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Leer AESTORIUM (Novela) Capítulo 1 online gratis en español
Año 98,589. La humanidad ha alcanzado su cúspide tecnológica. Su avance ha sido tal que ha traspasado las fronteras del sistema solar de la Tierra, colonizando mundos situados a años luz de distancia, en distintas galaxias y universos. La expansión ha sido tan vasta que muchas colonias ya no responden directamente al Imperio; en su lugar, señores designados gobiernan cada planeta y sus pobladores bajo la bandera imperial.
Entre esos mundos lejanos se encuentra el planeta Alpha349, oculto a la vista del centro del Imperio, un lugar donde la tierra se abre en inmensas minas explotadas sin descanso.
—¿Crees que haya más mineral? —preguntó un trabajador, mientras observaba cómo una excavadora automática hundía su brazo en la tierra.
Su compañero, con el rostro cansado y los ojos pesados de sueño, soltó una risa seca:
—Llevamos semanas en el mismo punto. Empiezo a creer que lo único que encontraremos es más tierra… y nada más.
—Quizás deberíamos dejar que las máquinas trabajen solas y retirarnos a descansar —sugirió un tercero.
—No podemos simplemente abandonar el equipo —respondió el primero.
—Mira, no pasa nada —insistió el otro—. Las máquinas seguirán cavando solas. En cuanto detecten un yacimiento, la alerta saltará a todas las pantallas. Vamos, déjalo así y nos vamos.
Lejos de Alpha349, en la inmensidad del espacio profundo…
—Vaya —dijo el teniente, dirigiéndose al segundo al mando—. Pronto te darán el alta médica y podrás volver con tu familia.
—Suena bien —sonrió el subcapitán Karl Reinner—. Todavía estoy pensando en si hacer un viaje con ellas cuando llegue.
—Será una excelente idea, mi capitán.
Karl soltó una carcajada y se puso de pie:
—Me voy a la sala de comunicaciones. Mi esposa debe estar esperando mi respuesta.
—Que te vaya bien, mayor —lo saludó el teniente.
Karl se sentó frente a la pantalla y suspiró. La llamada se conectó de inmediato. Del otro lado, su esposa levantó a la pequeña bebé y sonrió:
—Dile hola a papá… dile hola, mi amor.
—Hola, mis vidas —Karl sonrió con ternura—. ¿Cómo están?
—Estamos bien —respondió ella—. Esperando tu regreso. Ya falta poco, ¿verdad?
—Solo nos queda pasar por una última estación: revisar equipos y descargar suministros.
—¿Otro planeta en crisis? —preguntó ella con preocupación.
—No puedo decirte mucho, pero la sobrepoblación en muchas colonias ha llegado a límites críticos. Los recursos escasean… y el Imperio ha decidido dejar de prestar ayuda a varios mundos.
La bebé empezó a llorar. Ella la meció suavemente y llamó a la sirvienta:
—Ayúdame un momento, por favor.
—¿Le pasa algo? —se inquietó Karl.
—No, no es nada. Últimamente llora mucho, creo que extraña a su papá.
—Y yo a ustedes —sonrió él—. Espero llegar pronto y poder abrazarlas.
—Yo también tengo muchas ganas de verte… quería decirte algo —la voz se cortó con un chasquido de estática.
—¿Lanny? Cariño, no te escucho bien… hay mucha interferencia. ¿Tienes problemas con la conexión?
La pantalla se quedó en negro de golpe. Karl revisó los indicadores: todo estaba estable.
—Qué extraño… —murmuró.
En el planeta Alpha349, Lanny llamó a su sirvienta con el ceño fruncido:
—¿Luna?
—Dígame, señora.
—¿Podrías revisar la conexión? Se cortó la llamada de repente. No suele pasar… es muy extraño.
—Ahora mismo lo reviso.
—Nunca había ocurrido algo así —comentó Lanny, inquieta.
La sirvienta sostenía a la bebé entre sus brazos y la acarició:
—Seguramente es solo una interferencia pasajera. Ya se restablecerá.
—Espero que sí… cuando llegue a la estación de mando no podremos hablar.
