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Leer Anomalía: Bienvenidos a Glitch City (Novela) Capítulo 10 online gratis en español

![](/api/get-image/4d654f7f-0161-4de6-89a0-d92c39bddc47.webp/chapters/false) El centro de Grandview, incluso a las cinco de la tarde de un miércoles cualquiera, ya era un perfecto caos que consistía en gente dispuesta a ir de compras, de allá para acá por cada escaparate de la larga calle, y en resumen: un bullicio tortuoso para alguien como Niksie Foster. Pero, desgraciadamente, ya no podía huir, puesto que Blair había enganchado su brazo a sabiendas. La llevaba arrastrando desde que la universidad, exactamente en el instante en que su libertad se vio coaccionada por una simple frase en un rostro peligrosamente alegre: “Hoy nos vamos de compras y no admito un no por respuesta”. Niksie había querido objetar que ir de compras le parecía una perdida de tiempo importante, pero Blair —que bien sabía que lo diría— había añadido un: “Necesito productos de belleza y gracias a cierta persona a la que enganché voluntariamente y sin ningún tipo de amenaza ayer gané un rasca. Pero descuida, que como bonus por tu enorme sufrimiento, alimentaré tu imaginación con ese dark romance nuevo que está rompiendo internet”. Niksie no se había resistido demasiado después de escuchar “dark romance” porque, para qué nos íbamos a engañar, era un argumento sólido y convincente. En cuando a los chanchullos de Blair para conseguir dinero, mejor no preguntaba… Así que ahí estaban, caminando por la avenida principal de Grandview, Blair con tres bolsas ya colgando del brazo y Niksie con un único libro negro de tapa dura apretado contra el pecho. Lo que ninguna de las dos planeó, sí, fue el fantasma pelirrojo que las perseguía desde hacía casi cuarenta minutos… ¿Qué quería ahora? Jexter iba de esquina en esquina, de portal en portal, fumando como si el solo hecho de fumar pudiera apagarle el dolor de cabeza que le estaban produciendo sus cuestionables acciones. Y, es que, cada vez que se detenía a observarlas desde la distancia porque paraban, él se volvía a cuestionar en qué momento exacto de su vida había decidido que convertirse en el puto acosador de dos universitarias era una buena idea en su lista de "qué hacer un miércoles después de clases". En su defensa diría que único que había querido era vigilar a la rarita problemática, pero… Blair Hart se había unido a la ecuación como un lapa inseparable, así que así estaban las cosas desde su perspectiva; él escondido detrás de una columna de mármol, maldiciendo su mala suerte, mientras que ahora veía cómo Blair obligaba a Niksie a oler tres tonos diferentes de labial. —Estoy perdiendo la cabeza —murmuró para sí, apagando el cigarro contra el muro—. Completamente. Niksie, por su parte, lo había detectado desde el minuto tres. No había sido muy complicado, a decir verdad, sin embargo, no dijo nada; lo único a lo que se limitaba era a —de forma automática— calcular mentalmente los metros que los separaban, la cantidad de caladas que se había fumado y la probabilidad que existía de que su mejor amiga se diera cuenta de lo que sucedía antes de que llegaran a la siguiente tienda. Se dio cuenta en la quinta tienda. Se encontraban dentro de un local de cosmética ridículamente caro cuando Blair, que estaba comparando dos correctores muy “concentradamente”, levantó la vista hacia el escaparate… y se quedó helada, pinchada en el sitio. —Niks… —Mhm. —Hay un pelirrojo sospechoso al otro lado de la calle que lleva media hora mirándonos como si fuéramos a robarle el paquete de tabaco... El pelirrojo sospechoso era Jexter. Era evidente. —Treinta