Leer AESTORIUM (Novela) Capítulo 15 online gratis en español
Nunca albergué pensamientos de traición. Nunca hice preguntas. Nunca cuestioné una orden del Emperador: sin importar lo que se me ordenara, como Ejecutor cumpliría mi deber sin titubear y sin piedad. Pero aquel día, en aquel planeta asediado y donde había sido enviado en solitario, un ser de alto rango de la raza enemiga se presentó ante mí. Era un jerarca. Me ofreció muchas cosas, pero sobre todo algo que jamás habría llegado a desear: la libertad.
Pero yo fui creado para no tener deseos. Fui creado para vivir y morir por el Emperador. Por eso ni siquiera consideré traicionarlo a él ni al Imperio.
El gran asedio se detuvo. El jerarca ordenó parar la invasión dentro del planeta y, por algún medio, se hizo entender en nuestro idioma:
—Únetenos… y haré que la invasión sobre este planeta cese.
Pero mi decisión ya estaba tomada desde el instante en que pronunció esa palabra.
—¿Quién eres tú para ofrecerme tal herejía? —le respondí—. La muerte es el honor más grande… y la única libertad verdadera.
Lo atravesé y lo destruí antes de que pudiera reaccionar. Tras él, miles de oleadas de enemigos avanzaron furiosos. Yo era la última línea de defensa para los pocos sobrevivientes que quedaban. Clavé mi espada en el suelo y me preparé:
—Si muero aquí, me llevaré conmigo a cuantos de ustedes pueda.
Siempre me había acostumbrado a ser enviado solo a frentes desconocidos y misiones mortales. Pero aquel día, a través de mis comunicaciones, una interferencia: alguien intentaba contactarme. El cielo pareció tronar y tres naves aparecieron fuera de la atmósfera del planeta. Una voz resonó:
—Ya llegamos. Todo estará bien.
Miles de cápsulas descendieron desde el espacio. El enemigo se detuvo a escasos metros de nosotros. Las cápsulas tocaron tierra sin dificultad y de ellas salieron miles de marines, formando línea tras de mí. De una de las naves descendió alguien que portaba una bandera. No llevaba armas pesadas ni equipo de combate: solo un uniforme oscuro y un arma corta. Se colocó a mi lado y, con la bandera del Imperio ondeando, alzó la voz para que todos lo escucharan:
—¡Soy el comandante Kaltor! No estás solo, Ejecutor Rojo. Estamos nosotros contigo. El honor más grande de un marine es morir por el Emperador.
—¡Por el Emperador! —rugieron todos.
Kaltor señaló a la horda enemiga:
—Hoy haremos que el miedo sea quien huya de nosotros. Los perseguiremos y les demostraremos por qué somos así llamados.
—¡MARINES! —estallaron al unísono.
—Hoy liberaremos este planeta —dijo él, señalando la oleada—. ¡Adelante! Esto es la liberación.
—¡AAAAAH! —gritaron todos mientras disparaban y avanzaban.
La batalla se desató: el enemigo no retrocedió, pero nosotros tampoco. Fue una lucha que cambió el destino de un planeta perdido. Kaltor me dijo mientras combatían:
—Es un inmenso honor luchar a su lado, Ejecutor Rojo. Poco se sabe de los jerarcas ni de su raza… pero hoy has matado a uno. Qué honor: tener a una de esas abominaciones muerta a nuestros pies. Bien hecho.
Avanzó disparando, con la bandera en alto. Nunca había visto a un marine luchar así. Su devoción era distinta a la mía. Muchos caían, pero otros tomaban su lugar. No temían a nada; su fe en el Emperador era algo sobrehumano. Algo latió dentro de mí: una emoción nueva. Me sobrecogí, recité nuestro rezo y avancé destruyendo a miles de enemigos a mi paso.
—¡Sigan al Ejecutor! —gritó Kaltor—. Cenaremos tarde, así que cobremos tantas vidas como podamos.
—¡AAAAH! —respondieron los marines.
Fue una cruzada sin descanso, donde nadie cedía terreno. Aquel jerarca caído su muerte… llegaría a oídos de Emperador mucho tiempo después. Kaltor, que combatía a mi lado, perdió un brazo en la refriega y, aun así, siguió adelante. Su devoción por el Imperio era tal que, para mí, se convirtió en alguien digno de mi respeto. El comandante Kaltor… mi igual.
Truenos fuertes y resonantes cayeron sobre el campo y la lluvia tomó posesión del mundo. La niebla parecía ocultarlo todo, en medio de una lucha incesante donde nadie cedía terreno. Un ataque se dirigió directo hacia Kaltor; él, sin tiempo de reaccionar, solo sonrió. Pero alguien así no podía caer entonces… con esfuerzo desvié el golpe que iba a destrozarlo.
