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Leer Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 382 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Al ver las profundas inscripciones grabadas, Lawrence y el primer oficial que estaba a su lado experimentaron una repentina sorpresa. Los extraños grabados parecían tener un poder especial que atraía la atención de quienes los contemplaban. El primer oficial no pudo evitar expresar su asombro, y su pregunta surgió de lo más profundo de su confusión: "¿Por qué aparece aquí, inscrita en la piedra, la frase 'Los humanos solo tienen dos ojos'?". Sus ojos, abiertos como platos, penetraron en el desconcertante mensaje, intentando discernir su significado subyacente. Un silencio aparentemente interminable se extendió entre ellos antes de que el primer oficial pudiera expresar de nuevo su perplejidad: "¿No es esta una realidad biológica básica? Salvo algunas raras afecciones genéticas, ¿no poseen todos los humanos solo dos ojos?". Lawrence no respondió de inmediato, prefiriendo reflexionar sobre la desconcertante afirmación grabada en la piedra. Finalmente, rompió el silencio creciente, y su pregunta indagó sobre el posible origen de la inscripción: "¿Quién cree que pudo haber sido el autor de este grabado?" "¿Podrían ser... los habitantes originales de esta isla?", preguntó el primer oficial con vacilación. "Había gente viviendo aquí antes que nosotros, ¿verdad?" “Es difícil confirmar con certeza esta isla en particular, pero es un hecho innegable que los humanos vivieron en la Isla Daga en nuestra historia conocida”, afirmó Lawrence, mientras sus dedos recorrían suavemente la escritura audaz y profundamente grabada. La sensación cruda y genuina bajo sus dedos parecía resonar con las intensas emociones y la firme intención que habían impulsado la creación del mensaje grabado: “'Los humanos solo tienen dos ojos'. Alguien grabó esta frase aquí a propósito, y podría simbolizar algo…” "¿Simboliza algo? ¿Como qué?", preguntó el primer oficial, con su voz reflejando la incertidumbre que sentía. “Es posible que esta isla alguna vez haya estado habitada por seres de apariencia humanoide, pero que se diferenciaban en el atributo de 'tener solo dos ojos'”, sugirió Lawrence, alzando la mirada para escudriñar la densa niebla y las formas sombrías que se ocultaban en ella. “Estas entidades podrían integrarse desapercibidas en las sociedades humanas, evitando una identificación directa”. Al oír esta conjetura, el primer oficial respiró hondo y con la voz ligeramente temblorosa preguntó: “Entonces… ¿adónde se fue el autor de esta inscripción?”. "No lo sé", confesó Lawrence, negando con la cabeza. Sus pensamientos se dirigieron espontáneamente al lodo negro y pegajoso que habían encontrado durante su exploración y a la zona de atraque extrañamente desierta. Apartó estos pensamientos aparentemente inconexos de su mente, concentrándose en la puerta de la oficina del puerto, con la mano apoyada en el picaporte. "Manténganse alerta". El inconfundible sonido de los seguros de las armas de fuego al ser desconectados resonó tras él. Mientras Lawrence se recomponía, presionó suavemente la puerta, abriéndola con cuidado. Hábilmente se hizo a un lado, colocándose fuera de la línea de visión directa para evitar convertirse en un blanco fácil para cualquier amenaza que se escondiera en el interior. El primer oficial avanzó, adoptando una postura defensiva mientras apuntaba con su rifle hacia el interior tenuemente iluminado de la habitación. Los marineros que los seguían también alzaron sus armas, asegurando la puerta desde diversos ángulos y posiciones estratégicas. El interior del edificio estaba envuelto en una tranquilidad desconcertante. El primer oficial, situado en la entrada, se tomó un momento para calmarse antes de atreverse a mirar hacia el interior. "No hay nadie aquí", informó, y su voz resonó en el silencio. "Solo una oficina abandonada, extrañamente bien iluminada". Tras esta garantía, Lawrence hizo una seña a los marineros y, junto con el primer oficial, se aventuró a entrar en el espacio vacío. La habitación era una oficina vacía, sin presencia humana. Unos pocos escritorios ocupaban aproximadamente la mitad de la habitación, con sillas dispuestas al azar, como si sus ocupantes hubieran salido con prisa. Las bombillas del techo y las lámparas de gas de la pared estaban completamente encendidas, proyectando una luz surrealista y brillante por toda la habitación. Un detalle peculiar llamaba la atención: el suelo estaba salpicado de manchas del misterioso barro negro que habían encontrado antes. “Parece que