y ocho minutos, técnicamente —argumentó Niksie, entrecerrando los ojos ante el dato. Blair giró la cabeza tan rápido que casi se descoyunta el cuello. —¿QUÉ? —Lleva siguiéndonos desde que salimos del campus —explicó Niksie con total calma, hojeando un tester de perfume—. No se ha molestado en disimular demasiado. Admiro su esfuerzo, yo no lo habría soportado. —¿Y NO ME LO DICES HASTA AHORA? —No me lo preguntaste —se defendió, con un encogimiento de hombros. Blair abrió la boca, la cerró y la volvió a abrir, indignada. No sabía de qué se sorprendía. —Niksie Foster… —tomó todo el aire que pudo reunir, dándole una ojeada al pelirrojo—. ¡¿Me explicas por qué demonios Burke nos está siguiendo ahora?! Niksie despegó los ojos del tester y, sin disimulo alguno, miró directamente a través del cristal en dirección al aludido. —Probablemente esté estresado. Sí. Aquella era su conclusión más lógica. Después de haberlo estado siendo consciente en todo aquel tiempo, no necesitaba ser un genio para darse cuenta de que Jexter, cuando tendía a estresarse, decidía perjudicar a sus pobres pulmones inocentes. En solo esa salida persecutoria por Grandview, ya se había fumado medio paquete, a juzgar por que cuando meneaba la cajetilla para sacar otro salían ya por la mitad y más ligeros de lo que saldrían de haber más. —¿Estresado? ¿Y su solución para el estrés es acosarnos por todo Grandview? Niksie lo pensó seriamente, recalculando: llegó a una sola conclusión irrefutable. —Es una estrategia poco eficiente, sí. Blair no esperó más, exasperada. Dejó lo que tenía entre manos, agarró a Niksie de la muñeca y se dispuso a salir de la tienda cual torbellino rosado. No tardó mucho en cruzar la calle, esquivando a un taxi en el proceso, cuando por fin se plantó delante de Jexter, a medio esconderse detrás de una farola. Bah. En verdad, ya ni siquiera se había molestado en intentarlo. Niksie asumía que estaba cansado y, sinceramente, mucho había durado teniendo en cuenta su carácter complicado. Jexter tenía el cigarro a medio camino de la boca y Blair lo miraba como si estuviera a punto de exigirle el alma sin negociaciones previas; poco más y podría haberlo enterrado allí mismo. Y, Niksie, simplemente… estaba ahí, entre los dos, con su libro. —Tú —acusó Blair, sin pena ni gloria, fingiendo una sonrisa más peligrosamente venenosa que las de Siennah—. ¿Nos estás siguiendo? Jexter cerró los ojos un segundo, probablemente arrepintiéndose de todas las decisiones que lo habían llevado hasta aquel momento. —No. —Sí —corrigió Niksie, al mismo tiempo por impulso. Jexter le lanzó una mirada asesina. —Rarita… Voy a matarte. Ah. Mierda, la había vuelto a liar. —Es objetivamente cierto —pero, respondió sin inmutarse… porque, a fin de cuentas, llevaba razón—. Has cambiado de esquina once veces, te has fumado medio paquete de cigarros y en la tienda de maquillaje te escondiste detrás de un macetero que no te cubría ni la mitad del cuerpo. Fue… poco discreto. Blair se llevó las manos a la frente. —Yo flipo, estoy alucinando. ¡Estoy alucinando! —dijo, más para sí misma, en uno de sus episodios clásicos de estrés—. El problema andante éste nos está persiguiendo por el centro comercial como un perro perdido y mi mejor amiga lo analiza como si fuera un documental de National Geographic. A mí me están grabando… Sin embargo, antes de que Jexter pudiera expresar su interesantísima opinión al respecto, las pantallas gigantes de la zona interrumpieron la publicidad para hacer visible un aviso de última hora. > URGENTE — HALLADO EL CUERPO DE ADRIEN BURKE EN EL BOSQUE DE DEERFIELD. LA POLICÍA CONFIRMA QUE LA VÍCTIMA PRESENTA EL MISMO PATRÓN QUE LOS ANTERIORES ASESINADOS DEL DENOMINADO \_´CAZADOR DE ANÓMALOS´\_\*\*. SIN EMBARGO, DEBIDO A LA INTENSA LLUVIA REGISTRADA ANOCHE, SE HA DIFICULTADO LA RECOLECCIÓN DE PRUEBAS. ESTO NO SERÁ, PESE A LAS INCLEMENCIAS METEORÓLOGICAS, NINGÚN IMPEDIMENTO PARA QUE LA INVESTIGACIÓN CONTINÚE SU MARCHA HASTA ATRAPAR AL CULPABLE, POR ENDE, SE PIDE A LA CIUDADANÍA QUE SI SE POSEE CUALQUIER INFORMACIÓN RELEVANTE PARA EL CASO, LA SOLICITE A NUESTRO NOBLE CUERPO POLICIAL. MUCHAS GRACIAS.