Leer Anomalía: Bienvenidos a Glitch City (Novela) Capítulo 6 online gratis en español

Bueno… Aquello era mala señal.
Niksie giró ligeramente la cabeza al escuchar las radios comunicándose y barriendo el bosque. Había visto las suficientes películas y documentales de asesinato como para saber que si la encontraban junto a un cadáver y junto al caso perdido, estaría jodida. Y, para su eterna desgracia, no sonaban muy lejos.
—Mierda —gruñó Jexter, que probablemente había llegado a la misma conclusión que ella.
—Es la poli…
—No —negó él con sarcasmo, uno muy mortífero, totalmente innecesario y ácido—. Son excursionistas nocturnos con perros y linternas. Claro que es la poli, rarita.
Oye… que ahí estaban todos muy alterados… no solo él. No era necesario.
Niksie lo observó sin dignarse a pestañear siquiera, con Lucille firmemente entre manos y, por un segundo de poca lucidez, debatiéndose por si su mejor baza no sería darle en la cabeza y echar a correr. Jexter parecía evaluarla y es que… de alguna manera que Niksie no entendía, era como si supiera claramente qué había pensado; eso a él le divirtió muchísimo, o al menos, el breves instante que se permitió tener antes de calcular la situación y tomar una decisión terrible…
Sí, probablemente sería terrible.
Agarró la muñeca de Niksie —la que sostenía a Lucille— y le dio un tirón hacia él que por poco consigue que el arma resbale por la fuerza.
—¿Q-Qué haces, loco desquiciado? —Niksie le insultó y no le importó. Ella odiaba que la tocaran sin permiso o que si quiera se acercaran a traición, y el muy desgraciado ya llevaba dos veces seguidas en tan solo unos minutos. ¡Estaba rompiendo sus espacios sagrados!
—Salvarme el culo.
—E-Eso no responde a mi pregunta —negó, con los ojos fijos en la mano de Jexter sobre su muñeca, ojos profundos que ojalá soltaran rayos láseres en esos instantes porque le solucionaría muchas crisis internas—. ¿Puedes soltarme?
A él le importó una mierda. Por supuesto que sí.
—Corre y déjate de mierdas.
—¿Por qué? —cuestionó Niksie, frunciendo el ceño ella ciertamente fastidiada. Vale, puede que no estuviera pensando con claridad por esa mano sobre su preciosa y necesitada de espacio piel… porque la situación actual respondía con creces sin tener que preguntar, pero…—. Tú no lo mataste… ¿verdad?
Jexter se detuvo de golpe.
La pregunta había sido tan directa y tan a destajo que lo dejó a cuadros. ¿Qué problema había? Sinceramente, Niksie se había perdido el tiempo suficiente en esos ojos ámbar —esos que se clavaron en los de ella, fríos— para analizarlo rápidamente. Y, si algo se le daba bien a Niksie, era analizar cosas: Jexter era agresivo, violento y tomo lo malo que pudieras echarte a la cara, pero esos ojos no eran los de un asesino. De echo, ponía la mano en el fuego a que aquella acusación hasta le dolió… en cierta parte.
—Si la poli nos encuentra aquí juntos —dijo él, en voz baja y tensa—, importará muy poco que lo haya o no lo haya hecho, rarita: seré el asesino de mi hermano. Así que mueve el culo, ahora.
La arrastró consigo.
¡Mierda, qué sí! ¿Pero por qué el muy idiota seguía sin confirmárselo? ¿Tan complicado era decir sí o no? Ah, solo lo hacía ver más sospechoso.
Niksie tropezó con una raíz a nada de ser obligada a correr. A ver, ¿qué se esperaba? Ni siquiera podía ver bien lo que tenía enfrente y el bruto de Jexter la atosigaba para ir a un ritmo que no era ni de lejos normal al que ella iba. Y, los de Tácticas estarían acostumbrados al ejercicio, pero Niksie no era de Tácticas por una razón muy simple: odiaba correr.