este horrible lodo también se ha filtrado aquí…” El primer oficial hizo una mueca al ver la siniestra y oscura sustancia que contaminaba la habitación, con una clara repulsión en su rostro. Esquivó hábilmente las manchas de barro del suelo y se dirigió a los escritorios. Su mirada recorrió el desordenado montón de papeles y diversos materiales de oficina esparcidos al azar. “Capitán, ¿deberíamos inspeccionarlos?” “Estos son documentos típicos de las operaciones portuarias: registros de carga, transferencias de personal, registros de patrullaje, informes de verificación de maquinaria y equipo…” Lawrence se acercó a los escritorios y estudió brevemente algunos papeles. Frunció el ceño con preocupación mientras continuaba: “Las fechas… ¿son de hace solo unos días?” “Parece que alguien estuvo operando aquí hace poco”, comentó un marinero nervioso, con la voz apenas audible. “Entonces debieron irse con prisa, sin siquiera tomarse el tiempo de limpiar…” "¿Una salida apresurada?" repitió Lawrence, recorriendo con la mirada el escritorio desordenado. Una taza de café sin terminar yacía abandonada sobre una mesa, con una fina capa de polvo cubriendo su superficie. Cerca de esta mesa, una mancha de barro negro se había secado, y algunos residuos de la sustancia se adherían tenazmente a una silla. Su rostro adoptó una expresión cada vez más seria. "¿De verdad fue una evacuación, o..." El primer oficial captó el sutil cambio en el tono del capitán: “Capitán, ¿ha descubierto algo?” Justo cuando Lawrence estaba a punto de responder, un ruido ensordecedor rompió repentinamente el silencio del exterior, proveniente de la plaza del puerto. ¡Era el agudo zumbido de los altavoces al ponerse en marcha! "Zumbido-" El repentino sonido sobresaltó a todos. Los marineros, por reflejo, volvieron la atención hacia la ventana, y al instante siguiente, un anuncio fragmentado y distorsionado, estropeado por la estática, resonó por todo el puerto. La voz temblorosa de un anciano, conmocionado por la edad, resonó siniestramente: “Anuncio... hemos sido infectados... esta isla... no tiene salvación... iniciaremos la Contingencia 22... Ha sido un honor trabajar con todos ustedes... nos volveremos a encontrar más allá de las puertas de Bartók”. Con un último chirrido abrasivo, la transmisión se detuvo bruscamente. El primer oficial, con los ojos abiertos de par en par, incrédulo, giró rápidamente para mirar a Lawrence: “Capitán, ¿qué demonios está pasando...?”. ¡Pero antes de que pudiera terminar de expresar su pánico, una explosión cataclísmica resonó a la distancia! En sincronía con esa aterradora detonación, una serie de explosiones sucesivas reverberaron, ¡sonando como si los cielos se estuvieran rasgando y la tierra se estuviera fracturando! Una cadena de detonaciones catastróficas resonó por toda la Isla Dagger, provocando escalofríos de terror y aprensión en todos los presentes. Lawrence comprendió casi al instante lo que estaba ocurriendo. No se trataba de truenos comunes, sino del rugido ensordecedor de cargas explosivas. Eran los protocolos de autodestrucción de la isla, que desencadenaron un efecto dominó de demoliciones de instalaciones. “¡Evacuen el edificio de inmediato!” La orden de Lawrence cortó la cacofonía, blandiendo su pistola mientras disparaba hacia el techo. “¡Este lugar está a punto de explotar! Las estruendosas explosiones casi ahogaron la urgente orden de Lawrence, pero el repentino disparo despertó a los marineros de su estado de shock. Sin dudarlo un instante, corrieron hacia la salida. Un grupo de una docena de personas salió disparado del edificio, descendió a toda velocidad por la pendiente y corrió hacia un espacio abierto. La implacable sinfonía de explosiones resonaba desde todas direcciones, creando la impresión de que toda la isla estaba siendo destrozada en una explosión apocalíptica. Sin embargo, en medio de la caótica retirada, Lawrence notó algo peculiar. ¡Alto!” Su orden resonó al detenerse de golpe. Disparó otro tiro al aire, con una voz resonante: “¡Alto!”