Leer Ámeme señorita Villana! (Novela) Capítulo 7 online gratis en español
—Punto de vista de Iris—
Había algo muy importante que estaba ocurriendo.
Algo extremadamente importante.
Algo que podía cambiar el destino de este mundo.
Algo que... honestamente, nadie más parecía notar.
—¡LOS INTERESES AMOROSOS!
—¡Yukko!
—¿Sí?
—Hoy... es un día crucial.
—¿Por?
Me giré hacia ella con una expresión completamente seria, casi dramática.
—Hoy conoceremos a los pilares de esta historia.
—¿Eh?
—Los hombres destinados a enamorar a la protagonista.
—...
—...
—¿Te golpeaste la cabeza?
—No.
—¿Segura?
—¡Segurísima!
Suspiré profundamente, cruzándome de brazos.
—Hoy conoceremos a los tres intereses amorosos de este mundo.
Yukko me miró en silencio durante varios segundos.
—Voy a fingir que entendí eso.
—Gracias.
—De nada.
—Pero lo importante es...
Me incliné hacia ella lentamente.
—TÚ.
—¿Yo?
—Sí, tú.
—¿Qué hice?
—Nada todavía.
—Eso suena peligroso.
Sonreí.
—Hoy conocerás a tu destino.
—No me gusta cómo suena eso.
—Confía en mí.
—Eso lo hace peor.
—
Caminábamos por los pasillos de la academia mientras yo observaba atentamente todo a nuestro alrededor.
Esto ya había pasado antes.
Yo lo sabía.
Lo recordaba perfectamente.
Cada encuentro, cada ruta... todo estaba grabado en mi mente.
Solo necesitaba encontrar el momento exacto.
Y entonces—
Lo sentí.
Una presencia.
Elegante.
Refinada.
Impecable.
—Ah...
Giré la mirada.
Y ahí estaba.
Cabello dorado claro, postura perfecta, uniforme sin una sola arruga. Su sola presencia hacía que el ambiente cambiara ligeramente.
—¡EL PRÍNCIPE!
—¿Qué?
—Nada.
Me aclaré la garganta.
—Ese es uno de ellos.
—¿Uno de qué?
—De los intereses amorosos.
—Sigues con eso.
—Míralo bien.
El joven caminaba con tranquilidad, pero no era una calma común. Era el tipo de presencia que hacía que otros se apartaran sin darse cuenta.
—Él es Aurelian Valcrest.
—Ah... tiene sentido.
—En el juego, era una de las rutas principales.
—¿Y?
—Y Mina...
Miré de reojo.
Mina también lo había visto.
—...era su rival.
Yukko parpadeó.
—¿Rival?
—Sí.
—¿En qué sentido?
—Orgullo, estatus, poder... ninguno de los dos acepta estar por debajo del otro.
—Suena exactamente a Mina.
—Lo es.
El príncipe se detuvo frente a nosotros.
—Buenos días.
Su voz era suave. Perfectamente modulada.
Demasiado perfecta.
—Señorita Belrose.
Mina levantó ligeramente la barbilla.
—Príncipe.
—Espero que su estancia en la academia sea productiva.
—Siempre lo es.
—No lo dudo.
Sus miradas chocaron.
No hubo sonrisas reales.
No hubo tensión evidente.
Pero...
—Ohhh...
—No hagas eso —susurró Yukko.
—Hay tensión.
—Claro que la hay, es un príncipe.
—No, es TENSIÓN.
—Cállate.
El príncipe giró hacia nosotras.
—Y ustedes son...
—Iris Lane.
—Yukko Sakurai.
—Un placer.
—Igualmente.
Me miró unos segundos más de lo normal.
—...
—...
—Curioso.
—¿Qué cosa?
—No pareces interesada.
—¿En qué?
—En mí.
—Ah.
Me encogí de hombros.
—Eres el príncipe.
—...
—Eso es todo.
Silencio.
Yukko se llevó la mano a la cara.
Mina entrecerró los ojos.
El príncipe sonrió.
Pero no era una sonrisa como las otras.
Era... más real.
—Interesante.
Y luego se fue.
—...
—...
