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Leer Anomalía: Bienvenidos a Glitch City (Novela) Capítulo 5 online gratis en español

![](/api/get-image/e8ff3c36-bba6-4c27-bf2b-0c2e2baa6c4c.webp/chapters/false) La lluvia volvió a acechar a eso de las diez de la noche. Bah, ¿a quién le sorprendía ya? A veces, incluso las gotas de agua parecían personajes secundarios del cuento que se cernía sobre aquella ciudad. Jexter Burke se encontraba sentado en el borde de un edificio abandonado, en una de las fábricas olvidadas con más tasa de mortalidad de los suburbios del Distrito de Deerfield. Concretamente, con las piernas colgando al vacío, el cigarrillo entre los dedos y su amada chaqueta negra de cuero empapada y pegada al torso… como toda su ropa, en realidad. El agua le corría por el pelo rojo teñido desde la raíz negra hasta las puntas, aplacando el alborotado cabello que siempre solía llevar hacia arriba, hasta bajarle por la mandíbula y resbalar. Él no hizo ningún movimiento para protegerse de la interperie, porque el frío le daba igual. Desde allí arriba se veían las luces de la ciudad parpadeando entre la niebla; desde el Distrito de Bayport a lo lejos —con su costa y su puerto— hasta la arrogancia de dinero y luz de Grandview, esa que a él le solía dar tanto asco. Sin embargo, sus ojos ámbar seguían puestos sobre lo que se cernía ante él: el barrio chungo por donde había merodeado esa noche y desde donde observaba la penumbra del bosque. Jexter se pasó la lengua por el labio inferior partido: sí, todavía le ardía. Y de solo pensar en el encuentro con su padre antes de haber ido allí le cabreaba aún más. En fin, con Hughes Burke nunca habían sido posible muchas palabras: con una frase, una mirada y un golpe lo suficientemente preciso como para recordarle su sitio en la familia eran suficientes. Jexter tenía los nudillos rojos por culpa de su ira. Después de todo: él era el asesino por excelencia de Glitch City y, mientras que Adrien en vida siempre fue el perfecto, él solo era el error del árbol genealógico entero. Oh, y es que era un envidioso y alguien despreciable, un monstruo y una bestia, claro que sí: no tenía corazón. Porque… ¿quién no querría escalar posiciones dentro de una familia que lo despreciaba? Ojalá se pudrieran. Jexter chasqueó la lengua y, entonces, en ese momento, el móvil vibró en el bolsillo interior de la chaqueta. > 📞 LLAMADA ENTRANTE > Rata Número 6 > > ••• está llamando... > > 🔴 Rechazar  🟢 Aceptar Lo miró por un segundo, sin prisa, y contestó. —Habla. Al otro lado, una voz nerviosa, al punto extremo de temblar, hizo su acto de presencia y dijo: —Jex-Jexter… oye, amigo, ¿recuerdas que yo… ya sabes, te debía un favor? B-Bueno, he oído algo que quizás pueda saldar nuestra deuda y podamos olvidarnos de… —Suéltalo —ordenó Jexter con voz fría, una que normalmente hacía que la gente se lo pensara dos veces antes de molestarlo por gilipolleces. —El bosque de Deerfield, s-seguro que lo has escuchado. Pues, verás, resulta que hay mucho movimiento de la policía en estos días y han acordonado la parte del norte, sí, tío, esa que lleva por el viejo camino de servicio hasta lo que llamaban la Boca del Diablo. Esa cueva turística tan siniestra en la que ocurrió aquel derrumbe… Guardó silencio un segundo y tragó saliva. —Dicen… Dicen que puede que el cuerpo esté ahí. El de tu… El de Adrien. No es oficial todavía, pero los que están en la comisaría hablan de un chivatazo fuerte y te tienen en la mira, así que deberías… no sé, ocultarte, irte al extranjero… esas cosas. Si te descubrieran podrías… Jexter dio una calada larga al cigarro, tranquilamente. El humo se mezcló con la lluvia. —¿Quién te lo ha dicho? —Un tío de dentro. Te lo juro, no me invento nada, lo conozco bien. Ah… Mierda, solo… no digas que fui yo quien te avisó, ¿vale? No quiero sufrir las consecuencias de alguien como tú cuando te pones… violento, pero tampoco quiero que la poli me detenga en ninguna redada. Aún tengo planes