Leer Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 364 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
La pila de papeles que Lister sostenía se estrelló contra la mesa al levantarse bruscamente de la silla; fue más bien como si se hubiera levantado de un salto. Sus ojos se abrieron de par en par con incredulidad mientras miraba al soldado que tenía delante. "¡¿Repite lo que acabas de decir?! ¡¿Qué pasó en la Isla Daga?!"
“¡Isla Dagger… se ha ido!” tartamudeó el soldado que había traído el mensaje, intentando mantener la compostura. Incluso para un guerrero experimentado, esta era una situación difícil. “Hace poco, presenciamos una serie de explosiones en la Isla Dagger, presumiblemente iniciadas por los habitantes restantes, quienes al parecer provocaron una serie de detonaciones en diferentes instalaciones… Lo que siguió fue que la flota de patrulla de las inmediaciones observó la rápida inmersión de la isla hasta que desapareció por completo bajo la superficie del océano…
"¿Los barcos resultaron ilesos?", preguntó Lister rápidamente, frunciendo el ceño al percibir una irregularidad.
“No” el soldado negó con la cabeza. “La superficie del mar apenas mostró cambios significativos durante el hundimiento de la Isla Dagger. Los informes de primera línea sugerían... que fue como si la isla se disolviera silenciosamente en el agua.
La expresión del rostro de Lister se ensombreció considerablemente. Se quedó en silencio por unos instantes, luego desvió la mirada hacia Agatha, que estaba cerca.” Señorita Agatha, según su conocimiento, ¿existe alguna arte divina, milagro u objeto sobrenatural con el potencial de desencadenar tal fenómeno?
“No” respondió Agatha sacudiendo la cabeza. “Este fenómeno anormal supera los límites de la magia y podría considerarse un milagro, o algún tipo de anomalía.
En cualquier caso, esto nos pone en un serio aprieto. Aún no hemos iniciado una investigación, y la situación en la Isla Dagger sigue rodeada de misterio. El Ayuntamiento no va a apreciar esta noticia. Lister frunció aún más el ceño mientras tamborileaba con los dedos sobre la mesa. Recordando algo de repente, volvió su atención al soldado. Por cierto, ¿cómo respondió la Flota de la Niebla?
“Mantuvieron su posición original, sin traspasar la línea de advertencia marítima”, informó rápidamente el soldado. “Sin embargo, tras la desaparición de la Isla Dagger, dos de sus lanchas rápidas hicieron un breve desvío hacia la zona; permanecieron allí unos diez minutos y luego se retiraron rápidamente”.
“Eso indica que estaban observando la situación... Parece que este evento también superó sus expectativas” dijo Lister lentamente. “Maldita sea, puede que tengamos que hablar con ese pirata del mar.
“La catedral también se prepara para actuar”, intervino Agatha. “Dadas las circunstancias, los planes de exploración de la Isla Daga son ahora inútiles, y nos centraremos en una investigación exhaustiva de la ciudad. Los guardianes han descubierto algunas pistas que apuntan al paradero de los miembros del culto de la Aniquilación y varios posibles puntos de encuentro. Yo personalmente supervisaré un equipo para abordar esto”.
"Confío en que avanzarás, Guardián", dijo Lister, levantando la vista para encontrarse con la sacerdotisa vestida de negro que estaba frente a él, "La situación se está agravando rápidamente y necesitamos urgentemente la ayuda del reino místico más que nunca".
“Haremos todo lo que esté a nuestro alcance”.
Agatha asintió levemente, levantó su bastón y lo golpeó suavemente contra el suelo dos veces. Al resonar el eco del bastón al impactar contra el suelo, su figura se transformó bruscamente en una ráfaga de viento gris. Este viento se arremolinó directamente en una tenue grieta que apareció de la nada en el suelo.
Lister observó el lugar por donde había desaparecido Agatha. Solo cuando la grieta se selló, exhaló un profundo suspiro, hundiéndose pesadamente en su silla mientras le indicaba al soldado: “Puede cerrar la puerta”.
Su tarea inmediata fue redactar una carta urgente al Ayuntamiento para arrojar luz sobre el peculiar incidente que ocurrió en las afueras de su Ciudad-Estado.
…
El personal del puerto de la Ciudad-Estado dirigía diligentemente los barcos a sus puntos de atraque designados, y el personal, vestido con uniformes negros o azules, permanecía en el firme muelle de hormigón, absorto en sus tareas bajo el viento cortante. Sus interacciones eran limitadas, lo que daba la impresión de una laboriosidad silenciosa.
Un poco más lejos, otros barcos yacían amarrados. Parecía que llevaban un tiempo atracados, con solo un puñado de tripulantes visibles en cubierta. Sus operaciones de carga, descarga o reabastecimiento parecían haber finalizado, dejándolos posiblemente a la espera de la autorización para zarpar del puerto.
Más allá del muelle, se divisaba la carretera principal que conducía a la ciudad. La extensa vía se extendía hacia los imponentes edificios a lo lejos. Las farolas de gas que bordeaban la calle aún no se habían encendido, y como estaba a punto de anochecer, había pocos peatones. Solo se veía algún que otro carruaje pasando a toda velocidad por la calle, que se oscurecía gradualmente.
Lawrence se encontraba en el borde de la cubierta, con la mirada fija en las distantes estructuras de la Ciudad-Estado.
Esta no era su primera visita a Frost, pero habían pasado varios años desde su última. El considerable lapso de tiempo, sumado a su memoria cada vez más débil, le dificultaba recordar el aspecto anterior de la ciudad. Ahora, al contemplar las distantes agujas y torres recortadas contra el crepúsculo, una sensación de extrañeza lo invadió.
