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Leer Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 368 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Los ojos de la mujer, inflamados por un profundo y perturbado insomnio, parecían contener un cóctel volátil de locura salvaje y terror paralizante. Aunque las palabras tranquilizadoras del portero habían infundido un atisbo de tranquilidad en su espíritu, solo habían bastado para salvarla del abismo de un colapso mental. Sin embargo, el susurrante espectro del miedo que atormentaba su mente no pudo ser exorcizado por completo. Esta era una mirada que Agatha, la experimentada portera, había visto innumerables veces. Así, con un aire de calma resuelta, fijó la mirada en la mujer, logrando despertar en ella cierta sensación de estabilidad. Una vez que el temblor de la mujer disminuyó notablemente, Agatha insistió en obtener más información. “El hombre del que habla es su difunto esposo, ¿verdad? Afirma que regresó a su casa, a pesar de haber fallecido hacía varios años”. Al oír su confirmación, el cuerpo de la mujer respondió con violentos escalofríos. Inclinó la cabeza y se aferró el cabello con las manos como si intentara desesperadamente anclarse en la realidad, incapaz de sostener la mirada inquisitiva de Agatha. “Volvió... volvió... pero sé que no era él...”, resonó siniestramente en sus labios, como un escalofriante coro de terror. Frunciendo el ceño con preocupación, Agatha insistió: "¿Puedes contarme cómo lograste defenderte de esta... entidad? ¿Puedes detallar los eventos del encuentro?" Mientras hablaba, Agatha metió la mano en el bolsillo y sacó un pequeño frasco de poción. Con un hábil movimiento de muñeca, destapó la botella, liberando un aroma relajante que perfumó sutilmente la habitación. Los efectos calmantes de la poción fueron casi inmediatos. La mujer, que momentos antes se retorcía de angustia, ahora descansaba en el sofá con una respiración notablemente más tranquila. Al levantar ligeramente la cabeza, su mirada tímidamente asomando por su cabello despeinado, susurró: “Yo... la golpeé por detrás con un martillo. Cayó, pero a pesar de una importante hendidura en su cráneo, no pereció. Intentó levantarse de nuevo... Entré en pánico y la arrojé al baño de una patada, cerrando la puerta con llave. Golpeó la puerta, emitiendo los gritos más espantosos. Continuó sus horribles gemidos durante casi diez minutos en la madrugada antes de finalmente callarse...”. Hizo una breve pausa para ordenar sus pensamientos antes de continuar con una voz apenas audible: “Más tarde… cuando abrí con cuidado la puerta del baño… la criatura había desaparecido…”. Agatha asintió en respuesta, catalogando cuidadosamente los eventos en su mente. "¿Y qué hay de su llegada? ¿Recuerdas cómo esta entidad hizo su 'regreso'?" “No... no sé” respondió la mujer, con la voz temblorosa de puro terror. “¡Acaba de materializarse en la casa! Las puertas estaban cerradas, pero oí ruidos extraños en la sala. Al salir del dormitorio, me encontré con... esa cosa... Vestía la ropa con la que enterramos a mi marido, vagando sin rumbo por la sala, produciendo ruidos repugnantes y chirriantes, como si estuviera llena de materia gelatinosa en descomposición... La expresión facial de Agatha se transformó rápidamente en una de severa seriedad. Justo cuando estaba a punto de responder, un guardián rompió la tensión con una actualización: “Hemos inspeccionado minuciosamente todas las entradas y salidas del edificio. Todas las puertas y ventanas están intactas, sin señales de entrada forzada, y todas las ventanas parecen estar cerradas por dentro”. Todas las puertas y ventanas de la casa estaban bien cerradas, con sus cerraduras intactas, pero esta entidad engañosa se había manifestado directamente dentro de la casa. Esta aparición sorprendentemente repentina de la criatura, sin ningún atisbo de invasión o ataque manifiesto, aumentó aún más su vigilancia. Sin embargo, fueron los aspectos singulares de este caso los que despertaron especialmente el interés de Agatha hoy. Bajó la mirada y observó a la mujer desplomada en el sofá, aún luchando contra sus nervios. Agatha recordaba vívidamente los casos que había tratado. El inquietante incidente en el número 42 de Calle Chimenea , donde una folclorista fue atormentada por el espectro de la muerte, y el caso de la aprendiz desprevenida, que sufrió una grave contaminación cognitiva, permanecían frescos en su