Leer Anomalía: Bienvenidos a Glitch City (Novela) Capítulo 4 online gratis en español

La última clase del día terminó a las cuatro y media, con la que concluyó la esclavitud académica que se estaba desarrollando con el inicio del segundo semestre en la Universidad Omnia de Glitch City. Niksie había sobrevivido ya a las últimas horas a base de cabezazos ocasionales y cálculos mentales sobre cuántos segundos exactos faltarían para que el profesor cerrara la boca y sonara la aclamada campana.
Salió junto a Blair del aula y se despidió en la parada del autobús, cogiendo el que ponía rumbo a los suburbios en, sí, el Distrito de Deerfield del que antes hablaba su amiga. Tranquilos, que no iba de cabeza a por el cadáver: solo vivía allí cerca, a las afueras del Distrito de Grandview —en cuyo centro se encontraba la universidad— y a las puertas del Distrito de Deerfield.
Digamos que Niksie no se dirigía a los pomposos apartamentos del barrio que la institución académica mixta proporcionaba a los Anómalos o a los Afines que cursaban aquel año como su queridísima amiga beneficiada aún por el dinero de sus padres, no, sino a un barrio un poquito más… pobre, cerca del bosque que bordeaba todo Glitch City en concreto.
El móvil de Niksie vibró apenas bajó del autobús con la música tétrica y perturbadora a lo ninoniii: era una llamada entrante.
> 📞 LLAMADA ENTRANTE
> Ser considerado familia
>
> ••• está llamando...
>
> 🔴 Rechazar 🟢 Aceptar
Niksie contestó con el mismo tono plano de siempre.
—Hola.
—_Wow. ¿Sigues viva, Niks?_ —preguntó la voz ronca al otro lado. Los cigarrillos le estaban pasando factura, aunque Niksie suponía que tendría su público… En fin, se desviaba.
—Ya escuchas que sí.
Zev soltó una risa baja y divertida.
—Qué decepción. Dime, ¿dónde andas, adorada hermanita mía?
—Volviendo a casa, “adorado hermanito mío".
—Guay, pásate por el estudio.
Niksie entrecerró ligeramente los ojos, acusativamente, aunque él no pudiera verla. Nah, Zev la conocía tanto que seguramente se la estuviera imaginando.
—¿Por qué debería?
—Relájate, Sherlock. La abuela se pasó está mañana y me obligó a darte un “regalito”. Y yo que tú no deshonraría su valeroso esfuerzo de presentarse en el barrio o en el estudio armada solo con su buena fe: casi le da un infarto cuando vio lo que estaba tatuando en ese momento…
La expresión de Niksie se contrajo en una mueca breve, casi imperceptible.
—¿Otra vez? —cuestionó Niksie, porque sí, nada de eso era nuevo. La Abuela Foster iba a generar un trauma por el estudio y las zonas que su nieto acostumbraba a tatuar. A parte, claro estaba, de las evidentemente visibles por cualquiera—. Te la vas a cargar.
—No es mi culpa que su radar me capte siempre en las situaciones más cuestionables y comprometedoras de mi existencia —respondió él y Niksie sabía que el muy idiota estaría sonriendo—_. Anda, ven. Tengo comida casera y de verdad para ti._
Niksie se quedó unos segundos en silencio, mirando el asfalto mojado. Y, después de mirar a la izquierda, la calle que subía y daba al callejón de mala muerte en el que prácticamente vivía, suspiró: el muy maldito sabía a dónde apuntar. Entonces, giró la dirección hacia el lado contrario, hacia abajo de la misma calle.
—Voy.
—Y trae dinero para mi pequeña comisión.
—Ni de coña.
—Era por probar —dijo él, riendo, antes de colgar.
Niksie sonrió, poco, un leve tirón tontorrón en una de las comisuras de la boca, negando con la cabeza. Fue lo suficientemente siniestro para que una señora mayor que pasaba por la acera se cambiara a la contraria sin mediar palabra. Pero, ¿qué más daba eso? El caso es que el estudio no tardó en visualizarse, al final de la calle: una fachada negra con letras rojas de neón —muy de puticlub— que parecían sangrar con el nombre del local: INK DEMONS.
