Leer AESTORIUM (Novela) Capítulo 16 online gratis en español
—¡Mantengan la calma! —ordenó el líder—. No disparen todavía. Estación 2, ¿están viendo las imágenes?
—Estamos verificando —respondió la voz desde la base.
—Esto debe llegar al comandante del planeta —insistió el líder—. Si hay tantos… significa que ya han logrado entrar en la ciudad.
—Estación 2 informaremos de inmediato al Gobernador y al comandante —fue la respuesta—. Quedan a su criterio.
—Entendido —dijo el líder, y alzó la voz—. ¡Disparen a matar! Y si alguien es mordido… quítese la vida antes de que el agente tome el control. ¡Fuego!
Las descargas cruzaron la oscuridad entre los árboles.
—¡Maldición! ¡Son demasiados! —gritó alguien—. ¡Mantengan el fuego! ¡Se están regenerando! No podremos contenerlos…
Desde la base observaban cómo caían uno a uno. En las pantallas, las señales vitales se apagaban una tras otra. Estación 2 estableció comunicación directa con el comandante del planeta. En la sala de mando, una figura de avanzada edad tomó la llamada:
—¿Díganme?
—Estación 2 informa: amenaza masiva. Se requiere activar el protocolo de emergencia y su presencia inmediata en la estación.
—Iré en unos instantes —respondió él—. Ya veremos quién se atreve a amenazar nuestro mundo.
La llamada pasó a la oficina del Gobernador:
—¿Qué ocurre?
—Tenemos confirmación: infectados en gran número, muchos ya mutados, andan sueltos y algunos han logrado infiltrarse en las ciudades.
El Gobernador se enfureció:
—¡Creí haber dado la orden de quemarlo todo!
—Lamentamos informar —continuó la voz—, pero el nivel de amenaza ha sido clasificado como Nivel de Peligro A. Solicitamos instrucciones.
—Movilicen a todas las tropas —ordenó él—. Refuercen las defensas. Iré a Estación 2 de inmediato. Preparen todo. ¿Entendido?
—Recibido, Gobernador.
Desde la estación, la alarma resonó en todas las bases del planeta:
—¡A todo el personal disponible: diríjanse a las murallas! Equipos médicos, busquen posibles contagios dentro de la ciudad. Se confirma invasión en múltiples zonas. Movilización inmediata de todos los efectivos.
—¡Muévanse! ¡Rápido!
Incontables unidades salieron de las distintas bases de todas las ciudades del planeta, desplazándose a gran velocidad entra la ciudad. En cada vehículo viajaban soldados fuertemente armados. Las alarmas no cesaban en ningún rincón del mundo, y entonces la voz del Gobernador se escuchó en todas partes:
—Hola. Soy el Gobernador de Lultap-0293. Pido a toda la población que permanezca en sus hogares. No permitan la entrada a nadie, salvo al personal médico. Estación 2 los mantendrá informados. Por ahora, detengan cualquier actividad y quédense en casa.
El mensaje se repitió una y otra vez. La gente comenzó a moverse con prisa. Soldados y equipos médicos de contención desplegaron juntos.
—Equipo médico, listos para entrar en acción.
Avanzaron en estructuras habitadas, de habitación en habitación. Ordenaban a los habitantes desvestirse para examinar cualquier señal de mordedura.
—Cooperen —decían los soldados—. De lo contrario, serán tratados como posibles enemigos.
—Estructura despejada —informó el equipo—. Pasamos a la siguiente.
—Estación 2 recibido —respondió la voz desde la base—. Apresúrense. El equipo que operaba fuera de la ciudad ha sido prácticamente aniquilado.
—Recibido —respondió el equipo médico.
Desde distintos puntos de la ciudad, los informes se sucedían:
—Zona despejada…
—Despejada…
—Despejada. Nos desplazamos a la siguiente.
A la entrada del laboratorio subterráneo, un vehículo médico se detuvo. Un guardia se acercó:
—¿Qué los trae a esta hora?
—Tenemos orden de entregar unas cápsulas —explicaron.
—¿A estas horas? —insistió el militar.
—Es urgencia —respondieron.
El guardia asintió y comunicó:
—Tenemos un equipo médico con una entrega para el laboratorio.
—Confirmado —se respondió desde adentro—. Déjelos pasar.
—Entendido —dijo el soldado haciendo seña—. Pueden entrar.
El vehículo flotante ingresó a una amplia cámara que funcionaba como ascensor hacia el nivel subterráneo. Mientras descendían, los pilotos conversaban:
—¿Crees que sea verdad eso del Nivel de Peligro A?
—Puede serlo. El Gobernador no despliega toda esta seguridad si no está seguro de lo que ocurre.
La plataforma llegó al fondo. Algo encapuchado bajó del vehículo y se desvaneció entre las sombras. El personal médico corrió a recibirlos:
—¿Traen las cápsulas?
