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Leer Anomalía: Bienvenidos a Glitch City (Novela) Capítulo 9 online gratis en español

![](/api/get-image/8c09f7a0-704a-4341-883e-8c7d92c5cff6.webp/chapters/false) Niksie salió cual cervatillo del aula con tres libros bajo el brazo y la cabeza todavía procesando la última teoría sobre patrones de asesinos en serie que irremediablemente asociaba al caso del Cazador de Anómalos y las víctimas porque… bueno, solía ser así en aquellos días. El pasillo del edificio de Ciencias Forenses estaba medio vacío a esa hora, puede que el hecho de haberse quedado discutiendo el tema de los modus operandis con el profesor Wyatt hubiera influido y también que la gente volara rápido a exprimir sus horas libres. Ella tenía el pensamiento de reunirse con Blair y aprovechar para ir a la cafetería —ya se lo había dicho por mensaje—, pero tristemente no llegó muy lejos. Una mano fuerte —y que no dejó opción de escape— agarró su muñeca de la nada y la arrastró en contra de su voluntad hacia un aula vacía del pasillo; el olor a tiza y desinfectante se entremezclaron por un momento y Niksie dedujo rápido que se encontraba en una de las aulas que concretamente se encontraban en la lista de la limpieza a aquellas horas. Luego, la puerta se cerró de un golpe sordo y rotundo detrás de ella y el tabaco eclipsó al desinfectante de forma apoteósica. Niksie alzó la mirada, apretando por instinto sus amados libros de asesinatos contra el pecho como un escudo improvisado y protector que necesitaría para aquella conversación. —Hola. Jexter se encontraba frente a ella. El pelo rojo teñido le caía hacia abajo nuevamente, empapado, pues parecía que a juzgar por la ropa de recambio de chándal con el emblema de la Universidad Omnia, acababa de salir de las duchas. No le extrañaría, teniendo en cuenta que cursaba Tácticas y la mayor parte del tiempo se la pasaba sudando y entrando y… a Niksie le dio un escalofrío solo de imaginar hacer eso todo el día… Moriría. Definitivamente moriría. En fin, no importaba. Sin embargo, ella se quedó mirando con ojos entrecerrados las ojeras; oh, vamos, ¿qué significaba aquello? ¡Había sido abrazada a traición! ¿Por qué era él quien no parecía haber dormido a gusto y a pata suelta? Eran sin duda peores de lo que las recordaba anoche… Jexter la miró de arriba a abajo, sacándola de sus pensamientos, como si estuviera recalculando algo. —¿Hola? —repitió él, soltando una risa irónica—. Joder. Había olvidado lo rarita que eres. Niksie se revolvió en su lugar y dio un paso atrás por instinto. Jexter alzó una ceja y, burlón, hizo un amago con la mano y la colocó sobre la puerta, detrás de ella. —Escúchame bien, porque solo te lo voy a decir una vez —bueno, ese tono ya indicaba amenaza, así que empezaba bien…—. No puedes decir ni una puta palabra de lo que pasó anoche. Ni a tu amiguita, ni a nadie. ¿Entendido? Niksie tocó pared, tragando saliva. Ah… Ya. ¿Cómo le decía que ya había hecho todo aquello? Jexter la escudriñó con esos ojos ámbar y Niksie supo que no podía ser más obvia ante sus ojos, pero en ese momento quiso desaparecer mientras intentaba concentrarse en cualquier cosa que no fuera ese pequeñísimo detalle ya revelado; como, por ejemplo, en que aún tenía el labio partido, inflamado, o en que las gotas de agua se deslizaban hasta sus clavícula desde su pelo, o… Mierda. Mierda. Mierda. Ahora sí que moriría. Pero\_,\_ cuando tuvo el valor suficiente de volver a conectar la mirada y chocó con esos ojos tan taladrantes, no vio solo la ira o la molestia que creía encontrar firmemente en ellos, sino también una pizca de curiosidad; una oscura y asquerosa, como si estuviera viendo algo en ella que no le terminaba