Leer AESTORIUM (Novela) Capítulo 18 online gratis en español
La humanidad se había expandido y seguía haciéndolo sin mayor obstáculo por toda la galaxia, e incluso buscando más allá, en otros universos. Había hallado distintas especies, pero ninguna con inteligencia y capacidad para oponerse a ella… hasta que surgió una raza venida del espacio profundo. No cedía. Buscaba recursos, y en el primer contacto con la humanidad comprendió que solo una de las dos podría reinar, sobre todo.
Así estallaron las guerras en incontables frentes de la galaxia y en muchos universos, poniéndolos en peligro. Eran incesantes. La humanidad jamás había librado un conflicto de tal magnitud. Y mientras tanto, aquella amenaza que parecía contenida en Alpha 349 se extendía sin control. El Imperio aún no prestaba atención al nuevo enemigo que crecía y se expandía desde otro lado… sin control estaba consumiendo y si el imperio no detenía el avance será otro frente que tendría que combatir, pero por cuento tiempo se daría la guerra en este posible frente.
PLANETA LULTAP 0293
—Maldición… ¿qué ha pasado?
Las unidades salieron de los vehículos flotantes de transporte. Todos lograron salir de los escombros, pero vieron con horror cómo una horda interminable de infectados surgía de entre las ruinas.
—¿De nada sirvió? —preguntó uno.
El segundo al mando reaccionó:
—Al hangar. Nos uniremos a las demás unidades. Reforzaremos la zona para permitir que evacúe el mayor número posible de personas.
Las comunicaciones no cesaban:
—Estación 1 a Estación 2: las naves arca han embarcado a todos los civiles. Abandonamos la ciudad.
—Estación 3: las dos naves arca ascienden ahora. Hemos evacuado a la población y al personal. La ciudad queda desierta.
—Estación 2 recibido: buena suerte. Aquí seguimos: aún hay mucha gente por sacar.
—Estación 1 y 3: les deseamos suerte. Cortamos comunicación.
El Gobernador observaba las pantallas en silencio. El comandante asintió con pesadumbre:
—Solo queda nuestra ciudad.
—Las dos naves arca harán un último viaje —dijo el Gobernador—. Aun así, muchísima gente se quedará atrás.
—No hay nada más que podamos hacer —respondió el comandante—. La estación de control planetario confirma que no hay capacidad para más. Una vez que bajen y suban por última vez, las naves partirán al planeta más cercano. Están al límite.
El Gobernador propuso con esperanza:
—¿Y si pedimos refuerzos al Imperio? Aguantaremos hasta que lleguen.
El comandante negó lentamente:
—No llegarán a tiempo. Para el Imperio, esto es un asunto menor, sin importancia. Además, estos son mundos lejanos, fuera de su control directo. No se preocuparán estos planetas.
El Gobernador preguntó:
—¿también debemos evacuar, ¿no?
El comandante respondió con firmeza:
—Vaya adelante, Gobernador. Usted debe irse. Según el código, está prohibido abandonar el planeta; solo por orden del Imperio podemos marcharnos. Yo me quedo a luchar. Y si este mundo perece, caeré con él.
El Gobernador puso la mano sobre su hombro:
—Lo has hecho bien.
El comandante sonrió:
—Al final moriré… aunque no de la forma que tú esperabas. —Soltó una carcajada.
El Gobernador sonrió también:
—Tú ganas. Me retiro.
Se hicieron un saludo de despedida solemne. La mayor parte del personal abandonó Estación 2 y se dirigió al hangar para intentar evacuar.
El comandante se armó y se equipó por completo. Desde la estación dio la orden:
—A todas las unidades: retrocedamos y concentrémonos en el hangar. Reforzaremos la zona. Todo el personal militar, diríjanse al hangar de inmediato.
Salió de la estación con su equipo y activó las defensas alrededor del recinto mientras las dos naves arca comenzaban a descender. Entonces alzó la voz:
—Soldados: hoy defendemos a nuestra gente, a nuestro planeta… y más que eso, demostraremos a esa plaga que la humanidad no cae ante nada.
—¡Sí! —rugieron todos al unísono a través de sus comunicadores.
Se escucharon ruidos. Todos los soldados que quedaban apuntaron sus armas hacia el silencio tenso que envolvía las estructuras. De entre las sombras surgieron miles de infectados. Los soldados sabían que no podrían detener la marea. El Comandante, fumando, permaneció firme:
—El miedo no existe. Fuimos forjados para resistir. Ningún enemigo puede con la humanidad. ¡Fuego!
