sospecha era acertada”.
"Estás insinuando..."
Las 'falsificaciones' que surgen de la niebla no vagan sin rumbo. Algunas están orquestadas por un titiritero oculto tras bambalinas.

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Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 412
Estás leyendo el capítulo 412 de Ascuas de aguas profundas (Novela), un novela. Ese día, la niebla lo bloqueaba todo. Aquel día se convirtió en el capitán de un barco fantasma. Aquel día, atravesó la espesa niebla y se enfrentó a un mundo completamente subvertido y fragmentado: el viejo orden se… Este capítulo tiene publicado el 2 de junio de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Ascuas de aguas profundas (Novela) tiene 850 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.