de encajar con ningún rumor. Eso le inquietó. —Si alguien se entera de que me viste allí… yo estaré jodido —se pasó la lengua por el labio inferior—, pero tú también. Así que más te vale coserte esa boquita tan honesta tuya, ¿quieres? Niksie sentía la puerta y las salidas inexistentes que su cerebro se esmeraba en buscar. Estaba jodida. No tenía escapatoria y lo único que separaba el paso que los separaban eran sus tres libros. Jexter se inclinó, echando a perder ese preciado palmo y haciendo honor al apodo que Niksie le pondría: el invasor de espacios a traición. ¿Por qué el calor de su cuerpo era tan sofocante? Quizás por fuera Niksie seguía tan inexpresiva como de costumbre, porque alzó ligeramente la barbilla para mirarlo a los ojos, pero esa expresión plana y analítica que tanto irritaba a la gente era pura fachada. Por dentro, las luces parpadeaban y colapsaba; el pánico le trepaba por la garganta como un nudo por el contacto, por la distancia, por tenerlo tan jodidamente cerca y por el hecho evidente y catastrófico que implicaría su prematura muerte. Todo su sistema de defensa gritaba que aquello era demasiado invasivo para poder concentrarse con claridad. Niksie cortocircuitó. —Se lo he contado a Blair —y lo soltó de golpe, abruptamente y mordiéndose la lengua al momento de soltarlo. El silencio… que siguió… fue mala señal. Jexter se quedó congelado, tenso, frunciendo los labios y alejándose de ella como si de repente fuera radioactiva y no quisiera jugar; él se dejó caer sobre la mesa del pupitre más cercano, observando la forma en la que ella cerraba los ojos esperando el golpe y apretaba los libros. Sus ojos ámbar se abrieron un segundo de más y la estudiaron como si estuviera estudiando a un puto fenómeno; la expresión amenaza se resquebrajó y dejó entrever la sorpresa y la irritación. Y otra vez esa maldita curiosidad. —¿Huh? ¿Qué has dicho? —Bueno, técnicamente no tuve demasiadas opciones —aclaró Niksie, dudando a abrir un ojo y comprobar el estado de Jexter. Bueno, total, ya estaba perdida—. Así que… Blair ya sabe que estuve en el bosque, que había alguien más y que… ese alguien eras tú —suspiró, designada, "ofreciéndose como saco de boxeo"—. Si deseas desatar tu ira sobre mí, puedes hacerlo… No te culparé, lo prometo. Jexter estaba perplejo. Niksie no lo entendía, estaba dispuesta a pagar por sus errores. No entendía… No entendía por qué entonces el muy idiota largaba una risa incrédula, burlona, mientras se pasaba la mano libre por el pelo aún húmedo. Era… ¿Por qué no le agredía? ¿Prefería disfrutar de su sufrimiento? —Joder… ¿Por qué? ¿Por qué coño lo has hecho? —sonaba más cansado que irritado—. Tsk… No has tardado ni doce tristes horas. ¿Iba… en serio? ¿Qué…? —Porque no puedo mentir —respondió Niksie, con obviedad, como si fuera un hecho científico y evidente—. Y porque ella preguntó directamente. Me conoce demasiado bien… —desvió la mirada, pensando que tendría que ser más convincente la próxima vez—. Lo… Lo intenté… Jexter soltó un bufido. Sin embargo, simplemente la observó porque ella ya parecía extrañamente cabreada consigo misma. —Intenté… no decirlo —admitió—. Contuve la respiración, me mordí la lengua e hice lo que pude por controlar las palabras… La garganta me iba a explotar, pero aún así… creía que podría… Y, como siempre, salieron solas. Así que —volvió a mirarlo firmemente y se despegó de la puerta—, asumiré las consecuencias; sé que soy realmente molesta. Y era en serio, oh, Niksie lo creía de verdad. Llevaba tanto tiempo escuchándoselo decir a la gente que había terminado aceptando que era una realidad; de hecho, a ella también se lo parecía. ¿Cómo no iba a ser molesta alguien que podía traicionarte de forma rastrera sin