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Leer Anomalía: Bienvenidos a Glitch City (Novela) Capítulo 12 online gratis en español

![](/api/get-image/8811f0cb-d528-45f6-ba1b-5fffc8ce24bd.webp/chapters/false) La mañana del jueves transcurrió cargada y jodidamente pesada tras aquel comunicado de urgencia. Aunque Niksie ya se lo había visto venir, los susurros no dejaban de correr como la pólvora, igual que las historias que convenían ser contadas; concretamente, ella se vio golpeada de lleno por ellos cuando cruzó el edificio principal, mientras Blair no dejaba de hablar sobre planes, tocados, sonrisas e historias absurdas que tendrían que ensayar para la gala. Era ruido y demasiadas variables innecesarias. Estaba cansada de escuchar diferentes versiones entre murmullos y su mejor amiga no ayudaba, que lo único que hacía es estar en sus ensoñaciones malignas en las que imaginaba a Niksie Foster con un vestido. Era probable que sufriría. Así que, en el momento en que Blair se detuvo a hablar con un grupo de chicas de primero sobre no-sé-qué, Niksie simplemente… se fue, desapareció como un fantasma, sin avisar ni dejar rastro. Bueno, solía hacerlo a menudo cuando Blair se entretenía a comenzar con alguien más una conversación que ni siquiera podía seguir. Sin siquiera darse cuenta, sus pies la habían llevado hasta el famoso lugar de fumeteo. ¿Que si iba por Jexter? Lo cierto era que no, pero es que ahí solía aparecer siempre el gato atigrado que rondaba al susodicho, que era diferente. Niksie lo localizó la vez que vio a Jexter traficando con comida cuando escapó de los esbirros de Siennah junto a Blair. Quitando esa vez, solo pareció haber visto su cola en ciertas ocasiones y en dirección a aquel preciso lugar… Era su oportunidad para encontrarlo. Si su teoría era cierta, no le importaba que Jexter fuera un efecto colateral al que también ver. Sí… Y, por eso, por supuesto, se había hecho con un vaso de Coffyphobia —negro, sin azúcar y sin leche, bastante fuerte— y una bolsa de hielo. Estaba preparada para sobornar al pelirrojo si era necesario: era un plan con grandes probabilidades de éxito… —Ah, eres tú… Lo encontró detrás del edificio, sentado en el borde de un banco de hormigón y con el cigarro entre los dedos. Pero… sus ojos se iluminaron al ver al hermoso felino naranja y atigrado a sus pies. Era… Oh. En el mismo instante en que Niksie apareció, el animal levantó la cabeza, abandonó el banco de un salto súper orgulloso y se dirigió directo hacia ella. Niksie se quedó quieta por unos segundos. No esperaba que nada más verla empezara a rozarse contra sus tobillos con insistencia, rodeándola en círculos y frotando el hocico contra sus converse negras mientras maullaba. ¡Era prácticamente una leyenda que no aparecía ante muchos! Y, en cambio, parecía como si la hubiera estado esperando toda la mañana y no pensara dejarla ir. Niksie salió de su trance y dio un paso; el gato se adelantó para bloquearle el camino, empujándola suavemente con el cuerpo y demandando caricias con una intensidad posesiva. Era adorable. —Tsk, traidor —murmuró Jexter, exhalando el humo hacia arriba. Entonces, se percató de lo que se traía entre manos la rarita—. ¿Qué haces aquí? Niksie no respondió de inmediato, es más, se detuvo, dejó el vaso y la bolsa sobre el banco y se agachó. El gato trepó hasta su regazo, se frotó contra su pecho, le lamió los dedos y se enroscó alrededor de su muñeca con un ronroneo consistente con el parecía reclamarla como de su propiedad. Niksie se derritió por dentro: era adorable. —Eso es para ti —dijo Niksie, sin siquiera mirar a Jexter y señalando lo que había traído. Estaba más concentrada en acariciar al gato. Jexter enarcó una ceja, observando cómo Niksie se recolocaba a un lado en el banco y el traidor felino se le acomodaba encima como si fuera su única y legítima dueña. Definitivamente, a ojos del pelirrojo, era un traidor. —¿Ahora finges pensar en mí mientras te robas la atención de Draken? —preguntó—. ¿Crees que todo este lío ya no convierte en amigos? —La verdad es que vine por el gato y para escapar de las historias de Blair —comentó Niksie, tranquilamente—, tú eras un efecto colateral. El café es para que no me mires como si estorbara porque deseo quedarme