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Leer AESTORIUM (Novela) Capítulo 9 online gratis en español

En algún lugar, bajo la mirada del Emperador, en el planeta Kaleb-7, el tiempo parecía correr con otra prisa. Pasos resonaban apresurados por un largo pasillo. Un miembro del personal se detuvo ante una puerta imponente y habló: —Tengo algo que reportar. Una voz profunda, grave, respondió desde el interior: —Adelante. El hombre entró, se inclinó profundamente y dijo: —Que las santas palabras lleguen a todos. —¿Qué te trae tan apresurado al Salón? —preguntó la voz. —Vengo a reportar un acto de herejía. La voz lo interrumpió de inmediato, tajante: —¿Herejía? Ejecútenlo. ¿Vienes solo para informar algo así? —No es cualquier persona —se apresuró a explicar el mensajero—. Es a quien ya llaman el Hereje. La voz mostró entonces curiosidad: —¿Y quién es? El mensajero se inclinó más aún, activó una pantalla y continuó: —Según el reporte de la nave imperial Ticcs, al mando del Almirante Thnor, bajo su custodia viaja el capitán Karl Reinner. Ha sido acusado y marcado como hereje por abandonar su puesto y dirigirse al planeta Alpha 349. En resumen: Karl, el Ejecutor Rojo, ha sido declarado hereje. Se solicita al Consejo del Salón que determine las medidas a tomar. —¿Estamos hablando de ese Karl Reinner? —preguntó la voz. —Sí —respondió el mensajero—. Karl, el Ejecutor de Rango Cero. En la oscuridad del Salón, muchas miradas se cruzaron entre sí. Entonces la voz tronó, estruendosa: —¡Movilicen cincuenta mil marines, ciento cincuenta Ejecutores y tres unidades de Inverno! Se ordena captura y custodia máxima del capitán Karl Reinner. Traedlo ante el Salón para ser juzgado: el Ejecutor Rojo de Rango Cero. Se autoriza la movilización. ¡Rápido! El personal se inclinó profundamente y se retiró de inmediato. Las alarmas resonaron en cada zona imperial del planeta Kaleh-7. Por todas las transmisiones se repitió la orden: —Orden de captura contra el capitán Reinner. Ha fallado en su misión y abandonado su puesto. Se le acusa de herejía. Las trompas de alerta resonaron por todo el cielo. Muchas unidades no lograban comprender: ¿cómo era posible que alguien conocido como el Ejecutor Rojo de Rango Cero fuera acusado de herejía? Inmensas naves comenzaron a elevarse, cargadas con los marines, los Ejecutores y las unidades de inverno. Partieron en busca de Karl Reinner para llevar a cabo su captura. En el planeta Kaleh-7, todos recordaban aún aquellos sucesos contados en incontables frentes de batalla: quién fue Karl en el pasado, hazaña tras hazaña… y ahora, un hereje que sería juzgado por el Salón. La Flota Imperial MON se movilizó con todas las unidades ordenadas, partiendo en su búsqueda. Por el comunicador, un oficial informó: —Almirante Lennor, estamos por activar el salto espacial. Estaremos cerca en unos días. —Bien —respondió él con firmeza—. Autorizo el salto. Vamos a darle caza. Toda la flota inició el salto interestelar. La captura de Karl Reinner había comenzado. Lejos del planeta Alpha, la nave avanzaba con Karl y los Ejecutores custodiándolo. Él se mantenía sereno, sin decir palabra. Uno de los Ejecutores se giró ligeramente y le dijo: —Karl… tantos años de servicio… ¿solo para terminar siendo hereje? Karl no respondió. Su rostro conservaba una calma absoluta, aun sabiendo que quizás solo le quedaban días de vida. Lejos de ahí la nave Ticcs se preparaba para partir en la cabina, la voz del oficial resonó: —Nave imperial Ticcs. Almirante, hemos revisado todo el equipo y los suministros ya han sido descargados. Estamos listos para regresar al planeta PALT-30. El Almirante asintió: —Bien. Regresamos. Activen el salto espacial y preparen todo para el descenso a nuestra llegada. Pasaron así los días. La nave completó el primer salto y, justo cuando se disponía a hacer el segundo, la Flota Imperial MON apareció rodeando a la Ticcs. Las alarmas estallaron por toda la nave. Todo el personal se movilizó de inmediato. La orden resonó por los altavoces: —¡A todas las estaciones de combate! A todo el personal, movilizarse de inmediato. Una nave descendió desde la flota y entró directamente al hangar de la Ticcs. El Almirante Thnor se dirigió allí. De la nave recién llegada bajó el Almirante Lennor. Thnor lo saludó: —Bienvenido, almirante Lennor, a la nave Ticcs. Lennor no perdió tiempo: —Ahorra las presentaciones. Dime dónde está Karl. Y explícame por qué abandonó su puesto. Si no me convences, tu cabeza rodará. Detrás de Lennor, siete imponentes Ejecutores permanecían inmóviles, firmes como estatuas. Thnor informó: —El capitán Karl abandonó su puesto y dejó la nave. Por eso ha sido marcado como hereje. —¿Hay algo más que deba saber? —preguntó Lennor. —Sí —continuó Thnor—. Fue al planeta Alpha 349 a buscar a su familia. Lennor frunció el ceño: —¿Su familia? Según los registros, estaba a punto de ser dado de alta… —Es cierto —respondió Thnor—. Pero llegó una señal de auxilio desde Alpha 349: se reportó una amenaza desconocida que la población no pudo contener. —¿A qué distancia está ese planeta? —preguntó Lennor. —A solo unas horas de viaje. —¿Y no pudiste ofrecer ayuda? —Mi misión era solo abastecer… Lennor lo tomó por el cuello con furia contenida, pero luego levantó la mano como si se contuviera y dijo con voz gélida: —Si llego a descubrir que incriminaste al Ejecutor Rojo… no solo caerá tu cabeza. Se extinguirá toda tu línea de sangre. Cuantos llevan tu nombre perecerán contigo. Dicho esto, Lennor se retiró y regresó a la Flota MON. Thnor quedó allí, recuperando el aliento con dificultad. Un oficial se acercó: —¿Hacia dónde nos dirigimos, Almirante Lennor? Él respondió: —Esperaremos aquí. Karl debe pasar por este sector. El oficial lo miró con extrañeza: —Almirante… lo noto con dudas. Lennor sonrió levemente: —Sí. Quizás no logro creerlo del todo. Que Karl sea declarado hereje… alguien con quien luché hombro con hombro en dos frentes de batalla… me cuesta aceptarlo. Karl es demasiado leal al Imperio. No creo que alguien así decida abandonar su puesto y darle la espalda al Imperio solo para ir por su familia. Pero tengo que preguntárselo yo mismo. Solo así sabré la verdad. El oficial vio cómo la nave Ticcs realizaba el segundo salto y abandonaba el sector: —¿Cree que lo incriminó? Lennor siguió la nave con la mirada hasta que desapareció: —No lo sé… pero pudo aprovechar el momento para hacerlo. Por cierto, intenta establecer comunicación con el centro de control planetario de ese mundo. El oficial asintió y dio la orden. Poco después, un operador informó: —Estamos intentando conectar con el centro de control de Alpha 349… Conexión establecida. El Almirante asintió: —Pregunta qué sucedió allí. El teniente, desde la pantalla, formuló la pregunta: —Desde la nave del Almirante: ¿qué ha ocurrido en el planeta Alpha 349? La voz del centro de control respondió con pesadumbre: —El planeta ha caído. La mayor parte de la población… se perdió. Muchas naves arca lograron despegar, pero no pudieron sacar a todos. El teniente insistió: —¿Qué ocurrió con las fuerzas militares del planeta? Desde el centro de control respondieron con voz sombría: —Incluso con todo el poder militar del mundo unido, no lograron contener la amenaza. —¿Y el alto mando? —preguntó el teniente. —El gobernador logró salir en una de las naves arca. También el comandante Fabricio Reinner consiguió evacuar. El teniente miró fijamente la pantalla: —¿Había algún otro miembro de la familia Reinner en el planeta? —Sí —confirmaron desde el otro lado—. Una mujer llamada Lanny Reinner, esposa del capitán Karl Reinner. El teniente giró lentamente la mirada hacia el Almirante. Lennor asintió con gravedad. —Bien. Esto es todo —dijo el teniente. Y la comunicación se cortó. El teniente se volvió hacia él: —¿Qué piensa de todo esto, Almirante? Lennor reflexionó un instante: —Entonces es cierto… fue a Alpha 349 por su familia. —¿Significa eso que Karl sí es hereje? —preguntó el teniente. El Almirante suspiró: —No lo sé. Sinceramente, me cuesta creerlo. Pero esperaremos unos días. Entonces sabremos la verdad. —¿Qué lo hace estar tan seguro de que pasará por este sector? —insistió el teniente. Lennor lo miró con firmeza: —Karl pudo llegar a ser muchas cosas, pero cobarde… jamás. No huyó del Imperio. Tiene que pasar por aquí. Pasaron los días. La flota permanecía en el sector, en silenciosa espera, aguardando la nave donde viajaba Karl. Lennor entró a la cabina de mando. El teniente anunció su llegada y todos se pusieron de pie. El Almirante miró las pantallas: —¿Todavía no aparece? —No —respondió el teniente—. Hemos revisado los sectores cercanos y tampoco hay rastro. ¿Debemos mantenernos a la espera, Almirante? —Sí —dijo