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Leer Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 360 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
La enorme embarcación conocida como el Roble Blanco avanzaba con paso firme, sin dejarse intimidar por el tenue y fantasmal velo de niebla que la rodeaba. Su impresionante viaje se debía a la inmensa potencia de su núcleo de vapor, un motor de tan prodigiosa potencia que impulsaba sin esfuerzo el enorme y meticulosamente diseñado sistema de propulsión. Como resultado, el Roble Blanco pudo atravesar el denso mar envuelto en niebla con rápida determinación. Sin que la tripulación lo supiera, el cielo se había oscurecido sutilmente, y un viento gélido comenzó a azotar la superficie del mar, añadiendo una capa adicional de incomodidad a la atmósfera. Decidiendo que ya había desafiado a los elementos lo suficiente, el capitán del barco, Lawrence, se ajustó el abrigo y se retiró al refugio del puente. Allí, un joven sacerdote, ataviado con una túnica negra adornada con franjas plateadas y azules, se dedicaba a una oración solemne. Balanceaba suavemente un incensario en la mano, cuyo humo aromático se enroscaba y serpenteaba alrededor de varios paneles de control del barco. Al notar la llegada del capitán, el sacerdote hizo una pausa en su devoción, saludó a Lawrence con un respetuoso gesto de asentimiento y continuó con sus tareas en silencio. El sacerdote, conocido como Jansen, fue su compañero espiritual en su viaje marítimo. Lawrence se sentía un poco desconocido con el joven clérigo, lo cual era, en realidad, una experiencia común entre los capitanes que transportaban los llamados "artículos anormales". Estos sacerdotes eran asignados a los barcos por las iglesias de las ciudades-estado y rotaban regularmente como parte de una estrategia para garantizar la seguridad. Esto se debía a que el transporte de mercancías peligrosas a menudo implicaba lidiar con los efectos potencialmente desestabilizadores de fuerzas sobrenaturales. Como "barrera sobrenatural" del barco, el sacerdote a bordo soportaba el peso de cualquier estrés provocado por una interferencia tan inusual. Esto podía incluir desde la contaminación de la carga hasta el estrés psicológico experimentado por la tripulación durante el viaje. Además, las oraciones y rituales diarios del sacerdote reflejaban incluso el impacto mundano de los sueños de cada miembro de la tripulación. Sin embargo, los sacerdotes no eran inmunes a los efectos perniciosos de tales fuerzas. La exposición prolongada podía provocar una asimilación e influencia indeseadas, lo que debilitaba su capacidad para detectar la contaminación sobrenatural y los convertía potencialmente en un conducto para invasiones subespaciales. Por lo tanto, tras unos cuantos viajes largos, los sacerdotes solían regresar a tierra para su purificación y realineación espiritual en una iglesia designada. La mayoría lograba entonces recuperarse y reanudar sus funciones en otras naves. Desafortunadamente, algunos sufrieron secuelas psicológicas duraderas y tuvieron que vivir el resto de sus días sirviendo a la iglesia en tierra, lejos de los peligros del mar. En este sentido, irónicamente, los valientes sacerdotes eran considerados consumibles en el gran esquema de la navegación. Sin embargo, la cruda realidad era: ¿quién de ellos no lo era? Rompiendo el hilo de sus pensamientos, Lawrence se giró hacia el joven sacerdote que tenía frente a él: “Señor Jansen, ¿cómo está la máquina?”, preguntó con preocupación en el rostro. “Funcionando sin problemas, capitán” respondió el joven sacerdote con una calma tranquilizadora. “Acabo de inspeccionar la sala de máquinas inferior. Todo el sistema eléctrico y las tuberías de vapor funcionan perfectamente. Lawrence asintió con satisfacción y charló un rato con el joven sacerdote. Después, se dirigió al amplio ventanal del puente, que ofrecía una vista panorámica de los alrededores. Su embarcación, con la cubierta envuelta en una niebla grisácea, surcaba un mar embravecido bajo un cielo amenazador. El firmamento estaba repleto de nubes turbulentas e informes, entre las que flotaban jirones de luz difusa, proyectando una tenue luminiscencia sobre el mar embravecido. Aunque el clima dejaba mucho que desear, Lawrence encontró consuelo en saber que no estaban lejos de su destino, la Ciudad-Estado de Frost. Por lo tanto, era improbable que cualquier tormenta inminente los atrapara en su traicionero