Leer AESTORIUM (Novela) Capítulo 12 online gratis en español
Explosiones resonaban. Golpes como relámpagos entre un viento azotador y turbulento: así era la entrada del Imperio al planeta llamado Elixium-29.
—¡Despierten, par de inútiles! ¡Esto es la guerra! —gritó la voz—. Este es el maldito frente. Nuestro deber es detener al mal que intenta corromper el planeta. Cada uno de los que caemos son mil vidas salvadas. Sus vidas no importan si no logran contenerlo. ¿Quiénes somos, maldita sea?
—¡Marines! —rugieron varias voces dentro de la cápsula.
—¿Quiénes somos? —repitió el grito.
—¡MARINES! —respondieron todos al unísono.
El comandante se giró hacia la puerta de la cápsula, se ajustó el casco y dijo en un susurro:
—Que la luz del Emperador nos guíe.
Miles de cápsulas eran desplegadas desde la inmensa flota que aguardaba fuera de Elixium-29. Cada una transportaba a cientos de marines. En la cápsula 123 iba yo: un soldado del Tercer Regimiento. Mi nombre es Torner, cabo raso convertido en marine. Y este es mi diario: cómo miles de nosotros somos enviados a ayudar en la evacuación de un planeta asediado por un enemigo con el que llevamos milenios enfrentándonos. Una guerra de resistencia donde ellos no ceden ni nosotros, como fuerza del Imperio, no entregaremos ni un milímetro de terreno, de planeta, de galaxia… ni de vastos universos.
Por la radio solo se oían llamadas desesperadas:
—Piden refuerzos… ¡el Segundo Regimiento ha caído!… ¡La ciudad flotante ha caído!
La cápsula caía entre explosiones y rayos que rasgaban el cielo del planeta. Muchas cápsulas jamás llegaron a tocar el suelo.
La cápsula 123 logró aterrizar. Se abrieron las compuertas al mismo tiempo que las demás que sobrevivieron al descenso. El comandante gritó por la radio:
—¡Por el Imperio!
De las cápsulas salieron oleadas de marines, sin contar filas ni números. En cuanto la puerta se abría, ya disparaban: el enemigo estaba encima de nosotros. Nadie retrocedía. Por cada marine que caía, tres ocupaban su lugar.
—¡Maldición, Torner, avanza! —me dijeron—. Mantenemos la posición. No cedan ni un solo metro. ¡Que el mal sea erradicado!
Una nave enemiga estalló y cayó destruida. En lo alto de aquel cielo profundo se libraba también una batalla aérea encarnizada: nadie retrocedía. Y más arriba, en el espacio, la flota contenía al grueso del enemigo, impidiendo que enviaran más refuerzos al planeta, dándonos el tiempo justo para descender y reforzar las defensas en tierra.
Avanzábamos entre el caos mismo del combate: un frente donde un solo error era una sentencia de muerte. Mi misión, junto a mi escuadra: infiltrarnos hasta su centro de comunicaciones y destruirlo.
—Mantendremos la formación y avanzaremos con apoyo aéreo —les dije a mis compañeros—. Recuerden: por el Imperio.
Todos llevaron la mano al pecho. Naves caían a nuestro alrededor impactando contra el suelo. Y yo, Torner, con mi equipo, seguí avanzando aprovechando la confusión, buscando aquella instalación enemiga para silenciarla para siempre.
Se infiltraron en una zona de descenso del enemigo invasor. Torner hizo señas y entraron. Uno se quedó vigilando la salida por comunicación. Torner asintió y avanzó con otros cuatro marines hacia el interior, buscando el centro de comunicaciones enemigo.
Se apostaron en guardia tras un gran muro y lo vieron: el enemigo trabajaba para restablecer su enlace. No se entendía su idioma, pero su tecnología era claramente avanzada. Torner informó por radio:
—Aquí equipo Muerte. Hemos localizado uno de los centros de comunicaciones enemigos. Procedemos a su destrucción.
Una voz respondió desde el otro extremo:
—Que el Emperador los acompañe.
Los marines salieron de su escondite como sombras, abatiendo a los enemigos que los custodiaban. Pero pronto se dieron cuenta:
—Son demasiados… no podremos contenerlos todos.
Torner tomó el control del sistema, disparó contra los equipos y colocó los explosivos:
—¡Nos vamos, maldición!
Los cuatro comenzaron a retroceder. Entonces, un sonido profundo, como un viento pesadísimo, descendió sobre uno de los marines y le destrozó la cabeza en un instante. Cayó sin vida.
—¡Son los andantes! —gritó Torner—. ¡Encuéntrenlo!
Desde la distancia, otra baja: quedó Torner con un solo compañero.
