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Leer AESTORIUM (Novela) Capítulo 5 online gratis en español

Las alarmas estallaron por todas partes. No solo sonaron en Estación 1; el aviso llegó con la misma fuerza a las otras cuatro ciudades del planeta. Desde el centro de control planetario, la voz de orden resonó en cada pantalla: —A todo el personal disponible: desplegarse de inmediato a los muros de contención de su ciudad. Las cinco ciudades serán selladas. Esto no es un aviso. Queda activado el Protocolo de Emergencia: Contener la plaga. Fabricio miró a Lanny; en su mirada se leía una profunda preocupación. De pronto, un soldado gritó: —¡Comandante, mire! —Espera aquí —le dijo él a ella. Corrió hacia las pantallas. Lo que vio heló su sangre: una criatura no registrada acababa de emerger de la boca de la mina. Se detuvo frente a uno de los soldados. Medía más de dos metros de altura. Se mantenía sobre dos patas, sin ojos visibles de ningún tipo. Tenía dos brazos y cuatro garras largas en cada brazo, afiladas como espadas. Emitió un chillido agudo que golpeó los tímpanos de todos los que estaban cerca. Se movió con una velocidad tan aterradora que, con un solo movimiento de una garra, partió al soldado en dos. No tuvo tiempo de reaccionar. Cayó dividido por la mitad, ante la mirada de miles de efectivos que intentaban contener sin éxito lo que salía sin parar de las profundidades. Varias unidades reaccionaron de inmediato y concentraron todo su fuego sobre la única criatura que había salido. Pero la descarga masiva no parecía hacerle daño: solo la empujó unos pasos hacia atrás. Se sacudió, se liberó del impacto y se movió con una velocidad imparable, atravesando una unidad terrestre como si fuera de papel. Los que iban dentro no tuvieron tiempo de reaccionar. Vieron cómo el vehículo era partido en dos de un solo golpe. Antes de que pudieran levantar las armas, sus cabezas fueron cortadas junto con sus cascos de protección. La unidad explotó en una bola de fuego… y la criatura emergió de entre las llamas sin siquiera detenerse, como si nada hubiera pasado. Un efectivo retrocedió, y su voz resonó por la radio para que todos lo escucharan: —No puedo luchar contra esto… tengo familia. Dio media vuelta con su arma en la mano e intentó huir. La criatura se abalanzó sobre él y lo atravesó con sus largas garras, clavándoselas en el pecho. El soldado, con dificultad para respirar, apenas pudo murmurar: —Ayuda… Desde lejos, otro soldado disparó un único tiro limpio directo a la cabeza. El capitán de contención alzó la voz con dureza, para que nadie dejara de escucharlo: —Aquí no aceptamos a nadie que dé la espalda al Imperio por miedo. Si alguien más deserta, será tratado como hereje. No existe el miedo: solo existen los traidores que no creen en el Santo Imperio. En medio del caos, el capitán dio un paso al frente, apretó los puños y su voz resonó en todo el lugar: —No existe la muerte. No existe el miedo. Somos servidores del Gran Emperador. Corrió directo hacia la criatura. Los soldados alzaron las armas y gritaron al unísono, y el grito se escuchó por todas las radios: —¡Por el Santo Emperador! ¡Que su luz nos guíe por la eternidad! Las unidades terrestres y aéreas avanzaron juntas. Los soldados siguieron adelante sin importar cuántos caían: algunos eran atravesados por la criatura, otros eran picados por los insectos que perforaban las armaduras sin dificultad. A través de las pantallas, que mostraban el enfrentamiento desde distintos ángulos, todo el personal se quedó en silencio y miró a Fabricio. Él habló con voz gélida: —Cierren la ciudad. Y que las otras cuatro ciudades hagan lo mismo. Todo el personal disponible debe desplazarse a los muros de contención. Si toda la fuerza militar no logra detenerlo… entonces comiencen a activar el Protocolo Dox. Que todas las naves enciendan sus motores. Estaremos listos para abandonar el planeta en veinticuatro horas. Iba a añadir algo más, cuando el gobernador irrumpió en la sala, lo agarró del uniforme y gritó: —¿Quién te crees que eres para tomar el control del planeta? Esto no es más que un problema