memoria. En tales casos, los supervivientes solían ignorar las entidades "falsas" que los atormentaban. Sin embargo, la mujer que precedió a Agatha había identificado al intruso. Había detectado la farsa. ¿Podría ser que hubiera permanecido intacta ante la contaminación cognitiva? “Señora” empezó Agatha, eligiendo las palabras con cautela”, ¿cómo llegó a la conclusión de que este “monstruo” no era su marido? ¿Cómo es posible que sea él? Mi esposo falleció hace años, y esa… esa monstruosidad estaba completamente mal, era una burla a su imagen. ¿Cómo es posible que sea mi esposo?” La agitación de la mujer aumentó, y su voz se elevó. “Además… además, se dirigía hacia mi hijo… mi hijo, quien se refería a la criatura como “Papá”. Él… debió haber sido manipulado por esa cosa aborrecible, él… “Entonces, creyendo que el monstruo había influido en su hijo, ¿casi lo estranguló?” preguntó Agatha, frunciendo el ceño. “¿Era consciente de sus actos en ese momento…? ¡No lo estrangulé! ¡Solo intentaba apartarlo, no lo ahogué! Su negación estalló como un disparo, haciéndola saltar del sofá como si se preparara para atacar a la portera. El miedo y la locura que habían atormentado sus ojos inyectados en sangre volvieron a aflorar, borrando cualquier rastro de razón. Los guardianes cercanos se movilizaron al instante para someter a la histérica mujer, pero Agatha fue más rápida. Con un movimiento rápido, Agatha levantó su bastón y golpeó delicadamente la frente de la mujer. El impacto la dejó inconsciente al instante. "Está aterrorizada", murmuró la capitana de pelo corto, sacudiendo la cabeza con compasión. "Este tipo de incidentes son demasiado abrumadores para la gente común..." “No, no es simplemente terror; es una forma distinta de contaminación mental”, corrigió Agatha, negando con la cabeza y frunciendo el ceño. “Está al borde de la locura temporal, conservando solo las capacidades comunicativas más básicas. No ha sufrido interferencias cognitivas ni de memoria. Aunque se desconoce la razón exacta, pudo discernir la naturaleza 'falsa' de la entidad. Sin embargo, esta 'revelación de la verdad' ha resultado traumática para ella”. Mientras hablaba, echó un vistazo a la humilde vivienda. "¿Dónde está la niña?" El niño ha sido trasladado a un lugar seguro por el momento. Tras sufrir semejante trauma y estar a punto de asfixiarse, es posible que no esté en condiciones de soportar un interrogatorio. “Entendido”, ordenó Agatha. “Mantengan la separación entre la madre y el niño por el momento. Asegúrense de que reciban la atención y la terapia psicológica adecuadas, con especial atención al niño. Ofrézcanle el máximo consuelo. Si recuerdan alguna información importante, asegúrense de que me la comuniquen de inmediato”. "Entendido, Guardián." Con un breve gesto de aprobación, Agatha caminó por la sala de estar hacia el baño de tamaño modesto. El suelo que rodeaba la ducha estaba lleno de indicios dejados por los guardias durante la recolección de pruebas. La supuesta falsificación había estado confinada en este baño, pero solo había dejado una muestra apenas del tamaño de un tubo de ensayo. Esta peculiaridad le pareció muy inusual. Aunque la naturaleza de estas falsificaciones permanecía envuelta en misterio y se desconocía su origen, un hecho era innegable: consistían en una cantidad cuantificable de sustancia física. Incluso al desintegrarse, esta masa física no se evaporaría en la nada. Agatha frunció el ceño, pensativa, y se paseó por el estrecho espacio del baño. De repente, se detuvo, con la mirada fija en un rincón. En ese rincón se encontraba la entrada de un desagüe, cubierta de óxido. Se acercó rápidamente al desagüe, golpeando la desgastada rejilla de hierro fundido con la punta de su bastón de hojalata mientras escudriñaba el turbio abismo que había en su interior. La oscuridad envolvente dentro del tubo de desagüe parecía ocultar la verdad. “¡Tienes que estar bromeando...! ¡Maldita sea!” exclamó Agatha de repente, con una comprensión escalofriante que la invadió y un escalofrío gélido recorrió sus venas. “Evacúen este edificio inmediatamente; reubiquen a todos los residentes en iglesias y albergues públicos cercanos”, regresó rápidamente a la sala, dando instrucciones con ferviente urgencia. “Pónganse en contacto con la municipalidad local, cierren este edificio… no, sellen todas las tuberías auxiliares conectadas a este edificio, incluyendo las líneas de alcantarillado y suministro de