\*\* No tardaron demasiado, atraídos ante un faro de caos, en que los allí presentes giraran sus cabezas hacia Jexter. Algunos susurraban sin disimulo que menuda vergüenza que se atreviera a pavonearse de día ante tales actos. Un chico incluso se atrevió a sacar el móvil "discretamente" para comenzar a grabarlo igual que a un mono de circo… y las reacciones eran muy variadas, pero Niksie se empezó a agobiar. Había demasiados pares de ojos observándoles. Jexter tensó la mandíbula y sus labios se fruncieron solo para dar paso a una mueca de fastidio con la que devolvió cada una de las miraditas con una que no lo dejaba precisamente como un angelito inocente. Niksie entrecerró los ojos. ¿Por qué se empeñaba en parecer más culpable de lo que era? Era idiota. Tan absorta en sus pensamientos, ni se dio cuenta de que ella misma había extendido la mano y ya tiraba suavemente de la manga de la camisa del uniforme de Jexter, pidiéndole ocularmente que bajara la intensidad; un gesto pequeño e insignificante de su parte, porque solo ganó un “¿por qué demonios me tocas?” implícito en sus ojos ámbar. Sí, había sido muy estúpido de su parte… No pasa nada, porque Blair había decidido ya en ese preciso instante que tuvo suficiente atención en la vía pública. —Vale, se acabó —anunció, agarrando a Niksie de un brazo y a Jexter del otro con una fuerza sorprendente—. Los dos. Ahora, venid conmigo. —¿Qué coño haces? —gruñó Jexter, intentando zafarse sin tener en cuenta la técnica de agarre milenaria de Blair Hart. —Secuestraros. Es evidente. —Otro secuestro, qué emocionante —comentó Niksie, impasible ante el hecho ya evidente de ser el complemento favorito de su amiga para transportar. Y a penas era miércoles. —¿De qué vas? —bufó Jexter—. Porque te est… —¡CALLAOS LOS DOS! Blair tenía un tic en el ojo y estaba ya harta de todo, era sensato obedecer. Los arrastró por callejones secundarios, lejos de las pantallas, de las miradas y de cualquier estudiante cotilla que pudiera estar grabando. Diez minutos más tarde, empujó sus culos hacía dentro de una cafetería pequeña y casi vacía, escondida entre dos edificios viejos a las afueras ya del Distrito de Grandview, o al menos, lejos de la pomposidad rica, donde la grandeza empezaba a disiparse. Los sentó cual mamá a sus polluelos frente a sí, en la mesa más al fondo, colocados como si fueran dos sospechosos en una sala de interrogatorios. Ambos se encontraban de espaldas a la barra, Niksie a la izquierda junto a la venta y Jexter a la derecha junto al pasillo. Blair se cruzó de brazos cruzados y no hizo falta que hablara porque esa era la parte en la que claramente venía el “hablemos". —Bien —dijo Blair, respirando hondo—. A ver, que yo recapitule… Burke, aquí presente, resultó ser el misterioso sujeto con el que Niksie se encontró anoche en el bosque junto al cadáver de su hermano y al que inconscientemente quiso encubrir esta mañana. Y sí, sí, ya lo sé todo —fulminó al chico—, incluida la parte en la que pasasteis la noche en su casa —señaló a su amiga— escondiéndoos de la poli. No hace falta que me lo repitáis. —Qué discreta… —murmuró Jexter, alzando una ceja y mirando