. Su abrupta orden hizo que los marineros detuvieran su frenética huida, quienes entonces también percibieron la irregularidad. Los ecos de las explosiones persistían, pero no había columnas de humo ni ráfagas de luz destructiva. Solo los estruendosos ruidos reverberaban por toda la isla. Poco después, el estruendo se desvaneció y el entorno volvió a sumirse en el inquietante silencio que la densa niebla parecía imponer. Era como si las estremecedoras detonaciones no hubieran sido más que una ilusión auditiva colectiva. “¿Solo el ruido?” El primer oficial examinó los alrededores con incredulidad, tratando de comprender. "Es un eco del pasado", planteó Lawrence rápidamente, mientras su ritmo cardíaco volvía lentamente a la normalidad. Aunque no estaba del todo seguro de su conclusión, como capitán, debía proporcionar a la tripulación una decisión inmediata: "Lo que escuchamos fue la repetición de un evento pasado ocurrido en esta isla, no una explosión actual". “Estaba aterrorizado”, confesó uno de los marineros, con la voz apenas un murmullo, “creí que estábamos en medio de una explosión colosal…” “La explosión más cercana parecía originarse en esa dirección”, dedujo el primer oficial, centrándose en el punto preciso de su brújula antes de señalar hacia el extremo más alejado de la plaza del puerto. “¿Deberíamos aventurarnos allí?” “Investiguemos”, decidió Lawrence rápidamente. “Si algo verdaderamente catastrófico ocurrió aquí, debería haber algunos restos”. Con esto, el equipo de exploración se movilizó inmediatamente hacia la niebla envolvente, esta vez caminando con un nivel de precaución mayor que antes. Después de que transcurrió un tiempo indeterminado, Lawrence se encontró parado frente a la imponente silueta de un edificio grande y ruinoso. Situado en el borde de una pequeña ensenada y apuntalado por un acantilado escarpado en su parte trasera, el edificio exhibía evidencia inequívoca de daños severos… estaba claro que una inmensa explosión desde adentro había provocado su desastroso colapso. Desde un punto de vista elevado, el primer oficial examinó los restos de la estructura destrozada, con la voz llena de incredulidad. “¿Qué era este lugar…? Su magnitud es asombrosa…” “Deberíamos centrarnos más en el cataclismo que provocó que una instalación tan inmensa fuera destruida sin dudarlo” replicó Lawrence con solemnidad, avanzando unos pasos. “Si los habitantes de esta isla... “Detente”, una voz cortó abruptamente el aire, haciendo que Lawrence se detuviera en seco. “¿Martha?” Se giró rápidamente hacia el origen de la voz; su tono era una mezcla de asombro y aprensión. Pero sólo había una niebla suavemente ondulante, desprovista de la figura familiar que esperaba. “¿Capitán?” El primer oficial notó la reacción inusual de Lawrence y rápidamente bajó de su puesto de observación, acercándose a Lawrence con visible preocupación. “¿Qué sucede?” “…Alucinaciones”, admitió Lawrence de inmediato, con el rostro marcado por la severidad, “¿Alguno de ustedes escuchó una voz?” “No oímos nada.” Los marineros intercambiaron miradas perplejas antes de que uno de ellos finalmente confesara. “Quizás sería prudente que no nos aventuráramos más” sugirió Lawrence, frunciendo el ceño pensativo. “Regresemos primero al puerto y luego… Una vez más, la voz de Martha resonó en sus oídos, pero esta vez se sintió más cerca: “Regresa al barco, sin demora”. Lawrence se quedó atónito por un momento. Se obligó a sí mismo a resistir el instinto de volverse hacia el origen de la voz. Estaba a punto de seguir hablando cuando la voz de Martha intervino de nuevo. Esta vez fue como si le susurrara directamente al oído, con un tono cargado de urgencia: "¡Vuelve al Roble Blanco, YA! ¡Lawrence, ya vienen!" Una fugaz expresión de sorpresa se dibujó en el rostro de Lawrence mientras respondía involuntariamente: "¿Quién? ¿Quién se acerca?" El primer oficial agarró tensamente el brazo de Lawrence: “Capitán, ¿con quién está conversando?” En lugar de responder, Lawrence giró bruscamente su mirada hacia la dirección donde estaba amarrado su barco, el Roble Blanco. Un sentimiento de pavor comenzó a crecer dentro de él. Y al instante siguiente, un ruido sordo resonó desde esa dirección como si diera crédito a sus crecientes temores. Era el sonido distintivo de disparos de cañón. “Hay disparos de cañón…” se dio cuenta rápidamente el primer oficial, “¡Estamos bajo ataque!” “¡De vuelta al barco!” ordenó Lawrence, incitando al equipo a correr hacia el puerto. Mientras el viento arreciaba, arremolinándose a su alrededor, la voz de Martha rozó su oído como un suave susurro:” La Gaviota ha llegado...
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Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 382

Estás leyendo el capítulo 382 de Ascuas de aguas profundas (Novela), un novela. Ese día, la niebla lo bloqueaba todo. Aquel día se convirtió en el capitán de un barco fantasma. Aquel día, atravesó la espesa niebla y se enfrentó a un mundo completamente subvertido y fragmentado: el viejo orden se… Este capítulo tiene publicado el 8 de abril de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Ascuas de aguas profundas (Novela) tiene 850 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.