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Leer AESTORIUM (Novela) Capítulo 2 online gratis en español

El teléfono no dejaba de sonar. La secretaria llamó a la puerta, entró y miró a su alrededor: vio al gobernador profundamente dormido. Al verlo, tosió suavemente para intentar despertarlo. Él se despertó de golpe, sobresaltado, y la miró fijamente: —¿Qué pasa? —Gobernador… tiene una llamada urgente —dijo ella. —¿Ah, sí? —respondió él, recobrándose—. ¿Y qué ocurre? —Llamaron desde el Centro de Control Planetario. Informan que se ha producido un escape de vapor, algo tóxico, en una de las minas que excavan en busca de minerales. El gobernador hizo un gesto tranquilo: —Déjalo. Quizás sea solo algo pasajero. —Además —continuó ella—, desde el centro dijeron que se requiere contención inmediata y que esto no es un simulacro. Y justo después… se cortó la llamada. El gobernador se quedó pensativo: —Mmm… esto es extraño. Podría ser simplemente una falla como cualquier otra… pero… —Suspiró y tomó la decisión—. Bien. Envía un equipo pequeño. Que acudan al lugar, revisen todo y nos informen de la situación. —A la orden, señor. El gobernador la detuvo antes de que saliera y añadió con voz pesada: —Cancela todo lo demás. Hoy no atiendo nada. Solo voy a dormir. Ella asintió y se retiró en silencio. Al cruzar la puerta, susurró para sí misma, con rabia contenida: —Maldito gordo pervertido… Espero encontrar pronto otro trabajo. —Respiró hondo y se dijo a sí misma—: Camila, no puedes quedarte aquí para siempre… ¿o sí? Se sentó frente al teléfono, que seguía sonando, y descolgó: —Sí… Hola. Conécteme con el teniente Rojas, por favor. —Enseguida —respondió la voz del otro lado. —Hola, ¿qué ocurre? —se escuchó la voz del teniente. —Teniente —dijo ella con tono firme—, el gobernador le encarga una misión: diríjase con un equipo pequeño a la zona minera 212. Se ha detectado una situación de peligro. Investigue todo lo que vea, manténgame informada de cuanto suceda y, si es necesario, pida apoyo adicional. ¿Entendido? —Entendido —respondió él—. Nos movilizaremos de inmediato. En el interior de la base militar, varios soldados se hallaban reunidos en la sala de instrucción. El teniente Rojas entró por la puerta sosteniendo unos documentos en la mano, miró la pantalla del proyector y dio la orden: —Enciéndalo. La imagen se activó de inmediato. Rojas tomó la palabra: —Bien. Se nos ha ordenado movilizarnos de inmediato. Formaremos un equipo de doce personas y yo mismo tomaré el mando. La misión es la siguiente: revisar y reportar todo lo que ocurre en la zona minera 212. Según los informes del Centro de Mando Planetario, se ha detectado un escape de vapor con características tóxicas. Debemos examinar la zona y, de ser necesario, proceder a su contención. Portaremos armamento letal. Nadie está autorizado a disparar sin recibir la orden expresa. Sin embargo… en caso de emergencia, yo asumiré la responsabilidad. Responderé por todo lo que ocurra. Hizo una pausa y preguntó: —¿Alguna duda o pregunta? Todos respondieron al unísono: —¡No, mi señor! —Bien —asintió él—. Equípense. Partiremos en diez minutos. ¡Vamos! —¡Sí, mi señor! —respondieron todos al unísono. En ese instante, las alarmas de la base comenzaron a sonar con fuerza: —Alerta. Esto no es un simulacro. Equipo de intervención en misión de peligro Nivel C. Todo el personal a sus estaciones de comunicaciones. Repito: no es un simulacro. Los doce soldados subieron a dos grandes vehículos que flotaban sobre el suelo, equipados con torretas que sostenían enormes cañones. Por el canal de comunicaciones, la voz de control sonó clara: —Aquí Estación 1. Unidades 520 y 459, reportan: listos para salir de la base. Esperando al teniente Rojas. En ese momento, el oficial apareció a la entrada del hangar. Vestía una armadura completamente negra, imponente, y llevaba el casco del mismo tono. Entró en la unidad 520, tomó asiento y activó su micrófono: —Solicito permiso para abandonar el hangar con ambas unidades. —Aquí Estación 1 —respondió la voz—. Un momento… Listo. Queda autorizada su salida. Mantengan el horario asignado. —Reportaremos todo cuanto observemos —respondió Rojas. Y añadió, dirigiéndose a su equipo—: Soldados, recuerden quiénes somos. Nuestras vidas no nos