—No se preocupe, señora. Solo queda una parada para la nave. En unas horas él estará aquí.
—Lo sé… solo que tengo tantas ganas de verlo después de tantos meses lejos…
—La entiendo perfectamente. La espera se hace eterna, pero ya falta poco. Todo es cuestión de tiempo y paciencia.
Lanny asintió y acarició la mejilla de su hija:
—Ojalá no sea mucho tiempo. Vamos, desayunemos, ¿sí? —dijo alzando a la niña—. Es temprano y hay que comer.
La acomodó en su sillita y, mientras la sirvienta servía el desayuno, Lanny pidió:
—Por favor, enciende la pantalla. Me gustaría ver las noticias.
Pasaron y pasaron imágenes: avances en la exploración, nuevos descubrimientos tecnológicos, informes de recursos y promesas del Imperio.
—Siempre lo mismo —dijo la sirvienta con desdén—. Las mismas mentiras.
—Puede ser —respondió Lanny con calma—. Pero así son las cosas. No pensemos en eso. Hoy será un buen día, mientras esperamos a papá.
La niña sonrió desde su sillita.
En las profundidades de la mina, un estruendo resonó cuando la excavadora penetró en una capa más profunda. Las pantallas encendieron luces de alerta: los sensores marcaban una concentración altísima de mineral. Varios trabajadores acudieron de inmediato.
—¡Es el gran yacimiento! —exclamó uno, con los ojos brillantes—. ¡Las lecturas están por las nubes!
Llegó el supervisor, con el semblante serio:
—No se emocionen antes de tiempo. Puede que solo sea roca densa y nada más. Acerquen la cámara y veamos qué hay allá abajo.
La imagen se transmitió a la superficie. Todos contuvieron el aliento.
—Miren eso… —señaló un trabajador—. A la izquierda, ¿ven ese brillo verde y azul?
—Giren la cámara —ordenó el encargado—. Detengan la excavación un momento.
Observaron la imagen de cerca.
—Quizá sea solo un vapor —dijo el encargado—. No es nada. Sigan cavando.
—Señor… —se adelantó un trabajador—. ¿No deberíamos detenernos? Podría ser un gas tóxico o explosivo.
—Aquí yo soy quien da las órdenes —lo cortó con dureza—. Es solo vapor. Continúen.
La máquina volvió a trabajar. Estaban a punto de retirarse cuando la excavadora se detuvo en seco. Un estruendo sacudió el suelo.
Del agujero profundo comenzó a brotar un vapor verdoso y azulado. Y de la oscuridad emergió algo: un insecto negro, de seis patas y un solo ojo, que trepó por la pared de la excavación.
Uno de los trabajadores se acercó, incrédulo:
—¿Qué demonios es eso? —se rio nervioso—. Miren… un bicho de seis patas.
La criatura saltó sobre él antes de que pudiera reaccionar y lo mordió en el cuello. Cayó hacia atrás con un gemido. El insecto, tras el ataque, quedó inmóvil y murió en segundos.
—¡Ay! —se llevó la mano al cuello, donde la mordida dejó una herida abierta—. Maldita cosa… duele.
Pisó al insecto muerto con rabia. Los demás se acercaron rápidamente.
—¿Estás bien?
—Sí… solo fue una picadura. ¿Qué clase de bicho es este? —se tocó la herida, mientras lo miraban a distancia—. Parece un insecto cualquiera…
Pero la tierra bajo sus pies tembló. Y del fondo del agujero, más vapor comenzó a subir.
El trabajador señaló con mano temblorosa la columna de vapor:
—Encargado… mire.
El hombre al mando cambió el semblante:
—¡Rápido! Retiren la máquina y revisen las lecturas. Y llévenlo de inmediato al centro médico, que examinen esa herida. ¡Ahora!
Lo levantaron entre dos y lo subieron a una pequeña nave de transporte, que despegó velozmente hacia la ciudad.
—Señor —volvió uno de los mineros—, hay un problema. La máquina no solo está atascada: ha abierto un hueco mayor y el vapor se filtra cada vez más. Si la forzamos tal vez podamos desbloquearla…
—¡Entonces vayan y háganlo! —lo interrumpió el encargado—. Tapen ese agujero ya.
