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Leer AESTORIUM (Novela) Capítulo 21 online gratis en español

Relámpagos acompañaban los embates de un viento arrasador. Desde una colonia, la humanidad resistía en aquel planeta llamado Cartiuz 42, donde la flota al mando del Gran Kaituz se disponía a liberar el mundo y destruir el portal que conectaba el sistema con el espacio de la Flota Colmena. Miles de soldados que protegían la colonia alzaron la mirada al cielo, temiendo que se tratara de una nueva invasión. Miles de cápsulas descendían desde el espacio a través de las densas nubes del planeta: se distinguía la Flota Máster, y entre las naves caía algo más. Las llamas que las envolvían no eran de un fuego común: ardían en un rojo intenso. Cuando la insignia de la Flota Máster se hizo visible, una transmisión de un marine raso rompió el silencio: —¡Es la flota del Gran Kaituz! —gritó—. ¡El Imperio está aquí! Miles de cápsulas descendían por todos los rincones de Cartiuz 42. El planeta sería liberado sin importar el precio. En las colonias, las alarmas resonaron con fuerza y se dio el anuncio: las fuerzas del Imperio ya estaban sobre el mundo. El Gran Kaituz impactó contra el suelo. Entre el polvo y el enorme cráter que su caída provocó, su figura imponente emergió de golpe. Soltó una carcajada estruendosa y rugió: —¡Vengan todos juntos! ¡Los haré trizas! ¡Haré que deseen no haber existido! ¡Haré que tiemblen ante mi fuerza! Salió adelante a gran velocidad. Sus pasos eran pesados y resonantes; la presión que generaba al avanzar resquebrajaba el suelo bajo sus pies. Los disparos enemigos no surtían efecto alguno sobre su armadura de tono dorado, una pieza que en sí misma revelaba la magnitud de su poder: destrozaba armas y despedazaba a sus oponentes. Cualquiera que se interpusiera en el camino del Gran Kaituz quedaba reducido a jirones. Su armadura dorada se fue tiñendo de rojo con la sangre de sus enemigos, y él rugía con furia: —¡Me bañaré en su sangre y me alimentaré de su carne! ¡Teman al Emperador! ¡Teman a mi fuerza! Kaituz tomó por el cráneo a un acechador que le hablaba en una lengua extraña. —Miserable… no soy capaz de entenderte —dijo Kaituz, y lo partió por la mitad ante la mirada de miles de enemigos que lo rodeaban. —Si no vienen… iré yo por ustedes —bramó. Su fuerza imparable destrozaba el armamento enemigo: los partía en dos, los reducía a fragmentos esparcidos. Aun así, seguían atacando en oleadas sin descanso. De pronto, la voz resonó en las comunicaciones: —Ya estamos aquí. ¡Vamos por esos bastardos! ¡Mostremos de qué somos capaces! Con un solo salto, un transporte de asalto —vehículo flotante con torreta, capaz de transportar tres marines— pasó por encima del Gran Kaituz, disparando contra los enemigos que lo cercaban. El copiloto alzó el puño y gritó: —¡Aquí estamos! ¡Los Marines de Plata! La nave descendió sobre las filas enemigas y se abrió. Detrás de ella, innumerables vehículos seguían su estela. El vehículo regresó abriéndose paso entre las filas enemigas y se acercó a Kaituz, mientras el resto de los vehículos ayudaban a desmoronar las líneas contrarias. Un Marine de Plata se dirigió a él: —Gran Kaituz, los Marines de Plata estamos listos. Nuestro deber es romper esta línea enemiga —por la frecuencia se escuchó la voz del Marine dirigida a los marines de plata —: Nos encargaremos de esto. Dejadlo en nuestras manos. Kaituz arqueó una ceja y sonrió: —¿Quieres quedarte con toda la diversión? —Supongo que sí, Gran Kaituz —respondió él con firmeza—. Hoy partiremos cráneos y liberaremos este planeta de estos malditos invasores. Kaituz soltó una carcajada estruendosa. —Bien. Os dejo este frente. Miró hacia la insignia de la armadura y añadió con solemnidad: —Que la fuerza del Emperador te acompañe, teniente Rogger. —Es todo un honor luchar por la causa —respondió el oficial. El vehículo se alejó entonces a toda velocidad, uniéndose al frente de la batalla. Kaituz se giró y contempló la colonia gigante: una estructura que la humanidad apenas podía imaginar, tan inmensa que sus torres parecían querer tocar el cielo. Un escudo de energía la protegía por completo. Kaituz reflexionó un instante y recordó la misión: antes de entrar en la colonia, debían