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Leer AESTORIUM (Novela) Capítulo 20 online gratis en español

Todo humano tiene límites desde el momento en que nace. El más grande de todos es el que separa la vida de la muerte. ¿Cómo puede alguien superar esa barrera? No… no es posible. Ningún ser humano puede escapar a lo inevitable. Entonces, ¿cómo ha logrado el Emperador llevar a la humanidad más allá de cualquier rincón de la galaxia? ¿Cómo han sobrevivido eras incontables? ¿Qué los hace perdurar tanto tiempo? ¿Qué clase de seres son en realidad aquellos que hoy controlan un sinfín de galaxias y buscan expandirse sin descanso? —¡Alerta, alerta! La compuerta se está abriendo. Todo el personal de mantenimiento, abandone el hangar. Un oficial se dirigió al Gran Kaituz: —Gran almirante, todo está preparado. Estamos listos. Detrás de Kaituz, en formación, los Marines Estándar, los Marines de Plata y los Black Marines se aprestaban para el combate. En los hangares, aguardaban para ser lanzados contra el planeta que tenían delante. Kaituz sonreía mientras observaba a lo lejos: el mundo estaba siendo sitiado por una flota colmena y un portal permanecía activo. —No esperaba menos —dijo Kaituz con voz potente—. Como saben, los discursos aburren. El mejor discurso es aplastarlos y mostrarles nuestro verdadero poder. Un grito unísono estremeció todos los hangares. Alzó la mano y ordenó: —¡Liberen a los Zukluz! De los hangares de la nave surgieron las naves Zukluz: pequeñas, veloces, cada una con su piloto a bordo… —Capitán del escuadrón principal Zukluz: la flota nos ordena impedir que sus naves se acerquen y destruirlas. No se admite margen de error. ¿Entendido? —¡Entendido! —respondieron todos los pilotos al unísono. Las naves tomaron formación. La flota colmena detectó su presencia y desplegó sus propias naves de combate. —Contacto a menos diez —informó el capitán. En un instante, el espacio se convirtió en un caos de destellos y choques entre naves. En la cabina de mando de una de las naves de la flota, las pantallas y las comunicaciones daban cuenta de la batalla: —El escuadrón 234 ha caído. Los oficiales daban órdenes con urgencia: —Capitán, mantenga a esas naves en combate. Pronto el Gran Kaituz descenderá al planeta. No podemos permitirnos pérdidas mayores. ¿Entendido? —Recibido —respondió el capitán del primer escuadrón Zukluz. Kaituz observaba las naves luchar en el espacio y dijo: —Ya va siendo nuestro momento. No permito el fracaso. —Señaló el planeta—. ¡Adelante! Miles de cápsulas fueron lanzadas… pero no eran cápsulas cualesquiera. Al impactar contra el suelo, cada una tomaba formas: se convertía en un vehículo equipado con torretas de cañón, desde los de pequeño calibre hasta los de gran poder… Miles de cápsulas con marines a bordo fueron lanzadas desde los hangares de las naves. La Flota Colmena vio el despliegue y ordenó a sus naves romper el combate espacial para destruirlas antes de que descendieran. En la cabina de mando, las pantallas se llenaron de informes trágicos: —Escuadrón 349 ha caído. —Escuadrón 222 ha caído. —Escuadrón 584 ha caído. El oficial en el hangar inclinó la cabeza: —Que las palabras del Emperador lo acompañen, Gran Kaituz. Kaituz asintió… y se lanzó hacia el planeta. El oficial se dirigió de inmediato a la cabina de mando y dio la orden: —El Gran Kaituz ha descendido. Nuestra misión: contener y destruir la flota enemiga, y cerrar el portal antes de que lleguen refuerzos. Debemos impedir a toda costa que un Jerarca cruce el portal. La guerra no se libraría únicamente en la superficie del planeta: también se desataría en el espacio, con el objetivo de destruir la flota colmena y el portal del enemigo. Cinco días antes de llegar al sistema… En la cabina de mando, numerosos oficiales debatían en grupo. —¡Guarden el orden! —se alzó una voz—. Estamos ante el Gran Kaituz. Todos guardaron silencio de inmediato. Uno de ellos tomó la palabra: —Gran Kaituz… no contamos con fuerzas suficientes para liberar el planeta. ¿No sería mejor evacuarlo? —Eso es impensable —lo interrumpió otro—. Si lo hacemos, les estaremos permitiendo invadir el sistema entero