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Leer Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 361 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Los capitanes que comandaban sus naves por la inmensidad del mar, en particular aquellos que recurrían a tecnología de navegación de vanguardia, conocían a la perfección el reino celestial. Las innumerables estrellas, esparcidas como perlas por el cosmos, entre las profundidades del océano y el misterioso mundo espiritual, ofrecían una precisión de navegación inigualable. Estas constelaciones servían como guías inquebrantables, capaces de mantener el rumbo correcto de las naves incluso cuando se perdían en territorios marinos insólitos. Incluso podían ayudar a los navegantes perdidos en alucinaciones, ayudándolos a evadir el peligro y regresar al mundo tangible. Sin embargo, los capitanes marinos no eran los únicos que se involucraban con el fascinante reino del "cielo estrellado". Intelectuales y eruditos dedicaban sus vidas a desentrañar los enigmas que se ocultaban en él, con la esperanza de descubrir los secretos ocultos del universo. Los astrólogos, por su parte, escudriñaban los mismos patrones celestiales para predecir el destino de cada ser y acontecimiento del mundo. Ciertas organizaciones clandestinas veneraban el cielo estrellado como fuente sagrada de sabiduría y revelación divina. Recurrían a prácticas arriesgadas, atreviéndose a vislumbrar la inmensidad celestial con la intención de dominar las verdades arcanas sobre las entidades demoníacas, evitando al mismo tiempo caer en el abismo de la locura y la desesperación. Estas sociedades secretas a menudo se veían presas de demonios sombríos o se convertían en aliadas involuntarias de los malévolos Aniquiladores. En consecuencia, a menudo se encontraban en la mira de las autoridades eclesiásticas y los órganos rectores de las ciudades-estado. Sin embargo, aquellos que interactuaron más frecuentemente con el “cielo estrellado”, empleando diversas lentes del reino espiritual, fueron los capitanes de mar que viajaban a través del Mar Sin Límites. Tras haber pasado gran parte de su vida navegando por el vasto y traicionero océano, Lawrence poseía un profundo conocimiento de muchos aspectos del cielo estrellado. Dominaba las técnicas para observarlo y los posibles peligros que podía encontrar. Hundió su rostro profundamente en el hueco de la lente del reino espiritual, un gesto de deferencia hacia los cuerpos celestes, algo común entre los navegantes. Luego comenzó a susurrar el nombre de la deidad que veneraba, en armonía con la bendición que le impartió un sacerdote. A medida que un poder misterioso se difundía lentamente y su fuerza espiritual y fe se intensificaban, Lawrence percibió primero un suave sonido parecido al suave fluir del agua que se acumulaba en una palangana cercana. Inhaló la tenue fragancia salada del agua de mar y, un instante después, sintió como si todo su rostro se sumergiera bajo el agua. Los navegantes recién iniciados que intentaban contemplar el cielo estrellado por primera vez podían fácilmente sucumbir al pánico en esta etapa. La ilusión de estar "ahogados y sofocados" podía perturbar su equilibrio mental, permitiendo que pensamientos intrusivos y perturbadores se infiltraran. Por lo tanto, el primer intento de un novato de observar las estrellas requería la presencia de un asistente, el principal responsable de alejar al novato de la lente del reino espiritual antes de que se convirtiera en un grotesco y retorcido montón de carne destrozada. Este proceso de "aclimatación" podía extenderse durante varias semanas. Sin embargo, para Lawrence esto no era un problema. Comprendió que el "agua de mar" que lo envolvía representaba el poder de la Diosa de la Tormenta Gomona: las deidades no dañarían a sus fieles devotos. Sabía que ahora podía abrir los ojos. Lentamente, Lawrence abrió los ojos y encontró estrellas que iluminaban el cielo y llenaban su campo de visión. Lawrence se encontró con una insondable extensión de oscuridad infinita mientras continuaba bajando la mirada. En los límites de este vacío de obsidiana, percibió caóticas ondas de luz en movimiento, meros ecos del reino espiritual que yacía en las profundidades del mundo. En la oscuridad se concentraban varios puntos de luz