de reojo a Niksie, que desvió la mirada como si no hubiera sido un ataque a su persona. Blair los señaló a los dos con el dedo esa vez. —Iba a dejarlo pasar y hacerte el vacío, pero visto que nos persigues cual rata, ahora quiero saber una cosa —se enfocó en Jexter, preparando esa sonrisa radiante y a la vista tan dañina para el ojo humano—. ¿Qué coño hacías tú allí exactamente? Era… asfixiante. Así fue el silencio que les regaló él. Apoyó los codos en la mesa y entrelazó los dedos, para observarla con esa expresión que claramente gritaba que podía ir esperando sentada porque ni de coña iba a revelar tal dato. Su cara daba miedo si se lo proponía… —Pasaba por ahí —respondió, escueto. —No me digas —replicó Blair, modo “voy a sacar tus trapos sucios y me importará una mierda lo demás”—. ¿Por qué? —Porque sí. —Burke, ¿quieres colaborar un poquito? Estoy intentando entender por qué mi amiga la psicópata amante de los asesinos en series no te cree culpable, pero me lo estás poniendo muy puto complicado —masculló Blair. Niksie se sintió ofendida nuevamente por la palabrita clavada como un puñal. No hablaba y ya se la llevaba, era increíble. —Piensa lo que quieras —resopló Jexter—. No te debo explicaciones. Blair apretó los labios, pero antes de que pudiera insistir… —No dirá nada —habló Niksie. Bueno, era obvio, pero aún así, Blair suspiró frustrada y señaló acusatoriamente al pelirrojo. —En serio, es que no lo entiendo. ¿Cómo no puedes creer que esta basura es culpable? Míralo. ¡Ni siquiera se esfuerza en limpiar su imagen, es desesperante! Lo miraba. Niksie lo miraba y lo miraba y aceptaba el duelo que Jexter le dejaba sobre la mesa: ese de escudriñarse hasta perder. Ella terminó de nuevo sobre Blair y, nuevamente, dijo: —No parece culpable. Blair parpadeó. ¡Incluso Jexter lo hizo! Porque, sinceramente, nadie en su sano juicio lo veía y decía que no era culpable de nada de una manera tan firme como Niksie Foster lo decía. —Ya te lo dije. Cuando lo encontré pensé que sí —añadió—. Creía que me descuartizaría y esperaba que al menos pudiera darle un golpe con Lucille. Jexter soltó una risa. —Lo ibas a intentar, sí —ironizó. —Pero luego se acercó a traición —contó Niksie, haciendo que Jexter se quedara tieso ante el tonito—. Y parecía tan… triste y cansado. Debajo de todo ese aire de “caso perdido”. Ah… Vale… Blair masticó con cuidado esas palabras, aunque su opinión no es que fuera a cambiar demasiado por más que le creyera a ella. Sin embargo, Jexter se había tensado de una forma extraña y esa forma extraña ya de por sí fue sorprendente para Blair. —¿Ese es tu argumento profesional? —preguntó—. Niksie, eres estudiante de Criminología, ¿y tu gran conclusión profesional es “parecía triste y cansado”? —Era una tristeza profunda—insistió Niksie, un poco perdida en sus comparaciones mentales—. No era como la de alguien que pierde una coartada o que está fingiendo para parecer inocente porque él… bueno, ni siquiera se molesta en fingir que es inocente. Era más bien como la de alguien que pierde a una persona. Sé distinguirlas. —¿Y si te callas ya? —murmuró Jexter, que aunque amenazante, había un no-sé-qué que arrastraba sus palabras al agotamiento. —No, sé lo que vi. Las he visto suficientes veces en fotografías de escenas y en entrevistas. La forma en que miraba el cuerpo no coincidía con la de un asesino que acaba de terminar su trabajo —pero para qué parar siendo Niksie—. Si tuviera que analizarlo, diría que más bien parecía que acaba de encontrarlo tras haber seguido por ello un rastro diferente. Jexter apretó los puños bajo la mesa. Niksie ladeó la cabeza al notarlo, pero para su