abrazo antes de que llegaran a salvo. Una expresión de preocupación arrugó la frente de Lawrence al volverse hacia un marinero apostado en un panel de control no muy lejos. "¿Hemos recibido alguna respuesta de Frost a nuestra señal?", preguntó. El marinero, cuya función era monitorear el sistema telegráfico, negó con la cabeza. Con auriculares colgados al cuello y un lápiz en la mano, se sentó frente a una pequeña máquina que proyectaba un resplandor naranja a su alrededor. "Aún no hay respuesta", confirmó, "pero dada nuestra posición actual, deberíamos estar lo suficientemente cerca como para contactar directamente con Frost". Una sensación de inquietud comenzó a acosar a Lawrence, impulsándolo a dirigir la mirada al horizonte lejano con creciente gravedad. “Esto no está bien”, reflexionó en voz alta. “Dada nuestra hora y ubicación, la costa de Frost debería ser visible...”. De repente, Lawrence se giró hacia su primer oficial. "¿Está seguro de nuestro rumbo?", preguntó. “Sí, capitán” respondió el primer oficial. “Lo hemos comprobado dos veces. Nuestra posición es correcta. Un profundo surco se dibujó en la frente de Lawrence mientras reflexionaba sobre este enigma. Tras unos instantes de reflexión, respiró hondo. “Necesito confirmar nuestra posición yo mismo. Preparen la sala de observación de estrellas”. Al oír las órdenes de Lawrence, el primer oficial dudó, visiblemente desconcertado. Sin embargo, antes de que pudiera expresar su preocupación, el joven sacerdote Jansen dio un paso al frente. “Capitán”, intervino, “a su edad, quizá no sea buena idea entrar en la sala de observación de estrellas...”. Lawrence desvió su mirada hacia el joven sacerdote y decidió permanecer en silencio. Comprendía las preocupaciones del sacerdote. Entrar en la sala de observación de estrellas implicaba exponerse a cierto grado de corrupción. El etéreo juego de luces y sombras, surgido de los reinos espirituales más profundos, ejercía una enorme presión sobre la psique del observador. Como capitán anciano que había pasado la mayor parte de su vida navegando por el Mar Infinito, su mente no era tan robusta ni estaba tan ilesa como en su juventud. El riesgo de perderse mientras observaba los cuerpos celestes era significativamente mayor. Sin embargo, a menudo eran estos capitanes experimentados, con su vasta experiencia, quienes podían discernir los pequeños cambios en la luz de las estrellas que indicaban que la trayectoria de un barco se había desviado del curso normal, algo que los navegantes más jóvenes y mentalmente más resilientes eran incapaces de percibir. “Me daré prisa” respondió Lawrence finalmente, con la mirada fija. Su tono denotaba una gravedad que no admitía discusión. “Sospecho que la nave se ha desviado de su rumbo y hay una desalineación en la sala de observación de estrellas. Mi experiencia en calibración podría ser útil. Al reconocer la firmeza de Lawrence, el sacerdote que lo acompañaba, Jansen, solo pudo dejar escapar un suspiro de resignación y hacerse a un lado. “Usted es, sin duda, el capitán”, admitió, “y la palabra del capitán es ley a bordo de esta nave. Prepararé un amuleto protector para usted”. Con un firme asentimiento, Lawrence echó un último vistazo a la proa del barco. La costa de Frost, que esperaban ver, seguía envuelta en una incesante extensión de mar y la persistente niebla, sin ofrecer ninguna pista de su destino. Dándose la vuelta, descendió hacia la sala de observación de estrellas, recorriendo un pasadizo que lo alejaba del puente. Recorrió un pasillo y subió a una escalera que descendía a los niveles inferiores del Roble Blanco. Tras atravesar varios camarotes y puertas interconectados, finalmente llegó a la sala de observación de estrellas en la parte inferior del barco. Jansen, quien había acompañado a Lawrence hasta la puerta de la sala de observación de estrellas, comenzó sus preparativos. El joven sacerdote llenó el incensario con incienso especialmente formulado y lo ungió con aceite sagrado, mientras murmuraba escrituras incomprensibles. Al balancear el incensario en su cadena, una nube de humo fragante se arremolinaba alrededor de Lawrence. Jansen entonces blandió un cuchillo ritual adornado con runas de tormenta, cortándolo en el aire frente a Lawrence, simbolizando la protección de la diosa de la tormenta, Gomona, que descendía sobre él. Tras enterarse de las intenciones del capitán, el navegante llegó apresuradamente a la sala de observación de