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Leer AESTORIUM (Novela) Capítulo 13 online gratis en español

PLANETA LULTAP-0293 Se quitó la capa y dejó ver su rostro: era el gobernador de Alpha-349, ahora convertido en fugitivo. Se refugió entre callejones mientras unidades flotantes patrullaban las calles, mostrando su imagen y preguntando por él. En las grandes pantallas de la ciudad se difundía la noticia de la caída de su planeta, señalándolo a él, a sus soldados y a su secretaria como sospechosos. En las instalaciones subterráneas, médicos y científicos examinaban a numerosos ciudadanos que habían resultado infectados. Miles de cápsulas de contención alineadas… y en muchas de ellas, los afectados ya habían mutado. —No hay forma de curarlo —dijo uno. —Lo que debió liberarse en Alpha-349 es un agente sumamente peligroso —respondió otro—. Capaz de corromper al huésped de esta manera. Un paciente infectado golpeó violentamente el rostro contra el cristal de su cápsula. —¿Está bien dejarlo así? —preguntó un científico. —Sí —respondió el otro—. Esto no es simple enfermedad: es una mutación que mata al individuo, toma el control de su cuerpo, lo reconstruye desde cero y lo transforma en algo nuevo, capaz de adaptarse por sí solo. Se acercó un militar y cortó la conversación: —El gobernador ha ordenado que se incinere a todos los pacientes. No correremos el mismo riesgo que en Alpha-349. —Pero sería un desperdicio —replicó el científico—. Además, según nuestras investigaciones, la infección se transmite por vía respiratoria: en los pulmones se registra el aire contaminado que respiraron. No hay marcas ni mordeduras. Todo apunta a que el agente se inhaló. —No importa cómo ocurrió —lo interrumpió el soldado—. La orden es no arriesgarse. —Dénos un poco más de tiempo para completar los análisis —pidió el científico—, y luego procederemos a incinerarlos. El soldado asintió: —Bueno. Pero bajo ninguna circunstancia liberen a nadie. Trabajen solo con muestras. Y se retiró. Su ayudante se acercó preocupado: —Si detenemos los estudios, no podremos seguir investigando. —No podemos permitir que esto se pierda —respondió el científico—. Tomaremos las muestras lo antes posible y obtendremos los datos necesarios. Jamás se ha visto un agente de este tipo. En la superficie, fuera de las instalaciones, permanecían tres naves-arca cubiertas de polvo y abandono. Los soldados custodiaban el lugar. —Es irónico —dijo uno—. Creyeron que al llegar aquí serían libres y estarían a salvo. En cambio, todos terminaron presos. —Baja la voz —advirtió otro—. Se sabe que varios lograron escapar. Son prófugos: el gobernador y su secretaria entre ellos. Causaron la perdición de su mundo y ahora quieren entrar en este como si nada. —No importa —añadió un tercero—. Los equipos de búsqueda los encontrarán y los traerán de vuelta a los laboratorios. —Estas naves-arca son la prueba de que huyeron buscando esperanza… sin saber que ya venían contaminados. Es lamentable. —He oído rumores —comentó otro—. Dicen que cinco Ejecutores entraron a Alpha-349. —¿Eso es imposible? —replicó el primero—. Ya ver uno solo es casi imposible. ¿Y ahora me dices que cinco en un mismo planeta? —Es verdad —insistió el otro—. Hay grabaciones recuperadas donde se ven. Son inmensos. —Según las historias miden tres metros… —se rió con escepticismo—. Debe ser imposible. No lo creo. —Si su nombre existe, sus hazañas y su apariencia no pueden ser mentiras ni rumores —respondió el compañero con seriedad—. Pero espero no ver ninguno en este planeta. Sería nuestra perdición. El otro asintió: —Eso sí es cierto. Y también que el gran Karl Reinner fue llevado a juicio y encerrado. —Era un hereje —señaló el primero—. Es su castigo por irse en contra del Imperio. Un ruido cercano a una de las naves-arca hizo que los soldados giraran en la oscuridad y encendieran las linternas de sus armas. El grupo de diez avanzó con cautela, manteniendo la formación y vigilando cada rincón. —No fue nada —dijo uno—. Solo fue un animal. Maldita rata… no importa a qué mundo vayas, siempre te encuentras con estas cosas. Alzó el arma y disparó sin piedad. La criatura cayó muerta. Cuando estaban por reanudar la marcha, desde las sombras algo los tomó por sorpresa y arrastró a uno de ellos. Los demás reaccionaron