sorpresa, no soltó ni una amenaza, ni ninguna pulla ante el análisis. Solo… parecía perdido en un punto que no tenía nada que ver con ellas. Mhm… Él sí que era extraño. —Joder… Tú ganas. Digamos que es inocente —concedió Blair, rendida ya—. Aunque sigo sin fiarme de él… —No sabes cuánto daño me haces… —comentó Jexter, rodando los ojos. Blair le sacó el dedo medio. —Además, esta eso otro —Niksie los atrajo de vuelta a la realidad, ensimismada en su nube de asesinatos—. A aquel que vimos sobre el árbol. Eso sí que era sospechoso. Jexter giró la cabeza hacia ella, incrédulo. —¿En serio vas a hablar de eso también? —El enmascarado —concretó Niksie—. Blair ya lo sabe. La aludida arrugó la nariz. —¿El tío siniestro y perturbador del árbol? Sí, un placer estar al tanto también de eso. Niksie asintió, pues ya le había incluido esa parte también en la historia de esa mañana. Ya sabéis, la parte tan hermosa en la que los observó, dejó caer el broche y se marchó como si nada. Sí, esa. —Un cadáver, un asesino suelto, una figura misteriosa que os observó en el bosque, un broche misterioso… —enumeró Blair— y vosotros dos, que por cierto, habéis decidido convertiros en un dúo de fugitivos por iniciativa propia. Espero encarecidamente que sea cierto que la poli no tiene pruebas de vuestra implicación. —Técnicamente no somos fugitivos —corrigió Niksie. —La poli no tiene pruebas para incriminarnos —confirmó Jexter—. No, llovía demasiado. Nuestras huellas desaparecerían… ¿Y por qué entonces parecía no estar tan seguro por un microsegundo? —Gracias por aclararlo, me siento muchísimo mejor —murmuró Blair con sarcasmo. Necesitaba un respiro de aquel lío—. Voy a pedir un café. Ella se levantó sin decir nada más, directa a la barra. —Yo necesito un cigarrillo, así que adiós —y Jexter estuvo a punto de salir por patas, sino hubiera sido por Niksie, que lo sentó otra vez de un tirón en la manga. —Necesitas desintoxicación —aclaró, como quien comenta el clima. Jexter chasqueó la lengua por sus planes frustrados; se fue a quejar, pero por desgracia se encontró con una distraída Niksie que se perdía en la ventana, en el exterior, con una mueca en sus labios—. Jexter… —¿Qué? —preguntó, resignado, dejándose caer hacia atrás en el asiento. —El broche que dejó caer el enmascarado —murmuró—. No dejo de darle vueltas a la forma en que lo dejó. Bueno, por más que lo niegues, es evidente que te conocía, pero…. —frunció el ceño—, ¿por qué tengo la sensación de que a mí también? Quizás me lo he cruzado en algún lado. Y estaba todo demasiado oscuro. Él tomó con cuidado esas palabras y se pasó la lengua por los labios, mirándola de reojo sin moverse demasiado. Niksie lo miró de vuelta sin entender esa expresión, pero él al final metió la mano en el bolsillo del pantalón y sacó el objeto, dejándolo sobre la mesa justo cuando Blair regresó; era pequeño, era probable que del tamaño de una moneda, metálico y con la peculiar forma de una serpiente que se mordía la cola. Un ouroboros. —¿Eso es…? —preguntó Blair, mirando el broche. —Sí —respondió Jexter—. No sé por qué coño lo lanzó ni por qué ese tío lo tenía, pero es de Adrien. Blair fue la primera que lo tomó entre los dedos —con fuerzas tras un primer sorbo a su café— y lo giró bajo la luz. En uno de los extremos que perfilaban el broche irregular, se encontraban tres símbolos que brillaron al igual que los ojos de la serpiente. —¿De Adrien? —preguntó Blair, engatusada—. ¿Por qué dices eso? Jexter se mordió la lengua. Ambas lo miraron. —Recuerdo haberlo visto de pasada, en informes oficiales sobre uno de los despachos de su empresa —desvió los ojos—, días antes, cuando desapareció