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Leer Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 367 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Con un aire de inocencia y alegría, la joven Annie salió, sus pasos resonando con un ritmo alegre mientras se alejaba tranquilamente. A pesar de su porte infantil, no había rastro de inquietud ni duda sobre sus acciones. Después de todo, era solo una niña, felizmente ignorante de las complejidades y presentimientos del mundo. Mientras tanto, el anciano cuidador permanecía inmóvil a la entrada del cementerio. Su mirada estaba fija en la silueta cada vez más pequeña de Annie, con una expresión contemplativa grabada en su rostro curtido. Le llevó un tiempo considerable salir de ese prolongado estado de reflexión. Entonces, con dedos temblorosos que revelaban su avanzada edad y posible ansiedad, metió la mano con cautela en el bolsillo de su pecho y sacó un pequeño frasco lleno de una sustancia medicinal. Se administró cuidadosamente el brebaje por vía oral, sintiendo un profundo alivio al sentir el efecto. No puedo quitármelo de la cabeza, es desconcertante... Debo comunicarle esto a la catedral sin demora. Oh, poderoso Dios de la Muerte, esta anomalía es simplemente demasiado desconcertante... Sus palabras se fueron apagando en susurros tenues mientras giraba bruscamente, en dirección a las habitaciones del conserje. Al entrar en su modesto camarote, cerró la puerta tras él y se dirigió a un escritorio algo anticuado que yacía junto a su cama, revelando un panel oculto en la superficie: un conjunto de complejas tuberías, válvulas, botones y palancas apareció a la vista, una maravilla de la ingeniería oculta a simple vista. Entre esta red de tuberías había unas cuantas cápsulas de metal, discretamente situadas dentro de pequeños compartimentos. Con urgencia, el anciano sacó una hoja de pergamino del cajón de su escritorio y se puso a trabajar con una pluma estilográfica. Su mano se movía rápidamente sobre el papel, plasmando sus observaciones en un informe formal. Una vez completada la documentación, la enrolló meticulosamente y la guardó en una cápsula metálica. La cápsula se insertó entonces en una ranura abierta del compartimento de tuberías del escritorio. Que Bartók bendiga estas tuberías y el aire que las atraviesa. Que las válvulas funcionen impecablemente sin obstrucciones, caídas de presión ni reacciones volátiles, y que la máquina diferencial del centro de clasificación y entrega evite cualquier contratiempo operativo. Su oración se desvaneció en la silenciosa habitación y, sin perder un segundo, pulsó un botón junto a la tubería presurizada. Un indicador verde en el compartimento se iluminó, indicando que todo estaba despejado, tras lo cual manipuló una palanca lateral del botón. Un peculiar ruido burbujeante, indicativo de una obstrucción de aire, emanaba de las entrañas del sistema de tuberías. Sin embargo, este fue rápidamente reemplazado por el siseo constante de la tubería de presión en pleno funcionamiento y el rápido movimiento de la cápsula a través del sistema. El anciano cuidador estudió ansiosamente la pipa, murmurando con aprensión: “…¿Podría la mención de entidades divinas en la carta haber interferido con el sistema mecánico?” Tras un momento tenso, se encendieron las luces verdes que indicaban una entrega exprés exitosa al centro de clasificación superior, y el anciano conserje suspiró aliviado. Con una última mirada, cerró el panel que cerraba el compartimento de las tuberías. … Mientras tanto, Alice estaba absorta en sus propias exploraciones, deambulando por una calle bulliciosa con una bolsa de papel enorme en la mano. Sus ojos recorrían los diversos elementos arquitectónicos que la rodeaban, absorbiendo la singularidad de esta ciudad tan diferente de Pland. Encontraba fascinante el estilo de vida urbano, observando a los habitantes y sus rutinas diarias. La bolsa de papel que llevaba contenía una mezcla de productos frescos que había comprado en una tienda local, escondida en un rincón. Estaba llena de verduras variadas, huevos frescos, un bloque de mantequilla congelada y un par de suculentos cortes de cordero. Estos eran los ingredientes de la deliciosa comida que planeaba preparar para el almuerzo. Alice había empezado a comprender de forma independiente los matices de las compras, aunque sus habilidades aún estaban desarrollándose. Hubo ocasiones en las que no logró calcular con precisión el cambio necesario. Sin embargo, su determinación era inquebrantable y persistió en sus intentos de aprender estas complejas tareas. Su progreso pudo haber sido lento, pero constante, y cada día lograba