—Ese es el problema, señor —insistió el trabajador—. Si la forzamos, la máquina abrirá algo aún más grande. Todo esto podría derrumbarse y caer al fondo.
—¿Me está cuestionando? —lo miró con dureza—. Haga lo que le ordeno.
El trabajador obedeció. El encargado, con un gesto seco, añadió:
—Los demás traigan las máquinas restantes y retírenlas de esta zona. ¡Sáquenlas de aquí! ¿Entendido?
—¡Sí, señor! —respondieron al unísono.
—Maldición… —masculló el operador—. Está demasiado atascada. Tendré que usar la energía de reserva.
La gigantesca máquina rugió con fuerza descomunal mientras intentaba liberarse. Las lecturas subían y subían en las pantallas, pero el hombre no se percató. Siguió forzando la maquinaria hasta que un crujido profundo sacudió todo el lugar. La tierra se movió y todos, desde la distancia, lo vieron: la máquina empezó a hundirse. El operador reaccionó justo a tiempo, saltó hacia el borde y se aferró a un cable de acero, colgando sobre la oscuridad absoluta del abismo.
—¡Vamos, ayúdenlo a subir! —gritaron sus compañeros corriendo hacia el borde.
Todos se asomaron, pero abajo no se veía nada: solo sombras profundas.
—Al menos el vapor dejó de salir —dijo uno, con voz entrecortada.
Varios asintieron, aún sin aliento. Estaban por alejarse cuando algo tiró de uno de ellos hacia el vacío. Todos se lanzaron a sujetarlo de las manos.
—¡Ayúdenme, no lo suelten! —suplicó él.
—No vamos a poder sostenerlo… —dijo otro con desesperación—. ¡Tenemos que soltarlo o nos arrastrará a todos!
El encargado se acercó de un salto:
—¡Suéltenlo! Es una orden.
—¡No! ¡No me suelten! —gritó Ton.
Lo soltaron. Un grito rasgó el aire y luego… silencio. Un silencio pesado, frío, que llenó todo el valle. Todos permanecieron inmóviles, con la respiración contenida.
El encargado miró a Romel, con ojos gélidos:
—Esto fue culpa tuya. Si hubieras tenido más cuidado al manejar la máquina, nada de esto habría pasado. Cargarás con su muerte. Todos… retirémonos. Se suspende toda actividad.
Se fueron, dejando atrás el abismo y la sombra de quien acababa de caer.
Nave de la Federación Colonial Imperial — TICCS
—Almirante, estamos llegando a la estación —informó el oficial.
El almirante asintió:
—Bien. ¿Y el capitán Karl Reinner? Pide audiencia. Déjalo pasar.
Karl entró al puente y todos se pusieron de pie; él solo asintió.
—Almirante —dijo con respeto—, deseo solicitar un cambio de ruta. ¿Podemos pasar primero por el planeta Alpha349 antes de la estación de suministros?
—¿Alpha349? —repitió el almirante—. ¿Alguna razón?
—Almirante —explicó uno de los oficiales—, la familia del capitán Reinner reside en ese planeta.
El almirante se puso de pie, con su imponente estatura, el uniforme blanco lleno de medallas y un solo ojo que miraba con penetración:
—Cierto. Pronto tendrás tu baja y podrás descansar con ellos. ¿Por qué tanta prisa, capitán?
—Almirante —respondió Karl con firmeza—, estaba en comunicación con mi familia cuando la llamada se cortó por interferencia. Revisé el sistema y la conexión era estable. Creo que algo está ocurriendo en el planeta, o en la residencia donde se alojan. Por eso pido desviar el rumbo.
El almirante lo observó con frialdad:
—Capitán Reinner, su familia ha servido con lealtad a la Casa Imperial por generaciones. ¿Debo recordarle su juramento? ¿El código que ha prestado?
—No, mi almirante —bajó la mirada Karl.
—Que no vuelva a ocurrir —dijo con voz grave—. No abuse de su rango ni de la confianza depositada en usted. Además… mire.
Señaló la ventana: en la inmensidad del espacio surgía una estructura colosal, la estación de abastecimiento.