—Lo vi —señaló el marine—. A ochocientos metros, en lo alto de la colina…
Antes de terminar la frase, fue atravesado, dejándole un enorme hueco en el pecho. Susurró con su último aliento:
—Por el Imperio…
Torner se agazapó, apuntó y disparó. El proyectil rebotó en la coraza del enemigo.
—¡Maldito!
Una enorme nave descendió directo hacia ellos. Torner alzó la vista y gritó:
—¡Por el Imperio!
La nave impactó contra el lugar. Torner cayó junto con la estructura. El marine que custodiaba la salida también fue abatido y despedazado. La unidad entera había caído… pero uno de los centros de comunicaciones enemigos fue destruido junto con ellos.
Y en lo alto del cielo, miles de cápsulas seguían descendiendo.
La guerra en todos los frentes se mantenía firme. Miles de vidas de marines se perdían, pero el Imperio no cedía ni un centímetro de terreno. Poco a poco, las grandes naves-arca comenzaron a elevarse. Miles de enemigos miraron al cielo y se comunicaban entre sí, intentando dar la orden: que nadie escapara.
Los marines apretaron el puño contra el pecho y alzaron la voz con fuerza:
—¡Por el Emperador!
Avanzaron con renovada determinación. La mayor parte de la población ya había sido evacuada, pero el Imperio no retiraría sus líneas hasta que la última nave-arca abandonara el planeta. Algunas naves fueron impactadas por naves suicidas enemigas; gracias a su avanzada tecnología no fueron destruidas, pero sufrieron graves daños. La mayoría logró alejarse, dejando atrás Elixium-29. La flota comenzó a retirarse, recogiendo a los últimos marines que aún resistían.
La guerra por Elixium no fue una victoria sobre el enemigo, pero fue una victoria de supervivencia: se logró evacuar a la mayor parte de la población, aunque el planeta quedó perdido. Y miles de marines dieron sus vidas sosteniendo las líneas de defensa para hacerlo posible.
En uno de los planetas imperiales, Econm-483, todo transcurría con prisa y firmeza. Un oficial se inclinó y dijo:
—Se ha logrado la evacuación del planeta. Y hemos recuperado la tecnología que se desarrollaba aquí.
—Jajaja… tal como se esperaba —respondió una voz—. Allá donde va el Imperio, nadie puede detenernos.
Se giró entonces una figura de imponente estatura, de más de tres metros, que soltaba humo mientras hablaba:
—Nosotros también tendremos que movilizarnos pronto. Por cierto… han pasado cinco años desde que Karl fue apresado. ¿Se ha sabido algo de él?
El oficial respondió:
—Gran Kaituz, según la información obtenida: el Rojo, el Ejecutor Rojo, fue acusado de herejía y llevado a la Prisión Congelada, donde aún permanece. El Imperio no ha cambiado su decisión.
Kaituz reflexionó un instante y preguntó:
—¿Y qué fue de su familia? Eran los Reinner, ¿no?
—Gran Kaituz —continuó el oficial—, según las fuentes: la mayoría fue ejecutada. Solo se salvó quien poseía méritos suficientes. Del resto… todos fueron borrados.
—Ya veo… —suspiró Kaituz—. El Imperio es la ley y la palabra. No importa quién seas: Karl no podía desafiarlo.
El teniente añadió:
—Según sabemos, todo comenzó por un mal que surgió en un planeta lejano, muy alejado de los ojos del Imperio.
Kaituz lo miró con interés:
—¿Ah sí? ¿Qué ocurrió en ese planeta remoto y olvidado?
Respondiendo al Gran Kaituz, el teniente dijo:
—Según lo que se sabe, era un planeta minero, o algo similar. En una zona de excavación se liberó algo que había estado resguardado en las profundidades del planeta: un agente tóxico. Según los informes, el planeta Alpha-349 —así se llamaba— ya estaba perdido. El agente podía contaminar la atmósfera en cuestión de días, o incluso de horas. Además, de esa misma excavación surgieron criaturas nunca antes registradas. No hubo forma de contener el mal, y el planeta cayó ante él. Y según se ha confirmado, la familia de Karl se encontraba allí.
Kaituz mostró una expresión de asombro y extrañeza:
—¿Qué hacían los Reinner en un lugar tan lejano?
—Es información que no se ha dado a conocer —respondió el teniente—. Se sabe que la investigación está siendo exhaustiva: buscan determinar cómo ocurrió todo y si hubo alguien más responsable de lo sucedido en el planeta.