avances pequeños pero significativos. Con la cabeza ligeramente gacha, Alice sostenía la bolsa de la compra firmemente en una mano mientras con la otra sacaba un papel que se encontraba dentro. Lo examinó atentamente; era su guía de compras: una lista de artículos que necesitaba. La escritura en este papel era algo irregular; los trazos desiguales revelaban la mano de un principiante. Una combinación de palabras reconocibles y bocetos sencillos representaba su lista de compras. Algunas palabras le eran familiares, otras no tanto, y estas habían sido reemplazadas por ilustraciones rudimentarias. Esto era fruto de su esfuerzo y lucha por crear una guía de compras fiable. Alice había asumido la responsabilidad de planificar sus comidas diarias, determinar los ingredientes que necesitaba, hacer la lista de la compra, comprar los artículos en la tienda, intentar calcular con precisión el cambio y, finalmente, asegurarse de regresar a casa a tiempo. La perspectiva de completar con éxito todas estas tareas era suficiente para alegrarle el rostro al capitán. La sensación de logro también le trajo a Alice una sensación de alegría… Tras cotejar el contenido de la bolsa con su lista manuscrita, Alice quedó satisfecha de haber completado su tarea. Dobló el papel con cuidado, lo guardó y reanudó su viaje de regreso a su vivienda temporal en Oak Street. Sin embargo, su atención se desvió bruscamente por una conmoción repentina que surgió en una esquina cercana. Al levantar la vista hacia el origen del clamor, Alice observó a un grupo de una docena de personas reunidas alrededor de una antigua estructura residencial. Enfrascados en animadas conversaciones, gesticulaban hacia el edificio mientras intercambiaban comentarios. Frases como “la mujer se ha vuelto loca”, “pobre alma” y “la iglesia ha sido alertada” flotaban en el aire, aumentando la sensación de urgencia e intriga. Una ola de curiosidad se apoderó de Alice, lo que la hizo reducir el paso hasta quedarse clavada en el lugar, con la mirada fija en la reunión. Había una energía seductora en la multitud, pero Alice recordó el consejo del capitán: unirse a semejante reunión podría acarrear complicaciones innecesarias. Sobre todo si su cabeza, un rasgo inusual, se desprendiera en medio de la multitud, sin duda agravaría la situación. Sin embargo, la escena que se desarrollaba ante ella parecía increíblemente interesante. También parecía ser algo que el capitán podría encontrar valioso. Atrapada en las garras de la indecisión, Alice se encontró instintivamente acercándose a la escena. “Iré a investigar… Recopilaré información para el capitán… Esto no es curiosidad sin sentido; es una investigación seria…” Alice racionalizó su decisión, convenciéndose de que sus acciones estaban justificadas. Asegurando su cabeza con una mano y sujetando la bolsa de papel con la otra, Alice se fusionó con confianza con la multitud, uniendo su mirada a la de los demás para escudriñar el edificio. El edificio en cuestión era notablemente diferente de la casa de dos plantas que el capitán había alquilado temporalmente. Parecía más antiguo y estrecho, con sus estrechas ventanas y tuberías de gas expuestas que acentuaban su aspecto congestionado. Daba la impresión de estar compartido por varios inquilinos, cada uno viviendo en su propio espacio. La charla entre la multitud era una cacofonía de fragmentos inconexos de información, dejando a Alice aún más confundida. Tras intentar recomponer la conversación fragmentada durante un rato, decidió preguntar directamente sobre la situación. Tocó suavemente el hombro de un hombre que estaba cerca y, con aire de educada curiosidad, preguntó: “Disculpe, ¿podría decirme qué está pasando aquí?”. El hombre se sobresaltó al sentir su contacto, pero pareció relajarse al ver que la pregunta provenía de una joven, modestamente envuelta en un velo. Señaló hacia el edificio y comenzó a explicar: “Parece que una mujer ha perdido el juicio. Afirma haber asesinado a su esposo y ahora amenaza con dañar a su propio hijo... Primero, se alertó a la policía local, y ahora, incluso la iglesia se ha visto involucrada en la situación. Sospecho que esto puede ser más grave de lo que parece”. Apenas terminó de hablar, otro transeúnte intervino: “Si la iglesia está involucrada ahora, ¿podría significar que hay algo… sobrenatural en juego?” "Espero que no se agrave", intervino una mujer entre la multitud, con la voz cargada de preocupación. "Vivo justo debajo de ellos. Si pasa algo, no tendremos adónde ir..." “Sea lo que sea, una visita a la iglesia para un exorcismo no vendría mal. Más vale prevenir que curar”, resonó una voz sensata entre la multitud