pertenecen. ¿Entendido? Los doce gritaron al unísono a través de los micrófonos: —¡Sí, mi señor! Las puertas del hangar se abrieron por completo y las dos unidades salieron hacia la noche, elevándose suavemente sobre el terreno. Avanzaron velozmente a través de la ciudad. Las luces de alarma brillaron con fuerza a su paso. Quienes las vieron pasar se detuvieron a mirar: —Es extraño ver unidades así en estas rutas —comentó uno—. ¿Qué estará ocurriendo? —Quizás sea solo un ejercicio de rutina —respondió otro, aunque sin parecer muy convencido. Salieron de la ciudad. En el interior de los vehículos, una luz roja se reflejaba en los cascos de los soldados. El ambiente estaba tenso; todos permanecían inmóviles, en silencio. El conductor habló por el comunicador: —Aquí torre, nos preparamos para activar propulsión. Estaremos en el lugar en aproximadamente una hora. —Recibido, unidad. Buen viaje —respondió la estación. Los pilotos activaron la propulsión, acortando el largo trayecto. Cuando faltaba apenas una hora para llegar a la zona minera 212, uno de los soldados preguntó en voz baja: —¿Qué tan grave tiene que ser la situación para que nos movilicen así? El teniente Rojas respondió con calma pero firme: —No lo sé. No tenemos mucha información. Pero manténganse siempre alerta. Recuerden para qué fueron entrenados: para contener cualquier amenaza potencial que pueda surgir. El silencio volvió a reinar dentro de las unidades, que se desplazaban a gran velocidad hacia su destino. La nave de la Federación estaba descargando suministros en la Estación Coopler 130. —Almirante —informó un oficial—, aún queda bastante material por descargar y el personal de ayuda es escaso. —Así lo veo —respondió él, observando el movimiento lento en los muelles. —¿Qué hay del capitán Karl? —preguntó luego. —Permanece en su cabina —dijo el oficial—. Es raro verlo tan alterado. —Es cierto —comentó otro—. El capitán Karl suele ser sereno y frío al tomar decisiones importantes. —Tengan en cuenta que se trata de su familia —dijo el primero. El almirante asintió con gravedad: —Es verdad. Pero el Imperio va primero. Si desobedece órdenes, se considerará herejía. Por ahora… terminemos de descargar todo este suministro. En el planeta Alpha349, la pequeña lloraba. Lanny se despertó para darle el pecho y mecerla suavemente hasta que se calmara. —Shh… tranquila, mi bebé, duerme —le susurró mientras le cantaba en voz baja. Levantó la vista hacia el amplio ventanal de cristal, donde se recortaba la ciudad a lo lejos. —Qué vista tan hermosa… —murmuró, y luego miró hacia el cielo estrellado—. Qué belleza… La sirvienta se acercó: —Mi señora, no debería estar despierta tan tarde. Lanny se giró con una sonrisa suave: —Yo quiero dormir, pero parece que alguien prefiere estar despierta. La sirvienta se acercó más y observó a la niña: —Siéntese, mi señora. Es raro verla tan inquieta… suele ser muy tranquila. —Es cierto —asintió Lanny, mirando con ternura cómo la bebé tomaba el pecho—. Quizás sea solo que está creciendo. Por el canal de comunicaciones, la voz sonó clara: —Unidad 520… estamos llegando. Reportando a Estación 1. Repito: nos aproximamos al destino. —Estación 1 recibido —respondió la voz al otro lado—. Todo en orden. El conductor anunció: —Hemos llegado. Observamos niebla de tonos verde y azul. Posiblemente tóxica. Recomiendo activar equipo de protección. Rojas asintió y dio la orden con voz tajante: —Señores, pónganse las máscaras. Y por nada del mundo se quiten el casco. Recuerden: esto no es un ejercicio de rutina. Lo que encontremos ahí dentro puede matarnos. Si algo se mueve… mátenlo. ¿Entendido? —¡Sí, mi señor! —respondieron todos al unísono. Todos descendieron, dejando únicamente a los conductores de ambas unidades, que permanecerían a la espera. El teniente Rojas marchó al frente del grupo. Cada soldado encendió su linterna, ajustada al costado del arma y del casco. Avanzaron lentamente, vigilando cada metro del perímetro con extrema precaución. —Teniente —preguntó uno—, ¿por qué no hay luces ni máquinas encendidas? Siendo esta una zona de excavación, debería haber actividad. Rojas levantó una mano y ordenó con voz baja y firme: —Guarden silencio y avancen. Manténganse alerta. Entraron en un elevador que los descendería a los