Por suerte, digamos que el contacto que ese desalmado proporcionaba logró ser útil para no caer al suelo y protagonizar una escena aún más vergonzosa que la del ciervo. No es que le encantara que esa mano se hubiera posado como si nada sobre su cintura para tirar de ella hacia arriba, pero… en fin, ni siquiera había dicho nada —ni la había mirado—, así que lo dejaría pasar… esa vez.
Da igual, analizar eso era una pérdida de tiempo. Niksie y Jexter corrieron entre los árboles, con las ramas azotándoles en la cara. El suelo estaba húmedo por la reciente lluvia y, de hecho, no dio tregua en su huida, sino al contrario: empezó a caer con más intensidad, pesada, fría y convirtiéndolo todo en la escena de crimen perfecta.
—¿Sabes que esto podría contar como secuestro? —habló Niksie, jadeando, porque si hablaba evitaba los nervios y si evitaba los nervios evitaba ser presa de la poli en tan jodida situación.
—Estás corriendo tú solita.
—Me obligas a trazar la misma distancia de tus pies de hobbit, que es diferente —puntualizó Niksie—. Estoy agotada.
—Bien —artículo Jexter—. Entonces no es un secuestro, es ejercicio en grupo.
—Eso no funciona así…
—Tsk —gruñó él, fastidiado de sus interrupciones ya—. Pues denúnciame por obligarte a correr cuando no estemos huyendo de una puta escena del crimen, rarita.
Las luces estaban cerca; les pisaban los talones junto a los ladridos de los perros. Ah, necesitaba pensar en algo, lo que fuera, pero Niksie no podía ni concentrarse en aquel estado, mientras respiraba agitada e invadían su espacio sin discriminación ninguna… No podía, no podía hacerlo y eso le angustiaba.
A Niksie le resultaba estresante que lo único que pudiera escuchar en esos instantes, fuera el sonido de su propio corazón, latiendo como un tambor. Y no era ningún sonidito de liberación…
Estaba acojonada. Por más que su expresión siguiera neutra, no dejaba de seguir escapando de una escena de un crimen. Estaba dejando sus huellas y, ahora mismo, agradecía sinceramente a cualquier dios que sobre Glitch City siempre cayera esa lluvia constante que eliminaría las pruebas de que estuvo ahí. Debería empezar a escuchar más a Zev o a Blair y enterrar esa vocecita de curiosidad en lo más profundo de su ser.
Un ladrido la atrajo de vuelta.
—Han traído pastores alemanes —comentó Niksie, agradecida por escuchar algo más que su retumbar interno.
Jexter le dio una mirada de reojo, incrédulo.
—¿Has analizado hasta la raza de los perros?
—Sí. Estoy nerviosa, puercoespín —exhaló Niksie, mordiéndose el interior de la mejilla mientras desviaba sus ojos—. Y son muy bonitos; tengo debilidad por las criaturas adorables y no humanas.
Jexter dejó escapar una risa.
—Al final voy a acabar matando a alguien esta noche…
Bueno, ¿eso significaba que no era el Cazador de Anómalos? Niksie se enfocó en ese pensamiento y se olvidó de Jexter y el daño que pudiera causarle. Sin embargo… se detuvo de golpe, tan de golpe que Jexter siguió corriendo y apenas dio dos pasos más cuando notó que ya no arrastraba a nadie. Él se giró rápidamente.
—¿Qué coño haces? ¡Corre!
Pero Niksie se encontraba completamente quieta, porque ya no solo escuchaba los ladridos. Observó hacia la izquierda y estrechó los dedos contra el bate. Jexter no entendía nada, pero su expresión se suavizó tenuemente al creer que quizás le había dado un algo “por las emociones fuertes del momento”, y se acercó un poco a ella, abriendo la boca para hablarle y hacerle entrar en contexto de la situación, sí…
—Escucha —dijo Niksie, adelantándose.