poder evitarlo? Jexter cogió aire, parecía estar poniendo todo lo que tenía de paciencia en ese suspiro que siguió, pero de alguna manera, era como si estuviera más cabreado con esas palabras que con la confesión en sí. Y ahí estaba él, mirándola como cuando ella trataba de descifrar un código que no terminaba de comprender. —Eres un puto desastre andante —negó con la cabeza, con una mueca divertida—. Maldita sea, tenías que ser precisamente tú. La miró un poco más, tratando de decidir algo y… finalmente, ladeó la cabeza. —Si tu amiga abre la boca, estoy acabado —dijo—. Y tú serás cómplice de todo esto. ¿Lo entiendes? Importará una mierda que estuvieras ahí “por accidente”: si llegan hasta mí, llegarán hasta ti. Niksie no apartó la vista, analizando y concluyendo una cosa. —Blair no dirá nada —aseguró ella, con una seguridad muy pasional—: confío en ella. Si quisiera delatarte, ya lo habría hecho esta mañana cuando se lo conté y no lo ha hecho. Estadísticamente, eso baja las probabilidades de que lo haga ahora. Jexter elevó una de las comisuras de sus labios de forma sarcástica. —Tú confías en ella. Yo no confío en nadie —gruñó, chasqueando la lengua—. Pero, en fin, así están las cosas, así que más te vale convencerla de que se calle. —Entiendo. —Bien… —le dio una mirada de arriba a abajo— porque no dudaré en arrastrarte conmigo si es necesario, rarita. Y ya habrás escuchado los rumores: puedo ser muy hijo de puta si me lo propongo. Jexter se balanceó hacia adelante, cansado de esa forma en la que ella no se acobardaba y en cambio lo miraba como si estuviera tomando notas mentales y como si para Niksie, en el fondo, él fuera solo otro dato más en su puto tablón de hilos rojos. Eso a él le cabreaba aún más. Quizás por eso, apoyado sin llegar a sentarse sobre el pupitre, sacó por inercia un cigarrillo; masculló entre dientes cuando se dio cuenta de que aún estaba dentro de la universidad y no fuera, en su lugar por excelencia. Agh. Necesitaba un puto respiro, pero… si volvían a pillarlo fumando dentro estaría jodido y, por desgracia, no podía permitirse ser expulsado de vuelta. El director ya lo odiaba suficiente por estar compinchado con su ejemplar padre. Guardó su vicio a regañadientes y se percató de que estaba siendo estudiado por Niksie, quien parecía interesada en algo en concreto. —¿No has dormido bien? —preguntó de la nada, tan de la nada como la pregunta de anoche—. Pensé que abrazarme te habría apaciguado y, al menos, a costa de mi sufrimiento dormirías. Parece que no: tienes peores ojeras que anoche y el labio sigue hinchado. Deberías ponerle hielo. Jexter casi se atraganta. —Sí he… —bufó. Estaba cambiado de opinión, _ahora quería estrangularla_—. Abrazarte no me apaciguó y, no te las des de lista que aquí la única que durmió a pierna suelta fuiste tú. Si hice eso fue porque quería joderte y porque eres una molesta rarita que le teme al contacto. —Mhm… Jexter entrecerró los ojos con fastidio. Otra vez esa tenía esa expresión de “¿qué coño me estás contando con el mhm?”. —¿“Mhm” qué? —Es cierto —asintió Niksie—. El contacto humano me agota y me angustia. Pero anoche… Aún no lo entiendo; puede que fuera porque era una noche fría y tú estabas caliente, lo que resultaba al mismo tiempo más reconfortante que una manta de pelito, pero no fue… del todo desagradable —se encogió de hombros, ante el reconfortante pensamiento de que si lo pensaba no era tan raro: con Blair y con Zev también superó esa fase de angustia y desesperación—. Eso no es algo común. Solo lo mencionaba. Aunque con él esa fase había pasado demasiado rápido… Bueno, daba igual. La expresión de Jexter era un cuadro. —Pues no lo menciones —gruñó, con un leve tono divertido que no pudo