Ella se quedó mirando el letrero, ladeó la cabeza y entrecerró los ojos; seguía pareciéndole más nombre de banda emo que de negocio serio, pero si Zev era feliz así… Empujó la puerta y la campanita sonó, junto a la música de rock que explotó en sus pobres oídos.
Niksie se detuvo en la entrada, parpadeando hasta que el volumen cesó.
—¿Por qué siempre está tan alta? —preguntó, una duda existencial—. Ahora entiendo por qué la abuela está tan sorda…
Desde el fondo del estudio de tatuajes, que tampoco es que fuera enorme, Zev levantó ligeramente la vista tan seguro de sus movimiento que ni dejó de trabajar. Una sonrisa ladeada se le formó en la boca.
—La abuela está sorda porque ya tiene una edad, Niks. Y la buena música debe escucharse fuerte: eso es indiscutible.
Niksie alzó una ceja, mirándolo con una expresión muy analíticamente suya, esa que usaba cuando alguien decía algo ilógico a las dudas que tenía. Pero, a ella no la bajaban del barco: estaba convencida de que parte de la sordera de su pobre abuela era por esa campanita tuneada y fabricada en el mismísimo infierno por las manos del propio Satán.
—Desde mi posición suena a intento de asesinato acústico.
Zev chasqueó la lengua, claramente divertido.
—¿Ahora eres inspectora de Hacienda?
—_Iug_. No.
Niksie avanzó y se dejó caer en el pequeño sofá de la estancia, mirando a su hermano; Zev estaba tatuando el brazo de un hombre enorme, barbudo y cubierto de tinta. De hecho, el armario empotrado fan de los tatuajes en cuestión al que tenía enfrente, parecía perfectamente capaz de romper cuellos por hobby y devoción; Zev, por el contrario, parecía tranquilito y acostumbrado a ese tipo de clientes, más teniendo en cuenta que se hallaban en la periferia y en el puto Distrito de Deerfield.
Aunque, para qué engañarnos, si alguien parecía que iba a llegar y arruinarte la vida, esa era la imagen que su hermano daba; tatuador, delincuente, piercings en orejas, lengua y labio inferior, pelo oscuro algo largo y atado a una pequeña coleta… A parte de también demasiados tatuajes en brazos, pecho, espalda y cuello. Bueno, no era ningún príncipe azul al que presentar a tus padres en una cena para causar buena impresión.
Seguro que a los padres de Blair, por ejemplo, les daría un parraque si lo vieran junto a su hija y… Por alguna razón, la mente de Niksie vagó hasta Jexter y a esa forma en la que le daba de comer al gato atigrado como si fuera tráfico de alguna sustancia peligrosa. Ah, para delincuentes, “el caso perdido” quizás era incluso peor que Zev Foster; al menos, su hermano solo lo era de pega.
En fin, la camiseta negra del aludido se encontraba manchada de tinta y tenía esa expresión concentrada que sacaba en momentos muy puntuales, o mejor dicho, en momento en los que trabajaba de verdad, con las cejas fruncidas, los labios apretados y los ojos oscuros fijos.
Le perdía tatuar tanto como a Niksie le perdía lo oscura y macabra que podía ser la muerte.
Sin embargo, después de un rato, levantó la vista y su expresión cambió por completo. Aunque, eso sí, la sonrisa de medio lado volvió, más suave esta vez.
—¿Has comido ya?
—S… —la voz de Niksie se cortó de golpe y su garganta se atascó. Su ojo se puso en modo "tic impulsivo", frustrada, y se quedó congelada unos segundos, traicionada por su propia habilidad de mierda. Ya, qué gracia.
Zev levantó ambas cejas lentamente, echándole una miradita de “confiesa, hermanita”.
Niksie apretó los labios, por instinto, imperceptiblemente, hasta que al final, cedió:
—Vale. No. ¿Feliz?
—Niks —recriminó él, más serio.