él—. Por ahora permanezcamos aquí. Regreso a mi cabina. Estaba por salir de la sala cuando, de pronto, una nave surgió a gran velocidad, cruzando el espacio ante ellos. —¡Almirante, una nave! —exclamó el teniente. Lennor giró de inmediato: —¡Deténganla e inspecciónenla! Ahí debe estar el capitán Karl. La flota la inmovilizó de inmediato. La orden resonó por los altavoces: —¡Aborden la nave! Es una orden. El piloto consultó al Ejecutor que custodiaba a Karl: —¿Qué hacemos? —Responde que transportamos a un prisionero —dijo él—. Solicitamos paso libre. El piloto transmitió el mensaje, pero la respuesta fue firme: —Insistimos: serán abordados. El Ejecutor asintió: —bien lleva la nave al hangar de la flota principal. La nave atracó en la nave principal de la Flota MON. El Ejecutor se volvió hacia Karl: —Es hora, capitán Karl. Karl se levantó, extendió las manos y cerró los ojos. Le colocaron vendas atadas con firmeza sobre los ojos y cadenas en el cuello, las piernas y los brazos. Fuera de la nave estacionada en el hangar. Allí los esperaba el Almirante. Cientos de marines rodeaban la zona, varios Ejecutores permanecían imponentes, y más atrás, las unidades Inverno mantenían sus armas apuntando hacia ellos. A medida que la compuerta se abría, salió Karl custodiado por los cinco Ejecutores. Los dos pilotos bajaron también: uno escoltaba la cápsula donde descansaba la hija de Karl, y el otro llevaba la unidad de aislamiento que contenía a Luna, la mujer infectada. Avanzaron paso a paso. Todos los presentes contemplaron la escena: Karl descendía lentamente, cargado de cadenas. Cada Ejecutor sostenía una cadena atada a él, guiándolo, sin darle libertad de movimiento. El Almirante Lennor lo observaba en silencio. Todos allí esperaba ver a alguien que se hubiera rebelado contra el Imperio… y no a alguien que había aceptado su destino con serenidad absoluta. Se detuvieron en el centro del hangar. Uno de los Ejecutores anunció con voz firme: —Transportamos al capitán Karl, declarado hereje, ante el Salón para ser juzgado. Allí se decidirá su destino. El Almirante Lennor avanzó y se colocó frente a él: —Karl… ¿aceptas los cargos? Karl asintió con serenidad, sin poder verlo: —Sí. Lennor suspiró: —Por orden del Salón, nos haremos cargo de la custodia del prisionero Karl. Será llevado ante el Consejo para ser juzgado. Uno de los cinco Ejecutores respondió: —Transferimos al prisionero. Las cadenas pasaron a nuevas manos. Condujeron a Karl hacia una cabina de reclusión. Dentro de la cabina de reclusión, Karl permanecía encadenado. Junto a él descansaba la cápsula donde dormía su hija. Lennor entró, lo miró fijamente y preguntó: —¿Por qué? Karl respondió con voz tranquila: —No hay razón. Lennor no se dio por satisfecho: —¿Que no hay razón? Quizás si me hubieran dicho que cualquier otro Ejecutor fue marcado como hereje, no me habría importado. Pero tú… alguien que escaló tanto… que llegó tan lejos… ¿por qué aceptas el juicio sin negarlo? ¿Sin luchar? ¿Solo fue por tu familia? Karl repitió, inalterable: —No hay razón. El Almirante Lennor lo miró con seriedad: —Muchos de los que han estado en el frente, y los que aún siguen luchando, conocen tu historia. Las hazañas que lograste se recuerdan hasta hoy. Entonces… ¿cómo alguien que consiguió tanto y sobrevivió a todo, sigue negando que hubo una razón? Karl permaneció en silencio. Lennor mostró entonces decepción: —Recuerda: cuando el Salón acusa a alguien de herejía, no solo cae el acusado. Se borra toda su sangre. Se extinguen todos los que le son cercanos. Cuando llegue el momento de tu juicio, dilo. Si aún quieres salvar lo único que te queda… Lennor dirigió la mirada hacia la cápsula donde descansaba la hija de Karl. —Podrías haber muerto en cualquier frente como un héroe —dijo con voz baja—. Pero elegiste terminar así… como un hereje. Continuará…
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AESTORIUM (Novela) Capítulo 9

Estás leyendo el capítulo 9 de AESTORIUM (Novela), un novela. Año 98,502. La humanidad ha conquistado galaxias enteras, extendiendo su dominio más allá de los límites del sistema solar. Bajo el resplandor del Imperio, mundos remotos prosperan… y otros son explotados sin piedad. En… Este capítulo tiene publicado el 24 de septiembre de 2026. AESTORIUM (Novela) tiene 21 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.