erradicar la invasión, destruir el portal y, finalmente, recuperar el gen que allí se estaba desarrollando. En otro frente, las cápsulas descendieron con estruendo. Los marines estándar tocaron los paneles de control y un oficial dio la orden: —¡Activar configuración destructiva! La cápsula comenzó a transformarse y reestructurarse, hasta configurar un cañón de proporciones y potencia colosales. Uno de los soldados trepó hasta el puesto de mando y activó el sistema de puntería: desde la mira del cañón, todo se veía con la precisión de un ojo. Un segundo marine se situó junto al mecanismo de disparo, mientras un tercero tomaba la estación de comunicaciones. —Fuego en las coordenadas indicadas —ordenó este último. El cañón disparó. Un rayo devastador barrió la zona, arrasando cuanto hallaba a su paso. El marine estándar apretó los puños y rugió: —¡Reduciremos a polvo a estos malditos! —¡Aaaaaah! —rugieron los marines estándar. En el frente norte, la lucha era de las más sangrientas: el enemigo ganaba terreno segundo a segundo. Las cápsulas descendían y golpeaban la tierra, y de ellas emergían los Black Marines, portando pesadas armaduras y sus potentes armas llamadas Fauters. Uno de los Black Marines dio la orden desde la cápsula: —¡Configuración de destrucción masiva, activar! La cápsula se transformó y se reensambló en un vehículo flotante armado con tres cañones de gran potencia destructiva: enorme poder, tecnología de recarga ultrarrápida. Un marine subió al puesto de mando y tomó el control del vehículo; el resto se posicionó en formación tras él. El Black Marine disparó primero: el cañón rugió y redujo a escombros una de las instalaciones clave del enemigo. Al instante dio la orden firme: —¡Mantener la formación! ¡No permitir ni un paso de avance! ¡Erradicar al enemigo! Quedan 84 horas desde este momento para liberar Cartiuz 42 y destruir el portal, antes de que los refuerzos crucen al mando del Jerarca —o de algo aún más poderoso. En el espacio exterior, la Flota Máster libraba su propia batalla: no permitirían que la Flota Colmena enemiga enviara refuerzos al planeta, ni que pidiera ayuda desde el otro lado del umbral. Allí estaban los Zukluz, formados como un enjambre: una configuración de combate compacta, de perfil extremadamente agresivo. Su acabado, de tonos negro y amarillo metálico, destacaba sobre la oscuridad del vacío. De diseño perfectamente simétrico, con alas angulares extendidas hacia los costados y terminadas en puntas afiladísimas, dibujaban en el cielo estelar la silueta de un insecto depredador listo para abalanzarse sobre su presa. Se lanzaban y se desplazaban con una velocidad asombrosa. El fuselaje central de estas naves de combate era estrecho, blindado y de tonos oscuros. La cabina delantera aparecía integrada en la propia estructura, protegida por un cristal negro casi opaco. En la parte superior se alzaba una aleta vertical alargada, mientras que los paneles laterales y los componentes mecánicos expuestos les otorgaban una apariencia tecnológica y profundamente amenazante. Aun así, seguían en peligro: serían cazados en cuanto las naves de combate enemigas los detectaran antes de tiempo. A menor velocidad, se distinguían con claridad las alas y todos sus componentes: espacios diseñados para alojar armamento, potentes propulsores y sistemas de maniobra de alta precisión. Contaban además con soportes inferiores que les permitían posarse sobre cualquier superficie sólida. Era una combinación de líneas afiladas, alas desplegadas y una silueta achatada que transmitía, a primera vista, velocidad, exactitud y letalidad absoluta. Estas naves de combate, conocidas como Zukluz, eran una de las tres clases de naves de combate más avanzadas de todo el Imperio. El Imperio desplegaba parte de su poderío en el espacio. El combate era brutal y devastador: incluso con sus naves de combate tan avanzadas, debían hacer frente a una tecnología enemiga que igualaba su fuerza. El adversario contaba con sus propias naves de diseño distinto, de formas irregulares, pero igualmente avanzadas, capaces de mantener el mismo nivel de potencia que las del Imperio. Explosiones y estruendos sacudían el vacío. —Capitán, mantenga la formación. No debemos permitir que se