—Parece que viviré unas horas más —dijo él.
Encendió un cigarrillo como si todo estuviera en calma y prosiguió:
—¿No crees que no hay mejor lugar que el frente? Me siento como en casa. Solo que aquí no existe el mañana solo el hoy donde eliminar al enemigo es nuestro deber.
Alzó la voz para que todos lo escucharan:
—¡Señores, no retrocederemos! ¡No nos detendremos! Perseveraremos hasta que el último de nosotros caiga. No pensemos en el mañana: vivamos este instante y demostremos por qué nadie se atreve a meterse con los marines.
—¡AAAAAH! —rugieron los miles que aún resistían.
Kaltor me miró:
—Es un inmenso honor haber sido salvado por un Ejecutor. Pero esto no termina aquí.
La batalla no daba tregua; miles caían de ambos bandos. Entonces, por las comunicaciones resonó la noticia:
—¡Dos flotas han llegado! ¡El auxilio está aquí! ¡El Imperio ha llegado!
Desde el espacio, incontables cápsulas gigantes descendieron, cruzando la atmósfera como estrellas fugaces. Al verlas, Kaltor gritó:
—¡Las fuerzas de refuerzo han llegado! Cumplimos nuestra parte: ganamos tiempo. Pero nuestra misión no ha terminado: debemos erradicar el mal. Por eso no retrocederemos. Avanzaremos sin miedo y haremos de ellos una masacre que jamás olviden, para que tiemblen cada vez que vean nuestra llegada.
—¡AAAAAH! —rugieron los marines con renovada furia.
Llegó todo tipo de artillería y refuerzos formados por millones de marines que arribaron al planeta. El enemigo, acorralado, intentó huir; miles de sus naves se disponían a abandonar el mundo. Los marines alzaron los puños y rugieron:
—¡AAAAAH!
En el espacio, las flotas activaron sus sistemas de defensa: bloquearon la retirada y destruyeron las naves enemigas que intentaban escapar. En tierra, la lluvia había cesado por completo. Todo sucedió en cuestión de horas, tan deprisa que no pude contarlo. Cuando miré a mi alrededor, estaba rodeado por marines: y sobre nuestro pies miles de partes del enemigo masacrado y marines que luchaban por defender todo.
Kaltor alzó la voz:
—¡Esto es lo que somos MARINES!
—¡Esto es lo que somos MARINES! —repitieron miles de voces.
—Para esto vivimos. Jamás retrocederemos. Porque no existe honor más grande que morir por el Emperador… ¡es el honor más grande, maldición!
Una y otra vez lo gritaron todos. Entonces vi que Kaltor estaba a punto de desplomarse: era solo un humano, sin armadura especial, solo con su uniforme, un arma corta y su bandera. Lo sostuve antes de que cayera, ayudándole a mantenerse en pie. Quién lo diría… en un futuro no lejano sería nombrado almirante y su nombre se conocería en incontables frentes.
Avanzamos hacia las ciudades cercanas. Nunca antes había sido recibido así. Estaba acostumbrado a llegar para erradicar rebeldes y enemigos que nos atacaban en diferentes frentes… pero aquel día, miles de personas se acercaron y posaron sus manos tocando las armaduras de los marines, lanzándonos flores. Los marines y yo fuimos aclamados. Era la primera vez que no segaba vidas, sino que las salvaba: a miles de ellas. La primera vez que me llamaron héroe. Era algo distinto… ¿gloria? ¿alegría? No lo sé. Pero la sensación de ser visto como alguien que protege quedó grabada en mí para siempre.
Meses después fui convocado ante los Enviados.
—¿Karl? —preguntó uno.
—Sí —respondí—. Ejecuté a un jerarca. Me ofrecieron cambiar de bando, pero me negué. Jamás permitiría tal herejía.
—Karl —repitió el Enviado.
Me incliné levemente. Lo que había hecho era mucho más que un acto de lealtad: había superado la prueba, y el Imperio nos veía ahora como servidores inquebrantables. Desde entonces, la presencia de los Ejecutores se hizo notar en todos los frentes. Nuestros nombres comenzaron a ser aclamados, y el proyecto fue reactivado con tecnología superior. La producción se reanudó; el entrenamiento y las fases mortales se mantuvieron intactas. Al principio eran unidades reducidas, pero con el tiempo su número fue creciendo.