estrellas. Era un hombre joven, con el rostro ligeramente pálido y una mirada de ansiedad nublando sus ojos. La perspectiva de que el capitán confirmara personalmente su rumbo lo ponía tan nervioso que casi se arrancó los botones del uniforme. Lawrence, al notar la evidente angustia del navegante, le ofreció una sonrisa reconfortante. “Tranquilo”, le aconsejó, intentando calmar los nervios del joven. “Quizás no sea tu culpa. Los reinos espiritual y sobrenatural son impredecibles, y la lente espiritual no es infalible. Los cambios estelares son comunes; es comprensible considerando tu falta de experiencia”. El joven navegante respondió con un balbuceo: “He... he comprobado nuestro rumbo y es preciso. Pero...”. Lawrence hizo un gesto de desdén con la mano, interrumpiendo así la protesta del navegante. "Llegaré al fondo de esto". En ese momento, la voz del sacerdote cortó el aire. “Capitán, la bendición está completa”, anunció Jansen. “Ya puede entrar a la sala de observación de estrellas, pero tenga cuidado de no quedarse demasiado tiempo ni mirar demasiado profundamente. Si no ha salido después de quince minutos, iré a buscarlo”. “Diez minutos deberían ser suficientes” le aseguró Lawrence al joven sacerdote, mientras se ajustaba el uniforme para prepararse. Respirando hondo, se dirigió hacia la formidable puerta metálica grabada con runas de tormenta y entrelazada con hilos de plata sagrada. La empujó y entró. Una cámara tenuemente iluminada, bañada por un suave resplandor, se reveló. Lawrence cerró la puerta metálica tras él y comenzó su evaluación de inmediato. Esta habitación, desprovista de ventanas, ofrecía únicamente una solitaria puerta metálica como único acceso y salida. Con un mobiliario mínimo, su único propósito era albergar un artefacto cilíndrico, de aproximadamente un metro de diámetro, que se alzaba imponente en su centro. Este dispositivo parecía un altar, pero una intrincada red de manivelas, palancas y mecanismos de espejo lo rodeaba. Junto a él había una modesta plataforma reservada exclusivamente para el navegante. Rematando la estructura cilíndrica había una sección cóncava y transparente con una lente de cristal. Un intrincado conjunto de palancas lo suspendía y tenía la forma de un cuenco invertido. A primera vista, parecía vacío. Sin embargo, al observarlo más de cerca, se podía percibir una leve impresión de ondas ondulantes en su interior. Estas olas eran similares a un océano, rebosante de potencial. Al dirigirse a la pequeña plataforma adyacente al dispositivo cilíndrico, Lawrence posó su mirada en la lente que tenía frente a él. Un barco que navegaba por las vastas extensiones del Mar Infinito carecía de puntos de referencia fijos en la superficie del agua. Las ciudades-estado aparecían como islas aisladas a la deriva en un océano aparentemente infinito. Si un barco fallaba, los marineros a bordo se sumían en un estado de desorientación en las aguas ilimitadas. En consecuencia, la navegación se convirtió en una habilidad crucial. El sol, como un marcador celeste fiable, era un instrumento común para determinar la ubicación de un barco, una de las muchas técnicas de navegación. Sin embargo, su utilidad se veía comprometida al quedar oculto, y por sí solo no podía proporcionar una navegación precisa. En tales circunstancias, surgía la pregunta: ¿cómo se podía determinar el rumbo con algún grado de certeza? Naturalmente, la respuesta estaba en las estrellas, lo que hizo que la observación de las estrellas se convirtiera en una habilidad indispensable para la navegación contemporánea de largas distancias. Lawrence bajó la cabeza y se inclinó lentamente, sumergiendo su rostro por completo en la sección cóncava de la gran lente de cristal. Las estrellas se encontraban en sus profundidades; observarlas requería no solo un equipo avanzado, sino también una mente sana y resiliente.
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Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 360

Estás leyendo el capítulo 360 de Ascuas de aguas profundas (Novela), un novela. Ese día, la niebla lo bloqueaba todo. Aquel día se convirtió en el capitán de un barco fantasma. Aquel día, atravesó la espesa niebla y se enfrentó a un mundo completamente subvertido y fragmentado: el viejo orden se… Este capítulo tiene publicado el 9 de marzo de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Ascuas de aguas profundas (Novela) tiene 850 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.