y una vida que vivir y… Jexter soltó una risa corta, carente de gracia. Alzó la mano que mostraba sus nudillos ensangrentados y miró al frente. —Relájate —dijo. Y, mira tú qué cosas, por lo que fuera, el hombrecillo tras la línea no se relajó—. Si te quisiera roto, ya lo estarías, así que… gracias por el dato, “amigo”. Colgó sin esperar respuesta. Jexter se quedó un momento más mirando las luces de la ciudad, mientras el cigarro se iba apagando entre sus dedos. Adrien. Qué irónico. Al final, su hermanito mayor daría más problemas muerto que vivo. Tiró la colilla al vacío, se levantó y se sacudió el agua de la chaqueta con un gesto perezoso. Luego, se acercó al borde del edificio y, sin dudar demasiado, bajó. Oh, tranquilos, que no fue un salto suicida de película, ni nada de eso… Nah, solo un pequeño saltito de fe lo suficientemente ágil y preciso como para que cualquiera que lo hubiera visto hubiera pensado que no era la primera vez que bajaba de forma poco ortodoxa de un tejado; se agarró a un tubo de desagüe, se deslizó, saltó a una escalera de incendios y aterrizó en el callejón de abajo con el ruido sordo de sus botas contra el asfalto mojado. —Bueno, hermano mayor, haz el favor de espérame una vez más… ¿quieres? Una sombra se deslizó a su lado y Jexter suspiró: iba a ser una noche muy larga. »(…)« Concretamente, las diez y veinte de la noche marcaban en el reloj cuando Niksie entró a la habitación de su cuchitril después de una cena más satisfactoria que un simple ramen. Daba gracias a la Abuela, sin duda. Ella se sentó en la cama junto a la ventana y con el portátil sobre las rodillas, alumbrando —junto a la luz de las farolas y la luna— su tétrica habitación. Como no podía ser de otra forma, minutos después, estaba abriendo el primer foro tras recibir un mensaje de alguien en la red que volvía a comentar sobre las tendencias asesinas de Glitch City. Ni siquiera supo en que punto sus dedos abrían un hilo detrás de otro, viendo como se multiplicaban con teorías absurdas, brillantes, que hacían que se le erizara la piel o simplemente… ¿fotografías borrosas de zonas del bosque? Espera. ¿Eso era un mapa hecho a mano del camino a la Boca del Diablo? Abrió la imagen e hizo zoom, sabiendo muy bien que efectivamente era ese camino tan siniestro que cerraron hace años por el derrumbe y que, sorpresa, Niksie conocía muy bien porque solía visitarlo bastante en el pasado. Junto a la foto —muchas gracias, FandeloOscuro\_3LI07—, había también respuestas que decían que la poli era una inútil por no investigar más, rumores de que el Cazador no solo mataba Anómalos sino que coleccionaba algo de ellos e incluso había quienes defendían que era un justiciero. Eso sí, la mayoría coincidía en una cosa: el patrón era demasiado limpio —una puñalada en el corazón— y ese mapa borroso hacía la Boca del Diablo era sospechoso. ¿Podría estar allí? ¿No sería demasiado obvio? Niksie nunca subestimaría el poder que tenían esos locos enfermos de las conspiraciones para averiguar cosas que ni la poli averiguaba a tiempo, pero… aún así, era raro. Niksie iba pasando de un post a otro mientras su cerebro trabajaba a toda velocidad, apuntaba mentalmente detalles, calculaba distancias y relacionaba nombres. Pero, no fue hasta las diez y media que no encontró un hilo especialmente atractivo. No era un hilo, de hecho, era “EL HILO”: alguien había subido una foto de la zona norte de Deerfield, acordonada y con el repost de la cuenta que antes había compartido el mapa a mano. Sobre éste, junto a un círculo rojo dibujado, había un comentario: > ↳ @neoncat · 21:46 > > _La policía no descansará, panda de imbéciles. Podéis seguir compartiendo mierda, ¿eh, @FandeloOscuro\_3LI07? Pero, si el cuerpo de Adrien Burke está ahí, el próximo en ser encontrado será ese asqueroso Cazador de Anómalos. Ojalá te pudras en prisión, caso perdido._ > > 👍 500K 💬 Responder Niksie se quedó mirando y releyó el mensaje unas tres veces en bucle. Wow, sí que le tenían odio