arrow_back

Leer Aprendiendo a Matar Dioses en un Hospital Psiquiátrico (Novela) Capítulo 65 online gratis en español

🏴 Grupo: Spice121U✍️ Traducción: Spice121U
—¿Hola? —¿Hablo con el capitán Chen Muye? —Sí, soy yo. —Tuvimos un problema al limpiar el sitio en la Escuelo No2. —¿Qué tipo de problema? —Cuando recuperamos el cadáver de la serpiente Nanda, descubrimos que su cabeza… desapareció. En el asiento del copiloto, Chen Muye frunció el ceño. —¿Desapareció? —Sí. Registramos toda la escena, pero no encontramos la cabeza. —¿Los estudiantes la escondieron? —Probablemente no. Ya los revisamos y no encontramos nada… Creemos que alguien pudo haberse escapado del auditorio con la cabeza antes de que llegáramos. —Se supone que todavía hay un campo de contención sobre la escuela —dijo Chen Muye con calma—. No podrá salir. Reproduzcan el \[_Susurro del Sueño\]_ en todo el campus, borren su memoria primero. Si pierde la memoria, él mismo caerá en la trampa. —Entendido. Después de colgar, Hong Ying preguntó con curiosidad: —¿Qué pasa, capitán? —La cabeza de la serpiente Nanda ha desaparecido. Puede que alguien la haya robado —respondió Chen Muye—. Pero no es un gran problema, deberíamos poder encontrarla. Lin Qiye se quedó helado un momento, frunciendo el ceño mientras miraba por la ventana. ¿Será que…? … ¡Thump! Intentando saltar el muro, An Qingyu chocó de lleno contra una barrera invisible y cayó al suelo. Apretando los dientes, se levantó, tomó su mochila y miró hacia el vacío frente a él. —La barrera sigue ahí… probablemente ya notaron que falta la cabeza —murmuró para sí. Sus ojos brillaron. Pensó por un momento y luego corrió directo hacia la cancha. Ya que no podía escapar, se escondería. No creía que la barrera durara mucho tiempo; si lograba mantenerse oculto hasta que ellos se fueran, podría huir. An Qingyu corrió hasta el borde del campo, en un rincón cubierto de maleza, y levantó una tapa de alcantarilla con todas sus fuerzas. De inmediato, un olor fétido surgió desde abajo. Conteniendo las náuseas, respiró hondo, se ajustó la mochila y saltó al interior, cerrando la tapa sobre su cabeza. En el oscuro y húmedo alcantarillado, el hedor lo envolvió por completo, casi haciéndolo ahogarse. Apretó los dientes, cargando la mochila con firmeza. En la oscuridad, sus ojos aún brillaban como estrellas. De pronto, una melodía suave comenzó a sonar desde el exterior. Las pupilas de An Qingyu se contrajeron. Por un instante, le pareció escuchar un susurro junto a su oído, una voz que lo invitaba al sueño. El cansancio lo envolvía; estaba a punto de quedarse dormido… Pero en ese momento, una extraña energía brotó de su pecho. Era como si un manantial cristalino fluyera hacia su mente, arrastrando y disolviendo todos los sueños y susurros. An Qingyu abrió los ojos de golpe. La somnolencia desapareció; en su lugar, había una claridad absoluta. Un leve brillo gris se reflejaba en su mirada. Ahora estaba más lúcido que nunca. Miró al frente, luego bajó la vista hacia sus propias manos. A través de sus ojos, su cuerpo parecía una máquina de precisión; podía ver cada parte moverse, comprender perfectamente el principio detrás de cada función. Sabía lo que ocurría cada vez que parpadeaba, cada respiración. Era como un relojero experimentado observando con lupa los engranajes de un reloj en funcionamiento. Nunca había entendido su cuerpo tan bien como en este momento. De repente, recordó algo. Abrió la mochila con rapidez y sacó… una cabeza. La cabeza de la serpiente Nanda. Bajo esa mirada analítica, la criatura