ocultar. A pesar de absurdo, tenía un punto interesante cuando decía todas esas cosas sin ser consciente de nada—. Joder. Eres agotadora, rara, condenadamente honesta y… joder. Sacó el cigarrillo de nuevo. Antes de acercarse y pedir ocultarmente y muy “amable” que se echara a un lado, se detuvo un segundo en el umbral y la miró por encima del hombro. —Intenta no meterte en más problemas hoy, rarita. Y, así como vino, se fue, desapareciendo por el pasillo con una clara disposición a fumar. Bueno… Ahora Niksie debía reunirse con Blair y su café helado reglamentario. »(…)« Daba la maldita casualidad… de que su momento zhen con un cigarrillo y, en todo caso, con un gato dramático y manipulador detrás del edificio, no iba a ser tan zhen después de todo. Jexter solo quería nublarse, olvidar y apagar la ansiedad… ¿Por qué coño tenía que seguir viéndola? Nada más llegó, con el cigarrillo en la boca e inhalando profundamente una calada antes incluso de llegar, las voces a sus espaldas llamaron su atención. En la lejanía, la rarita se había reunido con su amiga dirección a la cafetería y él… era un puto idiota, uno apoyado al filo de la pared, que tenía acceso directo a ver los gestos dramáticos de final de telenovela que ofrecía la mosca junto a la rarita. Jexter se pasó una mano por la cara. ¿Qué hacía con su vida? Ah, ya sentía cómo le empezaba a doler la cabeza; la chica sería un problema, uno que venía con una verdad terrible e incontenible. Y, para añadir más leña al fuego, tenía que aparecer alguien a su lado… en un momento tan cuestionable. Félix se apoyó contra la pared con el chándal de Tácticas medio desabrochado y el pelo rubio revuelto y también húmedo; con el radar tan fino que tenía para el chisme, a Jexter no le sorprendería si había salido de la ducha a toda hostia solo para acudir a la llamada de su propia desgracia. Lo tenía todo: chismoso y adicto al Coffyphobia, ya en su mano. ¿Qué coño tenía ese café helado para que estuvieran todos tan obsesionados? El pensamiento fue inevitable. Y… el pensamiento se vio eclipsado por la sonrisita de imbécil que llevaba Félix. En serio, Jexter no entendía cómo aquel tío podía pasarse el día entero sonriendo sin desencajarse la mandíbula. Solo de verlo, era doloroso. —Uh… —Félix lo observó de arriba abajo y dio un sorbo larguísimo al café—. Menuda cara de funeral, colega. Sí, exacto, la cara habitual de Jexter. —Desaparece. —Qué borde. ¿Tan temprano y ya estás de mala hostia? —Félix se llevó una mano al pecho—. Y yo que venía expresamente a darte los buenos días. —No me interesan tus buenos días —bufó Jexter—. Lárgate. —Ya… Ya me he dado cuenta. Los míos son demasiado buenos para —lo señaló— ti. Jexter ni siquiera se molestó en mirarlo. Félix, en cambio, decidió seguir la dirección de los ojos ámbar de su querido amigo con los suyos azul marino y vio a las dos chicas entrando a la cafetería. El rubio parpadeó, mirando a Jexter y volviendo a mirar a las chicas. Y, lentamente, muy lentamente, esa sonrisa permanente suya se le ensanchó más si es que eso era posible. —Aaaah… Jexter ya sabía lo que venía. Era irritante. —No. —Ni siquiera he dicho nada todavía —le rebatió Félix. —Te conozco —se limitó a mascullar él. —Y eso es francamente precioso —Félix soltó una risita—. Dime. ¿Cuál es la víctima? —No hay ninguna víctima, idiota. —Claro que sí hay víctima —lo señaló discretamente con el vaso—. Llevas aquí plantado como diez minutos mirando a esas dos. Venga ya, que por desgracia para ti, nos conocemos. Y el muy maldito se la devolvía. ¿Qué se conocían? Sí, bueno, era una palabra ambigua en verdad; más bien él lo acosaba y se acercaba de forma intrusiva sin pena ni gloria cuando el resto decidía que era mejor