a Jexter… e, igual que Blair, había gente que apoyaba a esa cuenta y a esas afirmaciones sobre el pelirrojo de bote que fumaba tras el edificio de Tácticas. A la mierda. No podía más. —Lo siento, Zev… —murmuró Niksie, rindiéndose a lo evidente. Había un cadáver en el bosque, posiblemente. Había probabilidades muy bajas, sí, pero… no eran cero, ¿no? ¿A quién engañaba? No tenía ni idea de qué haría de encontrar a Adrien Burke fiambre a los pies de la Boca del Diablo, pero es que la idea de estar ahí, en su habitación, mirando una pantalla como si eso fuera suficiente le era insoportable. Así que, sí, a la mierda. Niksie cerró el portátil de golpe, miró unos segunditos de margen a la oscuridad volviéndose a cuestionar sus futuras acciones y se terminó levantando. Abrió el armario y sacó la chaqueta más oscura que tenía en su amplia gama de negros. Y, allá por el fondo, envuelto en una toalla vieja, vio de refilón el famoso bate. —Habrá que sacarlo alguna vez, supongo —agarró a Lucille—. Esto va por ti, hermanito. Di que sí. Con el bate de béisbol de aluminio, de un rosa chicle chillón súper amenazante y con el mango envuelto en cinta negra gastada junto a las pegatinas de calaveras que Zev le había puesto “para que al menos diera un poco de miedo”, salió, haciéndolo girar entre sus manos para ver el lateral resaltar con rotulador permanente y comprobar que alguien —claramente Zev— había escrito a grandes letras: “NO ME TOQUES O TE ROMPO LA CARA” Niksie entrecerró los ojos, negando con la cabeza. Se aseguró de tener todo para que con el móvil en una mano —linterna encendida—, y Lucille apoyada al hombro, se internara sin mediar palabras en la oscuridad del bosque de Deerfield que tan cerca tenía de su acogedor barrio. »(…)« Había que admitir… que el bosque parecía mucho más grande de noche. A fin de cuentas, podría ser el escenario perfecto para esconder cosas que nadie debía encontrar. Incluidos cadáveres tirando a la descomposición. Ah, mierda, ¿cuánto hacía que el pobre Adrien estaría tirado por ahí? La linterna iluminaba apenas unos metros por delante: ramas traicioneras, tierra húmeda, raíces y nada especialmente interesante por ahora. Lo cual empezaba a resultar decepcionante. —¿Todas esas teorías y estaban equivocadas…? —murmuró—. Menuda decepción. Si ella fuera un asesino en serie, al menos tendría la decencia de dejar pistas mínimamente organizadas. Un poquito de estilo o un gesto distintivo con el que jugar al despiste o… algo. Pero, llevaba casi cuarenta minutos caminando y… Un crujido se escuchó a su derecha. Niksie se quedó quieta tras otro más, más cerca. Vale, podía con ello, sí; bajó el bate del hombro y lo empuñó con ambas manos. —Si eres un asesino —advirtió en voz baja—, voy a golpearte, no es un farol. Y que sepas que Lucille es bastante ruidosa, por si te sirve de advertencia. El arbusto se agitó y algo salió disparado. Niksie reaccionó por reflejo y giró el susodicho arma homicida con una violencia sorprendentemente competente: hasta ella se sorprendió cuando el grito que salió de su boca se mezcló con el de la figura emergente. Ambos se quedaron congelados. Era un ciervo. Un maldito ciervo muy muy acojonado. Niksie bajó lentamente el arma rosa. —Oh, no me mires así. Has sido tú el inconsciente que me ha abordado de esa forma tan rastrera… El animal salió corriendo sin quedarse a escuchar sus reproches, ciertamente traumatizado de por vida. —Qué humillación… Niksie hizo una seña con la mano y siguió caminando y caminando y… Puede que haber ido en la dirección de la que venía el pobre cervatillo fue “buena” idea después de todo, porque sin dudas, el olor era inconfundible: metálico y ferroso. El olor de la sangre. Niksie se detuvo. Iluminó el suelo con la linterna para ver las huellas recientes, profundas, que se dirigían hacia el interior del bosque, hacia la Boca del Diablo, y se agachó para observarlas. —Es la parte dónde debería correr, ¿a que sí? Pues las siguió de todas formas y el olor