arrow_back

Leer Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 408 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
El constante y estruendoso estallido de disparos había destrozado brutalmente la pacífica serenidad que antaño cubría el Cementerio n.º 3. El fuego que brotaba del cañón de cada arma servía como una iluminación repentina y parpadeante en medio de la tenue niebla. Cada ráfaga de llamas dejaba al descubierto las grotescas figuras que parecían materializarse continuamente entre la niebla, para luego desplomarse inertes una a una bajo el fuego sagrado y el incesante martilleo de las balas. De sus cuerpos caídos emanaba una sustancia oscura y siniestra que manchaba el camino. Evidentemente, estas entidades ya no eran los simples "cadáveres inquietos" que habían sido. Se habían transformado en algo mucho más perverso, desconocido y aterrador, y era necesario erradicarlos de inmediato. La puntería del anciano era certera. Las grotescas figuras que surgían de la niebla parecían reptiles lentos a sus ojos. A pesar de la espesa niebla que le impedía ver, su disparo siempre daba en el blanco, abatiéndolos de una sola bala. En realidad, su destreza con la espada corta era aún mayor. Pero el anciano comprendió que debía evitar, en la medida de lo posible, un combate cuerpo a cuerpo con estas monstruosidades. Era de edad avanzada, y ni siquiera la experiencia acumulada durante toda una vida como soldado podía compensar el desgaste físico del envejecimiento. Los monstruos parecían no tener fin. Una vez atrapado en el combate cuerpo a cuerpo, sabía que no podría defenderse de las criaturas al otro lado del camino. Debía ser astuto, conservando la mayor cantidad de energía posible mientras despachaba a tantas criaturas como pudiera para ganar tiempo valioso. Abrigaba la esperanza de que la catedral y las autoridades de la Ciudad-Estado actuarían pronto y llegarían refuerzos. Independientemente de dónde viniera la ayuda, estaba convencido de que la ciudad no caería en las garras de aquella niebla inquietante. Desde la distancia, también se podía oír el leve crepitar de otros disparos, lo que indicaba que sus compañeros de los otros cementerios también estaban experimentando grandes dificultades por su parte. “¡Abuelo guardián!” gritó Annie, devolviéndole el rifle recargado al anciano. Sus ojos, abiertos de par en par por la nerviosa anticipación, se dirigieron hacia el origen de los disparos lejanos. “¿Oyes eso? Se oyen disparos de otra parte... ¿Será que viene ayuda? “No, esos son los guardianes del Cementerio n.° 4 y n.° 2” respondió el anciano, alzando el cañón de su arma. Apuntó y disparó, haciendo añicos otra calavera grotesca que acababa de materializarse entre la niebla. Continuó hablando sin volverse a mirarla”: Pero no te preocupes, seguro que viene ayuda de la iglesia. “No tengo miedo” intentó afirmar Annie con la voz ligeramente temblorosa. El viejo guardia del cementerio se dio cuenta, pero decidió no mermar la valentía que la joven estaba demostrando con todas sus fuerzas. A sus ojos, ella ya había demostrado su valentía. “Sí que eres muy valiente” respondió, fingiendo calma a pesar del temblor de sus brazos cansados. “Dime, ¿cómo aprendiste a hacer esto? ¿Quién te enseñó a cargar las balas en el rifle y la escopeta? “Mi madre tiene varias armas. Las tiene colgadas en las paredes de nuestro dormitorio y sala”, reveló Annie mientras cargaba a toda prisa las balas en el cargador tubular de la escopeta de dos cañones. “Cuando mi padre no regresó a casa un año, mi madre decidió armarse. Dijo que necesitábamos proteger nuestra casa… ¡Ay!” De repente, el cierre del cargador se abrió y el borde afilado del metal cortó el dedo de la niña, dejándole un feo corte y provocándole un grito de sorpresa. Pero, al instante siguiente, utilizó otro dedo para volver a colocar el resorte en su lugar y le presentó la escopeta cargada al anciano: “Aquí tienes”. El anciano guardián notó la sangre manchada en el arma y escuchó el grito de dolor de Annie. Sin embargo, se quedó en silencio por un instante antes de lanzarle otra arma: “Carga esto...”