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Leer Anomalía: Bienvenidos a Glitch City (Novela) Capítulo 13 online gratis en español

![](/api/get-image/5004c621-3927-403e-a135-fb02bd242ea4.webp/chapters/false) El honorable piso de Blair fue usado como base táctica para las pertinencias del viernes. Bueno, que luego lo se quejara, ella misma lo había propuesto, así que a eso de las cuatro, tras terminar las clases, Niksie ya había puesto rumbo junto a Blair, no sin antes detenerse en Niko Niko Café, el paraíso de su mejor amiga en cuanto a cafés se refería. A parte de aquel olor, el de los productos de belleza carísimos también predominó aquella tarde. Jexter había llegado algo más tarde, cosa que ambas aprovecharon para comer; poco después, el susodicho se presentó con el chándal de Tácticas y el casco de la moto en la mano, siendo bienvenido al salón principal que más bien para entonces parecía el backstage de un desfile improvisado: los trajes seleccionados en un mueble corredero especial, los zapatos alineados también dentro y la mesa llena de maquillaje que el pelirrojo observó como si fueran instrumentos de tortura. Blair le puso delante a Jexter, con toda la felicidad del mundo, un traje negro de corte italiano impecable. —Ni de coña. —Oh, sí —respondió ella, sin inmutarse—. Quiero recordar que quedamos después de una amable conversación en que me harías caso si querías el renacimiento de tu nuevo yo para colarte en esa gala sin levantar sospechas. Para eso, hay que aprovecharnos de lo que sí tienes a favor. Él alzó una ceja, cruzado de brazos, pero Blair no se contuvo y le dedicó una miradita de arriba abajo sin contemplaciones y súper descarada. —Vamos, Burke, que todo el puto mundo te creerá un asesino, pero es un hecho evidente que tienes un cuerpo de escándalo —admitió Blair, porque sí, porque era verdad y ella no tenía ningún reparo en decirlo. Sí… otra cosa era ya su asquerosa personalidad—. Sería muy estúpido no sacarle partido, así que… quítate ya ese chándal del entrenamiento y ve tirando para la ducha. Ahora. Blair le regaló una de sus sonrisas poco inocentes, pero “amables”. Jexter se rindió más por pereza que por otra cosa y porque realmente, necesitaba seguir esa estúpida pista. Sin embargo, eso no dejó su insolencia de lado; se quitó la camiseta sin ni una pizca de vergüenza, acostumbrado a que lo miraran y no le importara en absoluto. Era un exhibicionista. Niksie lo juzgaba en silencio desde su asiento, sabiendo bien que ahora vería la piel pálida, los hombros anchos, el pecho definido y el abdomen marcado que ya había visto la noche del bosque. Pero, para su sorpresa, no fue eso en lo que se fijó: la otra vez había estado a oscuras y solo había distinguido a penas los tatuajes que tenía y alguna cicatriz tontorrona… ahora las veía mejor. Algunas finas y antiguas, otras más profundas, de bordes irregulares y por toda la extensión de su cuerpo, que probablemente hablaran de peleas que no habrían sido limpias… teniendo en cuenta su historial. Parecía que no, pero estaba cubierto de varias y eso, aún así, no le hacían ver horrible. Ni siquiera la de la ceja, en la cara, hacían que su rostro fuera horrible. Algunos no tenían tan buena genética… Blair soltó un silbido. —Sí, sí, confirmo —\_se le caía la baba\_—. Estás indecentemente bueno, ¿vale? Tú ganas. Joder, ¿qué clase de entrenamiento os dan en Tácticas? —Uno muy intenso —dijo Jexter, irónico. A decir verdad, no era solo por Tácticas; él de por sí hacía el ejercicio suficiente para mantenerse así con la de ilegalidades que hacía…—. Pero sí, gano yo. Ah. Niksie volvió la vista a su romantasy, porque sus ojos ya habían escaneado todo lo que tenía que escanear. —Sí, es una anatomía interesante, ya te lo dije —comentó de todas formas, mientras le daba la razón a su amiga—. Tiene una buena proporción hombros-cintura y una musculatura funcional, no solo estética. A parte de que sea lógico que Blair quiera usarlo como muñeco experimental para sus fetiches de estilismo, también servirá si alguien tiene que hacer de escudo contra un asesino en serie. Jexter se giró hacia Niksie, con una media sonrisa arrogante y los pulgares enganchados en el elástico del pantalón del chándal, bajándolo un milímetro de más a propósito. El movimiento dejó ver un poco más de piel y una vena que se perdía por la línea en forma de uve que bajaba y desaparecía. Niksie lo reafirmaba: era un exhibicionista. Uno