—Retírese a su cabina, capitán. Una vez terminemos aquí, lo llevaremos a su planeta. Por ahora, permanezca en su alojamiento.
—Sí, señor —Karl hizo una reverencia y se retiró.
Caminando hacia su cabina, susurró para sí mismo, casi como un rezo:
—Nacemos de las cenizas… somos la llama ardiente… nuestra vida es ofrenda al…
Planeta Alpha349 — Centro Médico, ciudad de Rumters
—¡Rápido, atención! —entraron con el paciente en camilla—. Fue picado por un insecto durante las excavaciones. No sabemos qué es.
El médico mayor tomó el control:
—Llévenlo a cuidados intensivos. Oxígeno inmediato. Limpien la herida, administren sedantes y aseguren la sujeción.
Lo ataron a la camilla mientras convulsionaba.
—¿Qué síntomas presenta? —preguntó el doctor.
—Fiebre altísima y… —el asistente tragó saliva—. Mire.
El médico miró los monitores y luego al paciente, horrorizado:
—Sus huesos… se fracturan y se reacomodan solos. Las células mueren y cambian de estructura. Esto es imposible… parece… una mutación.
El doctor se inclinó sobre el paciente. Todos contuvieron el aliento al verlo: el hombre parecía a punto de estallar por dentro. Empezó a gemir, cada vez más fuerte.
—¡Rápido! —gritó el médico—. ¡Administren más sedante! ¡Díganme qué síntomas registran!
—Doctor… —la voz de la enfermera tembló—. Pérdida masiva de cabello… y su actividad cerebral…
El doctor se acercó de un salto a las pantallas. Las líneas estaban planas, muertas.
—¿Cómo es posible? —murmuró, horrorizado—. Si su cerebro ha dejado de funcionar… ¿cómo se mueve?
El paciente se quedó inmóvil, de repente tranquilo. El doctor se acercó para examinarlo. En ese instante, el hombre reaccionó: giró la cabeza de golpe y le mordió el brazo con fuerza brutal.
—¡Sujétenlo! —gritaron todos, lanzándose a inmovilizarlo.
El doctor, apartándose y presionándose la herida, dio la orden con voz firme:
—¡Ajusten las ataduras! No podemos dejar que se suelte. Repitan los análisis y dupliquen la dosis de sedante. ¡Ahora!
—Pero doctor… —se opuso una médica—. Esa dosis podría matarlo.
El doctor la miró a los ojos, serio y decidido:
—¿Cree que esto que vemos es vida? ¿Cree que está consciente? Háganlo. Yo me hago responsable de todo.
Su asistente se acercó con preocupación:
—¿Se encuentra bien, doctor?
—Sí, solo fue una mordedura —respondió él, limpiándose la herida—. Me aplicaré antibióticos y la vigilaré. Hoy me retiro a casa.
—Bien —asintió la asistente—. Cancelaré todas sus citas del día.
El doctor salió deprisa, subió a su vehículo de propulsión aérea y se alejó velozmente del centro médico.
Centro de Control Planetario — Alpha349
Una alarma prolongada y estridente estalló en las pantallas. El administrador, que tomaba café, se puso de pie de un salto, corrió a la consola y llamó de inmediato al gobernador.
—Secretaria —dijo con urgencia—, avise al gobernador: una de las minas ha activado la alerta de emisión de vapor tóxico. El gas puede mezclarse con la atmósfera y volverse letal. Se requiere contención inmediata. Repito: contención inmediata.
La voz se cortó de golpe, ahogada por la interferencia. La comunicación se interrumpió en seco.
Continuará…

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AESTORIUM (Novela)
Capítulo 2
AESTORIUM (Novela) Capítulo 1
Estás leyendo el capítulo 1 de AESTORIUM (Novela), un novela. Año 98,502. La humanidad ha conquistado galaxias enteras, extendiendo su dominio más allá de los límites del sistema solar. Bajo el resplandor del Imperio, mundos remotos prosperan… y otros son explotados sin piedad. En… Este capítulo tiene publicado el 18 de septiembre de 2026. AESTORIUM (Novela) tiene 21 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.