. Y así, el estruendoso rugido de los disparos llenó el aire una vez más. La figura encorvada del anciano, vestido de negro, se alzaba como un árbol nudoso en medio de la densa niebla. Las conversaciones entre él y Annie se hicieron cada vez más escasas, reemplazadas por el sonido de disparos incesantes y la creciente gravedad de la situación. En silencio, comenzó a llevar la cuenta de los monstruos que había abatido y las veces que Annie le había entregado un arma cargada. “La última caja de balas” murmuró en voz baja. “¡Abuelo, es la última caja de balas!” gritó Annie casi al mismo tiempo, haciéndose eco de su sentimiento. “Lo sé” respondió el anciano sin darse la vuelta. Rápidamente se encargó de una criatura grotesca que casi había llegado al frente de la cabaña, y luego hizo un gesto hacia atrás. “Carga la escopeta y colócala junto con las balas restantes a mis pies. Ve debajo de mi cama. Encontrarás una caja marrón oscuro. Contiene munición de repuesto. ¡De acuerdo! ¡Caja marrón oscuro, munición de repuesto! Annie repitió sus instrucciones rápidamente. Luego empujó el arma y las balas fuera de la puerta antes de darse la vuelta y entrar corriendo en la casa. En silencio, el anciano miró la escopeta y las balas a sus pies. Giró lentamente el cuerpo, extendió la mano para cerrar la puerta con cuidado y sacó una espada corta de su capa. La clavó con fuerza en el pestillo desde afuera. Casi al instante, pudo oír pasos frenéticos dentro de la cabaña, seguidos de una serie de golpes urgentes en la puerta y los gritos desesperados de la niña. “Esta será la última vez que te engaño…” susurró el anciano para sí mismo. El anciano despachó rápidamente a las criaturas mutadas más cercanas con un solo disparo, y luego giró con destreza. Apoyándose en el marco de la puerta, lanzó su cuerpo encorvado al aire. A medio salto, su mano izquierda libre metió la mano en un compartimento oculto sobre el marco de la puerta y sacó un bastón negro. Antes de que pudiera tocar el suelo por completo, blandió el bastón contra otro monstruo emergente, destrozándole el cráneo y aterrizó suavemente. Sus ojos recorrieron la densa niebla circundante mientras blandía su bastón en un amplio arco, sacudiéndose la sangre del monstruo que había contaminado su arma. Con una potente estocada en el suelo, un clic metálico sonó desde el bastón al activar las cuchillas ocultas en ambos extremos. Al emerger las espadas, el viejo guardián se vio inundado por recuerdos de valientes gritos de batalla y rugidos valerosos de su pasado. Estos ecos heroicos ahogaron los espantosos ruidos que emanaban del cementerio. Con mirada decidida, echó un último vistazo a la casa que tenía a sus espaldas y al compartimento que debía ser el lugar de descanso final de su arma. Como muchos soldados retirados, había decidido colocar su arma de toda la vida sobre la última puerta que estaba destinado a custodiar en su retiro. Nunca imaginó que volvería a luchar junto a su venerable compañero en circunstancias tan desesperadas. “Montamos guardia en una puerta… Somos los guardianes de Bartók…”. Con la espalda aún encorvada, el anciano permaneció de pie en medio de la fría y tenue niebla. Se giró lentamente, con la mirada fija en las grotescas figuras que emergían de la niebla, y recitó el antiguo juramento transmitido de generación en generación por los guardianes que le precedieron: “Juramos proteger la frontera entre la vida y la muerte, para que los muertos descansen y los vivos encuentren la paz…”. Sus palabras parecieron agitar a las monstruosidades en la niebla. Innumerables figuras comenzaron a cruzar el camino, precipitándose hacia la cabaña que aún seguía en pie. Su avance fue recibido con los incesantes disparos del anciano y la sinfonía de su bastón de doble hoja cortando el aire. “¡Si te niegas a descansar, entonces te acompañaré hasta allí!” Sonidos de cortes y rugidos se entrelazaban con el eco de los disparos de rifles y escopetas, cada reverberación sacudía el cementerio mientras el guardián libraba su batalla final. Dentro de la cabaña del guardián, una pequeña figura” Annie” se acurrucaba contra la puerta, con las manos ahuecadas sobre la cabeza, mientras escuchaba el caos del exterior. Sus sollozos silenciosos se convirtieron gradualmente en gemidos desgarradores, acentuando la cadencia del resonante tiroteo. A los doce años, fue engañada nuevamente por el hombre en quien confiaba: su abuelo cuidador. … Mientras tanto, en las gélidas aguas de Frost, la densa niebla no se