que había conseguido que volviera a mirar. Mierda. —¿Me estás diseccionando otra vez, rarita…? —cuestionó, provocativo y triunfal. —Estoy catalogando información visual relevante para la coartada —corrigió Niksie. A ella solo le interesaba que le sirviera de muralla defensiva entre un cuchillo o algo punzante—. No es lo mismo. Blair le lanzó una toalla a la cara a Jexter, riéndose. —Ducha. Ahora —ordenó—. Necesito ver el resultado final. Y Blair… lo único que quería era verlo en traje. Bueno, no tardó mucho su anhelado sueño. Poco después, Jexter salió del baño con los pantalones negros del traje puestos y sin la camisa aún, porque según Blair: “tendría que arreglar que el tatuaje que llegaba a la mano desapareciera”. Eso sí, al menos se comportó y siguió las indicaciones de Blair; se había echado un producto milagroso para desteñir el pelo y ahora ya no era rojo. Era una solución temporal, sí, pero de muy alta calidad y la solución que ella misma usaba para cuando tenía que ver a sus padres… que no sabían que su perfecta hija se teñía el pelo de rosa cuando no miraban. El caso es que el tono ahora era de un castaño claro, tirando a rubio, peinado hacia atrás. Y, era sorprendente, porque el cambio lograba suavizar sus rasgos. Luego, Blair había procedido a sentarlo para hacer desaparecer el labio hinchado bajo una capa impecable de corrector, al igual que también había camuflado lo que se veía de tatuaje en su mano. Literalmente, ya parecía otra persona, aunque siguiera siendo el mismo. Blair se quedó apreciando el panorama sin ningún disimulo. —Dios —articuló—. Si no fueras un eterno dolor de cabeza, te pediría que te quedaras así toda la noche. —Suena a acoso —murmuró Jexter, aunque no hizo el más mínimo movimiento para cubrirse. Observó la mano como si nunca hubiera sido tatuada e hizo una mueca al no sentir tampoco sus piercings. Se sentía vacío—. ¿Por qué tengo la sensación de que parezco el cabrón repelente del libro sucio que está leyendo la rarita? Blair enarcó una ceja. —No sé de qué me hablas —y se encogió de hombros—. Ahora quédate quieto, que aún no he terminado con la cara. Jexter bufó y, para colmo, Blair sacó un par de lentillas que remplazo su agresivo ámbar por un azul cielo y… Niksie se contuvo por no reírse como una loca, porque sí, definitivamente Blair estaba representando al personaje masculino que al principio era súper bueno y consentía a la protagonista porque era su todo… para después terminar siendo más tóxico y cabrón que ninguno. De hecho, el Jexter de base en sí podría ser ya el interés amoroso principal, pero claro, eso para una gala de arte no pegaba. Ahora necesitaban a un Tamlin, no a ningún Rhysand. Muy a pesar de Niksie. Jexter reparó en Niksie. Ella seguía observándolo con una expresión plana, mientras que por dentro se reía cual psicópata ella sola por sus pensamientos. —¿Qué miras tanto? —preguntó él, burlón. —Estoy recalculando —respondió Niksie—. Visualmente, aunque parezcas la opción desechable de un romantasy, ahora eres mucho más efectivo como distracción. El traje te queda bien, aunque eso era evidente. Jexter soltó una carcajada sarcástica. ¿Cómo podía aquella rarita catalogarlo como desechable y decirle que era una buena distracción en una sola frase? Era imposible. Cuando Blair lo liberó, se terminó de abrochar la camisa negra y se puso la americana, resultando en la pieza final del tan ansiado proyecto de Blair Hart; era excelente, era su mayor obra, era el resultado de toda una mañana pensando. Un hombre rico y atractivo que causaba un efecto de escándalo en la gente: era el Tamlin mejorado, la fusión perfecta con la imagen dominante de Rhysand. Blair dio una vuelta a su alrededor, satisfecha, en su propio mundo. —Ah, soy genial —se elogió—. Vale, recuérdalo. Esta noche eres Julian Drake: refinado, elegante… un hombre discreto, pero con una piscina de dinero a cuestas. Y, por supuesto, la pareja de Claxia Racken. Por supuesto, ¿qué podría salir mal? Jexter hizo un ademán, dando por perdida su opinión. Si la rarita también tenía una tapadera, tendría que estar doblemente alerta. Pero, en fin, su turno había terminado, así que sacó el móvil y empezó a vagar en lo que Blair empujaba a Niksie al dormitorio con el vestido negro de satén en la mano. Lo único bueno que le vio a todo aquello, es que no había tardado tanto como él pensó. Sin embargo, ahí estaba ella… Era… Joder. Era un simple vestido, nada del