de inmediato y transmitieron: —Estación 2, tenemos movimiento en el hangar. Solicitamos vigilancia aérea. —Aquí Estación 2 —respondió la voz—. Enviamos un equipo de apoyo. Manténgannos informados de la situación. —Equipo recibido. Informaremos de todo lo que ocurra. Avanzaron entre la espesa maleza. —Equipo, nos adentramos a revisar —se ordenó. Mientras avanzaban, uno señaló: —Aquí hay sangre. Todos se acercaron con cautela. —Está cerca. Lo que atacó está cerca. Manténganse alerta. Prosiguiendo en formación, el ataque volvió a producirse en medio de la vegetación: —¡Ayuda! —se escuchó el grito seguido de disparos. Los restantes apuntaron hacia la oscuridad e informaron: —Estación 2, tenemos contacto con el enemigo y dos bajas. Se requiere apoyo inmediato. —Estación 2 recibido. Enviamos dos unidades de refuerzo. Manténganse alerta. —Recibido. —¡Aquí! —gritó uno—. Encontramos el cuerpo… Estaba desfigurado, con casi todos los órganos devorados. —¿Qué clase de cosa pudo hacer esto en tan poco tiempo? —preguntó un soldado apartando la mirada, incapaz de contenerse y vomitando. —Retrocedamos —propuso otro—. Esperemos a los refuerzos y cerquemos a lo que nos ataca. Se retiraron manteniendo la formación, paso a paso. De entre la espesura emergió entonces un infectado mutado: se desplazaba a cuatro patas, con la cabeza completamente girada hacia atrás. Emitió un sonido gutural. —¡Disparen! —ordenó el soldado. Una lluvia ininterrumpida de disparos cayó sobre la criatura, pero esta siguió avanzando como si nada la detuviera. Se abalanzó sobre uno de ellos. —¡Sáquenmelo de encima! —gritó el soldado. La criatura le mordió el cuello, arrancándole una gran parte de él. El soldado cayó tambaleándose y desangrándose, mientras el infectado parecía regenerarse de las heridas. Por la radio, la estación escuchaba todo: —¡Disparen! ¡Mantengan la posición! ¡Tenemos contacto! ¡Aaaah…! En la sala de control, todas las líneas verdes se tornaron rojas. Todos habían perecido. —Estación 2 a unidades terrestres 390 y 279: se confirman las diez bajas. Manténganse alerta. Tienen autorización para abrir fuego. Activen las transmisiones desde sus cascos. —Bien, señores —ordenó el soldado—. Activen sus transmisiones. Todos cumplieron: —Estamos llegando al hangar abandonado. Entraremos en quince minutos. Transcurrido el tiempo, las unidades arribaron. Doce soldados descendieron de cada vehículo y se adentraron en la espesa vegetación. —Equipo A y B en posición. Hemos llegado al lugar. Listos. —Estación 2 recibido —respondió la voz—. La unidad aérea ya está sobre ustedes y brindará apoyo. —Recibido —confirmó el líder del equipo—. Avanzamos. La nave aérea mantenía sus luces iluminando la zona e informó: —Aquí piloto de la unidad aérea, Estación 2: solo vemos cuerpos esparcidos y rastro de mucha sangre. No localizamos al atacante. Esperamos instrucciones. —Estación 2 recibido —fue la respuesta—. Mantengan su posición hasta nueva orden. —Aquí líder de los equipos A y B: no hay rastro del atacante, solo las bajas. Informamos a Estación 2. —Estación recibido: retrocedan y esperen nuevo aviso. —Recibido —dijo el líder—. Retirémonos. —¿Qué es eso? —señaló uno de los soldados. Todos apuntaron: la mitad de un cuerpo se movía por sí sola. —Es imposible… La criatura se lanzó sobre un soldado; este reaccionó disparando rápidamente. Vieron entonces al compañero, con impactos por todo el cuerpo, regenerándose lentamente. El líder se acercó, observó cómo la sangre cambiaba de tono y reconoció los síntomas: —Maldición… —¿Sabes qué es, jefe? —Sí —respondió él—. Lo que nos ataca es un maldito infectado. Debemos salir de aquí y esperar refuerzos. Tenemos que darle caza. Si entra en la ciudad, será un problema. —¿Pero… sigue aquí? —Ya no —dijo el líder—. Pero todos los que cayeron aquí han sido infectados. Informemos de inmediato y movilicemos un equipo de caza. Sacaron lanzallamas de las unidades y prendieron fuego a los restos que quedaban de los soldados caídos, se negaban a morir ya infectados. —¿Qué pasaría si no los quemáramos? —preguntó un soldado. El líder respondió con seriedad: —No lo sé… y no quiero averiguarlo. Si pueden regenerarse, imagina lo que podrían hacer. Lo redujeron todo a cenizas y regresaron a la instalación militar. Ya dentro, el líder, visiblemente