—Me he tomado un café —intentó Niksie, cruzándose de brazos.
—¿Desde cuándo cuenta el café como comida?
—Tiene leche —se encogió de hombros, con un "esto es perfectamente lógico” en la cara cuando no, no lo era—. Era un Coffyphobia de esos tan famosos. Seguro que eso… suma nutrientes… de alguna manera.
Zev dejó la máquina de tatuar, se pasó la mano por la nuca, suspirando con resignación, y señaló el brazo del cliente con la punta de la máquina.
—A ti sí que voy a tatuarte una lista de nutrientes en la frente: con tipografía grande y legible para que te enteres de que un Coffyphobia raro de esos son puras mierdas y no comida.
Niksie lo miró sin pestañear.
—Eso sería muy poco profesional…
Zev soltó una risa corta y se giró hacia el hombre barbudo.
—Pero, ¿a que sería un espectáculo digno de ver?
El ruso alzó la mirada por primera vez y sus ojos claros brillaron con una morbosa diversión que hizo que una sonrisa torcida se extendiera bajo la barba.
—Da. Digno espectáculo. Yo pagaría entradas.
—¿Ves? —señaló Zev—. Dimitri pagaría.
Niksie los observó a ambos, procesando la extraña dinámica; ah, su hermano era un cuadro. Y ella probablemente más, porque los estaba mirando como si catalogara mentalmente el nivelito que estaba adquiriendo la conversación con la integración de “Dimitri” con seriedad.
—Qué raro —dijo al fin Niksie—. Pensaba que los rusos eran más serios. Estoy ciertamente decepcionada.
Dimitri soltó una risa que pareció más un gruñido ante la respuesta de Niksie.
—Los rusos serios estar en Siberia. Los que nos tatuamos en Glitch City ser los que tener sentido del humor.
Zev soltó una carcajada y le dio un golpe suave en el hombro al cliente con un “bien dicho”. Miró a su hermana otra vez.
—Ah, este tío es oro. Si algún día necesitas intimidar a alguien, Dimitri está disponible por el módico precio de una botella de vodka barato.
—Eres un ejemplo a seguir, hermanito —respondió Niksie, irónica, colocándose mejor la mochila entre las piernas y dejándose caer hacia atrás sobre el respaldo del sofá. Sus ojos oscuros se perdieron en el gotelé del techo, en su mundo, antes de que Zev negara con la cabeza y volviera a hablar.
—La abuela me ha dejado una notita feliz que recitar —añadió Zev, señalando el mostrador con la barbilla a la bolsa del súper llena de tápers que yacía ahí—. Dice que es “para que no se te olvide que tienes familia y llames de vez en cuando”. Y para que comas, por supuesto; eres un desastre en la cocina y si por ti fuera te alimentarias a base de ramen instantáneo. Así que no te mueras de hambre, ¿quieres?
Niksie bajó la mirada hacia sus manos.
—Mhm….
Bueno, puede ser que tuviera razón en realidad. Sus conocimientos en cocina eran tan nulos y desastrosos que el ramen instantáneo era la mejor opción en su día a día si no quería provocar algun desdichado accidente que proclamase su destino final. Menos mal que la Abuela aún seguía queriéndola lo suficiente como para alimentarla cual gatito callejero.
Zev la observó por el rabillo del ojo, con la mejor mezcla de cariño y preocupación que sacaba de él.
—Eso dices siempre, sí, sí. Y luego te encuentro comiéndote mis suministros… después de invadir mi encantador resort y atracar mi nevera a las tres de la mañana porque “tenías más energía para bajar la calle que para tocar tu cocina”.
Niksie no respondió, porque el puñal a su pobre persona fue más mortal que otra cosa. Decir que era mentira era inviable, así que debía aguantar la flecha a traición de su hermano frente a Dimitri como bien podía y con la cabeza bien alta. Ah, qué más daba, al menos tenía comida para aguantar por medio mes si racionaba bien.