y yo me colé por el tejado… Oh. Allanamiento para la lista. —¿Haces algo que no sea ilegal? —era una duda existencial de Niksie. Aunque, puesto a hablar, ella no estaba para hacer esos planteamientos… Blair estaba a cuadros, pero se rindió al momento y suspiró, enfocándose en el broche. Entonces, algo pareció hacer clic en su cerebro. —Espera, yo he visto esto antes —parecía querer recordar algo—. Ouroboros… Ouroboros… —¿Recuerdas dónde? —preguntó Niksie, intrigada, porque a ella, a parte de ser lo que era, no le sonaba de nada más reseñable. —No… lo sé exactamente. —Muy útil —murmuró Jexter. —Cállate —ordenó, dándole un sorbito a su café—. Estoy pensando. Niksie no lo dudaba. Blair poseía la curiosa habilidad del aprendizaje: si se lo proponía, podía absorber y retener prácticamente cualquier información. Y sí, su memoria de Anómala no era perfecta de forma pasiva, pues si llegaba a un tope de información se eliminaban datos antiguos aprendidos, pero cuando algo se le quedaba enganchado… era muy probable que terminara sacándolo. Y si Blair decía que lo recordaba haber visto en algún parte, es que algo aprendió no muy lejano por lo que tuvo que verlo. Ahora mismo estaba buceando en esa parte de su cerebro. Volvió a centrarse en los símbolos, en los ojos resplandecientes y, de un momento a otro, abrió mucho los ojos. —Creo… que fue en un cartel, o en una invitación, o algo parecido. Estaba relacionado con una especie de… gala de arte —asintió Blair, espantando los pensamientos que siguieron al recuerdo—. Mis padres me obligaron a memorizar los horarios de las actuaciones porque, sin consultármelo, habían decidido que su perfecta hija deleitara a los invitados con una pieza muy aburrida de Chopin —señaló con total convencimiento el broche—. Este símbolo era el promotor de esa gala. Jexter no dijo nada, pues solo miraba el broche como si de pronto se estuvieran alineando los puntos en su cabeza. —Arte… —repitió—. Mierda. Así que era eso… —¿Eso? —interrogó Niksie. —Hace meses —Jexter se inclinó hacia delante, ordenando bien sus recuerdos— que Adrien movía hilos por todo Glitch City. Mi padre estaba súper orgulloso por no sé qué de escalar y hacer negocios que expandiría el apellido de los Burke. Recuerdo que me llamó porque quería que su hijo “el señalado caso perdido” asistiera a no sé qué mierda de una gala benéfica de arte que prepararían para conmemorar la nueva iniciativa de su gallina de los huevos de oro. Se ve que era importante y que por eso encontré ese símbolo en sus archivos —se encogió de hombros—. No sé, le colgué a mitad de su monólogo. Niksie inclinó la cabeza. Y, cuadrando el timing perfecto, como si hubieran realizado una invocación de alto nivel, el móvil de Jexter vibró sobre la mesa. La pantalla se iluminó y el nombre que apareció hizo que en su rostro apareciera una mueca. Blair se echó hacia delante un poco. —¿Quién… es? Jexter no respondió, no hizo falta, él se contentó con girar el móvil y enseñarlo. > 📞 LLAMADA ENTRANTE > Hughes - A eliminar > > ••• está llamando... > > 🔴 Rechazar  🟢 Aceptar
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Anomalía: Bienvenidos a Glitch City (Novela) Capítulo 10

Estás leyendo el capítulo 10 de Anomalía: Bienvenidos a Glitch City (Novela), un novela. Allá donde la lluvia nunca termina por detenerse al completo y los seres humanos desarrollaron habilidades que te clasificaban como privilegio o desgracia, cierto individuo decidió jugar a ser el cazador de los… Este capítulo tiene publicado el 5 de agosto de 2026. Anomalía: Bienvenidos a Glitch City (Novela) tiene 14 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.