limitaba solo al espacio aéreo de la Ciudad-Estado. Al mediodía, se había filtrado a través de la frontera marítima y envolvía el campo de patrulla de la Flota de la Niebla. La niebla era tan densa y siniestra que incluso la Flota de la Niebla, con su aura sobrenatural, se vio obligada a mantener un alto nivel de vigilancia. A bordo del Niebla Marina, el capitán Tyrian se encontraba frente a una enorme portilla, con el ceño fruncido mientras observaba la pared de niebla que parecía encerrarlos en alta mar. Su primer oficial, Aiden, se le acercó por detrás y le proporcionó un sombrío informe de la situación: “En este momento, nuestra comunicación con Cold Harbor, Ice Bay e Isla Pirata se ha visto gravemente interrumpida. No hemos recibido respuesta en ninguna frecuencia. Apenas mantenemos contacto esporádico con la armada y la zona portuaria de Frost. La niebla se ha extendido al menos cien millas náuticas más allá de Frost…” “Además”, continuó Aiden, “según el informe de nuestra nave exploradora enviada al borde de la niebla, esta ha dejado de extenderse y su densidad no ha aumentado. Sin embargo, todos los intentos de salir de la niebla han sido inútiles: todas las naves que han intentado salir de la zona cubierta de niebla simplemente han terminado dando vueltas en el mismo lugar, regresando sin querer a las oscuras profundidades de la niebla”. “¿Y qué pasa con el observatorio?” “Aún no podemos determinar la posición correcta de las estrellas”, respondió el primer oficial Aiden con profunda preocupación. “Es como si de repente se hubiera interpuesto una lente empañada entre el mundo espiritual y las profundidades marinas, provocando que todas las estrellas observadas aparezcan como imágenes dobles. Además, la tensión mental que produce la observación de estrellas se ha intensificado drásticamente. Ahora es imposible observar durante períodos prolongados”. “Parece que el bloqueo ha terminado. Frost y las aguas circundantes han quedado aisladas del 'mundo normal' exterior”, declaró Tyrian impasible, con su único ojo reflejando una calma inquebrantable. “No deberíamos desperdiciar energía intentando liberarnos”. “Bloqueo… ¿Quién pudo haber impuesto este bloqueo?” “Piensa, Aiden, ¿de verdad necesitas preguntar?” Tyrian se giró para mirar a su primer oficial. “¿No son los cultistas, esos fanáticos que adoran al Señor del Mar Profundo, los responsables del caos reciente? “Lo sé” respondió Aiden, con los ojos muy abiertos y una expresión de incredulidad en el rostro. “¿Pero puede un simple grupo de sectarios provocar un revuelo tan grande? “Una turba de fanáticos podría no poseer tal poder, pero el 'Señor' al que sirven es otra historia” respondió Tyrian, agarrando la barandilla frente a él mientras hablaba en voz baja. “El Señor del Mar Profundo Espiritual... manipulando el espacio-tiempo, alterando las estrellas... ¿podría ser la influencia de un dios antiguo...? Ante estas palabras, Aiden tragó saliva nerviosamente. “Entonces… ¿estamos realmente enfrentándonos al poder de un dios antiguo esta vez?” preguntó Aiden. ¿Te da miedo? “Un poco” confesó Aiden, esbozando una sonrisa incómoda a pesar de su aprensión. “Pero no hay muchas opciones. Así funciona el mundo. De hecho, al reflexionar sobre ello, no parece tan desalentador. Todos tuvimos que ser más fuertes y enfrentarnos al viejo capitán en el pasado, y al menos ahora está de nuestro lado. “Está bien, basta” Tyrian suspiró levemente, haciendo un gesto de desdén hacia su primer oficial. “Después de nuestra larga ausencia de Frost, parece que podemos estar provocando una conmoción significativa en estas aguas una vez más.
Ascuas de aguas profundas (Novela)

Continúa leyendo

Ascuas de aguas profundas (Novela)

Capítulo 409

Siguiente Capítulo ›

Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 408

Estás leyendo el capítulo 408 de Ascuas de aguas profundas (Novela), un novela. Ese día, la niebla lo bloqueaba todo. Aquel día se convirtió en el capitán de un barco fantasma. Aquel día, atravesó la espesa niebla y se enfrentó a un mundo completamente subvertido y fragmentado: el viejo orden se… Este capítulo tiene publicado el 8 de abril de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Ascuas de aguas profundas (Novela) tiene 850 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.