Jexter torció el gesto.
—Joder, no tenemos tiempo para escuchar —bufó, mirando por detrás de ellos como las luces se movían dispersas en la lejanía.
—Te digo que escuches —repitió Niksie, chocando sus oscuros ojos con los ámbar afilados de Jexter—. Aquí hay alguien más.
Sí. Estaba muy segura de eso.
Él se detuvo en seco y escuchó. Ambos contuvieron la respiración por unos segundos, mirando a la inmensidad del bosque que se cernía a su alrededor, a las copas de los árboles y el bosque, simplemente, pareció quedar en silencio… aunque solo fuera una fracción de tiempo. La quietud la rompió un crujido, a la izquierda, y no, no era la policía: las luces venían de atrás y lo que fuera que hubiera ahí estaba delante.
¿Estaban acechándoles? Niksie no entendía nada y las incógnitas en su cabeza se dispararon automáticas; si alguien estuviera acechándolos y la supuesta habilidad de Jexter era saber exactamente quien le miraba en todo momento, ¿por qué él no se había dado cuenta antes que ella? ¿Por qué siquiera estaban acechándoles? ¿Sería… el verdadero Cazador? Quizás no quería dejar testigos. Quizás los había visto. Quizás solo eran cosas de Niksie y su imaginación y realmente ahí no había nadie…
Él observó de soslayó a Niksie, como si supiera qué era exactamente lo que pasaba por su cabecita, como si estuviera retándola a seguir por ahí… y eso le perturbó a la susodicha. La ironía desapareció de su cara y solo quedaron esos ámbares fríos y peligrosos que había tenido al mirar al cadáver, antes de ordenar:
—Cállate.
—¿Ahora sí quieres que me calle?
—Rarita… —volvió sus ojos al bosque, al ruido—, por favor.
Niksie obedeció, milagrosamente. Tampoco es que fuera idiota.
Y, así, lo vieron; una sombra entre los árboles, quieta y al claro acecho. Sí, confirmado: los observaba y definitivamente no era un animalillo más. Se movía con una ligereza insultante sobre el árbol en el que se posaba, de cuclillas, haciendo que Niksie sintiera un escalofrío visceral, de esos que te nacen de la nada por culpa del instinto más primitivo. El miedo se le subió por la garganta como un nudo insaciable que no pudo detener…
—No es la poli…
—No…
Niksie lanzó una mirada rápida a Jexter y volvió a la sombra del hombre, o eso creía, a juzgar por el cuerpo. Bueno, quizás era difícil asumirlo con total ligereza, pero “ese enmascarado” —porque encima tenía una máscara— analizaba a unos más que a otros…
—¿Lo conoces? Él parece conocerte.
Jexter vaciló, una vacilación por la que Niksie lo volvió a taladrar, extrañada por no recibir ninguna respuesta mordaz o algo siquiera. Él había entrecerrado los ojos en dirección al enmascarado y chasqueó la lengua al fruncirse sus labios. Eso era raro.
—No.
Mentira. Niksie no tenía una habilidad para también detectarlas, pero llevaba años observando a todo tipo de personas. Y acababa de ver la tensión en su mandíbula, la forma en que sus hombros también lo hicieron a la par; no tenía pruebas, pero Jexter lo conocía, pese a estar presente como una sombra envuelta en oscuridad, envuelta con una máscara blanca que tapaba toda su cara…
De repente, las palabras de su hermano sobre que aquella salida no sería como ningún dark romance vinieron a su mente, traicioneras. De estar en uno de sus libros, podría ser un escenario interesante… Niksie apartó bruscamente esos pensamientos; de hecho, hacía tiempo que tenía la sensación de que incluso a ella, una parte de aquel enmascarado le resultaba conocida… Pero, a saber, había visto tantos patrones de movimientos, que vete tú a distinguir de dónde y de quién en mitad del bosque y a oscuras.