Kaituz reflexionó:
—Lo verdaderamente interesante es qué hacían los Reinner allí… y, sobre todo, por qué Karl el Rojo rompió su juramento para salvar a su familia en un mundo que ya estaba perdido desde el momento en que ese agente se filtró. ¿Valió la pena, Karl Reinner? Esa es la pregunta que debería atormentarte cada instante en la Prisión Congelada.
El teniente asintió y continuó:
—Según lo que se sabe, su esposa pereció con el planeta. Solo su hija logró sobrevivir; ahora está en manos del Imperio, bajo custodia directa de los Enviados.
Kaituz escupó con desdén:
—Nada bueno puede salir de un Enviado. Rezo al Emperador por el día en que esas cosas dejen de existir.
—Gran Kaituz —advirtió el teniente—, eso podría considerarse herejía.
Kaituz soltó una carcajada:
—¿Herejía? Esos hacen lo que les da la gana. No tienen moral alguna. En fin… entonces, ¿solo sobrevivió ella?
—No —corrigió el teniente—. Muchos lograron escapar en las naves-arca. El problema es que esas naves se dispersaron y muchas llegaron a planetas remotos, lejanos y ocultos a los ojos del Imperio. Tomará tiempo dar con los sobrevivientes y hallar al culpable o la verdad de lo ocurrido.
Kaituz asintió:
—Quién lo creería… Karl, el Ejecutor más fuerte, ha caído. Y con él, el destino de todos los Reinner. Si queda algún sobreviviente por ahí, el respeto que se le tenía a Karl se desvanecerá, y solo quedarán ganas de verlo muerto.
Soltó una carcajada y luego añadió con seriedad:
—Él volverá. Alguien capaz de cambiar el rumbo en cualquier frente no es alguien de quien el Imperio se deshaga tan fácil. Lo van a quebrar hasta convertirlo en una marioneta. Si antes era un ser sin emociones, ahora será un cascarón vacío. Qué destino tan lamentable el de Karl el Rojo.
El teniente asintió y preguntó:
—Bien, Gran Kaituz… ¿nos movilizamos ahora?
—Todavía —respondió él—. Hay que esperar el momento indicado.
Tras una pausa, Kaituz se puso de pie:
—Esperen… ahora sí. Vamos.
Desde la superficie del planeta comenzaron a elevarse miles de naves cargadas de marines, suministros y equipo. En el espacio aguardaba la Flota MASTER, la cual llevaría estas fuerzas a un nuevo frente de batalla, donde el propio Gran Kaituz lideraría la defensa de las líneas fronterizas en distintos mundos.
Miles de personas observaban la partida. Se escucharon trompetas y cantos de despedida. Muchos de quienes partían jamás regresarían. Era un viaje sin retorno donde sobrevivir no importaba: solo importaba la devoción, el Imperio y el propio Emperador.
Así, la Flota MASTER abandonó el sistema de aquel planeta, poniendo rumbo a un frente donde todo podía suceder y nada estaba aún escrito… salvo la historia de quienes lograrían sobrevivir.
Lejos de allí, a bordo de la Flota MON, el teniente informó al Almirante Lennor:
—En unos meses seremos movilizados a un nuevo frente.
Lennor asintió:
—Sí. He recibido la orden imperial.
Sus ojos se reflejaron en el cristal mientras observaba un planeta más allá de las naves:
—Es extraño… ir a ese frente se siente como volver a casa. Solo que allí destruimos a nuestros enemigos.
Lennor añadió con firmeza:
—Preparen todo. Reabasteceremos y recogeremos a todos los marines posibles en el planeta Aquilion-40.
—Como ordene, Almirante Lennor —respondió el teniente.
Se dieron las instrucciones y la Flota MON partió hacia Aquilion-40 para reabastecerse y prepararse.
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PLANETA LULTAP-0293
—¿Has oído? Dicen que se ha abierto un segundo frente. El Imperio ahora tiene dos líneas de batalla que defender.
—¿Qué dices? El Imperio no tiene dos frentes. Solo tiene uno: el de quienes siempre avanzan y ganan planetas y galaxias. Si hubiera un segundo frente, todos los mundos lo sabrían.
Una figura encapuchada escuchaba todo. Pagó su comida, se retiró y se fundió en la oscuridad de la noche del planeta.
Continuará…

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Capítulo 13
AESTORIUM (Novela) Capítulo 12
Estás leyendo el capítulo 12 de AESTORIUM (Novela), un novela. Año 98,502. La humanidad ha conquistado galaxias enteras, extendiendo su dominio más allá de los límites del sistema solar. Bajo el resplandor del Imperio, mundos remotos prosperan… y otros son explotados sin piedad. En… Este capítulo tiene publicado el 2 de octubre de 2026. AESTORIUM (Novela) tiene 21 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.