molesto, entró en la sala de los tenientes y alzó la voz: —¡Maldición! ¿No pudieron vigilar mejor esa zona del viejo hangar? Ahí están esas tres malditas naves-arca que vienen de un planeta caído… ¿no pudieron duplicar la seguridad? Lo que hay allá afuera no es cualquier infectado. Los demás lo miraron con frialdad. Uno se levantó: —No eres nadie para dar órdenes ni alzar la voz. No eres más que un soldado. Enviaremos un equipo de caza a buscar a esa criatura. Cuida tu tono… la próxima vez, tu cabeza podría rodar. El líder, indignado, se retiró y fue directo a donde se encontraba el comandante del planeta. soldado, responsable de las operaciones de vigilancia y refuerzo, saludó al comandante: —comandante Krik. —Te veo aquí con prisa y preocupación —dijo el comandante—. ¿Qué ocurre? —Vengo a reportar un infectado sumamente peligroso —explicó el soldado—. Estaba cerca del hangar abandonado donde se encuentran las tres naves-arca provenientes de Alpha-349. Mató a diez soldados… y no solo eso: al parecer también los infectó. El comandante se quedó pensativo: —Creí que todo estaba bajo control en el laboratorio de investigación. ¿Cómo es posible que haya algunos sueltos? —Se sabe que varios lograron escapar cuando se rompió la zona de contención —respondió él. Krik asintió: —¿Ya informaste a los oficiales? —Sí —continuó el soldado—. Pero creo que un solo equipo de caza no será suficiente. Pude comprobar que pueden regenerarse. Debemos actuar rápido; de lo contrario, podría adentrarse en la ciudad y contagiar a toda la población. El comandante asintió: —Bien. Comunícate con Estación 2 y da la orden: que preparen 4 unidades de caza y 3 unidades militares. Den con esa criatura y elimínenla. No permitan que se acerque a la ciudad. ¿Entendido? El soldado asintió y se dirigió de inmediato a Estación 2. Desde allí se emitió la alerta a toda la base militar: —¡Alerta! Esto no es un simulacro. Nivel de peligro B. Se movilizan 4 unidades de caza y 3 unidades militares. Misión: localizar, perseguir y destruir a un infectado activo en las afueras de la ciudad, posiblemente cerca del hangar abandonado del sector L. Las unidades salieron del hangar con soldados y cazadores listos para la misión. El soldado que dio la alerta también se unió a la operación. En pleno despliegue, la voz de los pilotos sonó por las comunicaciones: —Aquí pilotos de las 7 unidades. Tardaremos unos 30 minutos en rodear la zona donde podría ocultarse el infectado. Todos activen sus transmisiones y manténganse en alerta al desplegarse. En los callejones de la ciudad, el gobernador se refugiaba en una estructura en construcción. Agitado, subió hasta lo más alto del edificio. Uno de sus ojos ya comenzaba a tornarse de un tono verdoso. Con dificultad, susurró: —Maldición… todo es culpa del comandante fabricio Reinner y de esa maldita familia Reinner. Tosió y soltó una risa amarga: —Al menos los Reinner fueron erradicados. No todo está perdido. Ahora debo hallar la forma de sobrevivir y entrar a ese laboratorio subterráneo… pero, ¿cómo? Observó entonces cómo varias unidades médicas entraban en la instalación y sonrió: —Esa es la clave. Si logro infiltrarme, tal vez encuentre una cura. Quedó pensativo, recordando lo sucedido cinco años atrás: —Cuando abandonamos Alpha-349, no creí que ya estuviéramos infectados. Algunos mostraron los síntomas de inmediato; otros, durante mucho tiempo, no presentaron señal alguna. El caos estalló a bordo de las naves-arca y tuvimos que llegar al planeta más cercano. Al arribar, nos dejaron entrar, pero… fue una farsa. Nunca quisieron ayudarnos. A muchos capturaron y encerraron; a otros los torturaron. Decían saber cómo controlar y curar el virus… pero nadie que entró en esas instalaciones volvió a salir. Todo fue culpa del maldito virus de Alpha-349… Continuará…
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Estás leyendo el capítulo 13 de AESTORIUM (Novela), un novela. Año 98,502. La humanidad ha conquistado galaxias enteras, extendiendo su dominio más allá de los límites del sistema solar. Bajo el resplandor del Imperio, mundos remotos prosperan… y otros son explotados sin piedad. En… Este capítulo tiene publicado el 3 de octubre de 2026. AESTORIUM (Novela) tiene 21 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.