El enmascarado extendió una mano y dejó caer a la tierra una especie de broche, o eso imaginó Niksie, porque no se veía muy allá. Después, dio un paso atrás y se fundió de nuevo con la oscuridad como si nunca hubiera estado allí. Desapareció por completo.
—Eso ha dado muy mal rollo —murmuró Niksie—. ¿Era el Cazador?
—No lo sé…
Al menos esa vez, sonó sincero, porque incluso él dudó en su propio mundo.
Jexter dio unos pasos hacia adelante y se agachó para recoger el broche o lo que fuera que había tirado el enmascarado. No tuvo mucho tiempo para inspeccionarlo, las luces de la policía decidieron irrumpir.
—¡Hemos encontrado más huellas!
—¡Se dirigen al sur! ¡Vamos, antes de que el rastro se borre!
—Maldita sea —gruñó Jexter.
—Coincido. ¿Nos largamos?
Jexter fue a agarrarla de nuevo, metiéndose el broche en el bolsillo del pantalón, pero Niksie hizo la culebrilla y se zafó con rapidez.
—No —_otra vez no, por favor_—. Deja de arrastrarme. No pienso bien si lo haces y… ahora mismo tengo una idea.
—¿Tú… tienes una idea?
—Sí. Sígueme.
No nos vamos a engañar, Jexter dudó. Pero, en fin, no tenía muchas opciones más, así que, a su ritmo y por su propio pie, Niksie echó a correr y él la siguió; corrieron y corrieron entre los árboles hasta que Jexter comprobó algo que antes no había tenido el placer de comprobar porque fue él quien antes lideró la huida, sin embargo, Niksie se movía con una seguridad inquietante.
Bueno, ella ya había memorizado el camino muchas veces antes. En sus plenas facultades, era capaz de saber el camino que había tomado al entrar. Y, aunque las gotas eran cada vez más pesadas y estaban ya complemente empapados, no importaba.
Era buena señal: con lluvia no habría pruebas. Era lo que se repetía Niksie mientras corría y se calaba hasta los huesos.
»(…)«
Exactamente… veinte minutos después, jadeando y completamente mojados, salieron del bosque exitosos.
Cuando las primeras luces de Glitch City ya aparecieron ante el paisaje, respiraron algo más tranquilos, porque siguiendo la ruta de Niksie, parecían haber dado un poco de esquinazo a la policía.
—Mierda… —murmuró Jexter, deteniéndose un segundo para tomar aire y dándole un miradita de irritación y desconfianza—. Has encontrado la salida.
—Sí.
—Es… jodidamente inquietante si te paras a pensarlo.
—Gracias —dijo feliz Niksie. Porque escuchar el “encontrar la salida” camuflaba todo lo demás, incluido el tono mordaz.
—No era un cumplido, rarita.
Pero él tenía que destrozar sus pobres ilusiones.
Niksie hizo mohín, desilusionada, y se enfocó en llevar su humillación número tres de la noche a solo su consciencia. Fue tarde: Jexter vio esa expresión tan extraña en su rostro y le pareció lo suficientemente digna para plasmar una sonrisa irónica de medio lado que se desvaneció al instante.
Niksie los había conducido hasta el barrio chungo en el que vivía, bajo la lluvia torrencial porque, bueno, la ruta de su gps interno terminaba allí, de vuelta a su “hogar”. Las calles eran aún más oscuras de noche, cargaditas de grafitis, farolas rotas que iluminaban más bien poco y los callejones que olían a humedad y cañerías. Jexter conocía ese barrio: lo transitaba a menudo cuando quería respirar algo que no fuera la hipocresía de los pijos… aunque no ser habría imaginado que también era el barrio de la rarita número uno de la Universidad Omnia.
—Estamos cerca —aseguró Niksie—. Conozco la zona.
Jexter hizo una mueca, mirando alrededor. ¿Cómo podía vivir ahí de todas formas? No eran las condiciones más favorables del mundo que digamos.