»(…)«
Un rato después, ya en torno a las siete de la tarde y con Dimitri fuera de juego, ambos hermanos salieron y se sentaron en el callejón de atrás del estudio en una pequeña pausa para el negocio de Zev, pausa necesaria para fumarse un merecido cigarrillo apoyado contra la pared mientras Niksie masticaba un bocadillo bajo amenaza silenciosa pero muy real y mortífera.
Zev dio una larga calada y habló sin mirarla.
—La policía ha cerrado parte del bosque; creen que el fiambre del que todo Glitch City habla estará ahí.
Niksie asintió lentamente, guardando la información que sí, corroboraba. A parte de Blair, ella mismo lo había visto también de camino en el bus, en la Dark Web, junto a fumadas muy locas sobre teorías.
—Eso he visto, sí…
Zev la miró de reojo. Exhaló el humo despacio, estudiándola exhaustivamente.
—Niks… que ni se te pase por esa cabecita tuya tan preciosa y a la vez tan perturbadora la brillante idea de ir a un puto bosque sola a buscar un puto cadáver.
Niksie rodó los ojos y dio otro bocado al bocadillo: odiaba que conociera sus pensamientos intrusivos tan bien. Así se le complicaba ocultar información, aunque daba igual que lo hiciera; era un libro abierto, uno muy persistente y que, al menos, podía desviar la atención antes de que Zev hiciera una pregunta directa que respondería con posiblemente su mayor temor: una respuesta afirmativa.
—Estáis pesaditos con eso…
Zev se giró con la niña del exorcista hacia ella. Alzó una ceja, incrédulo.
—¿“Pesaditos”?
—Blair ya me lo dijo esta mañana —respondió ella con naturalidad, como si fuera lo más obvio del mundo—. Los dos repetís exactamente lo mismo.
Hubo un segundo de silencio en el que Zev parpadeó una vez, aún más incrédulo por la mención de aquel nombre a sus oídos desconocido.
—¿Blair? ¿Quién coño es Blair? —repitió, tratando de entender la existencia de aquel ser mitológico. Su rostro cambió: confusión, sorpresa y algo como… ¿orgullo? ¿Ahora estaba orgulloso? No lo sabía, pero se le quedó la boca abierta y una cara de idiota importante—. Espera, ¿tienes una amiga?
Niksie lo fulminó de reojo, todavía masticando.
—Sí.
—¿Desde cuándo? —parpadeó Zev—. ¡¿Por qué no me lo has contado?! A mí, a tu querido hermano mayor…
Zev se quedó exigiendo una respuesta ocularmente unos segundos más, descolocado. Niksie se encogió de hombros.
—No es para tanto.
Ya, quizás no lo sería si el historial de amistades de Niksie hubiera superado la página, pero no era el caso… porque, de hecho, nunca antes había habido un solo nombre siquiera. Zev terminó soltando una risa nasal, como si espantara una idea de la cabeza, y se pasó la lengua perforada por el piercing del labio inferior, pensativo.
—¿Sabes qué? Mejor hazle caso a esa tal Blair. Al menos me alegra saber que alguien cercano a ti sí tiene sentido común.
—No conoces a Blair —dijo Niksie, con una imagen muy diferente de su amiga en la cabeza a la que era probable que tenía Zev. Una imagen que incluía hackeos por aburrimiento, chicos diferentes y fiestas desenfrenadas—. Y… como le dije a ella, las probabilidades de que yo encuentre ese cadáver son muy bajas.
Zev, por unos momentos, solo observó a su hermana, dándole una calada intensa al cigarrillo. Terminó apagándolo contra la pared, frustrado ante sus pensamientos y terminó exhalando un enorme suspiro profundo.
—La madre que me parió… —masculló—. Niksie, hay un psicópata ahí fuera.
Ella levantó la vista hacia él, tranquilamente. Era increíble lo mucho que se estaban repitiendo esos dos…
—Soy consciente.
Zev se pasó una mano por la cara, más frustrado todavía. Su expresión era una ya un poema aún mayor: preocupación y resignación.