Sin embargo, el Roble Blanco logró atracar sin problemas en la Ciudad-Estado. A pesar del clima excepcionalmente severo que encontraron durante su viaje, tuvieron la suerte de evitar tormentas catastróficas.
El sonido de pasos que se acercaban resonó desde atrás, lo que provocó que el anciano capitán girara la cabeza y viera a su primer oficial acercándose.
“Ya casi terminamos la inspección”, informó el primer oficial. “La tripulación se pregunta si puede desembarcar hoy. Llevan bastante tiempo confinados en el barco”.
Lawrence alzó la mirada al cielo, y aunque la Creación del Mundo aún no había aparecido, los restos del crepúsculo se habían atenuado casi hasta el borde de la oscuridad. Frunció el ceño y negó con la cabeza: “Ya es demasiado tarde. La ciudad impone un toque de queda después del anochecer, y desembarcar ahora no les dejaría adónde ir. Deberían permanecer a bordo esta noche. Visitaré personalmente la oficina de asuntos portuarios más tarde para ocuparme de los trámites restantes. Mañana por la mañana, todos los demás podrán desembarcar”.
"Entendido, le transmitiré sus instrucciones", respondió el primer oficial con una sonrisa, y luego preguntó con naturalidad: "¿Piensa ir solo? ¿Deberíamos asignarle algunos hombres para que lo acompañen?"
“No hace falta. La entrada principal de la oficina del puerto se ve claramente desde aquí, justo al lado del muelle” dijo Lawrence, quitándole importancia con un gesto y señalando una zona iluminada no muy lejos de la costa. “Una vez que se vayan los inspectores del puerto, quiero que examinen a fondo todas las áreas de almacenamiento del barco, especialmente la cubierta inferior, donde se encuentran las reliquias y las cámaras selladas, por si alguien, por descuido, provoca una trampa.
“Sí, Capitán.”
Tras la partida de su primer oficial, Lawrence respiró hondo el aire nocturno. El viento gélido y penetrante que soplaba desde los mares del norte le llenó los pulmones, devolviéndole la atención.
El experimentado capitán entonces meneó la cabeza, quejándose levemente por las duras condiciones climáticas antes de dirigirse hacia la escalera cercana.
A la entrada de la escalera, una figura permanecía de pie, con los brazos cruzados sobre el pecho, observando en silencio a Lawrence en la luz que se desvanecía.
Lawrence se detuvo y se detuvo, solo para decir, vacilante, al reconocer la figura: "¿Martha? ¿Qué haces aquí?"
“Si yo estuviera en tu lugar, no perdería el tiempo haciendo preguntas y me iría de inmediato” replicó la navegante, aún con los brazos cruzados mientras miraba al viejo capitán con aire resignado. “Has bajado la guardia, Lawrence.
“Martha, yo...” Lawrence dio un paso adelante instintivamente, presentía que algo no iba bien, pero le costaba encontrar las palabras adecuadas. Extendió la mano lentamente. “Te he extrañado... ¿Cómo te ha ido últimamente?
Martha permaneció en silencio, sin responder a su pregunta. La navegante se limitó a observarlo en silencio, con la mirada fija en un punto distante. Entre la suave brisa marina y el relajante ritmo de las olas, comenzó a tararear suavemente:
“Zarpa, zarpa, el errante en el mar avanza…”
“En medio de la tormenta, en medio de la cacofonía, estamos a sólo una tabla de las garras de la muerte”.
“Guardad el foque, izad la vela mayor, soltad los cabos, sujetad la borda: hemos llegado al corazón del océano…”
La voz de Martha se suavizó gradualmente, hasta que finalmente se apagó, fijando su mirada en Lawrence. Murmuró, casi como si hablara consigo misma: “Lawrence, ten cuidado, has llegado al corazón del océano”.
De repente, Lawrence respiró hondo; el aire frío y fresco agudizó sus sentidos. Un recuerdo cruzó su mente, impulsándolo a rebuscar en su bolsillo con frenesí.
Martha avanzó un paso, caminando lentamente hacia él.
“Lawrence, ¿cómo has envejecido tanto?” La navegante extendió la mano, con voz ronca pero tierna. Su rostro juvenil se mantuvo, y aunque la crudeza de una vida en el mar había marcado su rostro, era tan deslumbrante como Lawrence recordaba. “Ha pasado toda una vida, ¿verdad? Ya no eres el chico vivaz de antes... Yo tampoco...
“Martha…” La garganta de Lawrence se agitó mientras buscaba a tientas la pequeña botella en su bolsillo, pero no la encontró varias veces.
Casi podía detectar la fragancia de Martha: ese aroma familiar y reconfortante con un toque cítrico, su perfume elegido.
“Martha…” Finalmente localizó la pequeña botella.
Apretándola con fuerza, clavado en la cubierta, observó cómo la figura de su pasado le extendía la mano, una escena que había repetido innumerables veces en sueños. Mientras su mano, cálida como la recordaba, le rozaba suavemente las puntas del cabello, observó a la mujer de su pasado sonreírle como si compartiera un anhelo insatisfecho durante demasiado tiempo...
“Martha, lo siento.” Lawrence agarró con fuerza el frasco de medicina y vertió el líquido de sabor fuerte en su boca, haciendo que la imagen de Martha se volviera borrosa y desvaneciera gradualmente.

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Estás leyendo el capítulo 364 de Ascuas de aguas profundas (Novela), un novela. Ese día, la niebla lo bloqueaba todo. Aquel día se convirtió en el capitán de un barco fantasma. Aquel día, atravesó la espesa niebla y se enfrentó a un mundo completamente subvertido y fragmentado: el viejo orden se… Este capítulo tiene publicado el 31 de marzo de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Ascuas de aguas profundas (Novela) tiene 850 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.