—...
—No sentí nada.
—¿EH?
—Nada.
—¿Nada?
—Nada.
—¿NI UN POCO?
—No.
—Pero...
—¿Qué?
—Nada...
Fruncí el ceño.
—Esto no está bien.
—
Seguimos caminando.
—Aún quedan dos.
—¿Dos más?
—Sí.
—¿Cuántos eran?
—Tres.
—¿Por qué tres?
—Porque es un otome.
—Sigo sin entender.
—No importa.
—
Entramos al patio interior.
Y ahí estaba.
Cabello oscuro.
Expresión serena.
Un libro en las manos.
Totalmente aislado del mundo.
—El de la iglesia.
—¿Iglesia?
—Sí.
—Tiene cara de que no sonríe.
—No sonríe.
—Tiene sentido.
—Es Lucien Arkwright.
—Suena importante.
—Lo es.
—¿Y qué hace?
—Piensa demasiado.
—Ah... de esos.
Lucien levantó la mirada lentamente.
Sus ojos se posaron en mí.
Se quedó observando.
Analizando.
—...
—...
—...
—Nos está evaluando —susurró Yukko.
—Sí.
—Me incomoda.
—A mí no.
—Claro que no.
Se acercó.
—No es común ver tanto ruido en este lugar.
—Lo siento —dijo Yukko.
—No lo siente —dije.
—¡OYE!
Lucien me miró fijamente.
—Tu comportamiento no es coherente.
—¿Con qué?
—Con la situación.
—Ah.
—¿Sabes que estás siendo rechazada?
—Sí.
—¿Y aún así persistes?
—Sí.
—¿Por qué?
Sonreí.
—Porque me gusta.
Silencio.
Lucien parpadeó.
—No hay lógica en eso.
—Correcto.
—...
—...
—Eso no tiene sentido.
—Lo sé.
Lucien cerró su libro lentamente.
—Tu energía...
—¿Es increíble?
—Es inestable.
—Otra vez eso.
—No está alineada con tu camino.
—Ah.
—Eso es problemático.
—Pero funcional.
—No debería serlo.
—Pero lo es.
Lucien se quedó en silencio unos segundos.
—No puedo clasificarte.
—Perfecto.
—Eso no es bueno.
—Para ti.
—...
—...
Se giró.
—Te observaré.
—Gracias.
—Eso tampoco es bueno —susurró Yukko.
—A mí me parece divertido.
—
—FALTA EL MÁS IMPORTANTE.
—¿El más importante?
—Sí.
—¿Por qué?
—Porque es TU ruta.
—No.
—Sí.
—No.
—Sí.
—No.
Suspiré.
—Sígueme.
—
Salimos hacia los campos de práctica.
Y entonces lo vi.
Cabello castaño.
Ropa sencilla.
Mirada firme.
—Ahí está.
—¿Quién?
—Cael Verdan.
—Ah.
—Tu destino.
—No.
—Sí.
—No.
—Sí.
—No.
—...
—No.
Respiré hondo.
—En el juego...
Me crucé de brazos.
—Tú no tenías amigos.
—Eso ya me lo dijiste.
—Pero es importante.
—No me gusta.
—A mí tampoco.
—Bien.
—Eras rechazada.
—Sigo sin gustarme.
—Y él...
Señalé a Cael.
—Era el único que te trataba bien.
Yukko lo miró.
—...
—...
—...
—¿Y?
—Te apegabas a él.
—¿Enamorada?
—No exactamente.
—¿Entonces?
—Dependencia emocional.
—Ah.
—Eras su rival.
—¿Por qué?
—Porque yo podía elegirlo.
—Qué incómodo.
—Sí.
—No me gusta ese juego.
—A mí sí.
—Claro.
Sonreí.
—Ahora lo arreglaré.
—No.
—Sí.
—No.
—Sí.
Me acerqué a Cael.
—¡Hola!
—¿Eh?
Se giró.
—Hola.
—Ella es Yukko.
—¡NO!
La empujé ligeramente.
—Mucho gusto.
—Ah... hola.
Cael las miró a ambas.
Luego a Mina.
Luego otra vez a mí.