—Yo también —murmuró Jexter—. ¿Vives aquí? Es jodidamente deprimente.
Niksie hizo un ruidito sin dignarse a girar la cabeza para responder:
—Tu personalidad también es deprimente…
Wow. Sí que era directa e iba a la yugular.
—Touché.
Una pena que a Jexter, a diferencia de los ofendiditos de la universidad, le importara una mierda lo que ella tuviera que decir sobre alguien como él.
Un callejón estrecho se abrió ante ellos en cuanto Jexter quiso darse cuenta y Niksie se metió sin dudar. Él alzó las cejas, intrigado, siguiendo su pequeño cuerpecillo que se movía cual felino por los callejones estrechos en busca de comida… Sí, tenía que dejar de alimentar a esas alimañas que te ronroneaban y te quedaban fuera de combate con solo mirarlas porque sin dudas le estaba afectando a la cabeza.
Jexter sentía como la sangre se diluía y corría por sus manos —una sensación que llevaba tiempo sintiéndola— y el labio partido le ardía y le molestaba. Las sirenas captaron su atención al instante porque pasaron cerca, pero Niksie giró sobre sus talones y agarró la manga empapada de la chaqueta de cuero que traía —_wow, por voluntad propia_—, tirando de él hacia un hueco estrecho entre dos edificios.
Él se quedó mirando como sus pequeños y finos dedos se aferraban a la prenda de ropa y no a su mano y, por alguna estúpida razón, sonrió.
Joder. Era muy extraña.
—¿Qué estás haciendo? —le preguntó, divertido.
—Salvarte el culo —respondió Niksie, ladeando la cabeza—. Tus palabras, no las mías.
—Rarita… Me caes fatal.
Niksie entreabrió los labios.
—Mantente aquí —susurró entonces—. Y guarda silencio.
Jexter volvió sus ojos a su cara que, por cierto, le llegaba máximo al pecho; miró sus facciones, sus pecas, esos ojos inexpresivos sobre un rostro curiosamente amable, pero impasible. El agua le resbalaba por las mejillas hasta acabar en la mandíbula y vio el instante exacto en que se mordía la lengua para probablemente no quejarse por la distancia porque esa vez había sido cosa suya.
Ah. Mierda. ¿Por qué seguía mirándola? Su respiración se había agitado brevemente y… fue un microsegundo, pero Jexter tuvo el impulso de hacer que los mechones azules que se habían dispersado por su rostro empapado volvieran a su sitio.
¿Por qué tenía que ser precisamente ella quién lo había encontrado?
Las sirenas pasaron de largo y se alejaron por la calle, resonando con intensidad. Niksie no esperó y volvió a tirar de la manga empapada de Jexter por el callejón hasta arrastrarlo hacia la escalera de incendios oxidada que subía por el lateral del edificio indicado; el metal crujió bajo sus botas, resbaladizo por la lluvia, pero subieron en silencio hasta la puerta de acceso que daba directamente al callejón.
Niksie sacó una llave de debajo de un ladrillo bastante camuflado y suelto, ¡en su puta presencia! Y sin importarle una mierda, abrió la puerta con un chirrido. Bueno, antes de eso, le metió un pequeño empujón a la puerta, pero eran detalles. La cerró de un golpe y se apoyó contra ella, respirando agitada entonces y dejando que sus pulmones funcionaran nuevamente.
Solo quedaron sus respiraciones y el sonido furioso de la lluvia golpeando el cristal de la única ventana visible. Porque el cuchitril en el que vivía era jodidamente minúsculo. En serio, ¿cómo podía vivir en aquel sitio? Era una duda existencial para Jexter.