y poner en peligro a todos los mundos que le siguen. Otro oficial intervino: —Es cierto… pero ninguna de las propuestas sirve para la situación en la que nos hallamos. No contamos con marines suficientes ni con unidades especiales. Perder un planeta para defender los demás no funcionaría en una guerra de desgaste dentro de este sistema. Por eso, la única opción es destruirlos por completo e impedir que avancen. —Tienes razón —reconoció otro—, pero no tenemos la fuerza para lograrlo. La flota del Gran Kaituz está dividida en múltiples sistemas, sosteniendo guerras de desgaste en cada uno. Esto nos deja aquí, solos, sin capacidad de librar una batalla larga y agotadora. Otro señaló el mapa y preguntó: —Este sector… ¿por qué es tan importante? ¿Guarda el Imperio algo valioso en este sistema apartado? Un oficial respondió: —Según los registros, no. Solo figura una colonia de gran tamaño, notablemente avanzada para hallarse tan lejos de la vigilancia del Imperio. Sin embargo, hay algo extraño: este planeta y los mundos cercanos cuentan con destacamentos de Marines de Plata y Marines Estándar. Fueron protegidos por fuerzas imperiales… y por eso el planeta no ha caído, a pesar de estar asediado por una flota colmena. Un oficial se dirigió a él: —Gran Kaituz, le pedimos que decida cuál es la mejor opción. Con los brazos cruzados, Kaituz suspiró y estaba por exponer su plan… cuando una alerta interrumpió la sala. El personal se inclinó: —Tenemos una llamada del Imperio. —Pásela a mi cabina —ordenó Kaituz. Allí, un holograma apareció: —Que las palabras del Emperador lo acompañen. Kaituz se llevó la mano a la frente: —Que así sea. —Bien, Gran Kaituz. El Emperador le ha asignado una misión de suma importancia. Se le había ordenado destruir el portal enemigo, sin importar si se perdía el planeta ya asediado… pero hay un cambio de órdenes. Kaituz lo miró: —¿Cambio de órdenes? —Así es. En ese planeta se está desarrollando un gen de vital valor. No podemos permitir que caiga. Deben proteger a los científicos y asegurar que el desarrollo llegue a su última fase. Usted debe descender al planeta, impedir que caiga por completo y traer consigo los avances del gen. En cuanto a los científicos… que entreguen todo lo que saben. Y después… ya sabe qué hacer con ellos. —Algo más, Gran Kaituz: lo del gen debe mantenerse en secreto absoluto. Nadie debe saberlo, ni siquiera de los propios científicos que lo están desarrollando. Kaituz asintió y preguntó: —¿Esto tiene que ver con las Tres Familias Principales? —Es posible —respondió el holograma—. El Imperio oculta todo. Tras lo sucedido en aquel entonces, ya no confía plenamente en ellas. Pero dejando eso de lado: recuerde, la información no puede filtrarse. Cualquiera que llegue a saberlo… aparte de usted, ya sabe qué hacer. Kaituz asintió. —Que las palabras del Emperador lo acompañen. Kaituz se inclinó y llevó la mano a su frente en señal de acatamiento. La comunicación se cortó. Desde fuera, un oficial llamó: —Gran Kaituz, los demás oficiales lo esperan en la cabina de mando. —Estaré allí en un momento —respondió Kaituz. —Entendido. Kaituz se quedó mirando a través del cristal… y su mente viajó miles de años atrás. —Jajaja, Kaituz… no has cambiado nada. Tu forma de ver al Emperador y al resto es tan distinta… —Jajaja —respondió otro—. Quizás por eso él ha llegado hasta donde esta, ¿no crees? —Lo que acabas de decir es blasf… —Sí, sí, blasfemia, bla, bla, bla —lo interrumpió la otra figura con ligereza—. Sabemos que tu lealtad y tu devoción pertenecen al Emperador y solo a él. Pero a veces… podrías liberarte y ser tú mismo. Kaituz respondió con firmeza: —Si lo hiciera, dejaría de ser yo mismo. Mi razón de ser es servir al Emperador y entregarme por completo a él. Esa es la única razón de mi existencia. Los deseos de la carne no me interesan. —Sí, sí… como digas —dijo la otra figura con resignación—. Eres un viejo amargado y aburrido, Kaituz. Vete ya de aquí. Kaituz se retiró del gran salón. Y la voz de su viejo amigo lo despidió suavemente: —Kaituz… tu razón de ser es servir al Emperador, y eso es lo que importa. Que el Emperador te acompañe