—Escúchame, hermanita, no es ningún dark romance, ¿sí? Aquí el asesino en serie no va a ser jodidamente atractivo bajo la máscara ni te va a empotrar contra un árbol en mitad del bosque. Aquí va a asesinarte, Niks.
Uh, había tirado la del dark romance… Qué rastrero.
—No quiero que termines en medio de algo malo con un asesino pisándote los talones y… me da igual si mata Anómalos o Afines o abuelos en geriátricos. Es un puto cazador sádico y sediento de sangre… ¿De verdad crees que te va a dejar vivir solo porque “no eres su tipo”?
Niksie miró hacia la calle. Las luces de las farolas temblaban con la humedad mientras el humo del cigarro de Zev se disipaba despacio. Pero, aún así, Niksie no podía apagar el runrún en su cabeza; entendía a Blair y entendía a Zev, hasta… cierto punto, sin embargo, su cabeza era incapaz de apagarse ante la angustiosa curiosidad.
Moriría. M̴͉͖̻͑ơ̵̼̹̓̒r̴̮̼̠͐͂͆ḯ̶̯̈́͠r̵͍͕͗̇ͅí̴̩̬̆å̸̓͜ de curiosidad.
—Es… precisamente por eso —susurró Niksie, con la mirada perdida al principio—. No puedo —sus ojos se clavaron en Zev, tal que una brasa ardiente e insaciable—. Sé que existe un patrón y que el puzle cada vez deja más piezas sobre el tablero. Desde que apareció la primera víctima en julio, simplemente… no puedo, Zev, no puedo desconectar mis ansías por indagar con la muerte.
Ah. Sí, quizás Zev olvidó lo cabezota que era cuando una idea ganaba en su cabeza. Niksie era una inconsciente cuando aparecían los presagios, los asesinatos y los patrones que el frío velo de una parca dejaba detrás. Era una rarita, sí, adicta a lo que la muerte era capaz de enseñar. Y en Análisis de los Comportamientos Asesinos no tenía buenas notas por simple devoción académica…
Zev cerró los ojos, luchando consigo mismo. Al final se rindió, pasándose una mano por el pelo.
—Criminología tenías que estudiar… —murmuró—. Bien. Haz lo que te dé la gana. Pero, si vas a tener ideas de mierda, al menos llévate a la Lucille que te regalé para los pervertidos y dale una buena hostia al primero que te parezca sospechoso, ¿me oyes?
Niksie asintió, ida, aún en su propio mundo. Y, es que, llevaba tiempo dándole vueltas a una cosita:
—Mhm… ¿Tú crees que simplemente es un asesino? El Cazador, digo, ¿crees que solo está matando por matar a esos Anómalos?
Zev la observó fijamente, descolocado, mordiéndose el labio inferior y jugando con el piercing; ¿por qué ahora mismo tenía una cara tan rara? ¿Por qué tenía una expresión tan difícil de leer? La preocupación, el cansancio y la resignación de aquel que sabe que no va a poder detenerla no era lo que Niksie percibía solamente. Qué raro: ella siempre era capaz de leerlo a él, pero esa vez, por algún motivo, no era capaz.
—Más te vale que no salgas desprotegida, Niks —dijo al final.
Niksie dio el último bocado al bocadillo y se perdió en la oscuridad del callejón.
Bien... Eso había sido extraño, pero, para quedarlo más tranquilo, dijo:
—Nunca saldría desprotegida.
¿Quién saldría desprotegida y…? Espera, ¿no iba a hacer nada para detenerla?

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Anomalía: Bienvenidos a Glitch City (Novela)
Capítulo 5
Anomalía: Bienvenidos a Glitch City (Novela) Capítulo 4
Estás leyendo el capítulo 4 de Anomalía: Bienvenidos a Glitch City (Novela), un novela. Allá donde la lluvia nunca termina por detenerse al completo y los seres humanos desarrollaron habilidades que te clasificaban como privilegio o desgracia, cierto individuo decidió jugar a ser el cazador de los… Este capítulo tiene publicado el 29 de julio de 2026. Anomalía: Bienvenidos a Glitch City (Novela) tiene 14 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.