junto a Draken y él solo aparece cuando estás tú; he intuido que lo tomarías solo y muy cargado. Y el hielo es para el labio, que como es evidente, aún sigue un poco hinchado porque probablemente seas tan bruto que no te hayas curado otra vez. ¿Cómo podía saber tanto en tan poco tiempo? Jexter apagó el cigarro contra el suelo con el tacón de la bota militar, se inclinó hacia atrás sobre el respaldo del banco y ladeó la cabeza para mirarla de arriba abajo con una lentitud muy estudiada, una que solía usar para incomodar. El traidor de Draken, sin embargo, ni siquiera le dedicó una mirada de aprobación a él; seguía totalmente absorto en Niksie, en modo bola, mientras le lamía la mano. —Efecto colateral, eh… —repitió, divertido y un poco irritado a la vez—. Ja. Insoportable. Era asquerosamente insoportable, ¿verdad que sí? Jexter agarró el famoso Coffyphobia solo de café negro y le dio un trago largo. Hizo una mueca y, lejos de ser por el sabor, fue más bien por odiar que aquella rarita le hubiera abierto la puerta a un posible enganche a esa estúpida marca. Presionó de mala gana la bolsa de hielo contra su propio labio y observó a Niksie Foster por encima de ésta; aquellos ojos oscuros y esa sonrisa ladeada que ocultaba un brillo raro y perturbador le hizo parpadear para volver a la realidad. Luego, reparó en que el traidor lo miraba con una superioridad que dejaba implícito un “te he visto” mientras seguía en su papel de gato adorable. Era lo que le faltaba ya. —¿Y se puede saber qué son esas historias de las que te escapabas? Niksie bajó la vista hacia el animal, ignorando el tonito. —Se inclina, en contra de mi voluntad, hacia una trama en la que tenemos que parecer cercanos durante la gala —dijo, rodando los ojos ante la molestia que eso le suponía—. Según Blair, debo dejarte tocarme la cintura y más cosas innecesarias y poco eficientes. Lleva toda la mañana insistiendo en que para que la tapadera funcione tendrías que mirarme como si te gustara de verdad y estuvieras locamente perdido por mis huesos, lo que es una hazaña peligrosa e improbable. Él soltó una risa, por la que por poco y se atraganta con el café. Dejó el vaso a un lado, se levantó con pereza y se colocó delante de ella. Jexter se inclinó hacia delante y Draken levantó la cabeza un segundo, molesto por la interrupción, pero se limitó a entrecerrar sus ojos de dragón maligno y más ámbares que los suyos; el pelirrojo apoyó una mano en el respaldo justo detrás de Niksie, por lo que ese olor a tabaco suyo se extendió hasta llegar a ella. —Poco eficientes… —arrastró las palabras—. Pues dile a Blair que no hace falta inventar tanto, rarita. Si quieres que te mire como si me gustaras de verdad, solo pide por esa boquita, sin tanto análisis. La mayoría de las tías de este campus se tiran de cabeza sin que yo tenga que fingir ni media sonrisa, no será tan complicado engañar a unos ricachones en una gala. Jexter deslizó las yemas de sus dedos hacia abajo, hasta que la mano se encontró con la muñeca de Niksie, la que aún descansaba sobre Draken. La agarró con una suavidad engañosa y, sin apartar los ojos de los de ella, se llevó la mano de Niksie hasta su propio labio hinchado. Hasta causar ese contraste inmediato entre el frío que había dejado el hielo y el calor de su mano contra la piel. Niksie se quedó completamente quieta, procesando... Porque… Porque… Otra vez no, no, no… El contacto, la forma en que él controlaba su muñeca y la presión firme pero no dolorosa. Su cerebro se chamuscó en el intento de buscar una respuesta y alejarlo. No era… ¿Qué demonios era eso? ¿Algo caliente y desconocido le recorrió el estómago, algo a lo que no supo ponerle nombre. Como anoche. Draken, ajeno a todo, solo aumentó el ronroneo y se acomodó más contra ella, como si el mundo se redujera a su regazo. Deslizó las yemas de sus dedos hacia abajo, hasta que la mano se encontró con su muñeca, la que aún sostenía la bolsa de hielo. Jexter la agarró la muñeca con una suavidad engañosa y, sin apartar los ojos de los de ella, se llevó la mano de Niksie hasta su propio labio hinchado. Presionó el hielo contra la herida usando los dedos de ella. Un contraste inmediato: el frío del hielo y el calor de su boca. Niksie se quedó completamente