Pero nada de esto los hacía inmortales. En muchos frentes a los que eran enviados, varios caían en el cumplimiento de la misión. Para el Imperio, crear nuevos Ejecutores seguía siendo algo costoso y lento: requería tiempo y que los elegidos superaran todas las fases. Por eso se tomó una decisión: solo se enviarían cuando fueran realmente necesarios, en los frentes más críticos o en misiones consideradas suicidas. Se sabía que, aun arriesgando la vida, siempre buscarían cumplir la orden recibida hasta el final.
Así, los Ejecutores fueron una de las muchas unidades creadas bajo el ala del Imperio: para servir y morir por el Emperador.
Y Karl volvió al presente. Ya no estaba en los campos de batalla de su memoria. Se hallaba de nuevo en la cruda realidad: torturado sin descanso por los Lamentadores, en el helado planeta Origen-9, encerrado en una prisión subterránea de la que jamás saldría, condenado a permanecer allí por toda la eternidad.
Al no hallar reacción ante los tormentos, los Lamentadores conversaron entre sí:
—¿Deberíamos cambiar de método? —propuso uno.
—Tal vez —respondió el otro—. A este paso no lograremos nada. Debemos quebrantarlo de otra manera. Obligarlo a desear la muerte.
Se retiraron para idear nuevas formas de tortura. Aquel que desde la cuna estaba destinado a ser un Ejecutor, ahora no era más que un prisionero condenado por herejía. Y sin embargo, tras cinco años de sufrimiento y de pérdida, Karl jamás pensó en traicionar ni en odiar al Imperio, ni mucho menos al Emperador. En medio de cada tormento, solía susurrar su rezo para no olvidar quién era.
A veces asomaba una duda: si habría hecho bien en ir por su esposa, si valió la pena cuando solo logró salvar a su hija… pero no profundizaba en ello. Su lealtad y su devoción permanecían inquebrantables, ante el Imperio y sobre todo ante el Emperador. Karl jamás cuestionaría las decisiones de su soberano, sin importar cuánto perdiera ni cuánto lo atormentaran.
PLANETA GINER-5 —el mundo donde los Ejecutores nacían, crecía y eran entrenados.
Una niña permanecía allí. El personal comentaba en voz baja:
—¿Qué harán con ella?
—Lo más seguro es que los Enviados la conviertan en una marioneta —respondió otro—. Al final, el Emperador decidirá su destino.
—Es la hija del Ejecutor Rojo —señaló un tercero—. No creo que la pasen por alto. Ya veremos qué se resuelve.
Miraron hacia el exterior: a lo lejos, una nave descargaba armaduras destinadas a los tres sobrevivientes de la fase que estaban por ser nombrados Ejecutores.
Este planeta era la cuna de todos ellos. Aquí comenzó todo: donde el primer y único Ejecutor que alcanzó el Rango Cero fue criado y forjado… y donde seguirían naciendo y entrenando nuevas generaciones.
PLANETA LULTAP-0293
—Aquí equipo, estamos por llegar a la zona.
Desembarcaron en un bosque denso y desolado, lejos de la ciudad más cercana y junto al hangar abandonado. La orden llegó desde Estación 2:
—Equipo de caza: no queremos sobrevivientes. Cualquiera que esté corrompido por el infectado, elimínelo.
—Entendido —respondió el líder.
El segundo líder tomó posición y se unió desde la retaguardia. Avanzaron en la espesura, revisando cada rincón del bosque:
—Sin movimiento… nos dirigimos al hangar abandonado.
—Estación 2 recibido: manténganse alerta.
—Recibido.
Hizo una seña y se dispersaron:
—Despejado…
—Despejado…
Avanzaron más hasta que uno se detuvo:
—¡Alto! Hay huellas.
El líder se acercó: eran deformes, extrañas.
—Es cierto… pero terminan justo aquí. ¿Cómo pudo desaparecer sin dejar rastro?
Un sonido agudo cortó el aire. Todos se tensaron.
—¡A los árboles! Se oculta entre la vegetación.
El ruido comenzó a interferir las comunicaciones. Al enfocar las luces de las armas hacia la espesura, descubrieron la verdad: no era uno solo… eran varios.
Continuará…

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AESTORIUM (Novela)
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AESTORIUM (Novela) Capítulo 15
Estás leyendo el capítulo 15 de AESTORIUM (Novela), un novela. Año 98,502. La humanidad ha conquistado galaxias enteras, extendiendo su dominio más allá de los límites del sistema solar. Bajo el resplandor del Imperio, mundos remotos prosperan… y otros son explotados sin piedad. En… Este capítulo tiene publicado el 4 de octubre de 2026. AESTORIUM (Novela) tiene 21 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.