siempre. Kaituz volvió al presente y suspiró: —Nunca habrá otra razón —susurró—. Mi deber es servirle hasta la muerte. Se dirigió a la cabina de mando. Lo anunciaron: —¡El Gran Kaituz en la cabina de mando! Todos los oficiales hicieron el saludo. —Hemos revisado todas las posibilidades, Gran Kaituz —dijo uno—. Pero no hay salida: o perdemos demasiada fuerza o intentamos salvar el planeta. En todo caso, hay pérdidas. Kaituz miró el mapa y habló con firmeza: —La misión ha cambiado. He recibido órdenes. Debemos salvar la colonia que queda y proteger el planeta mismo. Y no solo eso: también debemos destruir el portal en aproximadamente ochenta y cuatro horas. Ni un minuto más, ni un minuto menos. Los oficiales se miraron entre sí, preocupados. Uno tomó la palabra: —Gran Kaituz… esta nueva misión es aún más compleja. Requerirá luchar tanto en el espacio como en la superficie. Eso nos llevará a sufrir pérdidas enormes. Kaituz respondió con severidad: —La misión es de suma importancia. No alteraremos el plan. Liberaremos el planeta. Esa es la nueva orden y se cumplirá sin importar cuántas vidas debamos entregar. Los oficiales guardaron silencio. Uno de ellos intentó hablar: —Pero Gran Kaituz… Kaituz no lo dejó terminar. Lo tomó por la cabeza, lo alzó en el aire y lo miró fijamente: —¿Pones un "pero" a mis órdenes? Te falta devoción. ¡Hereje…! —Gran Kaituz —lo interrumpió rápidamente otro oficial—, es un recluta recién incorporado. Y además lo necesitamos vivo para una misión especial. Déjelo vivir por ahora. Ya morirá en algún frente, sin que nadie lo recuerde. Kaituz apretó levemente la cabeza del joven con su enorme mano y dijo: —Huelo el miedo en ti. Pero no habrá una próxima vez. Lo soltó y añadió con voz gélida: —Estaré en mi cabina. Informen cuando estemos por llegar. Debo prepararme. Esta invasión no consiste solo en ganar: debemos erradicarlos. Los oficiales asintieron y se inclinaron respetuosamente. Kaituz se retiró. Uno de los oficiales puso la mano sobre el joven que había estado a punto de perder la vida y le dijo con tono serio: —Nunca vuelvas a cuestionar las órdenes del Gran Kaituz. Deberías saber quién es: alguien que actúa directamente bajo el manto del Emperador. El simple hecho de ponerle un "pero" era motivo para dejar de existir hoy mismo. Que te haya perdonado… no sé si lo hizo por alguna razón o simplemente así ocurrió. Lo que sí sé es que nunca ha perdonado a quienes dudan de sus mandatos. Ten mucho cuidado a partir de ahora. Sé útil. Solo así vivirás un día m Todos los demás se retiraron de la cabina de mando, dejándolo solo. Él se quedó allí, tratando de asimilar cómo su vida había estado a punto de apagarse por una sola mala decisión. Se sentó y se preguntó en voz baja: —¿Siempre ha sido así? ¿Tan leal… sin vacilar jamás? Algunos del personal que aún quedaban se miraron entre sí. Uno se acercó: —¿No sabes quién es Kaituz, ¿verdad? Debes venir de una familia con recursos si ni siquiera conoces esto… El Gran Kaituz es conocido como "El Que No Muere". Ha vivido desde la creación y unificación del Imperio. ¿Sabes lo que eso significa? —Que ha vivido eras enteras… —susurró él. —Exacto —confirmó uno—. Ha visto pasar eras, y no solo eso: ha librado guerras como ningún otro. Es una leyenda entre leyendas. Hay figuras tan grandes como él, pero el Gran Kaituz es de los pocos que mantiene una fe y una devoción absoluta por el Emperador. Por eso lo que hiciste estuvo tan mal. No lo tomó como una duda hacia él… lo tomó como una duda hacia las órdenes del Emperador. Por eso te llamó hereje. Ha sido un milagro que te dejara con vida. Trata de caer en algún frente y ser olvidado… suerte con eso. Continuará…
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Estás leyendo el capítulo 20 de AESTORIUM (Novela), un novela. Año 98,502. La humanidad ha conquistado galaxias enteras, extendiendo su dominio más allá de los límites del sistema solar. Bajo el resplandor del Imperio, mundos remotos prosperan… y otros son explotados sin piedad. En… Este capítulo tiene publicado el 14 de octubre de 2026. AESTORIUM (Novela) tiene 21 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.