Justo de frente, al entrar, se abría un salón enano que consistía en un sofá desvencijado y una tele vieja pegada a la esquina derecha. La cocina se fusionaba con el salón y no era mucho más, apenas dos fuegos, un fregadero y un frigorífico. Después, a la derecha de la puerta principal, se encontraba un baño del tamaño de un armario y a la izquierda, lo que intuía Jexter que era la habitación de Niksie. Literalmente, no había más. Eso sí, en la entrada, justo bajo sus pies, existía una adorable alfombra negra con calaveras blancas y una frase bordada en rojo que decía: “SI ESTÁS LEYENDO ESTO, YA ES DEMASIADO TARDE”.
Y estaban empapados.
Niksie era la viva imagen de un gato callejero sacado de una alcantarilla: el pelo azul pegado a la cara, la sudadera grande completamente pegándose a su piel y delineando cada curva con una honestidad casi ofensiva… Había que decir, que la rarita engañaba en cuanto al volumen de sus tetas —porque sí que tenía, fíjate— y menos mal que la sudadera era negra y no blanca. Jexter no estaba mucho mejor; la camiseta negra se le adhería al torso, marcando cada músculo, igual que la chaqueta o los pantalones. Además, la sangre se había corrido y de las manos resbaló la primera gota sobre la alfombra de calaveras.
Niksie lo examinó de arriba abajo sin disimulo. Joder. Jexter hizo lo mismo, deteniéndose más de la cuenta en cómo la tela mojada se pegaba a su pecho.
No era de piedra. Punto.
Entonces, cuando quiso hablar, eligió justo el momento en que ella también lo hizo.
—Necesito quitarme esta mierda… —había murmurado él, con la voz ronca.
—Estás lleno de sangre —y Niksie había objetado aquella gran objeción, señalando a todo él con el bate en su mano izquierda.
Ya. Jexter se miró con detenimiento las manos. Sí, las gotas rojizas seguía cayendo de sus dedos al suelo, a la alfombra de calaveras. Se había dado cuenta.
—Mierda.
Estaba echo un puto cuadro.
—Sí —confirmó Niksie—. Estás manchando mi alfombra.
Jexter levantó la vista y soltó una risa, casi incrédula por lo absurdo que sonaba eso.
—¿Esa es tu única preocupación? —preguntó. Y, cómo no, la sonrisa ladeada en sus labios que salió nunca llegaba a ser amable en él—. Sí que eres rarita de cojones.
Niksie lo taladró con total seriedad.
—Le tengo aprecio a esa alfombra.
Él le sostuvo la mirada un segundo más de la cuenta. Porque cuando pensaba que finalmente se cabrearía y le insultaría, salía con esas. Ja…
—Ven —ordenó ella, dejando el bate apoyado contra la pared—. Necesitas limpiarte.
Jexter alzó una ceja y ensanchó la sonrisa burlesca.
—Vaya… ¿ya me estás invitando a desnudarme en tu casa? —la recorrió una vez más—. Qué directa.
Niksie parpadeó, genuinamente confundida. Y es que la rarita no lo había entendido.
—¿Huh?
—Nada, olvídalo —dijo él, restando importancia.
Niksie abrió la puerta de la izquierda y entró en su habitación, sin pararse a procesar “algo insignificante”, así que Jexter la siguió, como iba siendo costumbre en aquella noche y… se detuvo en seco, en el umbral, cual vampiro que no había sido invitado a entrar. Estaba teniendo una reacción similar, fíjate tú…
¿Qué…?
—¿Qué coño es… eso?

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Anomalía: Bienvenidos a Glitch City (Novela)
Capítulo 7
Anomalía: Bienvenidos a Glitch City (Novela) Capítulo 6
Estás leyendo el capítulo 6 de Anomalía: Bienvenidos a Glitch City (Novela), un novela. Allá donde la lluvia nunca termina por detenerse al completo y los seres humanos desarrollaron habilidades que te clasificaban como privilegio o desgracia, cierto individuo decidió jugar a ser el cazador de los… Este capítulo tiene publicado el 29 de julio de 2026. Anomalía: Bienvenidos a Glitch City (Novela) tiene 14 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.