quieta, procesando. Porque… Porque… El contacto, la forma en que él controlaba su muñeca y la presión firme pero no dolorosa. Mierda. El hecho de que su propia mano estuviera tocando la boca de Jexter. No era… ¿Qué demonios era eso? ¿Qué era esa miradita? ¿Era el efecto Jexter? Algo caliente y desconocido le recorrió el estómago, algo a lo que no supo ponerle nombre. Ella parpadeó una vez, lenta, confusa y frunció el ceño. Eso, fuera lo que fuera, era malo y retorcido. —No quiero que me mires así, te lo prohíbo —dijo al fin, con la voz un poco más baja de lo normal, porque le estaba incomodando de una forma extraña. Se soltó de su agarré y le plató la mano en toda la cara, empujándolo hacia atrás sin miramientos—. No me interesas de esa forma. Y estás… demasiado cerca, retrocede. —¿Huh? Podía percibir su malhumor y la vena maliciosa en su mandíbula… Igual que poco después entre las rendijas que dejaba ver sus dedos sobre la cara ajena, pudo apreciar el tic en uno de sus ojos ámbares. Jexter sostuvo su muñeca y la alejó de él, frustrado y molesto. Era verdaderamente insoportable. —Insoportable —murmuró, tocándose el labio y poniendo una mueca—. Ni un sonrojo, ni siquiera un “tal vez”. ¿Eres la reina del hielo o qué? Así es evidente que no va a funcionar. Niksie miró su propia mano, donde aún sentía el fantasma de la presión de los dedos de Jexter. Draken se estiró y ronroneó, pero, por alguna razón, las palabras del pelirrojo no dejaban su cabeza: “insoportable", “reina del hielo”, “no va a funcionar”… Conocía muy bien la pronunciación hostil de esas simples palabras; en un tiempo, le marcaron bastante. Ni siquiera el felino consiguió distraerla para evitar que sus puños se apretaran a ambos lados. —Sé que soy insoportable —y, esta vez, su voz sonó un poco más… tensa y “distraída”. Quizás confirmarlo tantas veces ya le dolía. Pero, sabía que no podía ceder y darle la satisfacción de bajar la mirada no entraba en sus planes. Relajó sus manos —tarde, él ya lo había visto— y volvió a acariciar a Draken cual robot sin sentimientos, escondiendo todo lo demás como bien hacía siempre. Fingió, fingió que no le había dado un golpe aplastante; y puede que fingiera, pero era muy mala haciéndolo. Jexter la observó un segundo más, bufó al ver eso que “trataba de esconder” y se llevó el café a la boca; lo terminó de un trago y le devolvió el vaso vacío. Agarró nuevamente el hielo, vacilando. Ni siquiera sabía por qué coño le importaba aceptarlo, por qué coño después de ese tono lo aceptaba para largarse ya y dejar de joderlo todo. —No me sigas, rarita —dijo, aunque la mirada que le dedicó antes de girarse fue más larga de lo necesario, dudosa—. Y… dile a Blair que deje de dar el coñazo con tantas historias. Tsk, ni siquiera tendría que molestarme en decir que cualquier numerito servirá… Yo lo haré creíble. Y, así, sin más, se alejó de ahí con las manos en los bolsillos, dejando a Niksie pinchada junto a un gato que negó con la cabeza desaprobatoriamente con una cara que parecía un claro reproche ante los humanos y sus tonterías. »(…)« Y… lo peor era que se estaba acabando el día y Niksie aún no había osado a cancelar los planes del viernes con su hermano. Sí, era un pequeño detalle a tener en cuenta que había pasado por alto gracias a la emoción del momento y su enfermiza manía por colocar los “casos interesantes de asesinato que se presentaban según la marcha” por encima de cualquier cosa existente en aquel planeta. Era de noche y se calentaba uno de los tápers de la Abuela —ya metida en su famoso pijama de tiburón— cuando su cerebro intentaba hallar algo concluyente que escribirle a Zev. Pero… para causa de un posible parraque prematuro, en ese momentito se escuchó el código de la puerta al abrirse; se tranquilizó, solo por su salud mental, y descartó que el Cazador de Anómalos pudiera poseer la contraseña de una simple Afín como ella… por mucho que supiera dónde vivía. Niksie, inconscientemente, dejó que la mano vagara hasta el cuchillo que había usado hacía nada y… —¡Sorpresa, hermanita! —anunció Zev, entrando con una bolsa de patatas fritas y un pack de las cervezas baratas del minisúper—. Me he tomado la libertad de traer refuerzos. Hoy cenaremos como reyes y después seguiremos con el pre-maratón