idea no acercarse al violento caso perdido que decidió cursar Tácticas solo para desfogarse físicamente con algo. A parte de eso, lo único de lo que se había aprovechado él era del piso que tenía en la residencia —al cual Jexter se colaba sin pedir permiso y Félix no se quejaba— y de que al menos tenía un compañero de Tácticas que encajaba bien sus golpes de ira. Jexter le lanzó una mirada asesina y Félix le respondió con una felicidad de oreja a oreja. —¿La del pelo rosa o la rarita? —Que no es eso. Eres desesperante. —Vale, vale —levantó las manos, “rendido”—. Entonces reformulo. ¿Cuál de las dos te parece menos insoportable? —Ninguna. ¿Es que no era evidente? —¿Y cuál te parece… más insoportable? Jexter dudó, por un segundo dudó. Félix ya pareció completamente satisfecho, porque había girado rapidísimo la cabeza e interceptado a tiempo que efectivamente la rarita era la clara vencedora y si algo era insoportable para Jexter, no ponía esa cara de “qué hago con mi existencia", simplemente lo eliminaba de la faz de la tierra. Él resopló. Félix volvió a mirar hacia la cafetería; Blair gesticulaba como una presentadora de teletienda poseída por el espíritu de la dramatización y Niksie parecía estar sobreviviendo a la hora del café con la misma calma con la que uno sobrevive a una tormenta: sin moverse demasiado y esperando que pasara. El rubio bebió otro sorbo. —La del pelo rosa es Blair Hart —comentó entonces, tranquilamente, entre sorbo y sorbo. —No me interesa. No le interesaba. —Ni siquiera he terminado, un poquito de respeto. —No necesito saberlo. —Es mona —siguió, aún así—, sociable, de buena familia y bastante conocida… Tiene la habilidad del aprendizaje, una Anómala con bastante potencial y bastante fama en el mundillo pijo. Pues entonces doblemente no le interesaba. —Probablemente te rechazaría. Está fuera de tu alcance. Jexter giró lentamente la cabeza, con una ceja alzada, y Félix sonrió divertido y encogiéndose de hombros —¿Qué? —Nada. —¿Te ha dolido, Jex? —Tsk. ¿Por qué me dolería? Por nada…. Félix se contentó con ver cómo su cara cambiaba, probablemente pensando que ni de coña una mujer —por muy señoritinga que fuera— lo rechazaría a él. Aunque en realidad, si él tenía fama era por su físico y no por su reputación. —La otra es Niksie Foster. Félix esperó una respuesta, una señal, algo, pero Jexter no dijo nada. Así que, el muy capullo esperó un poco más y, entonces, vio como su ceño se fruncía levemente. Ah… No podía ser. —¿Realmente no sabías cómo se llamaba? —cuestionó Félix, soltando una carcajada y dando otro sorbo. Es que era maravilloso. Estaba tan serio y tan “a mí no me importaba nada” y reaccionaba por la sola mención de un nombre. Ver cómo guardaba silencio fue mejor, aunque Jexter estuviera degustando aquel nombre mentalmente porque se negara a hacerlo ante Félix. —Mejor cállate. Félix volvió a mirar a Niksie, a Jexter e, ignorando, se echó a reír. —¡Wow! ¡No me jodas! ¿Es cierto? Mira que era hijo de puta. —¡Llevas ahí parado un rato ya para vigilar a una tía cuyo nombre ni siquiera sabías! —No la estoy vigilando. —¡Ah, perdón! —Félix asintió con solemnidad—. La estabas… contemplando tácticamente, sí, por supuesto. —Félix —masculló. Él sí que estaba muerto. Jexter le dio un empujón. —¡Vale, vale! —dijo, doblándose de la risa—. ¡Joder, qué sensible! —Te estoy avisando. ¿Quieres morir? —Sí, sí. Ya conozco ese tono, mi señor —respondió Félix, haciendo una reverencia. Jexter pasó los dedos por el cigarrillo, intentando ignorarlo. No funcionaba. Lo encendió e inhaló profundamente. —Tío, es raro verte interesado en alguien que no sea para un polvo rápido y adiós. Jexter le lanzó una mirada, exhalando el humo en su cara. Por tonto, se