que clamaba. Mientras los murmullos de la multitud recuperaban su tono anterior, Alice se sintió arrastrada por la marea de parloteo ininteligible. Su mirada siguió instintivamente la dirección que todos señalaban hacia arriba. Sobre su campo de visión, pudo ver finos hilos flotando en el aire. Muchos más emanaban de las estructuras residenciales circundantes, meciéndose suavemente con la brisa como mechones de cabello sedoso danzando al viento, creando un patrón sutil y fascinante en el cielo. Alicia parpadeó sorprendida. Observó que algunos de los hilos sobre la ciudad parecían excepcionalmente etéreos y transparentes, y su luminosidad fluctuaba como si estuviera sincronizada con algún ritmo invisible. … Dentro de la antigua estructura residencial, persistía un ligero olor a humedad. El anticuado sistema de plomería tenía fugas en varios puntos, y el goteo intermitente resonaba inquietantemente en el edificio, por lo demás silencioso. Un grupo de guardianes, con sus túnicas negras ondeando amenazantemente alrededor de sus cuerpos, portando bastones y linternas, estaban reunidos en la sala de estar, lo que hacía que el espacio, ya de por sí reducido, pareciera agobiantemente estrecho. En un rincón de la habitación, sobre un viejo sofá desgastado, se agachaba una mujer de pelo largo y despeinado. Estaba acurrucada por el miedo, cabizbaja, murmurando frases ininteligibles de forma intermitente. Dos de los guardianes vestidos de negro estaban apostados cerca de ella, vigilando con cautela a la mujer mentalmente frágil mientras sus compañeros continuaban la investigación de la casa. Llevaban casi dos horas registrando diligentemente el lugar en busca de pistas. De repente, una ráfaga de viento gris recorrió el pasillo, atravesó la puerta abierta y entró en la sala de estar. Al llegar, los guardianes detuvieron su investigación uno por uno y reconocieron respetuosamente el torbellino grisáceo. Al emerger del vórtice, Agatha examinó la habitación con mirada penetrante. "¿Cuál es la situación actual?" preguntó, dirigiendo su atención al guardián de mayor rango en la sala. La capitana guardiana, una mujer que lucía un pulcro corte de pelo negro, dio un paso al frente, respondiendo a la pregunta de la guardiana Agatha: “Descubrimos una pequeña cantidad de una sustancia parecida al 'barro' en el piso del baño, que corresponde con muestras que hemos recolectado en casos anteriores”. “Materia primigenia...” murmuró Agatha en voz baja, frunciendo el ceño pensativa. “¿Una pequeña muestra, dices? ¿Cuán pequeña? ¿Es eso todo lo que se encontró? “Aproximadamente el equivalente al volumen de un tubo de ensayo”, demostró la capitana con las manos. “Eso es todo lo que pudimos encontrar. Hemos revisado todo el edificio y los residuos solo se encontraban en el suelo del baño”. Agatha asintió en silencio y su mirada se dirigió hacia la mujer despeinada que estaba acurrucada en la esquina del sofá. “¿Es ella la persona en cuestión?”, preguntó. “Sí”, afirmó el jefe de escuadrón asintiendo. “Reside aquí. Nuestra verificación de antecedentes no reveló nada sospechoso; no tiene antecedentes penales. Trabaja como contable en una empresa local. Además, su esposo trabajaba en las minas de metal. Según los registros oficiales, falleció en un accidente minero hace unos tres años”. Las minas de metal…un accidente minero… Quizás la reciente cadena de acontecimientos despertó sus instintos, pero Agatha no pudo evitar recordar estos detalles cruciales. Con serenidad, se acercó a la mujer, quien seguía murmurando cosas incomprensibles para sí misma. “Señora, soy la guardiana de la ciudad y ahora está a salvo” le aseguró Agatha, empleando sutilmente su poder para calmar el espíritu angustiado de la mujer. “¿Puede decirme qué pasó? Al oír la voz tranquilizadora de Agatha, la mujer temblorosa del sofá dejó de murmurar bruscamente. Murmuró algo incoherente antes de levantar la cabeza de repente. Agatha se encontró con un par de ojos llenos de una aterradora mezcla de miedo y locura. “Regresó, regresó… Lo maté, maté a ese monstruo… ¡en el baño! ¡Se disolvió ahí mismo en el baño!”, exclamó.
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Estás leyendo el capítulo 367 de Ascuas de aguas profundas (Novela), un novela. Ese día, la niebla lo bloqueaba todo. Aquel día se convirtió en el capitán de un barco fantasma. Aquel día, atravesó la espesa niebla y se enfrentó a un mundo completamente subvertido y fragmentado: el viejo orden se… Este capítulo tiene publicado el 8 de abril de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Ascuas de aguas profundas (Novela) tiene 850 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.