de esa serie coreana de asesinos que dejamos a medias. El viernes es mi glorioso día libre y no acepto excusas: tengo que saber quién se cargó a Lee Min-ho —parecía muy emocionado para haber dicho que sería un mierdón predecible—. Kim Seung-min es sospechosamente tranquilo… ¿no te parece? Niksie lo miró desde la cocina, deteniendo el camino hasta el cuchillo y sacando el tupper del microhondas. —Hola, Zev. —“Hola, Zev” —imitó él, dejando las cosas en la mesa frente al sofá y quitándose la chaqueta—. Qué bienvenida más cálida y efusiva. ¿Dónde está mi abrazo de hermana menor agradecida? —Los abrazos son innecesarios. —Aguafiestas —enfatizó él, acercándose para revolverle el pelo tras hacer que su gorro de tiburón cayera. Ella lo observó sin inmutarse demasiado; a fin de cuentas, su hermano seguía tratándole como si fuera una niña, pero en fin, si él era feliz… Zev se dejó caer sobre el sofá como si estuviera en su propio cuchitril que, en cierto modo, era como si lo fuera porque solía aparecer de aquella forma bastantes veces. —A ver, saca la comida de la abuela antes de que me muera de hambre —casi podía babear por ello—. Huele a gloria incluso desde aquí. Niksie negó con la cabeza y le pasó directamente el tupper del que comerían ambos con dos tenedores; se sentó al otro lado del sofá y, durante un rato, comieron en un silencio muy relativo, pues de vez en cuando era interrumpido por los comentarios de Zev sobre lo bien que cocinaba la abuela y lo bien que hacía en llevarles la mercancía por lo poco que la señora confiaba en las habilidades culinarias de cualquiera de los dos. Cuando terminaron, Zev se estiró, buscó el mando y se pasó una mano por la nuca, donde el pelo oscuro se le escapaba de la coleta. —Vale… Esta noche vemos mínimo tres capítulos y mañana el maratón completo. Bueno, era un plan perfecto, sí, pero… Ah, Niksie no sabía cómo aprovechar para decirle lo que tenía que decirle sin que sonara evidentemente sospechoso. Sin darse cuenta, se había quedado procesando con los ojos puestos sobre el tupper vacío más tiempo de la cuenta. —Sobre mañana… Zev giró la cabeza lentamente ante esas dos solas palabras; parecía el muñeco de Chucky. Su expresión se había endurecido un poco también; Niksie lo conocía, era ese remix entre cansancio y alerta que él solía poner cuando claramente se olía que algo no iba bien. —No… —Todavía no he dicho nada. —No me gusta cómo has dicho “sobre mañana” —contentó, totalmente serio y de brazos cruzados—. Esa es la vocecita que usas cuando vas a cancelar algo sagrado que no deberías ni plantearte cancelar. No, me niego; el maratón de los viernes es sagrado, Niks —hizo un ademán solemne y suspiró—. No puedes cancelar lo único liberador de toda la semana… Niksie respiró hondo. No podía mentir, pero llevaba toda el día preparándose para aquella batalla y dándole vueltas, así que eligió las palabras con un cuidado que fue hasta quirúrgico. —Tengo planes con Blair. Es… un evento social por el que se requiere mi compañía —era lo mejor que había podido decir, teniendo en consideración las malignas circunstancias—. Tengo que ir. ¿No lo había hecho bien? Ah, mierda. Zev la miraba como si acabara de confesar algo muchísimo peor de lo que Niksie pensaba que sería ya el solo hecho de haber dicho sin un arma en la cabeza que tenía “un evento social” al que asistir. —¿Un evento social? ¿Tú? —se incorporó en el sofá, incrédulo, pero sin perder esa calma tan tensa que no terminaba de abandonarlo aquel día—. ¿Esa Blair te está obligando a socializar? Parpadea dos veces si necesitas que aparezca y te saque de ahí. Iré. Ay, por favor, al menos ahora estaba siendo un poquito dramático. Y… era normal la duda. A ver, Zev nunca había visto a nadie externo buscar a Niksie para cosas buenas, nunca jamás; mejor que él, que se había metido en más de un lío para mantenerla a salvo de esa gente, no lo sabía nadie. Que su hermana, siendo como era, dijera tales palabras… —No me ha amenazado —dijo Niksie. No, ella anhelaba ir por tal curiosidad que había obviado lo que en sí suponía una gala de arte—. Acepté ir por mi propia voluntad. Es… importante. —¿Importante… en qué sentido? —preguntó él, entrecerrando los ojos—. ¿Tipo “me van a obligar a bailar en público” o más “puede que termine en los periódicos”? No será algún tipo de evento de Anómalos pijos, ¿no? ¿Desde cuándo era tan intuitivo su hermano? Niksie estaba tan sorprendida… Sin embargo, inclinó la cabeza y consideró las opciones. —Más cerca de la segunda opción, probablemente —respondió, alzando una mano—. No me pidas detalles, hermanito. Sí, lo había hecho, había utilizado la palabra… Qué valor. Eso era lo que se reflejaba en la cara de Zev, muy abiertamente. Aunque fue momentáneo porque más que indignado por aquello, parecía en su propio mundo. Se pasó las manos por la cara y soltó un pesado suspiro, cargado de resignación. _Mhm_… Últimamente lo veía cansado. Echaba demasiadas horas en el estudio, trabajando por una miseria, en parte por su culpa. —Madre mía… Primero te metes en bosques en busca de cadáveres, ahora tienes “planes importantes” con esa amiga tuya un viernes… —la señaló con una patata frita, pero su voz ya no parecía tan ligera y descuidada—. Estás creciendo y metiéndote en cosas peligrosas… y no me gusta. Me niegas nuestro maratón y encima guardas secretos. ¿Quién eres y qué hiciste con mi hermana emocionalmente constipada? Niksie enarcó una ceja. Aunque… bueno, a fin de cuentas, era un análisis correcto y adecuado… Ah, daba igual, era mejor que Zev solo se quedara con eso y no supiera más, sino se preocuparía y ella no quería darle más problemas. —Sigo siendo yo —se limitó a decir ella—. Solo… Es un compromiso que no puedo posponer. —Compromiso, ¿eh? —repitió Zev en voz baja. El tono burlón intentó volver: se quedó a medias—. No habrá ningún chico involucrado en ese compromiso, ¿huh? Niksie se mordió el labio inferior. —Hay más de una persona involucrada en ese compromiso. —Eso no es un no… —Es una respuesta precisa. Evitar y encontrar las lagunas no era mentir si seguía siendo cierto. Zev se dejó caer hacia atrás en el sofá, mirando al techo un momento. Cuando volvió a hablar, su voz salió más ronca y más cercana a la que usaba por estar verdaderamente preocupado. —Bien. De acuerdo, no pienso ser invasivo; cancelamos el maratón de mañana, pero… —la miró de reojo, serio— quiero una compensación. El sábado por la noche, aquí: tú, yo, la serie… y un rato con mi hermana en su pijama de tiburón. ¿Trato? Niksie lo pensó. Había sido demasiado fácil y no encontraba la trampa, lo cual lo hacía ver incluso más sospechoso… pero, bueno, suponía que era el mejor escenario de todos y algo que podía aceptar. —Trato. Siempre que no me hagas preguntas directas que no pueda responder sin comprometer ciertas cosas. —Ah… Eres imposible —Zev le lanzó una patata frita que ella esquivó sin esfuerzo. La media sonrisa que se le escapó era algo cansada—. Aunque… qué le vamos a hacer. Te quiero igual, psicópata mía. —Yo también te quiero —asintió Niksie, extrañada por ese tono—. Estadísticamente, más que a la mayoría. Zev soltó una ligera carcajada y levantó su cerveza. —Brindo por eso… —dijo— y por que mañana no termines esposada o en las noticias. Niksie chocó su lata contra la suya. —Las probabilidades tienen altibajos, pero aún son moderadas. —Claro que sí… —murmuró él Y, por un segundo de nada, esos ojos oscuros de Zev, iguales a los de Niksie, se tornaron inmensamente vacíos—. Solo… Ten cuidado, Niks. De verdad. Ten cuidado. ¿Por qué esas palabras tan triviales habían sonado tan distintas a como solían sonar? No lo sabía, pero… mientras que Zev ponía el primer capítulo de la serie “solo para calentar”, Niksie se quedó mirando la pantalla recolocándose el gorro de tiburón sobre su cabeza y pensando que, después de todo, cancelar el maratón había salido mejor de lo esperado para ser ella. Se conformaba con esa pequeña victoria.
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Anomalía: Bienvenidos a Glitch City (Novela) Capítulo 12

Estás leyendo el capítulo 12 de Anomalía: Bienvenidos a Glitch City (Novela), un novela. Allá donde la lluvia nunca termina por detenerse al completo y los seres humanos desarrollaron habilidades que te clasificaban como privilegio o desgracia, cierto individuo decidió jugar a ser el cazador de los… Este capítulo tiene publicado el 12 de agosto de 2026. Anomalía: Bienvenidos a Glitch City (Novela) tiene 14 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.