se intensificó y se intensificó. Hasta que después, apareció una silueta y… otra más y… la luz de la linterna alcanzó finalmente el cuerpo tirado sobre la tierra húmeda, parcialmente oculto entre las raíces de un árbol viejo a pocos metros de la entrada de la cueva. Niksie se detuvo en seco. —Oh. Estaba visualizando un cadáver. De verdad. Ya, sí, muy fuerte, pero es que estaba más enfocada en mantenerse serena mientras apretaba el bate por inercia cuando la luz alcanzó el rostro por el que los rumores cobraron toda la razón del mundo: Adrien Burke yacía allí, pálido, con los ojos abiertos y una puñalada en el corazón, como las demás víctimas, manchando la tierra de sangre a su alrededor. Pero, los ojos de Niksie no se encontraban sobre Adrien, sino sobre aquel arrodillado junto al cadáver que giró la cabeza con una expresión asesina por la que, no iba a mentir, ella temió por su vida. Cuando su mano resbaló hacia abajo y la luz se desvió, notó que esos ojos ámbar afilados la taladraban hasta dejarla pinchada en el sitio. Jexter Burke. El problema andante, el caso perdido de Glitch City, el mismo al que todos condenaban sin siquiera haberlo visto en acción antes, ahora tenía las manos manchadas de sangre y se encontraba junto al cadáver de su propio hermano. Oh. Mierda. El corazón de Niksie dio un pequeño salto. Ni siquiera sabía si era por sorpresa, miedo o… qué más da. Instintivamente levantó a Lucille y la empuñó con ambas manos, apuntando hacia él. Bueno, ella, al contrario que él, no daba la imagen más amenazadora del mundo; lo supo en el instante en que Jexter la miró, miró el bate y después, cual broma, volvió a mirarla a ella con una expresión tan fría, cansada, irritada… y claramente desconcertada por el color del arma, eso podía asegurarlo. —¿Vas a golpearme con… eso? —preguntó con una voz baja y ronca. Era la primera vez que Niksie lo escuchaba hablar. Ahm, ¿por qué a él esa voz tan rasposa le quedaba tan bien? A Zev solo le sumaba años. —Es… una posibilidad —respondió Niksie. Jexter se levantó lentamente. Era más alto de lo que se veía desde lejos, tanto que le sacaba una cabeza fácil, mientras que la sangre oscura manchaba sus manos y parte de la chaqueta negra. —Deberías haber traído algo menos… rosa. —A mi hermano no le haría ninguna gracia ese comentario sobre su Lucille… —divagó, sacudiendo la cabeza—. Ah, da igual, el color no resta eficacia. Jexter se rió, un carcajada seca y sin pizca de alegría; se pasó la mano ensangrentada por el pelo, dejando un rastro rojo oscuro sobre el rojo teñido y mojado. El labio partido se le movió con el gesto de burla que hizo y Niksie se fijó también en los nudillos ensangrentados. ¿Había habido pelea? Vale, eso no mejoraba esta escena… —Tu hermano te quiere poco, ¿no? —Mi hermano me quiere. A secas —Niksie lo fulminó con la mirada y apretó más fuerte el bate—. No te acerques. —Ya… Jexter dio un paso adelante de todas formas. Genial. Niksie retrocedió hasta chocar con un árbol. —¿Has venido sola —preguntó él, con voz peligrosa—, en mitad de la noche, a una zona cerrada por la poli… solo para buscar un puto cadáver? Ja… Este no debe ser tu día de suerte. Vaya, qué perspicaz. Lo mismo había ido sola en mitad de la noche a una zona cerrada por la poli a dar un paseo… —Sí. Y parece… —echó una mirada por detrás suya— que lo encontré. Jexter soltó otra risa, más oscura esta vez. —Mira tú qué eficiente… Él trazó otro paso, a la par que Niksie levantaba más el bate. A ver, que en verdad tenía la batalla muy en contra; él era puro músculo, cursaba Tácticas —por lo que escuchó— y tenía reputación de ganar peleas, mientras que ella… bueno, tenía un valeroso bate rosa y la peor idea del mundo. —Aléjate. —Mhm… ¿Y si no quiero? —retó él. —Te golpearé, me estás agobiando —exigió Niksie, soltando un bufido—. Va a ser un golpe con mucha dedicación. —Estoy temblado de miedo —se burló Jexter. En sus ojos ámbar brillaba un destello oscuro que a Niksie le erizó la