consiguió atragantarse y toser. —No me interesa —repitió. —Sí, claro… Él apretó la mandíbula, soltando el humo esta vez hacia arriba y dándole un poco de tregua al blandito de Félix. —No me la quiero follar, Sallows. Félix se apoyó otra vez contra la pared, riéndose mientras Jexter atacaba el cigarrillo con gestos bruscos. —Vale, vale. Entonces dime, si no es por tus fetiches extraños y porque “no te la quieres follar”, ¿por qué coño la miras tanto? Sus putos fetiches no tenían nada que ver. Jexter soltó el humo lentamente. —Porque es un puto problema al que odio tener vagando libremente —se limitó a contestar, fastidiado. Félix se quedó pensando y asintió. —Eso sí que te lo compro. Jexter alzó una ceja. —Pero, vamos —Félix dio otro sorbo al café, disfrutando demasiado—. Ni que te hubieras metido en el mayor lío de tu vida con una chica cuyo nombre ni siquiera conocías. Ah… Qué imbécil. Si él supiera… —No —_negar, negar, negar._ Él, al contrario que Niksie, era bueno mintiendo y manteniendo la cara de póker—. Simplemente no me gusta. Jexter chasqueó la lengua. —Y no necesito saber su puto nombre para saber que es un problema. Es una rarita que no puede mentir y que me produce dolor de cabeza, eso es todo. Félix se quedó mirándolo durante unos minutos. —Ajá, ajá, porque vamos a fingir que los problemas a ti no te ponen… Ja, qué gracioso. —No me pone —farfulló—. Me jode y mucho. Hay una diferencia. Félix volvió a mirar hacia la cafetería, asintiendo distraídamente. —Bueno, hablando en serio… Niksie siempre ha sido especial. Jexter permaneció en silencio. —Desde primero ya llamaba la atención —continuó Félix—. Quizás fue eso o quizás no, pero Blair la adoptó desde entonces y… mira que Blair no adopta precisamente a gente como quien recoge gatos de la calle. De hecho, solía ser bastante popular hasta que se juntó con Niksie y… bueno, dejó de serlo. Hay gilipollas que dicen por ahí que no quieren que se “les contagie la maldición de la rarita”. La creen radioactiva o algo así. Félix suspiró. —Es como Voldemort, tío —concluyó Félix—; nadie quiere pronunciar su nombre cerca por si acaso les toca una verdad sin filtro. Jexter soltó una pequeña exhalación que casi pudo pasar por una risa. —Ya me he dado cuenta. Félix no perdió el tiempo y lo señaló inmediatamente. —¡EH! ¿Te has reído? —No. —Te he visto —le pinchó—. Te has reído. Que sepas que voy a anotarlo: día ocho de septiembre, hoy, finalmente, Jexter se ríe sin disimulo. Es un momento histórico. —Como lo hagas, te rompo el móvil del que tanto presumes a los idiotas de Tácticas. —Ya tengo copia en la nube —contestó, orgulloso de sus hazañas—. No podrás detenerme. Jexter lo miró como si quisiera hacerlo desaparecer con tan solo una mirada. Por desgracia, no era esa su habilidad y, a decir verdad, habría estado de puta madre. —Soy un superviviente —enfatizó Félix. —Eres una plaga con una suerte absurda. Félix ironizó una sonrisa aquella vez. Aunque no lo pareciera, ¿le había afectado aquella palabra? Bah, qué importaba, él volvió a ser el mismo rápidamente. —Soy tu plaga. —Eso es lo peor. Ahora, desaparece.
Anomalía: Bienvenidos a Glitch City (Novela)

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Anomalía: Bienvenidos a Glitch City (Novela) Capítulo 9

Estás leyendo el capítulo 9 de Anomalía: Bienvenidos a Glitch City (Novela), un novela. Allá donde la lluvia nunca termina por detenerse al completo y los seres humanos desarrollaron habilidades que te clasificaban como privilegio o desgracia, cierto individuo decidió jugar a ser el cazador de los… Este capítulo tiene publicado el 5 de agosto de 2026. Anomalía: Bienvenidos a Glitch City (Novela) tiene 14 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.