Leer Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 365 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
De una forma extraña, casi fantasmal, Martha parecía haberse desvanecido en el aire, sin dejar rastro de su existencia, como si hubiera sido un simple producto de la imaginación desde el principio. Sin embargo, un vestigio de su presencia aún era palpable. El tenue calor residual de su tacto persistía en la piel de Lawrence, especialmente en las sienes, donde sus dedos la habían rozado. Una sutil fragancia a limón flotaba en el aire, insinuando su esencia persistente.
Lawrence se sentía abrumado por una mezcla de confusión y emoción intensa. Su mano, normalmente firme, temblaba levemente al intentar tapar una pequeña botella de vidrio. El corazón le latía con fuerza en el pecho, con latidos atronadores e intensos, que superaban el rugido de las tormentas más tempestuosas que había experimentado en su vida.
Con una sacudida, la mente racional de Lawrence se activó, como si despertara de un sueño prolongado y desorientador. Le impactó la comprensión de lo cerca que había estado de perderse por completo, sumiéndose en un estado de delirio implacable. Para alguien como él, un veterano capitán que había pasado gran parte de su existencia navegando por los vastos e implacables océanos, un estado mental tan insidioso podía ser desastroso. Una vez atrapado, sería una lucha inmensa recuperar la cordura. Sin embargo, en ese momento de revelación, no sintió ni una oleada de alivio ni un escalofrío persistente de miedo por haber estado a punto de caer en la locura descontrolada.
Lo único que lo consumía era una pesada sensación de melancolía y arrepentimiento.
Este sentimiento de tristeza y arrepentimiento le sirvió como un doloroso recordatorio, una señal de que, en lo más profundo, había dejado de luchar contra el concepto mismo de locura.
Esforzándose por recuperar el control, Lawrence respiró hondo, intentando despejar la maraña de pensamientos confusos que nublaban su razonamiento. Echó un vistazo a su alrededor. El robusto barco Roble Blanco yacía bajo sus pies, lleno de tripulantes que confiaban en su experiencia para regresar sanos y salvos a Pland.
Ahora no era el momento de permitir que la locura se apoderara de nosotros.
Con un suspiro que contenía un dejo de resignación, el veterano capitán murmuró para sí mismo: “Ya es hora de que me retire…” Comenzó su viaje hacia la escalera cercana, pero después de unos pocos pasos, su movimiento se detuvo abruptamente, una expresión seria ensombreció su rostro.
Su mente retrocedió involuntariamente a la escena en la que “Martha” se había materializado. Aunque era consciente de que entregarse a semejante “recuerdo” podía ser peligroso y desencadenar otra alucinación de ella, se encontró perdido en la reminiscencia. Un par de frases que Martha supuestamente había pronunciado despertaron en él un extraño interés:
“Lawrence, ten cuidado, has llegado al corazón del océano…”
“Si yo fuera tú, no perdería el tiempo con preguntas y me iría inmediatamente… Te has vuelto menos cauteloso…”
Se encontró repitiendo estas frases inconscientemente. A pesar de ser consciente de que esta interacción ilusoria era resultado de su memoria distorsionada y su función cognitiva alterada, no pudo resistirse a considerarlas una advertencia. Incluso si Martha no existiera, ¿existía la posibilidad de que su subconsciente hubiera detectado algún peligro inminente? ¿Podrían ser estas frases una señal de alarma que sonara desde lo más profundo de su intuición?
Tras una mirada cautelosa a su alrededor, el experimentado capitán volvió a examinar meticulosamente el Roble Blanco. Todo parecía tan normal como cabía esperar. Después, alzó la vista hacia el estado insular adyacente.
El vecino Frost también ofrecía una imagen de normalidad. La zona portuaria adyacente ofrecía un paisaje tranquilo, sereno e imperturbable, mientras que el distrito de la ciudad, no muy lejos, cobraba vida gradualmente con el suave resplandor de las luces centelleantes. A lo lejos, un imponente acantilado se alzaba sobre el paisaje marino. Su silueta severa y formidable se recortaba con nitidez contra el cielo que se oscurecía.
Sin embargo, una sutil sensación de incomodidad comenzó a invadir a Lawrence, subiendo como una marea implacable en su pecho. En medio de esta creciente inquietud, se encontró sintonizando con la suave canción de cuna de las olas cercanas. Al principio, le costó diferenciarla del sonido ambiental del océano acariciando el casco del Roble Blanco, pero no tardó en comprender que el sonido resonaba en su propia mente.