radiante. Se aglomeraban en grupos de diversos tamaños y texturas: algunos parecían estructuras esponjosas similares a nubes, otros parecían remolinos en espiral, mientras que otros le recordaban a ríos sinuosos. Esta impresionante variedad de puntos de luz cubría el campo visual del anciano marinero, dibujando una visión críptica que los humanos aún no habían comprendido por completo. En lo profundo del extenso tapiz celestial, que colgaba como una cortina infinita, las grietas entre algunos cúmulos estelares revelaban tenuemente sombras que se distinguían de la negrura envolvente. Semejaban tierras fracturadas que flotaban en las profundidades de la luz estelar, interconectadas por tenues y pálidos "ríos" que inducían una sensación desorientadora y aterradora con solo una mirada fugaz. Esta era un área aún más alejada del reino espiritual, el lugar de nacimiento temible de los demonios de las sombras: el mar profundo abisal segregado por las estrellas tachonadas. Lawrence controlaba meticulosamente su mirada, evitando deliberadamente sumergirse demasiado en el abismo para no alertar a los caprichosos e insensatos demonios. Al mismo tiempo, se concentraba en determinar su ubicación exacta entre las estrellas. Entonces divisó un destello discreto que parecía ser una singularidad perdida que flotaba sin rumbo entre los cuerpos celestes. Lawrence fijó sus ojos en la estrella, estudiándola intensamente por un largo período antes de fruncir el ceño. ¿Podría su posición estar… en las cercanías de la costa de Frost? El viejo capitán sintió una punzada de aprensión al empezar a manipular con cautela la palanca de control del dispositivo cilíndrico con ambas manos. Al instante, una serie de pequeñas lentes en el lateral del aparato se pusieron en movimiento, modificando la perspectiva de Lawrence del “cielo estrellado”. Después de múltiples comprobaciones, confirmó que efectivamente estaban posicionados cerca de la costa de Frost, lo suficientemente cerca para avistar la isla principal de Frost. En ese instante, Lawrence percibió una fluctuación transitoria ante sus ojos. El paisaje celestial, saturado de innumerables puntos de luminosidad, se sumió bruscamente en la oscuridad antes de resurgir a su estado habitual. Desconcertado, el impulso inicial de Lawrence fue reajustar la palanca de control una vez más para recalibrar su visión. Sin embargo, sus años de sabiduría lo hicieron detenerse a mitad de camino y levantar rápidamente la cabeza. Un cielo estrellado parpadeante podría indicar un mal funcionamiento de la lente espiritual; independientemente de la causa, cualquier irregularidad encontrada durante la observación de estrellas requería una desconexión inmediata del visor. Se trataba de un protocolo de protección establecido por innumerables antepasados y que a menudo se aplicaba a costa trágica de sus vidas. Lawrence se masajeó el ceño fruncido, echó un vistazo rápido a su reloj y se dio cuenta de que apenas habían transcurrido unos minutos. Absorto en su tarea, Lawrence se propuso realizar una inspección exhaustiva de todo el aparato de lentes, con la intención de ejecutar otra observación una vez que hubiera eliminado posibles fallas y asegurado la seguridad del equipo. Pero entonces un golpe inesperado en la puerta interrumpió sus planes. “¡Capitán!” dijo la voz del primer oficial desde el otro lado de la puerta. “Capitán, ¿ha terminado su observación? ¡Hemos captado una señal! Una leve mueca se dibujó en el rostro de Lawrence, indicando su leve irritación. Reflexionó un momento, decidió posponer su trabajo y se dirigió rápidamente a la puerta. Al abrirla, encontró a su primer oficial esperando al otro lado. “Hemos recibido una respuesta de Frost”, el primer oficial echó un vistazo a la sala de observación, asegurándose de que todo estuviera en orden antes de volver su atención a Lawrence. “Nos han dado permiso para entrar en sus aguas costeras y atracar en el puerto”. Entrecerrando los ojos ligeramente, Lawrence sintió una extraña sensación. Dados los inusuales sucesos previos en la sala de observación, preguntó con seriedad: "¿Han tenido confirmación visual de la isla principal de Frost?" “Efectivamente lo hemos avistado”, afirmó el primer oficial asintiendo. “La niebla se ha disipado y nuestro rumbo estaba ligeramente desviado, solo una