piel. Porque, entonces, Jexter se acercó hasta que Lucille casi tocó su pecho y Niksie tuvo que levantar la barbilla para mirar al gigante y prácticamente esnifar el olor de la muerte, la sangre y el tabaco que él desprendía. La miró, ladeando la cabeza, como si estuviera planeando de qué manera dolorosa y cruel la descuartizaría, pero… —¿No tienes miedo? —más que una pregunta, era una observación que ciertamente parecía causarle curiosidad. —Estoy acojonada —respondió ella, con total honestidad. Maldita sea. Y esa sinceridad lo descolocó. ¿Qué esperaba? ¿Cómo coño iba a mentir? ¿De verdad se había vuelto tan inexpresiva que ya ni el miedo se reflejaba en su cara? —Pero sería estúpido que lo notaras, ¿no? —añadió Niksie, fastidiada con la idea de ser descubierta—. Si es que tenías que preguntar… Por un instante, algo cambió en el rostro frío de Jexter. Como si acabara de recordar exactamente con quién estaba hablando, muy a su pesar era probable, y su ceja izquierda —en la que tenía un piercing— se enarcó brevemente. —Ah —dijo al final. Bueno, parecía haber sido reconocida y no parecía algo que le emocionara—. La rarita. De cerca, pareces una psicópata. Y lo decía tan tranquilo el tío… —Eso no es… verdad —murmuró Niksie, haciéndose un poquito la ofendida. Así que, en venganza y sin reparos, señaló con la barbilla el cadáver detrás de él y sin pena ni gloria decidió empeorarlo todo—. Pues tú pareces un asesino. Ya, sí… ¿por qué el aire parecía haberse cortado o algo? ¿Hacía más frío o solo impresión suya? Una mueca en el rostro de Jexter fue la chispa a una expresión que de burla pasó a endurecerse de golpe. Bien, quedaba claro que ya no jugaba. Su mandíbula se tensó. —Cierra la puta boca —masculló. —¿Por qué? Puestos a hacer objeciones, es lo que parece. Jexter dio un paso más y plantó una mano ensangrentada en el árbol, justo al lado de la cabeza de Niksie, con demasiada fuerza. La acorraló, inclinando su rostro. —Porque si alguien te escucha decir eso —siseó él—, voy a tener problemas, rarita. Y ya tengo suficientes. Niksie bajó la mirada hacia sus manos manchadas, a sus nudillos, volviendo a subirla hasta su labio partido y terminando en sus ojos… que estaban muy cerca y que estaban incomodándola. Necesitaba respirar. —Tienes sangre en las manos, signos de pelea, y una reputación que no te hace ser ningún angelito —susurró—. ¿Eres el Cazador? Porque, por intentarlo… no soy ninguna Anómala. De hecho, soy todo lo contario. Jexter chasqueó la lengua e hizo el amago de taparle la boca, de dar rienda suelta a su sádico demonio interno, de silenciarla igual que silenciaba a los idiotas que osaban a pronunciar palabras parecidas o peores, en contextos aún más jodidos, pero… al ver la sangre en sus propios dedos, en sus propios nudillos… retiró la mano ahogando una serie de palabrotas y alejándose para tratar de controlarse. —Maldita sea… —miró de reojo el cadáver de su hermano, miró la sombra que yacía a sus pies y gruñó—. Cállate. Ahm… ¿Qué? ¿Le estaba hablando a ella? Qué reacción más curiosa. Niksie lo analizó cuidadosamente, porque de repente, sentía que no había terminado de encontrar ningún cadáver y que el rompecabezas solo acababa de hacerse más grande, sí… con él, con su manera de… Error. Unas luces, en aquel dichoso momento, atravesaron los árboles e interrumpieron sus pensamientos. ¿Y… sabéis una cosa? No, no eran luces del móvil y no, los ladridos que emergieron de entre la negrura tampoco eran de chihuahas.
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Estás leyendo el capítulo 5 de Anomalía: Bienvenidos a Glitch City (Novela), un novela. Allá donde la lluvia nunca termina por detenerse al completo y los seres humanos desarrollaron habilidades que te clasificaban como privilegio o desgracia, cierto individuo decidió jugar a ser el cazador de los… Este capítulo tiene publicado el 29 de julio de 2026. Anomalía: Bienvenidos a Glitch City (Novela) tiene 14 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.