—Ustedes... son raras.
—Gracias —dijo Yukko.
—Oye...
—¿Sí?
Cael miró a Yukko directamente.
—¿Te gustaría entrenar juntos algún día?
Silencio.
Momento importante.
Momento clave.
Momento decisivo.
—...
—...
—No.
—...
—...
—¿No?
—No.
—¿Por qué?
Yukko cruzó los brazos.
—Porque ya tengo amigas.
Silencio absoluto.
—No necesito eso.
—...
—...
—Estoy bien así.
Sonrió.
—Gracias, pero paso.
Cael parpadeó.
Luego sonrió ligeramente.
—Entiendo.
No parecía molesto.
—Eso es... bueno, supongo.
Miró a Iris.
—Cuídala.
—¿Eh?
—Esa chica...
Miró a Mina.
—No parece alguien en quien confiar.
Silencio.
Mina entrecerró los ojos.
Yo sonreí.
—Lo sé.
—...
—...
—Pero la amo.
—Eso confirma mi punto.
Y se fue.
—
Me giré lentamente hacia Yukko.
—¿QUÉ HICISTE?
—¿Qué?
—¡ESA ERA TU RUTA!
—No.
—¡SÍ!
—No.
—¡SÍ!
—NO.
—...
—...
—NO.
Suspiré.
—Todo cambió.
—Qué bueno.
—¿QUÉ?
—Qué bueno.
Me miró con una sonrisa.
—No necesito eso.
—...
—...
—Las tengo a ustedes.
Sentí algo en el pecho.
Algo cálido.
Algo... diferente.
—Eso...
—¿Qué?
—No estaba en el juego.
—Pues ahora sí.
Sonrió.
—Y me gusta más así.
—
Miré hacia adelante.
Mina estaba observándonos.
En silencio.
Con los brazos cruzados.
—...
—...
—Hmph.
Desvió la mirada.
—No es como si me importara lo que hagan.
Pero no se fue.
—...
—Este mundo...
Sonreí.
—Ya no sigue el guion.
—
Y por alguna razón...
Eso me hizo feliz.
\*\*\*
—Momentos antes—
—Punto de vista de Mina—
No entiendo.
Esa fue la única conclusión lógica a la que pude llegar después de observar durante todo el día a esa... extraña plebeya.
Iris Lane.
Desde el momento en que puso un pie en esta academia, no ha hecho más que comportarse de forma absurda, impredecible y, sobre todo... molesta.
Y, sin embargo...
Fruncí ligeramente el ceño mientras caminaba por los pasillos de la academia, con la espalda recta y el porte firme que siempre me ha caracterizado.
—No entiendo...
Murmuré en voz baja.
No era solo su actitud hacia mí.
Eso ya era suficientemente incomprensible.
No.
Era todo lo demás.
Primero, el encuentro con el príncipe.
Aurelian Valcrest.
Una figura impecable, alguien que representa perfectamente lo que un noble debe ser.
Elegancia.
Control.
Presencia.
Alguien digno de respeto.
Y aun así...
—Ese intercambio fue... extraño.
Recordé claramente la escena.
El príncipe saludándome con educación.
Yo respondiendo como corresponde.
Un intercambio normal.
Adecuado.
Correcto.
Pero entonces...
Iris.
—"Ah sí, el príncipe del juego".
¿Qué clase de forma es esa de referirse al heredero al trono?
No mostró nerviosismo.
No mostró respeto excesivo.
No intentó agradarle.
Simplemente... lo trató como si fuera alguien más.
Y eso...
Eso hizo que el príncipe se interesara.
—Ridículo...
Murmuré, cruzando los brazos.
Ese tipo de comportamiento debería ser castigado, no recompensado con atención.
Y, sin embargo, el príncipe la miró.
La analizó.
Como si hubiese encontrado algo... curioso.
—No tiene sentido...
Negué levemente con la cabeza.
Pero eso no fue lo peor.
Después vino el de la iglesia.
Lucien Arkwright.
Ese tipo de persona que analiza todo como si el mundo fuese una ecuación.
Frío.
Calculador.
Molesto, en su propia forma.