Descargaron toda su munición contra las oleadas que avanzaban sin detenerse. Las alarmas resonaron con fuerza; las naves arca ni siquiera tocaron el suelo y comenzaron a elevarse mientras los subían desde la altura. El Gobernador y gran parte del personal lograron embarcar. La gente se agolpaba, se pisaban unos a otros, todos luchando por sobrevivir. De pronto las alarmas cambiaron de tono:
—¡Falla de contención! ¡Falla de contención!
La nave tomó la decisión de despegar. Mientras ganaba altura, los infectados rompían las defensas del hangar, devorando todo a su paso. El comandante y sus hombres cayeron uno tras otro. Desde el suelo, los civiles gritaban y extendían las manos pidiendo ayuda… y poco a poco, ellos también se transformaron en parte de la plaga.
En medio del caos, un infectado caminó entre los cuerpos, alzó la mano hacia la nave y habló por la frecuencia de comunicaciones:
—Ustedes… ¿qué son… humanos? Toda su especie caerá. La noche se tragará hasta el último de los suyos. Conocerán su extinción.
A bordo, nadie daba crédito:
—Pudo hablar… es imposible.
El ser comenzó a reír. Y a su alrededor, todos los transformados se sumaron a la risa, al unísono, como si compartieran una sola mente a través de cuerpos distintos. ¿Qué clase de enemigo era este que se expandía para librar una guerra contra toda la humanidad?
El planeta Lultap 0293 había caído. Innumerables vidas se perdieron. La estación de control confirmó:
—Abandonamos la atmósfera. El planeta ha sido evacuado.
No corrieron la misma suerte en otro mundo cercano del mismo sector: CODEP 039, un planeta con apenas dos ciudades, donde habían llegado tres naves arca Alpha-349. No logró contener la amenaza ni luchar contra el agente. Pereció con toda su población. Envió incontables señales de auxilio, pero nadie respondió. Y así, otro planeta sucumbió ante el avance del mal que se extendía sin freno.
Lejos de allí, la Flota Mon se reabastecía antes de partir hacia un frente lejano. En la cabina de mando, el teniente se acercó al Almirante Lennor:
—Almirante, han llegado múltiples alertas. Varios planetas están siendo atacados. No se ha confirmado quiénes son, pero cuatro mundos ya han caído.
—¿Cuatro? —se sorprendió Lennor.
—Sí —asintió el teniente—. Lo curioso es que todos pertenecen al mismo cuadrante. Parece un ataque en cadena. Y uno de esos planetas es Alpha 349.
Lennor se puso de pie:
—¿Qué tiene que ver ese planeta con todo esto?
—Desde allí —explicó el teniente—, todos los mundos cercanos han empezado a caer. La pregunta es cómo. Según los registros, quince naves arca partieron de Alpha 349. Y justo en los planetas donde llegaron esas naves, en el lapso de uno o pocos años, se han producido los ataques. Todo comenzó tras su llegada.
El Almirante lo miró fijamente:
—Entonces deduces que algo se transportó en esas naves y se ha desatado en cada uno de esos mundos.
—Es solo una hipótesis —reconoció el teniente—. Podría tratarse de un conflicto interno. Son planetas alejados, con escasa vigilancia, donde las fuerzas imperiales casi nunca llegan. Pero hay algo inquietante: los ataques se han producido en cadena, y lo peor es que en todos se informa que luchan contra algo que no logran contener… ni erradicar.
El Almirante dijo con pesadumbre:
—Aunque lleguen estos avisos, no podemos apartarnos. La orden imperial ha sido recibida y debemos cumplir nuestro deber. Sin embargo… envía la alerta a la flota más cercana para que investigue qué ocurre.
—Bien —asintió el teniente—. Transmitiré la información.
—Alto —lo detuvo Lennor antes de que se marchara—. ¿Se sabe algo de Karl?
—No, mi Almirante —respondió el teniente—. Sigue recluido en el planeta helado Origen 9.
Lennor suspiró y miró por el cristal:
—Entonces es verdad… en estos cinco años, ni el Imperio ni el propio Emperador han pensado enmendar su suerte. ¿Todo terminará así para él?
Lejos de allí, en otro cuadrante, un oficial en la cabina de mando saludó al Gran Kaituz. Este, fumando, preguntó:
—¿Cómo avanzamos?
—Bien —respondió el oficial—. Todo revisado y en orden. En pocos meses llegaremos a nuestro destino. La guerra se libra en el espacio profundo, y nuestro objetivo es liberar un sistema cercano: Cartiuz 42.
Kaituz asintió:
—Cuando lleguemos, no nos dejarán entrar fácilmente.