pequeño. No era necesario movilizar tantos recursos. Fabricio lo miró con seriedad: —Gobernador, yo no le sirvo a usted. Le sirvo al Emperador. Mire las pantallas: todo esto sucedió porque no supo enviar un equipo suficiente ni sellar la mina de inmediato. Debería considerarlo herejía. Cuando todo termine, será llevado ante el Salón y juzgado por la caída de miles de vidas… y por la suerte de este planeta. El gobernador lo soltó de golpe, furioso: —Esto no se quedará así, Fabricio. Salió de la estación. Fabricio volvió su mirada al personal: —He dado las órdenes. Transmítanlas a las demás ciudades. Que todo ese personal combata allá afuera: de ellos depende no solo contener la amenaza, sino sellar la mina antes de que sea demasiado tarde. Las cinco ciudades comenzaron a cerrar sus accesos. Todo el personal en servicio se movilizó de inmediato hacia las murallas de defensa. Por la radio, la voz de Estación 1 se transmitió con gravedad: —Capitán Palmer… quedan a su suerte. Contengan la amenaza y sellen la mina. Si no lo logran, las ciudades serán la última línea de defensa. En cada ciudad se activaron las alertas. Una voz recorrió los altavoces una y otra vez: —Atención. El planeta Alpha 349 sufre un ataque. La contención no se ha logrado. Se pide a toda la población dirigirse de inmediato a las zonas de evacuación. Allí esperarán las naves Arca que los llevarán fuera del planeta. Repito: se pide a toda la población acudir a las zonas de evacuación. Esto no es un simulacro. El planeta será abandonado en veinticuatro horas. Se ruega a todos usar equipo de protección, incluidas mascarillas: se ha filtrado un vapor posiblemente tóxico desde una de las minas. Usen el equipo necesario. Cambio y fuera. El aviso se repitió una y otra vez. La población comenzó a moverse en masa, encaminándose hacia las estaciones donde esperaban tres naves Arca en cada ciudad. Fabricio regresó al rincón donde estaba Lanny y le extendió una placa: —Lleva esto a una de las naves Arca. Diles que eres de la familia Reinner, que llevas descendencia. Toma a tu personal y sube. No mires atrás por nada del mundo. —Pero tío… —empezó ella. Él la interrumpió con voz firme: —Lanny, yo sirvo al Imperio. Mi deber es permanecer aquí y servir al Emperador. Por eso tú tienes que sobrevivir. Si logro salir con vida, iré tras de ti. ¿Entiendes? Ella derramó una lágrima, asintió y corrió. La cápsula con su hija flotaba delante de ella; la seguía muy de cerca mientras bajaban desde los niveles más altos de la estación. Los guardias que los custodiaban se sorprendieron: —¿Qué ocurre, señorita? —Debemos llegar rápido a una nave Arca —respondió ella—. Dejen todo, lleven solo lo necesario. ¡Corran! El equipo de seguridad, las sirvientas y ella misma corrieron juntas. Al llegar a la entrada del hangar, la multitud era inmensa: miles de personas se agolpaban apresuradas por subir a las naves. La sirvienta Luna miró a su alrededor, angustiada: —Señorita… ¿cómo pasaremos entre toda esta gente? Ella le entregó la placa que Fabricio le había dado a uno de los guardias y le dijo que la usara para abrir paso. El guardia alzó la placa y gritó con fuerza: —¡Bajo la orden del comandante Fabricio, den paso a la familia Reinner! La multitud, al oírlo, se apartó poco a poco, dejando un corredor hasta la entrada de la gran nave Arca que esperaba en el hangar. Pero en la rampa, unos soldados la detuvieron. —No podemos llevarlos —dijo uno de ellos—. La nave está comprometida y ya llena. —Somos de la familia Reinner —respondió Lanny con voz cortante—. Tenemos derecho a subir. El soldado negó con la cabeza. Desde el interior de la nave, el gobernador la miró y le dedicó una sonrisa de desdén. Lanny lo miró con profundo odio y susurró: —Maldito… Luego se dirigió al soldado: —¿Debo recordarte quién es mi esposo? El soldado palideció y dijo con voz temblorosa: —No me atrevo, pero… No lo dejó terminar. En ese instante, la nave Arca comenzó a cerrar sus rampas y a elevarse. Lanny gritó desesperada: —¡No nos dejen! La nave ascendió rápidamente, dejando atrás la ciudad y preparándose para salir al espacio exterior. Luna, la