otro mundo ni que Jexter no hubiera quitado en alguna ocasión; de tirantes finos, corte recto y perfectamente ajustado. No era nada exagerado, ni extravagante, pero… es que Niksie en sí era un factor extraño. En ella —acostumbrada a sudaderas tres tallas más grandes y pantalones anchos— el cambio era simplemente brutal. Y, además, se descubría por lo que parecía que, debajo de toda esa ropa holgada, sí que había curvas y sí que había pecho y… de hecho, más de lo que cualquiera hubiera adivinado. Jexter ni siquiera se había fijado antes, ni siquiera con el uniforme, porque… en fin, también llevaba la sudadera debajo. El satén negro se pegaba a cada contorno ahora, marcando el pecho con cada respiración y dibujando la línea de su cuerpo como si estuviera hecho a medida para tentarlo. Que encima llevara extensiones para hacer su cabello azul ahora más largo, era todo un descubrimiento; y, como con él, también había cubierto el tatuaje que comenzada en su brazo izquierdo y tiraba en ramificaciones hacia el pecho. Niksie tiró un poco del escote hacia arriba, claramente incómoda. —Me siento rara —comunicó, con una mueca—. Esta cosa se pega demasiado… y no está lejos de ir desnuda. No me gusta, pido un rembolso. Jexter parpadeó, fingiendo no estar tan ensimismado por una imagen que lo golpeó, sucia e inesperada, en la que ese vestido desaparecía. Maldita mente traicionera y retorcida, no quería imaginar ningún escenario así, pero por desgracia, su sistema le pedía como acto básico desfogar y ese vestido no estaba ayudando en nada a su entrepierna. Apartó la mirada de golpe, irritado consigo mismo, y se pasó una mano por la nuca. —No estás rara, eres rara —pronunció Jexter, con la voz más grave y ronca de lo que quería—. Simplemente… estás diferente. Niksie lo miró, confusa, frunciendo un poco el ceño. —¿Diferente en el mal sentido? Ah, no era buena idea preguntar eso. —No —Jexter se forzó a recuperar la sonrisa arrogante—, en el sentido problemático. Supongo que ahora sí pareces la novia de un cabrón rico y desechable. Blair aplaudió, encantada con el resultado de sus obras. —¡Exacto! Estás perfecta. Y tú —señaló a Jexter, a quien ahora lo taladró como si fuera un ser despreciable al que enterrar bajo quinientos metros de tierra y vivo— deja de mirar a mi mejor amiga como si quisieras comértela y ve poniéndote en el personaje. Bueno, amenaza captada. —¡Mierda! —Blair se miró a sí misma tras mirar el reloj—. Tengo que arreglarme rápido. Los plastas de mis padres iban a recogerme para ir directamente como la bonita familia feliz que somos, así que… —suspiró, fastidiada—. Vosotros… largaos antes de que lleguen, ¿sí? Nos veremos ahí. Jexter no dijo nada y simplemente asintió. Tampoco es que le encantara la idea de ir con Hart, quien desapareció por la puerta del baño con una prisa aplastante. Niksie bufó, recolocándose el pecho. Aquello era horrible, no lo aguantaba. ¿Su curiosidad era tan potente? Empezaba a verse opacada por la molestia y el hecho de arrepentirse por un solo vestido del demonio… Jexter observó cómo Niksie seguía tironeando del escote del vestido negro como si creyera firmemente que podría hacerlo más holgado a base de pura fuerza de voluntad. —Vas a acabar rompiéndolo si sigues estirando así —comentó él, desinteresado, porque esa idea no lo estaba torturando ni nada… —Se me clava en sitios donde no debería clavarse —refunfuñó Niksie—. No estoy hecha para la ropa ajustada, siento que mi rango de movimiento ha disminuido un 23% aproximadamente. Es un porcentaje preocupante. Jexter sonrió y negó con la cabeza. —Créeme, se te clava justo donde se te tiene que clavar. Se pasó una mano por el pelo castaño claro, que todavía le resultaba extraño, y miró hacia la puerta. —En fin… —dijo—. Blair se larga con sus padres, así que nosotros tenemos un problemita logístico. Niksie levantó la vista. —¿Qué quieres decir? —No sé tú, cariño, pero yo vine hasta el piso de la loca en moto. Oh. Eso sería un problema, sí. Niksie observó el vestido, a los tacones y después a él. —Esta cosa infernal se me va a levantar. —Seguro —declaró Jexter, sonriendo con demasiada malicia—. Qué tragedia. —Lo será —asintió Niksie—. Además, el casco me va a destrozar el peinado que Blair tardó veinte minutos en hacer. A mí las extensiones no me importan, pero lo mismo soy la siguiente víctima. Jexter sacó las llaves del bolsillo y las hizo girar entre los dedos. —Tenemos tres opciones —dijo—. Una: pedimos un taxi y nos arriesgamos a que el conductor nos meta en una conversación desagradable. Dos: vamos en mi moto y llegamos más rápido, sin cotillas dentro del vehículo y con la cara escondida por el casco. O tres… caminamos seis kilómetros en tacones. Puestos a eso… —Sí. La moto tiene definitivamente mayor eficiencia y menor exposición a testigos prolongados —concluyó—. Aunque el vestido sea un inconveniente. —Eso es un sí, ¿Claxia Racken? —se burló él. —Es una aceptación a la opción menos mala… pero sí. Jexter esbozó esa media sonrisa arrogante. —Perfecto, pues intenta no pegarte demasiado o el personaje se me olvidará en la primera curva. Niksie lo escudriñó sin pestañear, entrecerrando los ojos con naturalidad. —No pienso pegarme. Me agarraré lo mínimo indispensable para no caerme. —Claro —murmuró él, y la forma en que lo dijo perturbó más a Niksie. Nunca había montado en una moto, pero no tenía que ser tan difícil, ¿no? Dejaron el apartamento de Blair y tomaron el ascensor de cristal del edificio en silencio. En el parking subterráneo —porque el sitio tenía parking—, la moto de Jexter esperaba a su amado dueño; una máquina negra mate, con una calavera estampada a un lado, demasiado potente y claramente no pensada para ir en vestido de gala que les dio la bienvenida. Él le ofreció el casco de invitado, negro, sin adornos, y se puso el suyo. Niksie se quedó mirando la moto unos segundos. Ah, no podía ser… —No hay agarres laterales adecuados para esta prenda. ¡¿Dónde estaban los agarres?! —Rarita, el agarre soy yo —respondió Jexter, subiéndose a la moto y arrancándola con un rugido—, concretamente mi cintura. ¿Quieres? Y, ya que estás, procura que el vestido no se meta en la rueda, que no quiero explicar un accidente en la gala. Niksie subió con movimientos cuidadosos, el satén negro deslizándose sobre el asiento. Cuando colocó las manos en la cintura de él, notó de inmediato la tensión de los músculos bajo la americana y la camisa. El calor de su cuerpo contrastaba con el frío del parking. El aroma a colonia cara y a él la envolvió. Niksie subió con cuidado. No era tan difícil y una mierda… nada más colocarse en posición sentía que escurría trágicamente y, por ello, se agarró a la cintura —o eso pensó—, notando de inmediato la tensión de los músculos de Jexter. Él apretó la mandíbula. —Más arriba o más abajo, rarita —masculló, con un gruñido—, pero si me agarras justo ahí me va a costar concentrarme en la carretera… Niksie decidió no responder… porque su rostro había enrojecido tanto al comprenderlo —porque es que lo estaba tocando— que se negó a que él se diera cuenta. Antes de que dijera alguna cosa más, ella se pegó a su espalda, asegurándose de subirse el vestido para no enrollarse en la rueda y agarrando la cintura de él —esa vez sí— con más fuerza de la necesaria. El pecho se le aplastó contra la espalda ancha de Jexter y, a mesar de que él chasqueó la lengua por algo en lo que Niksie no quiso ni reparar, no le importó. ¿Estaba avergonzada? No quería ni saberlo, no quería. Su única opción para no morir al instante fue pegarse cual sanguijuela sanguinaria y no reparar en los intentos de Jexter por girar el cuerpo para mirarla. \_Probablemente quisiera molestarla\_… Sí, Niksie no cedería. Él terminó soltando una risa entre dientes, resignado, hasta que ésta se perdió bajo el casco. —Joder… —murmuró—. No te sueltes, rarita. La moto arrancó suavemente y salió del parking hacia las calles de Grandview. La “suavidad” duró poco. . . . — 📸 MUCHAS MÁS HORAS DESPUÉS: BLAIR A NIKSIE 📸 — > 📱 SNAPLINE > Blair > > 02:35 > > Ya me lo agradecerás. Guarda estas fotos como prueba de mis grandes hazañas para la posteridad. > > ![](/api/get-image/fe4319d9-602a-4031-855d-1bea822db33d.webp/chapters/false) > > Y ya hablaremos sobre todo ese asunto siniestro del sobre negro. > > Besitos.
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Anomalía: Bienvenidos a Glitch City (Novela) Capítulo 13

Estás leyendo el capítulo 13 de Anomalía: Bienvenidos a Glitch City (Novela), un novela. Allá donde la lluvia nunca termina por detenerse al completo y los seres humanos desarrollaron habilidades que te clasificaban como privilegio o desgracia, cierto individuo decidió jugar a ser el cazador de los… Este capítulo tiene publicado el 12 de agosto de 2026. Anomalía: Bienvenidos a Glitch City (Novela) tiene 14 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.