niveles más profundos de la mina. La cabina se detuvo en seco, antes de tocar el suelo. Todos saltaron con agilidad y desplegaron en formación. —Bien —dijo Rojas—, dividiremos el grupo en dos. Ustedes revisen la maquinaria y los alrededores. Nosotros nos dirigiremos hacia donde nace el vapor. ¿Entendido? Todos asintieron y se separaron en silencio. Avanzaban rápido entre la oscuridad. El segundo equipo revisaba apresuradamente la maquinaria y se hacían señas entre ellos: todo parecía en orden, sin rastro de actividad. Al seguir adelante, hallaron un transporte grande que flotaba, diseñado para llevar personal y cargamento pesado. Los soldados forzaron la puerta, pero no cedió. Volvieron a presionar con fuerza y lograron entrar. El jefe del grupo hizo una seña: manténganse alerta, revisen todo con cuidado. Examinaban la cabina del conductor cuando, de repente, un trabajador de la mina salió de entre las sombras empuñando una barra de metal duro y gritando con furia. Todos levantaron las armas al instante. —Tenemos contacto —informó el soldado por el micrófono—. Repito: Estación 1, tenemos contacto. —Estación 1 aquí —respondió la voz al instante—. Repitan: ¿qué tipo de contacto? —Activando transmisión visual —respondió el soldado, mientras apuntaba su arma hacia el hombre que seguía avanzando sin detenerse. Desde la estación, las imágenes se veían en las pantallas. El trabajador no parecía el mismo: tenía un ojo de color verde brillante y le brotaba un líquido extraño por la boca y la nariz. —Solicito autorización para neutralizarlo —pidió el soldado por la radio. —Estación 1 responde: no le hagan daño. Inmovilicen al personal sin causarle heridas. El responsable del grupo avanzó y usó toda su fuerza para noquearlo de un golpe. El hombre cayó… pero de golpe, su cabeza giró por completo hacia atrás. El soldado retrocedió asustado: —¿Qué demonios acabo de ver? El trabajador se puso de pie. Se retorcía mientras emitía un sonido extraño, como si se quejara… o como si estuviera llamando a algo. —Estación 1, solicito autorización para abrir fuego —pidió el soldado con voz tensa. —Negativo —respondió la voz—. No está autorizado el uso de armas letales. Repito: inmovilicen al personal y retrocedan. La comunicación cambió de línea: —Teniente Rojas, tenemos una situación. —¿Qué clase de situación? —respondió él al instante. —Tenemos lo que parece un infectado. No está consciente… y no parece estar vivo. Solicitamos permiso para disparar. Le transmitimos las imágenes. Las imágenes llegaron de inmediato a la pantalla del casco de Rojas. Él detuvo la marcha y observó con horror. —¿Qué demonios es eso? —exclamó—. ¡Abran fuego! El soldado disparó. El estruendo llenó el lugar. El trabajador cayó, sin ambas piernas. —¿Está muerto? —preguntó Rojas. Un soldado se acercó y lo empujó con el pie: —Al parecer sí… ya no se mueve. Pero la boca del trabajador se abrió de golpe y mordió la pierna de la armadura con fuerza brutal. La mandíbula atravesó el metal y la carne. El soldado gritó de dolor. Los demás abrieron fuego sin detenerse; las balas dejaron grandes agujeros en el cuerpo… y aun así, la criatura no lo soltaba. Uno desenvainó la cuchilla de su equipo y cortó la cara del ser, separándolo por fin de la pierna del soldado. El hombre cayó herido, respirando entrecortadamente. Las partes separadas del cuerpo seguían moviéndose por sí solas. Ayudaron a levantar al compañero y estaban por alejarse cuando, al girarse, vieron en la entrada del transporte: varios trabajadores infectados los miraban. —Mierda… —¡Abran fuego! ¡Disparen, no dejen de disparar! Por la radio solo se escuchaban gritos mientras las imágenes se transmitían a Estación 1: —Solicitamos refuerzos… rápido… La transmisión se cortó por completo. Continuará…
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AESTORIUM (Novela) Capítulo 2

Estás leyendo el capítulo 2 de AESTORIUM (Novela), un novela. Año 98,502. La humanidad ha conquistado galaxias enteras, extendiendo su dominio más allá de los límites del sistema solar. Bajo el resplandor del Imperio, mundos remotos prosperan… y otros son explotados sin piedad. En… Este capítulo tiene publicado el 19 de septiembre de 2026. AESTORIUM (Novela) tiene 21 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.