La suave melodía de las olas... ¿Acaso presagia algo amenazante? ¿Será la protección divina de la Diosa de la Tormenta Gomona manifestándose?
Lawrence sintió una urgencia y abandonó rápidamente su plan inicial de desembarcar. Giró sobre sus talones y se dirigió directamente al puente. El gélido viento nocturno le rozaba los oídos, con su agudo aullido que rasgaba el silencio de la noche y despertaba sus sentidos.
"¿Capitán?" Su primer oficial, que estaba al mando del puente, pareció sorprendido por la repentina llegada de Lawrence. Levantándose de su silla, se dirigió apresuradamente hacia su capitán. "¿Pensé que iba a desembarcar...?"
“Las circunstancias han cambiado” respondió Lawrence secamente. “Algo no cuadra... ¿Cuánto tiempo llevamos atracados aquí? ¿Se ha escapado alguien del barco?
“No” respondió el primer oficial sin dudarlo. “Les había ordenado a todos que permanecieran a bordo, y todos obedecieron. Llevamos anclados aquí unas horas.
“Qué suerte que nadie haya desembarcado”, asintió Lawrence rápidamente, luego volvió su atención hacia el panel de control, “Enciendan el núcleo de vapor, estamos desalojando este puerto”.
“Eh... ¿qué?” El primer oficial estaba visiblemente desconcertado. “¿Saliendo del puerto? Pero si acabamos de...
Interrumpiéndolo a media frase, Lawrence explicó: “Algo no anda bien en este lugar. No logro identificar qué es, pero es inquietante. ¿Recuerdan las complicaciones anteriores con el observatorio? ¿Y antes de eso, cuando no pudimos comunicarnos con Frost? Desde entonces, parece que hemos bajado la guardia. Es como si algo... nos estuviera manipulando”.
Lawrence transmitió sus preocupaciones rápidamente, plenamente consciente de lo excéntrica que podría parecer su orden. No tenía ninguna prueba tangible que respaldara su incomodidad, salvo su intuición. Tras un largo viaje, tanto la tripulación como la maquinaria del barco necesitaban desesperadamente un respiro. Por lo tanto, su decisión de abandonar el puerto abruptamente parecía audaz, incluso precipitada.
Además, abandonar el puerto requería el cumplimiento de diversas normativas marítimas y la coordinación con las autoridades portuarias. Encender el núcleo de vapor sin previo aviso constituiría una flagrante infracción de los protocolos, y tendría que rendir cuentas por sus actos.
Sin embargo, el ominoso presentimiento en el corazón de Lawrence se intensificaba, y el sonido de las olas resonando en su mente se hacía cada vez más fuerte y persistente. Era como si la protección divina de Gomona lo impulsara a cortar toda conexión con las autoridades portuarias y a abstenerse de pronunciar una sola palabra.
Su primer oficial miró fijamente al capitán, con una multitud de emociones reflejadas en su rostro. Luego, poniéndose firme, saludó y respondió con un decidido: "¡Sí, capitán!".
A bordo del barco, el mando del capitán era absoluto.
Un capitán desquiciado podría llevar a toda la tripulación al desastre, pero, por otro lado, un capitán experimentado y conocedor podría sacarlos de situaciones peligrosas.
La orden se transmitió rápidamente a todo el barco. Los desconcertados marineros se movilizaron rápidamente y entraron en acción, preparándose para una salida imprevista con sus perfeccionadas habilidades.
Se cargó un nuevo catalizador metálico en el núcleo de vapor, lo que desencadenó el profundo y tranquilizador zumbido de la maquinaria en las entrañas del Roble Blanco. Los marineros soltaron discretamente las amarras y remolcaron la pasarela de vuelta a cubierta. Mientras tanto, Lawrence se apostó en el puente, observando la actividad en el muelle a través del amplio ventanal con la mirada fija de un halcón.
Había figuras moviéndose por el muelle, sus siluetas difusas y casi espectrales bajo la tenue luz de las farolas de gas. Un par de vehículos de carga pasaban retumbando a lo lejos; sus voluminosas siluetas proyectaban sombras largas e inquietantes sobre el camino adoquinado.
Nadie parecía haber notado que la nave encendía su núcleo de vapor en el manto de la oscuridad, ni surgió ninguna obstrucción que impidiera que el Roble Blanco hiciera su escape sigiloso.