mítica —un ser fuera del alcance de la ciencia moderna— parecía reducirse a engranajes, mecanismos y tornillos. Pero esta vez… no podía ver con claridad. Entonces, An Qingyu sacó de su mochila un cuchillo afilado para frutas. Parecía un cirujano sosteniendo su bisturí. Miró fijamente la cabeza frente a él y… ¡la apuñaló! Con cuidado, comenzó a cortar el cráneo, diseccionándolo con precisión. Quería ver qué había dentro. Cada vez cortaba más rápido. Sus ojos se iluminaban, sus manos temblaban de emoción, al igual que todo su cuerpo. En el oscuro y maloliente túnel, un joven delgado sonreía mientras cortaba poco a poco una cabeza monstruosa. Su voz resonaba entre las sombras. —Así que esto era… —¡Eso era! —¡Ya entiendo! —Así es como funciona… —Interesante… —¡Esto es divertido!! … ¿Dónde… estoy? En una celda oscura, Li Yifei abrió los ojos lentamente. Miró a su alrededor, confundido, e intentó levantarse, pero de pronto los recuerdos fragmentados irrumpieron en su mente como una ola. Gritó de dolor y cayó de nuevo al suelo. Recordó a An Qingyu disparando, a Lin Qiye golpeándolo, al demonio serpiente dentro de él emergiendo, la feroz batalla… y cómo Lin Qiye le había cortado la cabeza. Miró sus manos con asombro, su voz temblorosa. —Yo… yo realmente era la serpiente Nanda… ¿Cómo puede ser? ¡Yo los maté! Ante sus ojos aparecieron las imágenes de los estudiantes asesinados, la sangre cubriendo el suelo, cada escena grabada en su mente, volviéndose en su pesadilla. —No… no… Se arrodilló a medias, el rostro retorcido de angustia. De pronto, sus ojos se transformaron en pupilas verticales, frías e inhumanas. Su expresión cambió por completo. Se puso de pie, inexpresivo. —Cobarde pedazo de basura —dijo una voz dentro de él. Uno de sus brazos comenzó a cubrirse de escamas. Tomó las rejas frente a él e intentó romperlos. En ese instante, runas extrañas se encendieron en la superficie de la celda. Una fuerza invisible y brutal lo golpeó con violencia, lanzándolo contra la pared opuesta. El demonio Nanda siseó con furia, la lengua serpenteando, los ojos fríos como hielo. Al tocar las rejas, fragmentos de información sobre la celda se filtraron en su mente. No sabía dónde estaba, pero comprendió algo: Su vida y muerte estaban en manos de una sola persona. El dueño de este lugar. Mientras la serpiente reflexionaba, unos pasos firmes resonaron en el pasillo. Las pupilas del monstruo se contrajeron; trepó hacia las rejas, mirando hacia el sonido. En el corredor oscuro, una silueta se fue aclarando poco a poco. Era un joven con bata blanca y las manos en los bolsillos. Al ver su rostro, su cuerpo entero se estremeció. —¿Eres tú?! Lin Qiye se detuvo frente a él, sin expresión, y arqueó una ceja. —¿Sorprendido? ¿Asustado?
Aprendiendo a Matar Dioses en un Hospital Psiquiátrico (Novela)

Continúa leyendo

Aprendiendo a Matar Dioses en un Hospital Psiquiátrico (Novela)

Capítulo 66

Siguiente Capítulo ›

Aprendiendo a Matar Dioses en un Hospital Psiquiátrico (Novela) Capítulo 65

Estás leyendo el capítulo 65 de Aprendiendo a Matar Dioses en un Hospital Psiquiátrico (Novela), un novela. I Was Learning To Kill Gods in a Mental Hospital (Slay The Gods) ¿Alguna vez has pensado que bajo la ciudad de neón acechan monstruos de la mitología antigua? ¿Alguna vez has pensado que sobre la luna que está por… Este capítulo tiene publicado el 13 de octubre de 2025, Traducido por el grupo Spice121U. Aprendiendo a Matar Dioses en un Hospital Psiquiátrico (Novela) tiene 158 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.