—Sí, las traemos —confirmaron los pilotos.
Comenzaron a descargar las cápsulas.
Mientras tanto, la sombra tomó otro rumbo, infiltrándose por los pasillos del laboratorio subterráneo. Buscaba la zona donde se realizaban los experimentos con los infectados retenidos. Escuchó entonces una discusión y se acercó con cautela. Un militar alzaba la voz:
—¡Creí haber dado la orden de quemarlo todo! ¿Entonces por qué hay tantas de esas criaturas allá afuera y posiblemente dentro de la ciudad?
El científico respondió con calma:
—No lo sé. Hemos revisado cada una de las miles de cápsulas y todas mantienen a sus infectados encerrados. Ninguna ha sido dañada. Eso significa que los que andan sueltos no salieron de aquí.
—Hace cinco años —continuó el científico—, cuando comenzó todo y se detuvo a la gente, algunos lograron escapar. Deben ser esos los que causan estragos ahora. No me culpen por errores que ustedes cometieron al no capturarlos a todos.
El militar, furioso, tomó un lanzallamas dispuesto a destruirlo todo. El científico lo detuvo:
—¿Qué intenta hacer?
—¿No es obvio? —rugió el otro—. ¿Sabe lo que ocurrirá si escapan?
—Pero aún podemos investigar…
—¿Investigar para qué? —lo interrumpió—. No existe cura. Una vez infectados, ya están muertos. Están poniendo en riesgo a todo el planeta, y no voy a permitir que esto continúe.
El científico lo miró con frialdad:
—Adelante.
El soldado se disponía a disparar cuando el científico sacó un arma y le disparó por la espalda, dándole en la cabeza. Los demás corrieron hacia él:
—¿Qué ha hecho?
—Era necesario —respondió él—. Iba a destruir todo lo que hemos logrado. Además, trabajamos para el Imperio. Él solo tenía miedo… y por eso murió. Desháganse del cuerpo. Saldremos del planeta y nos llevaremos las muestras necesarias para continuar nuestro trabajo en otro lugar.
—¿Sabe lo que significa matar a un militar? —dijo otro de los científicos—. Aunque no esté bajo orden directa del Imperio, quitarle la vida es un acto de herejía.
El científico alzó el arma y disparó contra quien hablaba:
—¿Alguien más quiere cuestionarme?
Un silencio pesado cayó sobre la sala. Entonces la sombra avanzó entre ellos y preguntó con voz ronca:
—¿Cómo que no hay cura? Eso es imposible… debe haber una cura. Ayúdenme, les suplico, tiene que haber una cura.
Todos se apartaron asustados. El científico lo interrogó:
—¿Quién eres?
La figura se quitó la capucha: era el Gobernador, ya casi completamente transformado.
—¡Es un infectado! —gritó alguien.
El científico lo observó asombrado:
—¿Cómo es posible que conserves la conciencia? Cuando el huésped es infectado, pierde todo control sobre su cuerpo y su mente… y sin embargo tú piensas y actúas con voluntad propia. ¿Qué eres?
El Gobernador de Alpha-349 apenas lograba respirar:
—Por favor… ayúdenme. Siento algo devorándome por dentro… necesito atención médica.
Se acercó tambaleante.
—¡No te acerques! —le advirtió el científico.
El Gobernador, ya sin ser dueño de sí mismo, se abalanzó… no para atacar, sino buscando ayuda. El científico se apartó y empujó a otro hacia él como escudo. El Gobernador terminó devorándolo, y al probar sangre humana, algo en él cambió.
—¡Evacuación inmediata! —ordenó el científico.
Disparó contra los dos cuerpos que yacían en el suelo… pero comenzaron a incorporarse, emitiendo sonidos que helaban la sangre.
El científico vio que ni siquiera los disparos en la cabeza los detenían. Salió corriendo de la sala y selló la puerta dejando a todos encerrados.
—¡No nos dejen aquí! —le gritaron, pero él siguió de largo sin mirar atrás.
Se escucharon cristales rompiéndose mientras corría hacia el ascensor que llevaba a los niveles superiores. En el pasillo vio a otro científico huyendo con una horda de infectados pisándole los talones.
—¡Abre rápido! —gritó.
Las puertas se abrieron.
—¡Déjeme entrar! —suplicó el otro, lanzándose hacia adentro justo antes de que las puertas se cerraran.
Ambos quedaron respirando entrecortadamente. El primero lo examinó:
—¿Te mordieron?
—No —respondió el otro mientras se revisaba… hasta que tocó el hombro y un líquido resbaló por su espalda.
Ya estaba mordido. Sin dudarlo, el científico le disparó en la cabeza.
El cuerpo cayó, pero a medida que el ascensor subía, comenzó a moverse.