pequeña desviación, pero hemos hecho los ajustes necesarios”. Lawrence echó un vistazo hacia la sala de observación y su semblante se volvió más bien sombrío. “¿Capitán?” Al percibir el peculiar humor de Lawrence, el primer oficial preguntó con preocupación: “¿Encontró algo inusual?” “Hubo una anomalía en la sala de observación antes… Y según mis observaciones, ya deberíamos estar en la costa de Frost. Es imposible que no hayamos avistado a Frost debido a la niebla o a pequeñas desviaciones de navegación”, expresó Lawrence en voz baja. “Que el mecánico revise el conjunto de lentes espirituales para confirmar si hay alguna falla en el equipo. Subiré a la cubierta para evaluar la situación”. “Entendido, Capitán.” Rápidamente, Lawrence salió de la cubierta inferior, abriéndose paso entre numerosas capas de cabina del Roble Blanco, y llegó puntualmente a la cubierta superior. Decidió no regresar al puente y en su lugar se situó en la cubierta de proa, mirando fijamente la escena a lo lejos. Una extensa Ciudad-Estado se extendía justo frente al Roble Blanco, con sus estructuras costeras e instalaciones portuarias a la vista. La niebla se había retirado, revelando las suaves olas del mar. Nubes densas y tenues se dispersaban por el cielo, con rayos de tenue luz solar atravesando la capa de nubes, proyectando un tenue resplandor sobre el mar distante y la Ciudad-Estado. Todo lo que se veía parecía como debía ser en Frost, sin ninguna irregularidad. Una expresión de desconcierto arrugó la frente de Lawrence mientras redirigía su mirada hacia el cielo. Aparte de una mayor acumulación de nubes, no detectó nada extraño. Tras unos instantes, se retiró de la cubierta y regresó al puente. Simultáneamente, un marinero apostado junto al telégrafo recibió otro mensaje de bienvenida del puerto de Frost. Lawrence echó un vistazo a la nota transcrita que había anotado el marinero. El mensaje fue breve pero claro: “El puerto está abierto para la llegada, bienvenido a Frost”. Tras parpadear, Lawrence empezó a cuestionar su anterior inquietud. Se preguntó si el pequeño fallo en la lente espiritual y la persistente Niebla Marina habrían intensificado su inquietud. Sin embargo, todo a su alrededor parecía perfectamente normal. "Procederemos a atracar." "Entendido, Capitán." … Después de un tiempo, Duncan y su grupo salieron del “Segundo Canal”, separándose de Nemo en el túnel encubierto que conectaba con el canal. Habían registrado a fondo el pasadizo derrumbado y bloqueado durante un tiempo considerable, pero no habían encontrado ninguna pista. No habían desenterrado más lodo, ni encontrado aberturas ni restos que indicaran cómo el lodo pudo haberse infiltrado en el pasadizo. Del mismo modo, no habían logrado localizar la misteriosa zona donde había desaparecido “Cuervo”. Parecía que habían llegado a un callejón sin salida. “Me aseguraré de que Cuervo reciba un entierro digno. Por favor, dígale al capitán Tyrian que Cuervo murió como un valiente guerrero; era un orgulloso miembro de la Flota de la Niebla.” Nemo se quitó el sombrero respetuosamente e hizo una leve reverencia a Duncan dentro del pasadizo oculto. "Me aseguraré de que reciba el mensaje", respondió Duncan solemnemente, mirando directamente al "informante" que tenía delante. "Además, nuestra investigación sobre este asunto está lejos de terminar". Nemo levantó la mirada para encontrarse con la mirada determinada de Duncan. “Cuervo nos ha dejado pistas vitales; sin duda llegó a un lugar importante. La falsificación no pudo haber surgido de la nada en el Segundo Canal”, afirmó Duncan con tono pausado. “Seguiré buscando. Si es necesario, examinaré cada ladrillo y cada pedazo de tierra de esta Ciudad-Estado”.
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Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 361

Estás leyendo el capítulo 361 de Ascuas de aguas profundas (Novela), un novela. Ese día, la niebla lo bloqueaba todo. Aquel día se convirtió en el capitán de un barco fantasma. Aquel día, atravesó la espesa niebla y se enfrentó a un mundo completamente subvertido y fragmentado: el viejo orden se… Este capítulo tiene publicado el 9 de marzo de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Ascuas de aguas profundas (Novela) tiene 850 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.