Observé desde cierta distancia.
No tenía intención de involucrarme, pero... era imposible no notar lo que ocurría.
—"No hay razón lógica para que persigas a alguien que te rechaza."
Recuerdo perfectamente sus palabras.
Y la respuesta de Iris...
—"Sí la hay, me gusta."
...
Silencio.
Incluso yo me quedé en silencio.
¿Eso fue todo?
¿Esa fue su respuesta?
Sin justificación.
Sin lógica.
Sin argumento.
Simplemente... una afirmación directa.
Y lo peor...
El de la iglesia no supo qué responder.
—...
Eso fue... aún más extraño.
Un individuo como él, incapaz de responder a algo tan simple.
Como si esa respuesta hubiese... roto su razonamiento.
—Patético...
Pero no estaba segura de si me refería a él... o a ella.
Pero lo verdaderamente incomprensible ocurrió después.
El plebeyo.
Cael Verdan.
Un becado.
Origen humilde.
Uno de esos que... logran subir de posición.
Y, aun así, siguen siendo plebeyos.
—Tch...
Desvié la mirada por un instante.
No me agradan.
No confío en ellos.
Nunca lo haré.
Pero incluso dejando eso de lado...
Lo que ocurrió fue...
Inaceptable.
Observé la escena desde lejos.
No tenía intención de acercarme.
Pero podía escuchar lo suficiente.
Iris... empujando a Yukko hacia él.
Insistiendo.
Forzando una interacción.
—¿Qué está haciendo esa idiota...?
Fruncí el ceño.
Yukko claramente no quería participar.
Se notaba.
En su tono.
En su postura.
En su forma de responder.
Y aun así, Iris seguía insistiendo.
—Molesta...
Murmuré.
Pero entonces...
El plebeyo habló.
Le ofreció hablar más tarde.
Una invitación directa.
Clara.
Simple.
Un momento típico.
Predecible.
—...
Esperé la respuesta.
Era obvio lo que pasaría.
Ese tipo de situaciones siempre terminan igual.
Aceptación.
Curiosidad.
O, al menos, duda.
Pero entonces...
—"No."
...
Parpadeé.
—¿Qué...?
—"No."
Lo repitió.
Sin dudar.
Sin titubear.
Sin siquiera considerar la opción.
—...
Eso...
Eso no es normal.
Fruncí el ceño con más fuerza.
Y entonces vino lo peor.
—"Porque ya tengo amigas."
...
Silencio.
Sentí algo extraño en el pecho.
—"No necesito eso."
...
—"Estoy bien así."
...
Apreté ligeramente la mano.
—¿Qué clase de respuesta es esa...?
No tenía sentido.
Ninguno.
En este mundo, las conexiones son importantes.
Las relaciones.
Las alianzas.
Los beneficios.
Todo tiene un propósito.
Y ella...
Rechazó todo eso.
Por algo tan... simple.
—Amistad...
Murmuré con desdén.
Ridículo.
Completamente ridículo.
Y, sin embargo...
Desvié la mirada ligeramente.
—...
No parecía falso.
No parecía forzado.
No parecía una excusa.
Lo dijo con naturalidad.
Con sinceridad.
—...
Eso fue lo que más me molestó.
—¿Qué estás mirando con tanta concentración?
La voz de Oliver me sacó de mis pensamientos.
—Nada.
Respondí de inmediato.
—Claro.
Se colocó a mi lado, mirando en la misma dirección.
—Es Iris, ¿no?
—...
No respondí.
—Sabes, últimamente la observas bastante.
—No digas tonterías.
—¿Ah no?
—No.
—Entonces es coincidencia.
—Exacto.
—Qué conveniente.
—...
Lo ignoré.
Pero Oliver no parecía tener intención de irse.
—Es rara.
—Lo sé.
—Muy rara.
—Lo sé.
—Extremadamente rara.
—Ya entendí.
—Pero...
Se quedó en silencio por un momento.
—No es mala.
...
—...
Giré ligeramente la cabeza.
—¿Perdón?
—Digo que no es mala.
—...
Fruncí el ceño.
—Eso es irrelevante.
—¿Lo es?