acerquen a la flota. —Unidad 103, intenten acercarse a la Flota Colmena. —Unidad 103… nos aproximamos… nos persiguen naves enemigas… estamos cayendo… La unidad 103 fue abatida. De su éxito dependía la posibilidad de llegar hasta la Flota Colmena y, con ella, hasta el propio portal. —Unidad 210… intentamos aproximarnos… —Capitán a Unidad 210: destruyan la antena de comunicaciones. No permitan que el enemigo los detenga. Cada unidad de Zukluz estaba compuesta por cuatro naves de combate. —Unidad 210… estamos próximos… nos atacan naves enemigas… no… La comunicación se quebró entre explosiones. De la unidad solo quedó una nave Zukluz en pie. Su piloto gritó por el comunicador con voz firme: —¡Por el Emperador! Y lanzó su nave contra la torre de comunicaciones que se alzaba en lo más alto de una de las naves enemigas. La nave se estrelló, destruyendo una de las innumerables torres de comunicaciones enemigas. Desde el centro de la flota, un oficial transmitió la orden: —¡Destruid todas las torres! No permitan que el enemigo avance. Una nave enemiga se acercó veloz y destruyó una de las naves de la Flota Máster. Desde la frecuencia de la nave herida, la voz se escuchó entre interferencias: —…Aquí la nave imperial… perdemos altura… caemos… repito… estamos cayendo… La nave comenzó a desmoronarse y descender hacia el campo de batalla que ardía sobre Cartiuz 42. Ambos bandos sufrían pérdidas constantes. No era una guerra de fuerzas: era una guerra de tiempo. No se trataba de quién caía primero, sino de quién lograría cumplir su objetivo antes de que se agotaran las 84 horas. Lejos de cualquier frente de batalla, en el sistema solar X8 —un sol alrededor del cual orbitaban seis planetas—, en el más cercano a la estrella, el planeta Reum-34, uno de los sistemas bajo la atenta mirada del Imperio… —su entidad, tenemos informes: Kaituz ha partido del Imperio y se encuentra en un frente lejano, liberando un sistema entero. La voz pertenecía a una mujer que regaba sus plantas con calma. —Kaituz ha sido movilizado… —murmuró ella—. Es extraño. Alguien como él no se desplaza sin un motivo de peso. —El mensajero sugiere que algo más está ocurriendo —precisó la voz del informante. —No sugiero nada —respondió ella con firmeza—. Confirmo que algo sucede. La verdadera pregunta es: ¿qué está pasando? ¿Qué oculta el Imperio? ¿Qué clase de misión exige la presencia del propio Gran Kaituz? —¿Quiere que investigue a fondo? —preguntó el informante. La mujer respondió sin dejar de atender sus plantas: —No es necesario. Lo que sea que esté haciendo en ese frente, tiene que ver con el Imperio. Si damos cualquier paso, el Imperio reaccionará… y tendrá motivos para acusarnos. Durante mucho tiempo, el equilibrio entre las Tres Familias y el imperio se mantuvo intacto… hasta que todo cambió. Desde entonces, el Imperio fija su mirada sobre nosotros. Un movimiento en falso… y seremos acusados y castigados. Hizo una pausa, y su voz se tornó más baja, más pesada. —Todo se debe a él. Por cierto… ¿sabes algo de él? —¿Se refiere a… él? —el informante dudó. Ella asintió con gravedad. —Sí. A él. Al Ejecutor de Rango 0: Karl Reinner. —Ahora no es más que un hereje, encerrado en una prisión de hielo subterránea —dijo el informante—. ¿Por qué le importaría su destino? —No me importa su suerte —respondió ella—. Pero el Imperio no perdona… y menos a un Ejecutor. Si lo mantiene con vida, aun siendo un prisionero y un hereje, es porque tiene algún plan para él en el futuro. Los enviados no perdonan… y menos a un Ejecutor que rompe su código. Pero cuando supe esta noticia… me estremecí. Todo lo que sucedió en aquel entonces fue culpa suya. El equilibrio que alguna vez existió fue destrozado por un simple Ejecutor… Continuará…
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AESTORIUM (Novela) Capítulo 21

Estás leyendo el capítulo 21 de AESTORIUM (Novela), un novela. Año 98,502. La humanidad ha conquistado galaxias enteras, extendiendo su dominio más allá de los límites del sistema solar. Bajo el resplandor del Imperio, mundos remotos prosperan… y otros son explotados sin piedad. En… Este capítulo tiene publicado el 16 de octubre de 2026. AESTORIUM (Novela) tiene 21 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.