—Es cierto —convino el oficial—, pero no hay motivo de preocupación. He revisado todo minuciosamente. Es una colmena, y podremos aplastarla sin mayores problemas… a menos que haya un jerarca o un elytriums al mando.
Kaituz asintió con calma:
—Ya veremos de qué es capaz el enemigo.
PRISIÓN SUBTERRÁNEA DE ORIGEN 9
Karl yacía herido, con líquido y sangre manando de las heridas que le infligían los Lamentadores, que habían hallado nuevas formas de atormentarlo. Uno de ellos se detuvo frente a él:
—Oye… tú, Ejecutor… o, mejor dicho, hereje. ¿En qué piensas mientras te destrozamos? No te quejas, no muestras dolor. ¿En qué piensas? Responde.
Le dio una patada en el vientre. Karl escupió sangre y siguió en silencio, recibiendo el castigo sin defenderse. Volvió a susurrar el rezo que era su única identidad. El Lamentador lo oyó y lo golpeó con furia:
—¡Deja de decir eso! Ya no eres un Ejecutor. No eres más que alguien desechado que traicionó la confianza del Imperio y del propio Emperador. No eres digno de servirle. No eres digno de portar ese nombre. Serás olvidado. En unos años nadie recordará quién fuiste. Y lo más seguro es que todos los Reinner ya hayan sido asesinados. Si alguno sobreviviera, te miraría como a alguien incapaz de ser leal.
La tortura prosiguió sin tregua. A pesar de todo, Karl mantuvo la mirada firme y dijo con voz entrecortada:
—No importa si el Imperio me da la espalda… yo siempre seré leal al Emperador.
FLOTA ROTT
Un oficial saludó al Almirante Willix en la cabina de mando:
—Pase. Hemos recibido información de una flota cercana: la Flota Mon.
Willix lo miró con curiosidad:
—¿Qué ocurre para que Lennor se comunique con nosotros?
—Según los informes —explicó el oficial—, se han producido ataques en cadena en un cuadrante lejano. Todo comenzó desde un planeta llamado Alpha 349. Por cierto, como sabrá, fue allí donde el hereje Karl abandonó su puesto… y por eso fue condenado a la prisión de Origen 9.
Willix reflexionó un instante:
—¿Y Lennor espera que nos desplacemos a un sector lejos de la vigilancia del Imperio solo para investigar qué ocurre?
—Según la solicitud de la Flota Mon —continuó el oficial—, debemos llevar a cabo la misión. Existe la posibilidad de que una de las Tres Grandes Familias esté involucrada.
Willix clavó en él una mirada fría y severa:
—¿Las Tres Grandes Familias? Llevan mucho tiempo sin moverse. ¿Por qué actuarían justo ahora?
—No creo que sean las responsables directas —aclaró el oficial—, pero es posible que estén ocultando información. El hecho de que estas amenazas no hayan llegado al conocimiento del Imperio… puede significar que algo se ha mantenido en secreto.
Willix miró a través del cristal con el ceño fruncido:
—¿Por qué ocultar algo… cuando hay mundos que están cayendo?
—¿Qué hacemos? —preguntó el oficial.
Willix reflexionó un momento y respondió:
—Lo normal sería permanecer en este cuadrante hasta recibir una orden directa del Imperio. Pero podemos movilizar la flota para investigar qué ocurre. Sin embargo… ir solo porque cayeron unos planetas parece demasiada coincidencia. ¿La Flota Mon envió algo más?
El oficial asintió:
—Según su informe, lo que ataca podría ser un agente que contamina a cualquier ser vivo… o bien un conflicto interno.
—¿Me estás diciendo que también podría tratarse de una guerra contra la población civil? —preguntó el Almirante.
—Es una posibilidad que mencionan —confirmó el oficial—. Pero las ciudades cayeron en un tiempo récord. De los cuatro planetas perdidos, solo dos lograron evacuar a algunos sobrevivientes; los otros dos perecieron por completo.
Willix lo miró fijamente:
—Entonces no puede ser solo un enfrentamiento común, ¿verdad?
—No, mi Almirante.
—Bien —decidió él—. Que todos tomen posición. Partiremos en unos días.
Continuará…

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AESTORIUM (Novela) Capítulo 18
Estás leyendo el capítulo 18 de AESTORIUM (Novela), un novela. Año 98,502. La humanidad ha conquistado galaxias enteras, extendiendo su dominio más allá de los límites del sistema solar. Bajo el resplandor del Imperio, mundos remotos prosperan… y otros son explotados sin piedad. En… Este capítulo tiene publicado el 8 de octubre de 2026. AESTORIUM (Novela) tiene 21 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.