sirvienta, la tomó del brazo, temblando: —¿Qué hacemos, señorita? Lanny se quedó sin saber qué decir y la miró: —Las otras… —susurró. Pero cuando se giró, vio que las otras dos Arcas también estaban elevándose. La gente comenzó a correr detrás de ellas; algunos se lanzaban al vacío intentando agarrarse de cualquier parte de la nave antes de que fuera demasiado tarde. A medida que las naves Arca se elevaban, muchas personas caían desde donde se sujetaban y se estrellaban contra el suelo, explotando por el impacto. Lanny dijo: —Tenemos que volver a la estación. Mi tío puede tener otra forma de escapar. ¡Corran! Regresaron con el equipo de seguridad y sus sirvientas a la estación. Allí, las imágenes mostraban cómo efectivos morían cada segundo. Alguien preguntó: —¿Dónde está el comandante Fabricio? Rápido. Todos se miraron. Uno dijo: —Hace rato que desapareció. En una de las tres naves Arca, los militares inmovilizaron al comandante y se lo llevaron. Ya dentro, lo escoltaron hasta una cabina. Uno le dijo: —Lo sentimos, comandante, pero no podemos permitir perderlo en ese planeta. El Imperio puede perder planetas, pero no oficiales como usted. Asumiré el castigo por ir en contra de su voluntad y de la orden del Imperio. Lanny llegó a la estación y preguntó por el comandante. Alguien le respondió: —Nos acaban de reportar que fue llevado a una de las tres naves Arca que ya están abandonando el planeta. Ella pareció tambalearse, sin saber qué hacer. La sirvienta Luna preguntó con voz temblorosa: —¿No hay otras naves? El personal negó con la cabeza: —Solo quedan naves pequeñas, pero no son capaces de salir del planeta. La única forma de escapar es a bordo de las naves Arca. Lanny los miró y preguntó con un hilo de voz: —¿Y qué será de toda esa gente que no logró subir? Nadie la miró a los ojos. Uno de ellos dijo suavemente: —Nuestro destino ya está decidido. Pereceremos junto con el planeta. Lo lamento mucho, señorita Lanny. Ella miró la cápsula donde descansaba su hija. Lloró, pero con una pequeña sonrisa, y susurró: —Estaremos bien, mi amor. Papá vendrá pronto. Él vendrá a salvarnos, ¿verdad? Nos han dejado solas… pero no tengas miedo. Observó a la niña dormir dentro de la cápsula, y de pronto la tapa se selló por completo, dejándola a oscuras. Lanny se secó las lágrimas y preguntó con voz firme: —¿Podemos establecer comunicación con alguien fuera del planeta? —Sí, podemos —respondieron—, pero para entonces ya será tarde. —No —replicó ella—. Si mi esposo está cerca… hay una nave de la Federación. No está aquí, pero si se movilizan, llegarán a tiempo. Con él aquí tendremos posibilidad de sobrevivir. Por favor, intenten enviar una señal de auxilio. Su nave la recibirá. El personal se miró entre sí y asintió. Enviaron la señal de auxilio: —Mayday, mayday. Solicitamos ayuda inmediata en el planeta Alpha 349. Sufrimos una invasión no registrada. Se repitió una vez… dos veces. Y cuando estaban por enviarla por última, una voz entrecortada respondió: —Aquí nave imperial Ticcs. Repitan la información. Lanny soltó un sollozo de alivio: —Es esa… ¡Dénme la transmisión! —Hola —dijo ella—. Soy Lanny Reinner, de la familia Reinner. El planeta está siendo atacado por criaturas desconocidas. Solicitamos evacuación y ayuda inmediata. Hubo silencio al otro lado. Se activó una cámara de video y la voz preguntó con formalidad: —Por favor, identifíquese bien. ¿A qué familia pertenece? —A la familia Reinner —respondió ella con firmeza. Del otro lado, el oficial se puso de pie de golpe: —¿Reinner? ¿Es usted la esposa del capitán Karl Reinner? —Sí… —fue todo lo que pudo decir. Continuará…
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AESTORIUM (Novela) Capítulo 5

Estás leyendo el capítulo 5 de AESTORIUM (Novela), un novela. Año 98,502. La humanidad ha conquistado galaxias enteras, extendiendo su dominio más allá de los límites del sistema solar. Bajo el resplandor del Imperio, mundos remotos prosperan… y otros son explotados sin piedad. En… Este capítulo tiene publicado el 21 de septiembre de 2026. AESTORIUM (Novela) tiene 21 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.