Las circunstancias se estaban desarrollando mucho mejor de lo que Lawrence había previsto. Su pesimista plan de contingencia incluso había considerado la posibilidad de que, en el momento en que se reavivara el núcleo de vapor, numerosos tentáculos monstruosos pudieran surgir del mar circundante, arrastrando al Roble Blanco a sus profundidades acuáticas.
"Asegúrate de que haya oscuridad total a bordo y no toques el silbato de vapor", ordenó Lawrence rápidamente a su primer oficial. Luego se dirigió al timón, agarrando el volante con mano firme. "Yo me encargo de la dirección; mantén alta la presión de la caldera y prepárate para una sobrecarga en cualquier momento".
“Sí, Capitán.”
Aunque plagados de dudas, todos a bordo acataron las órdenes de su antiguo capitán sin rechistar. Lawrence sintió que el leviatán de metal bajo él despertaba y entraba en acción.
Mientras el barco mantenía su apagón, las hélices submarinas iniciaron su rítmico movimiento, alejando al Roble Blanco del puerto. Sin embargo, el sonido del agua agitándose bajo el movimiento del barco llenó el aire, provocando una tensión palpable que se apoderó de todos. Sus ojos permanecieron fijos en la silueta de la Ciudad-Estado, ahora envuelta en una oscuridad casi total.
Al asimilarlo todo, Lawrence sintió el sudor húmedo humedeciendo sus palmas.
Sin embargo, la Ciudad-Estado no mostraba señales de anormalidad. Aunque las acciones sigilosas del Roble Blanco probablemente no fueron tan discretas como Lawrence esperaba, no se observaron señales de curiosidad ni investigación.
Su mirada se dirigió a la estación de comunicaciones por radio cercana; la máquina de telégrafo estaba ominosamente silenciosa.
En circunstancias normales, la autoridad portuaria ya debería haber iniciado una comunicación urgente, y los funcionarios portuarios de turno estarían cuestionando la abrupta salida del Roble Blanco. Sin embargo, curiosamente, solo hubo silencio.
Esta peculiar falta de reacción sólo fortaleció la resolución de Lawrence, afirmando su sospecha de que su juicio había sido acertado.
¡Algo indudablemente no estaba bien en este lugar!
La potencia del núcleo de vapor aumentó aún más, las hélices giraron con mayor vigor y el Roble Blanco se retiró rápidamente del muelle. Justo delante del barco, el mar abierto se desplegaba como un enorme lienzo, con la superficie del agua brillando bajo la tenue luz.
Lawrence respiró profundamente y apretó el volante con más fuerza. "¡Adelante a toda velocidad!"
…
Una ráfaga de viento ceniciento recorrió el patio, culminando en la entrada de la catedral para formar la figura de Águeda, que se movía rápidamente por la antecámara y la nave, dirigiéndose hacia la “Capilla de la Contemplación”, donde residía el obispo Iván.
La estatua de Bartók, el dios de la muerte, velaba silenciosamente al fondo de la capilla. Un ataúd oscuro, con la tapa abierta, estaba colocado horizontalmente sobre la plataforma a la base de la estatua. El obispo Iván, quien solía descansar dentro del ataúd, estaba de pie junto a él, con la mirada fija en Agatha.
El obispo estaba envuelto en vendas como una momia, dejando al descubierto solo un ojo. Vestía una túnica negra adornada con adornos dorados para la ocasión, con un cetro en la mano. Al acercarse Agatha, rompió el silencio: “Me han informado sobre la Isla de la Daga”.
“Ya lo deduje, ya que supervisas personalmente esta reunión” respondió Agatha asintiendo. Su tono denotaba preocupación. “¿Pero tu estado físico lo soportará?
El obispo Iván levantó su mano vendada y, a través de los huecos de las vendas, parecía que salía lentamente una niebla fantasmal de color blanco grisáceo.
“Mientras el cuerpo o la voluntad posean la fuerza, es suficiente”.

Continúa leyendo
Ascuas de aguas profundas (Novela)
Capítulo 366
Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 365
Estás leyendo el capítulo 365 de Ascuas de aguas profundas (Novela), un novela. Ese día, la niebla lo bloqueaba todo. Aquel día se convirtió en el capitán de un barco fantasma. Aquel día, atravesó la espesa niebla y se enfrentó a un mundo completamente subvertido y fragmentado: el viejo orden se… Este capítulo tiene publicado el 31 de marzo de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Ascuas de aguas profundas (Novela) tiene 850 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.