—Sí.
—No lo parece.
—...
—Porque si fuera irrelevante... no estarías tan pendiente.
—No estoy pendiente.
—Claro.
—...
Apreté ligeramente los labios.
—No entiendes.
—Entonces explícame.
—...
Silencio.
—Los plebeyos...
Murmuré.
—No son confiables.
—¿Todos?
—Sí.
—¿Sin excepción?
—Sin excepción.
Oliver me miró directamente.
—Eso suena... conveniente.
—Es la realidad.
—¿O es lo que quieres creer?
—...
No respondí.
—Porque si fuera tan simple...
Continuó.
—No estarías dudando.
—No estoy dudando.
—Claro.
—...
—Pero esa chica...
Miró hacia Iris.
—No encaja en lo que dices.
—...
—Y eso te molesta.
—...
Desvié la mirada.
—No es eso.
—Entonces, ¿qué es?
—...
No lo sé.
Esa fue la verdad.
Pero no iba a decirlo.
—Es molesta.
—Sí.
—Ruidosa.
—También.
—Insoportable.
—Bastante.
—...
—Pero no es mala.
—...
—Y eso es lo que no te cuadra.
—...
Apreté los puños.
—No saques conclusiones apresuradas.
—No lo hago.
—...
—Solo observo.
—...
Oliver suspiró.
—Deberías hacer lo mismo.
Y se fue.
—...
Me quedé en silencio.
Mirando a la distancia.
Iris estaba riendo con Yukko.
Como si nada.
Como si el mundo fuese... simple.
—...
—Ridícula...
Murmuré.
Pero esta vez...
No sonó tan convincente.
—¡SEÑORITA MINA!
—¡NO CORRAS HACIA MÍ!
—¡PERO QUIERO!
—¡NO QUIERO YO!
Iris apareció de la nada, como siempre.
—Hoy fue un gran día, ¿no cree?
—No.
—Yo creo que sí.
—No te pregunté.
—Pero le respondo.
—No quiero tu respuesta.
—Pero se la doy.
—...
Apreté los dientes.
—Eres insoportable.
—Gracias.
—No es un cumplido.
—Para mí sí.
—...
Silencio.
—Oye.
—¿Qué?
—¿Por qué estabas intentando emparejar a Yukko con ese plebeyo?
—Ah.
Sonrió.
—Porque era su ruta.
—¿Su qué?
—Nada.
—Habla claro.
—Pensé que le gustaría.
—¿Y?
—Pues no le gustó.
—Evidente.
—Sí.
—...
—Pero está bien.
—¿Qué cosa?
—Que no le guste.
—...
La miré.
—¿Por qué?
—Porque...
Se encogió de hombros.
—No necesita eso.
—...
—Ya tiene lo que quiere.
—...
—A nosotras.
—...
Sentí algo extraño otra vez.
—No digas tonterías.
—No lo son.
—Lo son.
—No lo son.
—...
Me giré.
—Haz lo que quieras.
—¡Siempre lo hago!
—Eso es lo que me preocupa.
—Jeje.
—...
Comencé a caminar.
—¡Señorita Mina!
—¿Ahora qué?
—¿Me dejaría intentar con usted la próxima vez?
—¿Intentar qué?
—Mi habilidad.
—...
—...
—No.
—¿Eh?
—No.
—Aww...
—...
Seguí caminando.
Pero...
—...
—No es como si quisiera que lo intentaras conmigo...
Murmuré en voz baja.
—...
—Definitivamente no.
Y aun así...
Por alguna razón...
Esa idea no me desagradó tanto.


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Ámeme señorita Villana! (Novela)
Capítulo 8
Ámeme señorita Villana! (Novela) Capítulo 7
Estás leyendo el capítulo 7 de Ámeme señorita Villana! (Novela), un novela. La historia gira en torno a Sora Saito, una estudiante universitaria que posee una gran pasión en los juegos de tipo otome, las novelas y el manga, sin embargo un día súbitamente tras pasar una cantidad peligrosamente… Este capítulo tiene publicado el 19 de octubre de 2026. Ámeme señorita Villana! (Novela) tiene 20 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.