—No te atrevas… —amenazó el científico, y descargó toda el arma contra él.
Pero el cuerpo ya había sido corrompido. Se levantó tambaleante. El científico lo miró aceptando su destino y susurró:
—Tanto tiempo en esta investigación… para terminar devorado. Maldición.
El infectado se abalanzó sobre él, mordiéndolo e infectándolo. El laboratorio subterráneo estaba a punto de caer. Ya no era una lucha contra lo de afuera: el peligro estaba dentro. Miles y miles de infectados, que habían llegado a este planeta como personas, pero ya infectadas en las tres naves-arca provenientes de Alpha-349, se agolpaban en su interior.
Fuera de la ciudad, el equipo de caza y todos los demás habían caído. Los infectados avanzaban entre la vegetación e intentaban escalar los muros. La alarma resonó:
—¡Contacto! ¡Están al pie de las murallas!
Comenzó el fuego desde las defensas, tratando de impedir su entrada. El comandante entró a Estación 2 y preguntó:
—Reporte de situación.
El Gobernador ya estaba allí.
—Buenos días, Gobernador —lo saludó él.
—Bienvenido, anciano… te demoraste.
—Me costó ponerme el uniforme militar —respondió el comandante—. Quizás hoy se cumpla tu deseo de verme morir.
El Gobernador lo miró con seriedad:
—Aunque lo quisiera, hoy no será tu día. Tenemos una ciudad que defender… y posiblemente otras, y quizás todo el mundo. Mira —señaló las pantallas—: la investigación en el laboratorio ha fallado. La contención se rompió y esas cosas andan sueltas ahí abajo. Y mira afuera: hay cientos de ellas. Dispares cuanto dispares, siguen moviéndose. Los cortes no las detienen… y aun así siguen intentando subir.
—¿Dónde están los equipos de lanzallamas? —preguntó el comandante.
—Apenas contamos con una o dos unidades —respondieron—. No son suficientes.
—En ese caso, deberíamos activar el protocolo —propuso el comandante.
El Gobernador asintió con pesadumbre:
—En este mundo solo hay tres ciudades y apenas una o dos naves arca por ciudad… no sé si lograremos evacuar a todos.
—Usaremos la estación de control planetario —respondió el comandante—. Que las naves que despeguen regresen a recoger a más. Nosotros ganaremos el tiempo necesario para vaciar las tres ciudades.
—¿Abandonaremos el planeta así nada más? —preguntó el Gobernador.
—Vimos lo que ocurrió en Alpha 349 —lo recordó él—: cayó en cuestión de horas. No podemos arriesgarnos a perder gente por creer que podemos contenerlo. Debemos actuar ahora.
El Gobernador asintió y dio la orden de difusión:
—A toda la población: diríjanse a los hangares. Las naves arca los esperarán para sacarlos del planeta. Se ha activado el protocolo de abandono. Se pide mantener la calma, avanzar en orden y llevar solo lo indispensable. Esto no es un simulacro.
El mensaje se repitió en cada pantalla de las tres ciudades. La población comenzó a moverse. El planeta contaba apenas con cinco naves arca en total.
Familias enteras embarcaban en las naves arca que comenzaron a ascender y descender, trasladando a la gente hasta la estación planetaria. Subían y bajaban una y otra vez, esforzándose por rescatar a todos los habitantes de las tres ciudades.
—Desde Estación 2 —dijo el comandante—, debemos enviar un equipo para evacuar a los sobrevivientes del laboratorio subterráneo. Y de paso sellar el lugar y activar su autodestrucción. Si todo eso queda enterrado ahí abajo, será la forma más segura de contenerlo.
El Gobernador dio la orden de evacuación inmediata. El laboratorio estaba siendo invadido desde dentro, en silencio: muchos de los que aún permanecían allí no sabían que el mal se había desatado desde lo más profundo. Entonces las alarmas resonaron en todo el complejo subterráneo:
—A todo el personal: evacuen de inmediato. Esperen instrucciones de los equipos médicos que los aguardan en el exterior.
Dos unidades equipadas con lanzallamas partieron a toda prisa hacia el laboratorio: su misión era contener a los infectados y proteger la salida de quienes aún podían escapar. El planeta entero estaba bajo asedio, el tiempo empezaba a agotarse… y con él, la vida del mundo mismo.
Continuará…

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AESTORIUM (Novela) Capítulo 16
Estás leyendo el capítulo 16 de AESTORIUM (Novela), un novela. Año 98,502. La humanidad ha conquistado galaxias enteras, extendiendo su dominio más allá de los límites del sistema solar. Bajo el resplandor del Imperio, mundos remotos prosperan… y otros son explotados sin piedad. En… Este capítulo tiene publicado el 5 de octubre de 2026. AESTORIUM (Novela) tiene 21 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.