agua. Además, envíen un equipo a la planta de tratamiento de aguas residuales más cercana e inspeccionen a fondo los tanques de sedimentación y los filtros”. La capitana del equipo se quedó atónita ante la avalancha de órdenes, pero no ofreció resistencia. Su obediencia innata a la cadena de mando la impulsó a actuar de inmediato. "¡Entendido, Guardiana!" Después de dar las instrucciones, la atención de Agatha se centró una vez más en la mujer inconsciente tendida en el sofá. ¿Qué fue lo que permitió a esta mujer permanecer a salvo de las interferencias cognitivas y de memoria, permitiéndole discernir la verdadera naturaleza de la “falsificación”? Incluso en ese momento, esa persistente pregunta continuaba plagando la mente de Agatha. En ese momento, un guardián que había estado revisando diligentemente otras habitaciones en busca de pistas entró corriendo en la sala de estar, con un pequeño objeto en la mano. ¡Guardián! ¡Encontramos esto! Agatha rápidamente volvió su atención hacia la voz, y sus ojos se posaron en una pequeña figura de yeso desgastada por el tiempo que sostenía el guardián. Era una efigie inconfundible de la Reina del Hielo de perfil. "¿Una representación de la Reina de Hielo?" murmuraron algunos de los guardianes en la habitación. "Es bastante inesperado encontrar algo así aquí". La expresión de Agatha se endureció al acercarse al guardián y aceptar la estatua de la reina, de busto medio, de aproximadamente diez centímetros de altura. Examinó con atención la detallada artesanía. “…Es un artefacto genuino de esa época, identificable por una distintiva marca anti-falsificación ubicada en la base de la escultura”, hizo un juicio rápido, luego levantó la vista, “¿Dónde se encontró esto?” “En un compartimento oculto en un armario profundo de la pared”, informó rápidamente el guardián que había desenterrado la estatua de la reina, “junto a ella había monedas y un álbum conmemorativo de la época de la reina. Parece que alguien ha estado atesorando en secreto los recuerdos de la Reina de Hielo”. Agatha se quedó en silencio por un momento, su mirada fija en la figura de yeso que sostenía en su mano. La Reina de Hielo… incluso después de medio siglo, los habitantes de la Ciudad-Estado aún albergaban una reverencia disimulada por la reina. Esto no sorprendió a Agatha. Ese período representó una época de gloria, una era dominada por una reina formidable; cincuenta años no fueron suficientes para borrar todo rastro de su reinado de la Ciudad-Estado. Muchos miembros de la generación anterior que vivieron ese período, así como sus hijos, aún estaban significativamente influenciados por él. De hecho, la reina aún contaba con algunos adeptos entre la población. Medio siglo atrás, tales actos conmemorativos encubiertos podrían haber resultado en un ahorcamiento público, pero hoy, cincuenta años después, las restricciones contra tales prácticas se han relajado notablemente. A lo largo de su mandato como guardiana de la puerta, Agatha se había topado con casos similares en más de una ocasión. En la mayoría de los casos, si la gente simplemente se dedicara a coleccionar recuerdos, los guardianes y alguaciles de hoy rara vez tomarían medidas estrictas. A veces, optarían por hacer la vista gorda o simplemente ofrecerían una advertencia verbal. Los habitantes de esta casa solo habían reunido una estatua de la reina, unas cuantas monedas y un folleto. En general, no era una gran preocupación. Sin embargo, a la luz de las recientes anomalías ocurridas dentro de esta casa, Agatha no podía deshacerse de una persistente sospecha. El individuo involucrado en este incidente no había sido sometido a interferencia cognitiva, sino que había descubierto la verdad de la falsificación. ¿Podría ser que este incidente estuviera relacionado de alguna manera con los recuerdos de la reina presentes aquí?
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Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 368

Estás leyendo el capítulo 368 de Ascuas de aguas profundas (Novela), un novela. Ese día, la niebla lo bloqueaba todo. Aquel día se convirtió en el capitán de un barco fantasma. Aquel día, atravesó la espesa niebla y se enfrentó a un mundo completamente subvertido y fragmentado: el viejo orden se… Este capítulo tiene publicado el 8 de abril de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Ascuas de aguas profundas (Novela) tiene 850 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.